Estuvimos meses tras su huella. Queríamos conocer qué había sido de su vida después de vender Santa Isabel. Cuando ya perdíamos la esperanza, nos llamó Andrés Solari, el gerente general de Algeciras –el holding que agrupa sus inversiones–, para darnos una noticia insólita: Elberg hablaría con Capital… Y no sólo eso, se ofrecía a llevarnos piloteando su avión al corazón de Panguipulli, para recorrer juntos sus tierras en el sur.

  • 12 marzo, 2008

 

Estuvimos meses tras su huella. Queríamos conocer qué había sido de su vida después de vender Santa Isabel. Cuando ya perdíamos la esperanza, nos llamó Andrés Solari, el gerente general de Algeciras –el holding que agrupa sus inversiones–, para darnos una noticia insólita: Elberg hablaría con Capital… Y no sólo eso, se ofrecía a llevarnos piloteando su avión al corazón de Panguipulli, para recorrer juntos sus tierras en el sur. Por Sandra Burgos; fotos, Enrique Stindt.

Aeródromo de Tobalaba. 8:45 horas. A las 9:00 esperamos el aterrizaje del avión procedente de Viña del Mar que nos llevará a Villarrica, y de ahí iremos por tierra a Lican Ray y Panguipulli, los centros de operaciones de Eduardo Elberg en el sur.

A la hora programada escuchamos los motores del avión Socata. El viento que levanta apenas nos deja identificar a Andrés Solari, el gerente general de Algeciras, con quien nos habíamos reunido días antes en Viña del Mar para hablar de los negocios del holding. De pronto, aparece la figura del mítico Eduardo Elberg, quien se acerca y nos saluda con una calidez que sorprende.

Raudo, se dirige a la caseta de informaciones para entregar el plan de vuelo que nos llevaría originalmente a Villarrica, pero que –por las condiciones del tiempo– nos dejará ahora en Temuco. Nos embarcamos y comenzamos nuestra aventura. El capitán Eduardo Elberg enciende motores y se eleva raudo por los cielos de Santiago.

Diez años de anonimato

Hace exactamente diez años, Eduardo Elberg salió de escena. Luego de haber levantado un imperio con Supermercados Santa Isabel, decidió cumplir la promesa que se había hecho a los 40 años: no seguir haciendo lo mismo a los 50.

Y la promesa la cumplió cuando el grupo Velox tocó a su puerta y le hizo la tentadora oferta de compra del paquete accionario que el empresario mantenía en Santa Isabel, por la nada despreciable suma de 229,7 millones de dólares.

La tentación y las ganas de tener mayor libertad para manejar su vida lo hicieron firmar en junio de 1997 la venta del control de la empresa que había creado en 1975 y que a punta de esfuerzo, de trasnoche y de pasión, había convertido en la segunda cadena de supermercados de Chile. Atrás quedaban los años de sacrificio, de acostarse a las 2 de la mañana, de levantarse a las 6 y de trabajar sábados y domingos.

Elberg los recuerda como años de siembra y de cosechas exitosas. Fue el primer supermercado en colocar ADR, también la primera empresa de retail en abrirse a la bolsa, en darle más pelo a un negocio que a principios de los 90 recién comenzaba a ser mirado con mejores ojos por el mundo financiero y en salir de las fronteras conquistando mercados como Perú, que recién en los últimos cuatro años ha comenzado a ser atractivo para otros chilenos.

Pero también fueron años de sacrificio extremo, de prácticamente no ver crecer a sus tres hijos mayores (tiene 4), porque construir lo que él hizo en 20 años no es fácil, sobre todo si se trata de un hijo de vecino… y de provincia.

Quizás por eso, el día en que Velox lo contactó, Elberg sintió que era el momento de dar un paso al costado, porque además de cumplir su sueño de poder dedicarse a otra cosa, podría recuperar parte del tiempo perdido y dedicárselo a su familia. “Era una cuenta que tenía pendiente, porque el negocio demandaba tanta atención que me perdí gran parte del crecimiento de mis hijos mayores. A veces me recrimino por ello, pero tuve la suerte de retirarme a tiempo y tener una nueva vida”, nos comenta con una franqueza y humildad que fulmina de un paraguazo el estereotipo que teníamos hasta ese momento del hombre exitoso, que había logrado construir un imperio, que había cosechado triunfos en Chile y el extranjero y que se había ganado el título del rey del retail en los 90.

“¿Le costó mucho vender Santa Isabel?”, le preguntamos mientras iniciamos el recorrido en la 4×4 que él mismo conduce, desde Pucón a Lican Ray, después de una breve detención en una cafetería donde compartimos un generoso trozo de kuchen:

-La verdad es que ya estaba bastante cansado. Los últimos años en Santa Isabel habían sido muy agotadores. Junto al crecimiento en Chile, Perú, Ecuador y Paraguay, nos habíamos enfrentado al proceso de colocación de ADR, por el que tuvimos que viajar mucho, hacer informes, hablar con inversionistas. Muchas cosas que me dejaron física y mentalmente agotado. Por eso, cuando salió la oportunidad de vender Santa Isabel no lo pensé mucho. Además, quería cambiar de rubro. Cuando cumplí 40 años me hice la promesa de que no seguiría haciendo lo mismo a los 50, porque había sacrificado muchas cosas.

-¿Y qué hizo cuando vendió Santa Isabel?

-Descansar, lo necesitaba. Hice algunas inversiones inmobiliarias y me tomé las cosas con mucha calma.

Borrón y cuenta nueva

Tras la venta de Santa Isabel, Eduardo Elberg se sumergió en un nuevo mundo, el de su familia, el deporte y sus campos en el sur, en la zona de Lican Ray. Por años nunca más se supo de él. En algunas ocasiones, aparecieron noticias de sus aventuras inmobiliarias en Chile y Perú, pero de él jamás se escribió una letra. Fue como si se lo tragara la tierra.

-¿En qué estuvo todos estos años?

-¡Uff! Hice muchas cosas, pero sobre todo me dediqué a hacer lo que quería. Después de vender los supermercados me dediqué a un montón de cosas que antes no pude. Me levanto y salgo a correr todas mañanas, troto de Viña a Reñaca. Antes hacía 18 kilómetros todos los días, me iba corriendo de la casa a la oficina que tenía en Valparaíso. Voy todos los días a dejar a mi hija al colegio (tiene 15 años) y luego me tomo un cafecito con mi mujer. De ahí hago ejercicios, juego tenis y después de almuerzo voy a la oficina.

Adicto al deporte, confidencia que también se dedicó a andar en bicicleta (“recorro hasta 50 kilómetros”) y a bucear. Y como si fuera poco ha corrido la maratón de Nueva York dos veces y ha subido el Kilimanjaro, el Aconcagua y casi veinte veces el volcán Villarrica.

Los veranos se va con su familia a Lican Ray por dos meses, y aprovecha de recorrer los campos y ver las plantaciones de arándanos, avellanos y ahora, también, de cerezos.

Pero sin duda una de las pasiones que practica con más gusto es volar sus dos aviones: el Socata que nos llevó al sur y su jet Citation CJ3 –que le permite hacer largos recorridos–, el cual compró en Francia y piloteó él mismo hasta Chile, pasando por Reino Unido, Estados Unidos y Centroamérica. A volar aprendió hace exactamente 10 años. Hoy ya suma tres mil horas de vuelo.

La afición se la contagió su hermano, quien piloteaba desde antes. El lo introdujo en el mundo de la aviación, pero también le enseñó una gran lección de vida: “mi hermano era un buen piloto, pero murió en un accidente aéreo hace 5 años. Ese golpe me enseñó a ser resresponsable en el tema de la aviación, a no salir y volar si las condiciones no están favorables, a no correr riesgos. Hoy, cada vez que salgo debo llamar a mi mujer cuando llego a destino. Eso no puedo dejar de hacerlo”.

Cuando habla de volar le brillan los ojos:“el primer vuelo solo es lo más encachado que hay, como a las 15 horas el instructor te dice ya… es momento de volar solo… Es de una adrenalina impresionante”.

El fortalecimiento de Algeciras

Después de vender Santa Isabel, Eduardo Elberg tomó posiciones en industrias menos visibles en Chile y Perú, a través de su holding Algeciras. Tras estos años de profundo anonimato y de iniciar emprendimientos en diversos rubros, el año pasado tomó una gran decisión: ordenar sus diversos negocios. Así surgió la idea de tener un gerente general, de establecer un directorio y definir una estrategia.

Con ese plan en mente, se puso en contacto con Andrés Solari, un ingeniero comercial de 34 años a quien conoció cuando era dueño de Santa Isabel. Solari se desempeñaba en el área comercial y tras la venta a Velox siguió en la cadena hasta que fue adquirida hace un par de años por Cencosud. Allí permaneció como gerente comercial hasta el año pasado, cuando decidió aceptar la invitación de Elberg para asumir la gerencia general de Algeciras.

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El holding tiene un directorio, que Elberg preside y que integran Iván Sheward, Alfonso Peró y Rodrigo Vergara.

Con la incorporación de Solari, comenzaron a concretarse las ideas de cambio en el holding, en pro de su fortalecimiento y ordenamiento. “Hemos estado definiendo un poco cuál es la estrategia del grupo y en qué cosas creemos que lo podemos hacer mejor, porque veíamos que estábamos un poco dispersos. Así, definimos que las tres áreas de negocios en las cuales debiéramos estar y apostar fuerte son alimentos (por ahora, en los sectores acuícola y agrícola), inmobiliario y financiero. Cada una de éstas tiene su gerente, mientras que Algeciras es la entidad que define la estrategia y monitorea”, explica Solari.

El 2007 fue un año muy movido en Algeciras, comenzando en febrero con el ingreso a la propiedad del Banco Internacional (con cerca del 35%), junto con los hermanos Navarro, Julio Jaraquemada, la familia Schiess y Alfonso Peró.

“Fue la incursión a un negocio nuevo, al cual existía hace tiempo la voluntad de entrar. De hecho, hace unos años evaluamos con el mismo grupo comprar las operaciones del Dresdner Bank en Chile, pero no llegamos a acuerdo y se lo adjudicó el Grupo Security”, comenta Elberg.

Andrés Solari explica que la compra del Internacional fue un buen negocio: “el banco ha tenido una muy buena recepción, tuvimos el cambio de imagen, hicimos una reestructuración interna, tenemos un gerente general nuevo, se desarrolló un manual de políticas de crédito, incorporamos nuevos negocios de factoring, leasing y corredora de seguros. Se tomó el banco con alrededor de 120 mil millones de colocación y a fines de 2007 ya íbamos sobre los 220 mil millones; o sea, hemos tenido un crecimiento de más de 65% y los márgenes también se han incrementado. Lo mejor es que hay un espacio para seguir creciendo que han dejado los grandes. La gran ventaja de este banco es que es ágil y a la persona de negocios lo que le interesa es una respuesta rápida, lo que es posible porque la cadena de toma de decisión es corta”.

El crecimiento previsto para el banco no se detiene. En 2008 se prevé un incremento de 50% en las colocaciones, aumento de capital para sustentar el crecimiento, inauguración de nuevas sucursales -destacando la del barrio El Golf- y la apertura de una banca preferencial de personas.

Hace un par de semanas se conoció la salida de Eduardo Elberg del directorio del banco, asumiendo en su reemplazo el economista Rodrigo Vergara. Si bien cuando realizamos el recorrido por el sur con el empresario estaba aún en el directorio, nos quedó claro que los viajes a Santiago no eran de su agrado. “Nunca me ha gustado Santiago, de hecho voy sólo cuando tengo directorios del banco. Me vengo piloteando el avión desde Viña del Mar, en Tobalaba me están esperando, me llevan al banco y cuando termina el directorio me vengo a Tobalaba y regreso a Viña”.

Vuelta a los orígenes: el campo

Una segunda determinación de Algeciras el año pasado fue introducir cambios importantes en el rubro agrícola. Hoy tienen una empresa que está funcionando: Agrícola Las Vertientes, con un gerente general, y con oficinas en Panguipulli. Como explica Solari, tienen los objetivos muy claros, con un plan maestro de inversiones, procedimientos y un directorio propio.

En 2007 lo que se terminó de hacer fue ordenar y defi nir. Esa reorganización supuso salirse completamente del negocio del wayú, porque querían hacer foco y prefirieron orientarse al tema agrícola. “La verdad es que no le veíamos buenas perspectivas al negocio a largo plazo”, comenta Elberg. “Con el wayú tuvimos la racionalidad de decir ¿sabes? Acá creemos que no lo podemos hacer muy bien porque vimos que no hay mucho negocio. Además compites con los mismos recursos porque plantas o tienes ganadería; es decir, tomamos la decisión de que las tierras donde había wayú se destinaran al área agrícola. De hecho, la tierra ya está plantada”, agrega Solari.

Fue así como vendieron a varios criadores las 1.000 cabezas de wayú que tenían, un número considerable para lo que es el negocio en Chile. Abandonaron el tema ganadero y se quedaron en el agrícola, al cual le veían más perspectivas. “Lo que se hizo fue definir cuál iba a ser su plan maestro en términos de inversiones y en qué nos íbamos a enfocar”, explica Elberg, mientras comenzamos a recorrer uno de los fundos cerca de Panguipulli, donde aún se observan algunos ejemplares de wayú que están en proceso de venta.

Ese plan ya tiene forma. De hecho, poco después seguimos nuestro camino y nos internamos en los fundos Curaco y Mirador, cercanos a Panguipulli, cuyas tierras–más de 1.500 hectáreas– están dedicadas a la plantación de arándanos, avellanas y cerezos y donde la idea es instalar una planta de packaging.

Apenas nos bajamos en los viveros, Eduardo Elberg dispara: “tenemos un proyecto bastante agresivo en términos de plantación. Vamos a terminar 2008 con 250 hectáreas plantadas de arándanos, 500 de avellanos y unas 80 de cerezos”.

Son los principales productores de arándanos de la zona y como proyecto individual, en términos de hectáreas plantadas de arándanos, probablemente también lo sean. La apuesta que han hecho con este fruto es aprovechar el boom que se ve venir en su demanda. “Prevemos un aumento del consumo dadas sus propiedades antioxidantes. La idea sería entrar a la otra parte de la cadena, como participar en una comercializadora”, explica Andrés Solari.

El recorrido por los terrenos del empresario nos lleva luego al fundo Vista Hermosa, de 100 hectáreas, dedicado principalmente al arándano.

Las avellanas se vislumbran como un buen negocio, ya que firmaron un contrato para abastecer a la fabricante italiana de chocolates Ferrero. “Es un producto que se utiliza mucho en la industria de las golosinas y Chile tiene buenas condiciones para producir. Probablemente en el futuro tendremos bastantes más hectáreas, porque si bien su curva en el tiempo empieza a producir frutos a mediano plazo, las inversiones son relativamente bajas y los costos de mantenimiento también. Lo que sí es que se trata de un cultivo donde empiezas a ver frutos a los 5 años; es lento”, comenta Elberg.

La plantación de cerezos es una idea más reciente y surgió tras analizar las variedades que podrían ser un buen negocio de exportación. Los planes son llegar a las 80 hectáreas de la variedad Sweetheart, altamente demandada en Estados Unidos.

Sin darnos cuenta, llegamos a Panguipulli, donde está el centro de operaciones de Agrícola Las Vertientes y, mientras almorzamos, Elberg nos comenta las razones que lo llevaron a interesarse en el negocio agrícola. Nos cuenta que su gusto por el campo y por la zona se remonta a los 70, cuando egresó de ingeniería comercial en la Universidad de Concepción. “En 1972 salí de la universidad y me dieron ganas de casarme, entonces le fui a pedir pega a un profesor, quien me envió a trabajar al Complejo Maderero de Panguipulli”, recuerda.

Dice que el día que se casaba iba conduciendo entre Panguipulli y Villarrica, y que de pronto se vio enfrentado a una yunta de bueyes que no pudo esquivar. “Choqué con ella y llegué al matrimonio con los ojos azules… Tienen que haber pensado que me estaba casando obligado”, comenta y larga una carcajada que nos contagia.

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Jamás se imaginó que años más tarde, tras vender Santa Isabel, volvería a esa zona como un próspero empresario.

Ese afecto por esta tierra fue lo que lo llevó también a adquirir un fundo de 21 mil hectáreas en la zona de Coñaripe, Trafún y Los Añiques, el cual quiere dedicar al ecoturismo. “Son campos de conservación donde tenemos pensado levantar una actividad productiva, pero relacionada con turismo, con el tema de la acuicultura. El proyecto contempla un lodge de pesca y centros de piscicultura. Tiene bastante potencial, porque hay zonas termales, los paisajes son maravillosos, están las aguas y se puede desarrollar la actividad de pesca. O sea, hay varias cosas bien relacionadas”, nos comenta Andrés Solari.

Esas tierras colindan con varias comunidades mapuches, a quienes Elberg califica de excelentes vecinos. “Nunca hemos tenido un problema. Al contrario, tenemos pensado ayudarlos en el desarrollo de proyectos de ecoturismo”. Esta buena relación ha sido cimentada con algunas obras que el empresario ha donado a la comunidad, como una posta y una escuela en Trafún, localidades que carecían de estos servicios.

Sobre sus tierras, la empresa noruega de propiedad estatal SN Power tiene contemplado levantar un proyecto hidroeléctrico, el que ha encontrado una fuerte oposición por parte de las comunidades de Panguipulli. Lago Ranco y Futrono. Ante este tema, Elberg prefiere no opinar. Espera que todo se aclare en los organismos a los que les compete analizar dicho proyecto, aunque desde hace un tiempo el empresario ha manifestado abiertamente su rechazo a las centrales.

Perú, otro reordenamiento

Eduardo Elberg fue uno de los primeros chilenos en apostar por Perú. Hoy, en ese país sigue manteniendo operaciones en el rubro inmobiliario.

-Usted fue bastante visionario, fue el primero en ir a Perú con supermercados.
-Eso fue muy curioso y casual. Un día de 1992 estaba en mi casa en Lican Ray viendo televisión, cuando apareció la noticia de que habían capturado a Abimael Guzmán, el líder de Sendero Luminoso. Entonces me puse a pensar y sentí que Perú, que había pasado por una crisis económica y política, había llegado tan a fondo, que no había otra posibilidad que comenzara a repuntar. Llamé a mi plana ejecutiva y les dije: tenemos que ir a Perú a investigar cómo está el país y ver si surge la posibilidadde levantar el negocio allá.

Y así lo hizo. Se fueron a Perú, donde se reunieron con los escasos supermercados que iban quedando, hablaron con proveedores y ejecutivos del sector y se hicieron una idea del panorama. Con ese insumo, Elberg tomó una decisión: había que ingresar a Perú y adelantarse a otros inversionistas.

En Lima se contactaron con los dueños de Scala, una cadena que estaba en quiebra, y la compraron. Los peruanos estaban tan endeudados que bastó un canje de acciones de Santa Isabel para quedarse con los locales.

Andrés Solari explica que ahora en Lima tienen inversiones inmobiliarias, como oficinas para arriendo, un centro comercial en Miraflores, el Hotel Posada del Inca –cuya propiedad controlan en su totalidad–, y comparten con socios peruanos la propiedad del Hotel JW Marriott, el cual ha tenido excelentes resultados. De hecho, fue calificado dentro de la cadena Marriott (que tiene dos mil hoteles en diversos países) como el mejor de la red en el mundo durante 2007.

Este año en Perú también están partiendo con la construcción del proyecto Millenium. Se trata de cuatro torres de departamentos en la zona de El Golf en San Isidro, con más de 50.000 metros cuadrados construidos. En ese proyecto están asociados con Graña-Montero, una de las firmas constructoras más destacadas de Perú. “Además, tenemos un par de terrenos dando vueltas para algunos proyectos a futuro”, agrega el gerente general de Algeciras.

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Otra iniciativa en ese país es el Marriott de Cusco, cuya apertura está prevista para el primer semestre de 2009. La idea es que este hotel sea realmente una obra de arquitectura, ya que se está levantando en lo que fue el Monasterio de San Agustín, lo cual les obliga a mantener las bases de la antiquísima construcción. “Cusco está calificado dentro del turismo internacional como uno de los imperdibles, tiene poca capacidad hotelera y hay claras sinergias con el hotel de Lima, porque haces el paquete turístico completo. En general, Perú está funcionando bien en todo, lo que da oportunidad para desarrollar muchos negocios. El gobierno de Alan García ha dado muestras de una buena administración y estabilidad política”, dice Solari.

Igual, el holding Algeciras optó por focalizar sus operaciones, concentrando sus negocios peruanos en los rubros de construcción e inmobiliario, lo cual les llevó a fines del año pasado a poner fin a la actividad textil que mantenían.

“Teníamos un negocio textil, que producía poleras y se las exportábamos a Abercrombie, Armani, DKNY, entre otros. Perú tiene una industria textil profunda que exporta 1.400 millones de dólares al año y que se ha fortalecido con los tratados de comercio con Estados Unidos. Pero nos dimos cuenta que el negocio textil estaba absolutamente fuera de nuestro core business, por lo que tomamos la decisión estratégica de vender”, explica Elberg.

La apuesta inmobiliaria y hotelera

La vocación inmobiliaria de Eduardo Elberg en Chile siempre ha estado de la mano de socios, construyendo casas, edificios y oficinas para renta. Además, su posición como accionista de Aconcagua los dejó participando indirectamente en la fusión con SalfaCorp.

“Nuestra visión del negocio no es montar una inmobiliaria o una constructora, que es algo que pudimos haber hecho pero que está descartado de plano”, asevera Solari, aunque a renglón seguido agrega que están construyendo por su cuenta un strip center en la Ciudad Empresarial de Huechuraba.

Toda la actividad inmobiliaria se dirige desde Santiago, a través de la empresa Renta, administrada por Alfonso Peró, el socio gerente y amigo por años de Eduardo Elberg.

Los planes en Chile también consideran tomar posiciones en el rubro hotelero. De hecho, hace un mes dieron un paso importante con la adquisición del 50% del Hotel Atton, a través del fondo de inversión inmobiliario Capital Advisor, en el que participa Elberg junto a los grupos Angelini y Said.

Pero también están buscando otras locaciones. A fines del año pasado, Eduardo Elberg y Alfonso Peró viajaron a Puerto Natales, con la intención de visitar unos terrenos y analizar la posibilidad de instalar un hotel con una marina. “En un viaje que hicimos con anterioridad por el tema de los salmones, nos dimos cuenta que hay muchos yates que están llegando a la zona; por lo tanto creemos que puede haber una buena oportunidad de hacer negocios”, explica Elberg.

El gran salto al negocio salmonero

Hace unos años Eduardo Elberg quedó cautivado con la idea de ingresar al negocio salmonero. Por cerca de dos años estuvo estudiando en forma personal el rubro y fue en 2007 cuando tomó la decisión de dar el salto, de tomar posiciones, adquirir concesiones y elaborar el plan de negocios, partiendo de cero y en una zona prácticamente inexplorada: la Región de Magallanes.

“En un comienzo, al entrevistarnos con gente del sector, nos decían que estábamos locos. Sin embargo, los mismos que nos comentaban eso hoy nos tildan de visionarios. Todo esto, dados los últimos acontecimientos de la industria, donde las enfermedades en la X y XI regiones han afectado las productividades del sector en forma significativa”, manifiesta el empresario.

Explica que la decisión no fue al azar. En su proceso de aprendizaje se dio cuenta de que la industria había cometido errores que hoy le están pasando la cuenta. Es por eso que se interesó en buscar una zona nueva, libre de cualquier enfermedad, donde existiera una verdadera barrera sanitaria.

Y lo hizo. Hoy River Fish (nombre de su salmonera) ya lanzó al mar sus primeros alevines y espera inaugurar cosecha en 2009. “El proyecto lo hemos ido cambiando un poco. Al año 2011deberíamos estar produciendo 18 mil toneladas brutas en tres centros de engorda: dos en la zona de Puerto Natales y otro en la zona de Skyring (entre Natales y Punta Arenas)”, explica Andrés Solari.

En este emprendimiento, que involucra una inversión cercana a los 50 millones de dólares en cuatro años, están asociados con la firma noruega Aquagen, en lo que respecta al tema de centros reproductores, para poder tener una genética cautiva. Además, implementarán una piscicultura de recirculación de última tecnología.

“La gran apuesta en esta región es poder contar con mejores tasas de conversión, producto de aguas más limpias, libres de enfermedades, que debieran compensarlos mayores costos, tanto de mano de obra como de servicios. Esa es la gran apuesta”, explica Solari.

Si bien Estados Unidos, Japón y Europa, son los mercados naturales para este producto, Solari señala que a América latina no hay que dejarla de lado. No es que vayan a tener un foco especial en la zona, pero ven que Brasil es una gran oportunidad para introducir sus productos y que hoy sólo recibe el 6% de las exportaciones de salmón de Chile.

El mismo tema del salmón abrió por casualidad otra puerta de inversión al holding Algeciras: la construcción de una planta de astaxantina natural en Iquique. La astaxantina es un producto que se introduce en el alimento de los salmones para obtener el característico color anaranjado en los peces. Hoy, alrededor del 75% de la astaxantina que predomina en el mercado chileno es sintética y deriva del petróleo.

¿Por qué vendió Santa Isabel? “Quería cambiar de rubro. Cuando cumplí 40 años me hice la promesa de que no seguiría haciendo lo mismo a los 50, porque había sacrificado muchas cosas"

Con un entusiasmo que contagia, Eduardo Elberg nos cuenta cómo partió este nuevo proyecto. “Nos llegó como una oportunidad de inversión, es como un capital ángel. Nos asociamos con los creadores de la idea y los dueños de la patente, que son unos científicos y un grupo de pequeños empresarios del norte, que habían financiado esta operación durante 11 años. Nos llegó ya con la patente en mano y el proceso más o menos armado y la verdad es que nos hizo sentido porque está dentro de lo que queremos hacer, que es un foco en la acuicultura”.

Solari agrega que es un proyecto innovador y “verde”, por lo cual tiene un potencial tremendo, ya que la tendencia mundial es ir hacia los productos cada vez más naturales. “Es un proyecto súper entretenido, porque es biotecnología para el cluster del salmón, además, está al interior de la I Región, fuera de toda la actividad normal, que allí es la minería. Entonces nos hizo sentido por todos lados ingresar a este proyecto. Partimos con la construcción de la planta en febrero y esperamos tener el producto ya en el mercado el último trimestre de este año”.

Elberg comenta que su apuesta por la acuicultura es más amplia que el salmón, por lo cual no descarta ingresar a otros cultivos, como la tilapia. “La acuicultura en el mundo es un tema que llegó para quedarse”, sentencia.


Un 2008 noticioso

Si 2007 fue un periodo de cambios y reestructuraciones, este año también promete movimientos en el Holding Algeciras. Andrés Solari explica que en febrero compraron a los japoneses de Sumitomo el 60% que éstos tenían en Auto Summit, con lo cual se quedaron con el 100% de la propiedad de la concesionaria oficial de Ford y Peugeot en Chile.

Hasta antes de tomar el control, Eduardo Elberg tenía la administración de la compañía, que posee 14 locales y una facturación cercana a los 100 millones de dólares; lo cual debería seguir creciendo, ya que en 2007 tomó la representación de Peugeot. “Abrimos nuestros primeros locales en julio y ese es un negocio que también funciona bien. Este año ha sido bueno para el sector automotor, con grandes crecimientos en la industria y buenas rentabilidades”, explica Solari.

Pero los proyectos no terminan ahí. Elberg y Algeciras tienen varias iniciativas que deberían ver la luz en los próximos meses, pero que –al menos en este viaje con Capital– prefirió mantener en reserva… Obviamente eso nos dejó intrigados, por lo que antes de subirnos al avión con escala en Santiago y destino final Viña del Mar, le preguntamos qué lo había motivado a mover las fichas en Algeciras y a crear nuevos negocios.

“Siento la necesidad de contribuir, de devolver la mano al país que me dio una gran oportunidad de levantar un negocio exitoso. Quiero reintegrarme al mundo empresarial en forma más activa, en las cosas que quiero y que me apasionan. Me gusta partir de cero, generar empleo, pagar más que los demás, que la gente sepa que tiene alguien en quien confiar. Eso es muy gratificante”, comenta.

La respuesta fue sorprendente y nuevamente cargada de esa sencillez que aún nos parece extraña en un hombre de negocios de su calibre, de aquellos que uno acostumbra a ver en las juntas de accionistas y en los encuentros empresariales. Sin duda, ese no es el mundo de Eduardo Elberg.