Este año celebrarían el décimo Lollapalooza, pero 14 días antes de su inicio, el Ministerio de Salud notificó a la productora que no podría realizarse por el Covid-19. Hoy, sus fundadores, Matías Awad, Maximiliano del Río y Sebastián de la Barra –quienes no han hablado públicamente desde entonces– analizan proyectos que van desde eventos online hasta un bosque en el sur del país. “La problemática del medioambiente va a ser el próximo coronavirus que vamos a enfrentar”, dice De la Barra.

  • 10 junio, 2020

¿Lollapalooza parte desde cero?
-¡Para nada!
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El 12 de marzo las cartas ya estaban echadas. Era el mediodía cuando el propio ministro de Salud, Jaime Mañalich, se contactó con los socios de Lollapalooza para confirmar el rumor que daba vueltas hacía días: se cancelaba la décima edición del festival del Parque O’Higgins para prevenir contagios por coronavirus. Pese a que la notificación a esas alturas era algo más que evidente, el equipo de Lotus Producciones sintió pena. “Era algo que teníamos que aceptar y acatar de la mejor manera, siendo responsables con los fans, con los artistas y las más de ocho mil personas que trabajamos cada año para hacer posible este festival”, cuenta Sebastián de la Barra, el fundador de Lotus, quien tras un viaje a la India en 2005, tentó a dos amigos –Maximiliano del Río y Matías Awad, ingeniero comercial de la Chile y agrónomo de la UC– a formar una pequeña empresa para realizar recitales. La llamaron Lotus.

No tuvieron mucho tiempo para digerir la noticia: el mismo día que se tomó la decisión de cancelar el show, los tres emprendedores se pusieron en contacto con los representantes de los artistas que integraban el line up; entre ellos, Guns’n Roses, The Strokes y Gwen Stefani. “Lo entendieron. Ninguno se había bajado antes que nosotros les avisáramos, ya que las bandas suelen ser súper leales a menos que alguna fuerza mayor les impida asistir, como el caso de Snoop Dog que se le murió un familiar o Yeah Yeah Yeahs que canceló su show en el primer Lolla del 2011 por complicaciones de salud en las cuerdas vocales de su vocalista Karen O”, indica De la Barra, quien confiesa que ahora, a casi tres meses de ese particular día, dice tener sentimientos antagónicos. Por un lado está consternado por el freno en la industria a nivel global. Y por otro, asegura haber obtenido lecciones y aprendizajes, como “valorar lo importante”. “Hay que aprovechar a tus seres queridos, a dedicarle tiempo al espíritu y al desarrollo holístico”, dice el ingeniero comercial de la Universidad Diego Portales, quien desde que llegó de la India, medita con frecuencia.
Es la primera vez que uno de los Lolla habla públicamente. No habían querido hacerlo. De la Barra cuenta que en marzo comenzaron a hacer modificaciones en el equipo, integrado por 50 personas y que tiene como sede una casa que arriendan en Rosa O’Higgins. La misma que por estos días está vacía. “El año pasado realizamos 50 conciertos, entre el Cirque du Soleil, Lollapalooza y otros festivales, y tuvimos que hacer ajustes sin duda. Hay muchos gastos que bajamos y estamos como todas las productoras en modo sobrevivencia. Tuvimos que, lamentablemente, dejar partir a un 15% del personal y bajar nuestros honorarios porque los ingresos se fueron a cero y todavía no sabemos cuándo va a ser el regreso”.
-Pese a ello, ¿hay tranquilidad financiera?
-Sí, ya que hemos tenido años de crecimiento y de una solidez que nos permite estarlo y mirar al futuro. Sin embargo, como muchas industrias, hay que ser inteligentes y hacer los movimientos correctos de manera planificada. Estamos analizando todos los instrumentos del gobierno y otros que nos permitan sobrepasar la crisis.
-¿Cómo han sido las conversaciones con el gobierno?
-Hay varios actores de la industria creativa, relacionados con la música, managers, artistas y teatros que estamos generando un diálogo hace varias semanas con Hacienda y Economía. Estamos tratando de visibilizarnos como sector para que generemos un apoyo con los créditos covid. Hay un porcentaje importante en la industria que son bastante informales y que de alguna manera les va a costar más conseguir algún crédito, como también aportes directos. Lo más importante es estar unidos para tratar de regresar lo antes posible, obviamente generando este puente con el Minsal para evaluar los tiempos y los protocolos que requiera el regreso.
-¿Ves un mayor riesgo en esta industria comparado a otras?
-Sí, porque el período de inactividad va a ser mayor. Por eso es necesario, hoy de forma digital y luego física, tener en cuenta que no hay que dejar morir a la cultura, hay que apoyarla todo lo que se pueda.
-¿En Chile hay apoyo?
-Yo creo que no. Falta todavía poner el tema sobre la mesa y hacer esfuerzos mayores para que, por ejemplo, el gobierno avale créditos por más de seis meses para que diversos actores puedan recuperar un retorno a sus negocios de una manera más real en cuanto al riesgo. Este es un sector que debe ser entendido en su esencia como una marca sectorial, tanto como es el vino o la fruta.
-¿Cómo se viven estos días en la productora?
-Con tristeza, pero con la tranquilidad de que el festival muy pronto va a suceder nuevamente en Chile y que vienen muchos años más por delante. Lollapalooza vino para quedarse y ojalá como un recital de Glastonbury (evento que se organiza en Inglaterra desde 1970), puedan pasar cincuenta años y sigamos celebrándolo. Vamos a ser la generación de abuelos que iremos con nuestros nietos al festival.

“No somos tan groupies”

Lollapalooza partió como una idea de tres amigos, dos de ellos –Awad y Del Río– compañeros de colegio. Soñaban con traer Lollapalooza a Chile y en 2010 tomaron un avión a Los Ángeles para negociar directamente con sus fundadores, Perry Farrel y Marc Geiger. Según Sebastián de la Barra, hay momentos inolvidables en la productora y “muchos que quedan por vivir”. Su sueño imposible es haber traído al fallecido cantante de reggae Bob Marley y anhela concretar el aterrizaje de los ex Pink Floyd David Gilmour o Roger Waters, de Tool, de los Rolling Stones, de Robert Plant e incluso tener una hipotética reunión de Led Zeppelin.
Uno de los momentos que más atesora, cuenta al teléfono, es haber conocido a los integrantes de Pearl Jam y viajado a Lollapalooza Chicago para convencer a Foo Fighters, en medio de una fuerte tormenta en la ciudad estadounidense, que viajaran a Sudamérica. “Para nosotros, como fans de la música, haber traído a Pearl Jam al Nacional y el concierto en 360 del Movistar Arena es un orgullo”, dice. De todas formas, considera que en el equipo “no somos tan groupies” e intentan ser lo más funcionales frente a figuras tan emblemáticas. Con algunas de ellas incluso han logrado entablar amistades, como es el caso del cantautor de folkrock hawaiano Jack Johnson, quien en su último concierto en Espacio Riesco, en 2017, viajó a Punta de Lobos invitado por el surfista Ramón Navarro a conocer la fundación conservacionista del presidente de EuroAmerica, Nicholas David, Patricio Mekis, Mauricio Godoy y Arturo Roa, que busca resguardar el borde costero. Allí compartieron fogatas, Johnson surfeó todos los días junto a su esposa Kim y sus hijos, e incluso realizó un par de relajados recitales con su ukelele.
Por estos días, en Europa y Estados Unidos, miembros de la industria comienzan a analizar diferentes alternativas para reactivarse. El artista danés Mads Langer realizó un concierto al aire libre en Aarhus, Dinamarca, en el que el público se encontraba dentro de sus autos en una gran explanada. “Nosotros estamos explorando otras ideas y esa no nos parece tan atractiva a desarrollar para los meses que vienen”, asegura De la Barra. “Es súper válido reunirse de esa forma en torno a la música, pero a mí en lo personal no me convence tanto”, dice.

Marc DeMarco.

El bosque y el recital benéfico tipo Together at Home

Cada semana, el equipo analiza la situación internacional y la transición a una nueva normalidad. Una de las tareas en la que invierten gran parte de su tiempo estos días es el desarrollo “de algún evento online” benéfico a corto plazo, en conjunto con otras productoras y artistas. La idea es apoyar la golpeada industria nacional. “Estamos preparando un proyecto que pueda generar un aporte económico. Es un evento online al que vamos a invitar a algunos artistas y a otras productoras a que se sumen para generar algunos ingresos”, adelanta.
-¿Así como Together at home, versión chilena?
-Algo similar. Estamos estudiando un par de alternativas para poder crear valor y generar un pequeño fondo. Y, por otro lado, estamos participando junto a varios otros promotores relevantes en generar los puentes con el gobierno para poder visibilizar el problema que vive nuestra industria. Fuimos los primeros en parar y vamos a ser los últimos en regresar.
“Muchos tenemos la esperanza de que sea más pronto que tarde,” asegura. Sin embargo, De la Barra dice que aún no están las garantías mínimas para que eso ocurra. Y que algunos lo van a resentir más que otros. “Hay grupos como los Rolling Stones que quizás tardarán aún más en volver a los escenarios, al estar dentro del grupo de riesgo del virus. Lo mismo ocurre con la música clásica. Debido a su rango etario, ellos mismos quizás se van a querer guardar unos pocos meses más que otras bandas con audiencias más jóvenes como, por ejemplo, Twenty One Pilots”, señala a modo de comparación. Y que, por lo mismo, debiera haber un acuerdo a nivel de industria: “Mientras no exista una vacuna para el Covid-19, y se sigan cancelando eventos, la responsabilidad de asistir a un concierto debiera ser asumida tanto por fans, como por artistas y productoras”. Insiste en que el sector está “profundamente dañado” desde el estallido social y que ha sido impactado por unos 250 millones de dólares en la pandemia, con la que cerca de 200 mil empleos podrían perderse, es decir, un 25% de los que genera la industria de la entretención en Chile.

Pearl Jam en el Movistar Arena.

Hoy, los ojos están puestos en lo que pasará con Lollapalooza Chicago, que aún no confirma su cancelación, y una eventual realización del festival Coachella en California en octubre. “Tenemos la última esperanza puesta ahí, y de que podamos volver antes de lo esperado”, agrega.
-¿Crees que es difícil emprender en Chile? ¿Será aún más difícil post estallido social y Covid-19?
-Siempre ha sido difícil emprender en el mundo y en Chile también. Nosotros hemos generado emprendimientos que han fracasado. En ese sentido, es bueno diversificar siempre el riesgo. Eso es esencial para encontrar una fórmula del éxito donde te vas a ir por un camino y los otros que no funcionan, los vas a soltar.
-¿Qué emprendimientos no les han funcionado?
-Participamos en algunos restaurantes, como en el Varanasi de Providencia y de Paseo El Mañío (locales ambientados con un look oriental y veganos) y finalmente tuvimos que cerrar porque nos fue mal. Por otra parte, tuvimos el Teatro La Cúpula en el Parque O’Higgins por pocos meses en 2019. Debimos soltar esa concesión porque el estallido social y el Covid-19 sepultaron las opciones de poder operar el recinto. Teníamos grandes planes, queríamos convertirlo en el mejor lugar de baja convocatoria de Santiago, pero bueno, no pasó. También hay otros emprendimientos a futuro que son confidenciales y que no alcanzamos a desarrollar ni lanzar por lo mismo: no están las condiciones desde el año pasado. Además, tenemos sueños que siguen en pie, como continuar la tarea de neutralizar la huella de carbono en nuestros festivales y, más adelante, generar un bosque Lollapalooza o Lotus.
-¿En qué consiste el bosque de Lotus?
-Estamos trabajando hace más de un año en este proyecto que es a futuro, no tiene fecha todavía, pero con el que queremos generar conservación de bosque nativo chileno existente, mezclado con reforestación y turismo regenerativo, más educación medioambiental. Es un proyecto súper ambicioso y que ojalá podamos llevar a cabo en esta próxima década de manera sólida. Se ubicaría probablemente en el sur, estamos explorando varias regiones.
Buscamos que la conservación sea parte esencial de los conciertos. La problemática del medioambiente va a ser el próximo coronavirus que vamos a enfrentar. Hay que generar conciencia y la música es un excelente vehículo para eso. Es muy importante que fondos como la ley de donaciones culturales se expandan al medioambiente, para que aparezcan más filántropos, más empresas y más instituciones sin fines de lucro que puedan generar mayor conservación en Chile.
-¿Hacia allá rema la productora hoy?
-Nuestro norte es el día a día, la semana que viene y el mes que viene. Estamos desarrollando proyectos digitales para que los próximos meses podamos entregar cultura y música; sin embargo, seguimos en el día a día monitoreando cuándo vamos a poder definir la fecha de Soda Stereo y de un par de conciertos que teníamos. Seguimos a la espera de tener directrices para poder avanzar, pero el futuro está aquí y ahora, en el presente.