Una veintena de expedicionarios aceptó el reto Capital-Vertical y coronó con éxito la cumbre del mayor monte de África, el Kilimanjaro (5.895 m). Según sus protagonistas, la experiencia fue una historia de superación personal que permanecerá imborrable en sus memorias

  • 2 octubre, 2008

 

Una veintena de expedicionarios aceptó el reto Capital-Vertical y coronó con éxito la cumbre del mayor monte de África, el Kilimanjaro (5.895 m). Según sus protagonistas, la experiencia fue una historia de superación personal que permanecerá imborrable en sus memorias

 

.
"Abrazos, emoción, lágrimas…”. Los integrantes de la expedición Capital-Vertical al monte Kilimanjaro, ubicado en la frontera de Tanzania y Kenia, describen así la jornada decisiva en que alcanzaron la cima de ésta, una de las famosas seven summits del mundo. Los 26 expedicionarios y los cuatro guías de Vertical que supervisaron la excursión y el ascenso, compartieron mil experiencias que les permitieron explorar sus límites, superarlos y degustar el logro personal y colectivo. Algo, que según sus propias palabras, los hace mejores personas y, por qué no decirlo, mejores hombres de negocios.

Kilimanjaro 2008 fue el segundo Desafío Capital, aventura que invitó a nuestros lectores, suscriptores y clientes a encarar un reto físico, humano y mental y a dejar a un lado la rutina y los negocios para darse unos días y conocer realidades, diferentes que permiten reencantar la vida.

Al norte de Tanzania, pocas montañas se pueden equiparar al Kilimanjaro pues, como explican los guías, es increíble que exista un volcán en mitad de la sabana africana, una zona llena de vida salvaje y sin cordillera alguna. En ese ambiente el “monte blanco”, que es lo que significa Kilimanjaro, se ve como un gigante solitario que derrocha belleza por donde se lo mire, rodeado con un impresionante cinturón de nubes.

La aventura se inició el 22 de agosto, con el viaje rumbo a África. El grupo de 26 personas que enfrentarían el reto estaba integrado por nueve mujeres, trece hombres y los cuatro guías de Vertical. Dentro del grupo, algo destacable: había matrimonios, padres e hijos: es decir, familias abiertas a lo nuevo.

La expedición partió desde Moshi, en Tanzania, con un equipo de apoyo de porteadores, guías, cocineros y asistentes que bordeaban las 65 personas, lo que transformó al grupo Capital en casi un centenar de aventureros. Algo no sólo necesario, sino también ineludible, ya que por ley debe haber dos porteadores por montañista.

La ruta de ascenso usada fue Machame Route de 7 días que, según los entendidos es la de mayor belleza por sus vistas panorámicas y la que permite una mejor aclimatación. “Los días de ascenso fueron sorprendentes –recuerdan los expedicionarios–, con paisajes que van cambiando cada jornada: junglas, bosque alpino, matorral, plantas únicas, desierto de altitud y zona de hielos: se cruzan casi todos los climas existentes en la tierra”.

 

 

 

{mospagebreak}

El inicio de la peregrinación tuvo como entorno “la selva húmeda, un ambiente de mucha vegetación, grandes árboles y muy verde”. De ahí se pasó a un paisaje más estepario, donde la vegetación era menos densa, con árboles más bajos y mayor cantidad de arbustos. Sobre los 4.000 metros la vegetación desapareció casi totalmente para dar paso a un paisaje con algunos pastos y mucha piedra.

Las dinámicas diarias fueron rigurosas pero muy amigables: 6 y 8 horas de caminata con un almuerzo en la mitad de la montaña preparado por el equipo de cocina africano. Habitualmente comida liviana, provista de carbohidratos.

Todo comenzaba alrededor de las 7 AM, cuando el team de cocina se dirigía a cada carpa con un cordial ¡Jambo! ¿Tea?. Esa taza de té caliente era clave no sólo para despertar, sino también para matar el frío. Tras preparar el equipo, desayunar y planificar la jornada, se emprendía la marcha junto a un amistoso y sonriente equipo de porteadores.

Así se dio el programa, hasta llegar a las jornadas decisivas, cuando afloró la ansiedad y el nerviosismo se hicieron presentes. A todos les quedó claro tras la habitual reunión post desayuno en el campamento 4 (a 4.035 metros). “Fue una reunión más seria que las anteriores. Ese día llegaríamos a los 4.640 metros, para luego hacer cumbre. Gabriel Becker, Tomás Grifferos, Fernando Yáñez y Misael Alvial, los guías de Vertical, nos dijeron Se acabó la chacota. Desde hoy estamos en alta montaña y queremos ver un comportamiento de montañista. Concéntrese en su cuerpo, en su respiración, anden lento y no más conversa ni risas… los queremos a todos en la cumbre”, recuerda la gerente comercial de Capital, Magdalena Montero,
que participó de la aventura.

Y añade: “Ese día partimos en nuestra fila india de siempre, pero en completo Equipo Capital-Vertical en la cumbre del Kilimanjaro, a 5.895 m de altitud y menos 15º bajo cero. “Superamos nuestros propios límites y eso es ganar.” silencio. Parecíamos monjes de retiro… Después de un par de horas de silencio sepulcral tuvimos que reírnos y supimos que todos queríamos hacer cumbre y cumplir nuestro sueño de ver África desde su punto más alto”.

Ficha del viaje

LA RUTA

Campamento 1: Machame Camp (3.010 m)
Campamento 2: Refugio Shira (3.840 m)
Campamento 3: Barranco Camp (3.949 m)
Campamento 4: Karanga Camp (4.035 m)
Campamento 5: Barafu Camp (4.640 m)
DIA DE CUMBRE: Uhururu Peak (5.895m)
Campamento 6: Mweka Camp (3.080 m)

 

 

El ataque a la cumbre fue el viernes 29 de agosto a las 23:00 hrs., después de cinco días de trekking hasta el campamento 4 a 4.640 m. “El cielo estrellado, con 8 grados bajo cero y sin viento. Partimos alumbrando con las linternas frontales y en estado de concentración total, conectados con el cuerpo y nuestra respiración”. La puna o enfermedad de altura comenzó de inmediato a hacer estragos, pese a que el programa fue especialmente diseñado para lograr una aclimatación progresiva (ver detalle de la ruta).

“Después de siete horas y media de subida y sólo subida, con algunas paradas de no más de 3-5 minutos, pues de alargarse congelábamos, en esa temperatura de menos 15 grados, llegamos a Stella Point a 5.730 m. Allí vimos el cráter interior, el cono, los bordes de nieve helada y los glaciares en claro e irremediable retroceso. En ese momento salió el sol y el espectáculo fue grandioso (…) El sol africano nos embrujó y el solo hecho de pensar que debajo de ese manto de nubes estaba la sabana repleta de vida salvaje compartiendo espacio con las tribus masais, nos emocionó al máximo”.

De ahí a la cumbre había sólo un paso…

 

Fue una expedición increíble, definitivamente inolvidable, por todo… el lugar único y de una belleza indescriptible; el grupo humano, diverso, entretenido y por sobre todo muy cálido y comprometido. Probablemente lo que más queda es la experiencia interior que se produce al enfrentar un desafío extremo que te exige al máximo, donde tienes que sacar lo mejor de ti mismo y colocar a prueba todas tus capacidades para alcanzar la ansiada cumbre.

Ignacio Arriagada

Fue una experiencia inolvidable que va a marcar nuestras vidas. Los que pensamos que el objetivo del viaje era el desafío de la cumbre, lo cual fue impresionante, nos encontramos con muchísimo más, con un continente maravilloso, unos amaneceres que no se nos olvidarán… pero sobre todo con un grupo de personas increíbles, que hizo de esta travesía una de las mejores experiencias de la vida.

Fernanda Toro

Un viaje absolutamente memorable por el desafío, por el paisaje, por la cultura africana, por el espíritu de equipo, por la amistad, por la capacidad de disfrutar de las cosas simples. África aún está en estado salvaje, aún tiene pueblos viviendo sus costumbres ancestrales, al tiempo que tratan de incorporarse a la modernidad: una tensión entre la identidad cultural y la necesidad de salir de la pobreza.

Juan Vásquez


Definitivamente, encontrar un espacio de paz para regalarle a mi hijo, y recibir el regalo de tenerlo cerca por muchos días (vale también para Cecilia y Raúl Ignacio). Y además el desafío de saber qué tan capaz se es de soportar el esfuerzo al que nos sometimos.

Arturo Salvatierra