Hace 24 años Bill Clinton iba a la reelección y aún no salían a la luz los detalles de su relación con Monica Lewinsky, que lo llevaría al impeachment (sentando las bases para la división política que
aún aflige la política estadounidense). Clinton gobernaba un país que seguía siendo el líder indiscutible de la post-Guerra Fría, que tenía un PIB unas mil veces más grande que el de China. Hoy, el tamaño de la economía china se va acercando, representando un 65% del de EE.UU.
En 1996 EE.UU. y el mundo gozaban de una economía impulsada por el comercio internacional, apoyado por cada vez más tratados de libre comercio y una tecnología que hacía lo que la tecnología suele hacer: hacerse más pequeña y más accesible. Aún faltaban once años para que saliera el primer iPhone, pero si teníamos suerte, usábamos un Nokia, y sacábamos fotos con una cámara, ojalá digital. Si no usábamos una agenda de papel, habíamos graduado al Palm Pilot, tecnología de punta de una empresa que, no pudiendo adaptarse, quince años más tarde desaparecería.
En 1996 el príncipe Carlos y Diana se divorciaron, pero las Spice Girls sacaron su primer disco. Aún así, el largo período de dominación conservadora en el Reino Unido llegaba a su fin –después de 17 años–. El Partido Laborista llegaría al poder el año siguiente, trayendo un nuevo aire, nuevas ideas y una Tercera Vía.
Es así que desde 1996 al 2001 el mundo vería un boom de optimismo, soportado por el descubrimiento de los beneficios de la globalización y la interconectividad. Nuevas empresas como Amazon (fundado en 1994), Yahoo (1995), eBay (1995) y Google (1998), entre otras, contribuirían a una burbuja que reventaría el año 2000, tal vez la primera señal que los buenos tiempos no continuarían para siempre. Esas esperanzas se derrumbarían definitivamente el año siguiente junto con las Torres Gemelas.
Los ataques del 11 de septiembre del 2001 representan un punto de inflexión. Acabaron con el mundo unipolar que resultó del fin de la Guerra Fría, introduciendo un contexto donde la hegemonía de EE.UU. pudiera ser desafiada ni si quiera por un estado pequeño, sino por un grupo pequeño de actores no-estatales, dejando en evidencia un flanco débil para el sistema internacional y poniendo en jaque la dominación del
estado-nación. El 11 de septiembre también puso fin a un largo período de paz para EE.UU., iniciando por lo menos tres largas guerras – la desafortunada guerra en Irak, la guerra contra el terrorismo, y la guerra en Afganistán, que se ha transformado en la de más larga duración en la historia del país.
El 11 de septiembre generó un cambio sicológico también. La sos- pecha y las medidas de seguridad impuestas, junto con un cierto nivel de racismo, sentaron las bases para un mundo más sospechoso y xenófobo. Es difícil imaginarse la irrupción de Trump y otros líderes nacionalistas sin el 11 de septiembre, sin la sospecha del otro, sin las guerras y millones de refugiados que generó.
El mundo cambió el 11 de septiembre, y los costos solo han ido aumentando, con fronteras más cerradas, más racismo, más desconfianza, más guerras, refugiados, nacionalismo y proteccionismo. Muchos de los fenómenos que hoy día se podrían atribuir a Trump, o a Bolsonaro, o al covid tienen sus orígenes en ese martes soleado de septiembre.
El mundo cambió nuevamente a fines de la década de los 2000, cuando otra burbuja reventó, empujando la economía global hacia una crisis de la que, de alguna forma, aún no salimos. La desconfianza en los gobiernos y las instituciones financieras, en el sector privado y las élites, solo contribuyó a la tendencia de mirar hacia adentro.
Mirando el espejo retrovisor, se hace evidente que el mundo en que apareció el primer número de la Revista Capital era uno optimista y abierto, pero que no tardó mucho en encaminarse hacia el mundo en que vivimos hoy, más cerrado, con más fronteras y más sospechas; el del encierro y de las mascarillas es solo una versión extrema de lo que se ha creado en el último cuarto de siglo.
Las tendencias históricas, sin embargo, no son unidireccionales. Como nos recuerda el académico de Harvard Steven Pinker, hoy hay más riqueza y menos desigualdad, más alfabetismo, menos guerras y una expectativa de vida más larga. Por lo menos hasta que apareció la presente pandemia, y sin desconocer problemas reales como el calentamiento global, Pinker sostenía que el mundo nunca había estado tan bien.
Pero una vez más, el mundo cambió.