Considerada la hermana menor entre los géneros literarios, dejó su lado alternativo para abrazar el mainstream. Mucho más que historietas sobre capas y espadas, las obras de esta corriente asoman como uno de los lugares donde se está haciendo la mejor literatura de hoy. Por Federico Willoughby Olivos, desde Chicago.

 

  • 4 octubre, 2011

 

Considerada la hermana menor entre los géneros literarios, dejó su lado alternativo para abrazar el mainstream. Mucho más que historietas sobre capas y espadas, las obras de esta corriente asoman como uno de los lugares donde se está haciendo la mejor literatura de hoy. Por Federico Willoughby Olivos, desde Chicago.

 

Lo dijo Dave Eggers, el prolífico escritor y editor que en los noventa tomó la literatura estadounidense por asalto e hizo del arte de escribir algo con tanta onda como ser actor en Hollywood: “Es preciso entender que las novelas gráficas no son el primo medio torpe de la literatura; por el contrario, las novelas gráficas son la hermana mutante que puede hacer todo lo que la ficción no puede, y generalmente, mucho más”.

La apreciación de Eggers viene solamente a validar algo que los seguidores de las historietas de largo aliento sabían desde hacía un buen rato, cuando empezaron a descubrir que junto a sus revistas semanales, en las tiendas de cómics se estaban apilando obras más extensas, un poco más complejas y con una variedad temática que nada tenía que envidiar a la denominada “literatura tradicional”. No por nada, el 5 de marzo del 2009 la sección de libros del New York Times, una de las más respetadas del mundo, anunció que a partir de ese día y en cada una de sus publicaciones se incluiría el ranking de novelas gráficas más vendidas en Estados Unidos.

Se hacía justicia. Mal que mal, desde los 40 en EEUU este tipo de narraciones ilustradas coqueteaba con diferentes formatos y con temáticas no sólo para niños. Para ser precisos, el término propiamente tal se acuñó en 1978, cuando Will Eisner publicó Contrato con Dios, un tomo de 196 páginas compuesto por 4 historias autobiográficas, todas situadas en el Bronx y con referencias a temas tanto políticos como religiosos.

Eisner (quien además de ser el creador de The Spirit dio nombre a los premios Eisner, los más importantes de la industria) contó años después la siguiente anécdota: cuando decidió que quería publicar su obra sabía que si se presentaba ante las editoriales como “el guionista de The Spirit” no iba a ser tomado en serio, así que llamó al entonces presidente de Bantam Books y le dijo que le quería mostrar algo nuevo… “una novela gráfica”, improvisó. Y fue finalmente ese término el que convenció a la editorial de sacar un tiraje de 1.500 ejemplares que fue un absoluto éxito.

El auge

Desde entonces las novelas gráficas empezaron a proliferar. Si bien en un principio se movía en círculos más cercanos al underground y asociado a los superhéroes, empezó poco a poco a gestarse un movimiento de autores que encontró su mayor referente en Art Spiegelman y su obra Maus: a survivor’s tale, que no es otra cosa que la biografía de su padre, un judío polaco que sobrevivió al holocausto. Spiegelman ocupa la figura de ratones (judíos) y nazis (gatos) para contar una historia enorme y compleja que demoró 13 años en completar pero que terminó ganando un Pulitzer especial (el jurado entonces no supo en qué categoría ponerla) y que posteriormente fue traducida a 18 idiomas y hoy es usada como material de estudio en universidades y colegios.

Además, obras como Batman: the dark knigth returns, de Frank Miller -que en 1986 devolvió al señor de la noche a sus raíces más oscuras (y que es la referencia directa de las películas de Nolan)– y Watchmen, en la que Alan Moore demostró lo complejo y político que podía ser un grupo de superhéroes, terminaron por establecer que 24 páginas tabloides –la dimensión clásica de un cómic– no eran siempre suficientes para contar una buena historia.

Hollywood lo entendió. Películas como Camino a la perdición, con Tom Hanks; Persepolis o American splendor están todas basadas en novelas gráficas. Y finalmente las editoriales tradicionales también, que se abrieron a incorporar, ya no con tanto recelo, a las “hermanas mutantes” a sus catálogos.

Enhorabuena.

Por dónde empezar
Habibi. Craig Thompson

Recién editada, fue elegida como libro del mes en Amazon. Situada en el medio oriente, tiene una fuerte influencia del Islam y es protagonizada por Dodola y Zam. Son dos huérfanos que escapan de un cartel de esclavos para iniciar una casi irreal travesía que mezcla amor, religión y deseo. La historia no sólo es preciosa, sino que el arte de Thompson es sublime.

Jimmy Corrigan, the Smartest Kid on Earth. Chris Ware

El dibujo de Ware es tan complejo que hace que esta novela sea casi un objeto de arte en sí misma. La trama mezcla la aventura de un solitario que ve a su padre por primera vez recién a los treinta años con las memorias de ese mismo tipo de lo que cree fue su niñez. Un viaje a ratos cómico, a ratos dramático, pero absolutamente sobrecogedor e imperdible.

Maus. Art Spiegelman

La vida de Vladek Spiegelman, el padre del autor y cómo logró sobrevivir al holocausto. Una historia que, pese a estar contada con animales, es igual de efectiva al momento de transmitir la miseria del momento. Es también el libro en el que Art relata lo complicadas que son las relaciones paternas.

Ghost World. Daniel Clowes

A principios de 2000 esta novela gráfica tuvo una más que decorosa adaptación al cine, protagonizada nada menos que por Scarlett Johansson y Thora Birch. Básicamente, trata de dos amigas adolescentes atrapadas en la cotidianeidad de un suburbio estadounidense. Un relato sobre los pequeños gestos y las conversaciones diarias de dos chicas que, sin darnos cuenta, se vuelven imprescindibles.

Pride of Baghdad. Brian K.Vaughan

Basada en una historia verdadera, recrea lo que sucedió con los cuatro leones que escaparon del zoológico después del bombardeo a Irak. Lo que parece una secuela del Rey León (los animales en la historia tienen voz), se transforma en un sentida reflexión sobre lo que son la familia y la sociedad.

2011: El año en que hicimos contacto
Por Francisco Ortega
O mejor dicho, recuperamos el contacto. Voy a hablar bastante de cerca y por eso pido disculpas por lo egocéntrico que puedan leerse mis próximas palabras. Soy coautor de 1899 (Norma), novela gráfica con arte de Nelson Daniel y hasta ahora el cómic chileno más exitoso -a nivel de ventas- desde Mampato a fines de los setenta. Y no lo digo yo, sino las cifras.

Una apuesta editorial arriesgada, una humorada incluso, que acabó posicionándose por dos meses entre los diez libros de ficción más vendidos en Chile, ascendiendo al Top 3 durante un par de sábados y agotando dos ediciones, de dos mil libros cada una, en poco más de ocho semanas. Ver un cómic instalado entre Isabel Allende y Hernán Rivera Letelier fue sorpresivo pero, ojo, en nada inédito. Chile tiene una rica tradición historietística y lo que se está haciendo hoy es básicamente sacarle provecho a esa herencia.

Entre 1930 y 1970, nuestro país fue potencia hispanoamericana del noveno arte: se vendían miles de cómics semanales, se realizaba producción local e incluso franquicias como Disneylandia y James Bond salían de los talleres de editorial Zig Zag hacia el resto del planeta de habla hispana: las “traducciones” de Tío Rico, Chicos Malos y Tribilín son chilenas.

Con el golpe del 73 vino el apagón y luego, a mediados de los 80 comenzó tímidamente un resurgimiento, primero a través de la historieta contestaría y luego hacia corrientes más comerciales. Así, hasta que en 2005 la publicación de la novela gráfica Road Story de Alberto Fuguet y Gonzalo Martínez dio luces de que apostar a la narrativa gráfica chilena no era una locura.

Quiso la casualidad que en 2011 esta apuesta diera sus frutos a través de la edición consecutiva de una serie de publicaciones en las que se ha conjugado la herencia pero también un profesionalismo como no se veía desde la edad de oro de Zig-Zag. Libros bien editados, bien pensados, bien hechos y bien difundidos, que no sólo han sorprendido a la crítica sino que han cautivado a miles de lectores, demostrando que en este arte perfectamente podemos competir de igual a igual con Marvel o DC.

Mortis: Eterno Retorno, de Ferrada y Ahumada (que fue celebrada por el propio Grant Morrison); Zombies en la Moneda, de Rauch; Siento y miento, de Alfredo Rodríguez; 1899, de quien escribe; Policía del Karma, de Baradit y Cáceres y Heredia detective, de varios autores, son sólo la punta del iceberg de lo que viene.

Talento hay, pero sobre todo un trabajo bien hecho. A fines de octubre se citarán en Chile editores de EEUU y Europa, atraídos por esta explosión de novelística gráfica chilena; y no vienen sólo a mirar, sino a buscar. A prepararse: en 2012 no se va acabar el mundo –como dice la profecía- porque el cómic chileno lo va a conquistar. Eso lo doy firmado.