Obama deja en claro que prioriza capacidad y credenciales académicas más que familiaridad y lealtad política.

  • 21 enero, 2009

Obama deja en claro que prioriza capacidad y credenciales académicas más que familiaridad y lealtad política. Por Gabriel Sanchez-Zinny, desde Washington.

“Creo que estamos nombrando el gabinete que mejor juega al basketball en la historia de Estados Unidos”, sostuvo el presidente Obama hace unas semanas, cuando le preguntaron sobre sus nombramientos. Con mayor o menor habilidad, la mayoría de sus colaboradores, al igual que él, juegan o han jugado a este deporte.

Pero tal vez lo más destacado son la excelencia y competencia del equipo de colaboradores nombrado por Obama y la elitista educación formal que ha recibido la mayoría de ellos.

El recién electo chairman del Comité Económico de la Casa Blanca fue el profesor titular más joven en la historia de Harvard y luego su presidente. Su director de presupuesto fue a Princeton y a la London School of Economicis. Su embajadora ante las Naciones Unidas, Susan Rice, fue scholar de Rhodes, y su asesora legal pasó por Harvard, Cambridge y Yale Law.

De 35 nombramientos que hizo Obama en las últimas semanas, 22 tienen diplomas de alguna universidad Ivy League, nombre acuñado originalmente en 1954 y que hace referencia a las ocho antiguas universidades del Noreste de Estados Unidos, como Harvard, Princeton, Columbia y Yale.

Sin embargo, señaló Steve Wagner, presidente de la encuestadora QEV, basada en Washington, “tener un gabinete de los mejores y más brillantes, como se denominó en su minuto al del presidente Kennedy, no es siempre garantía de una gestión de gobierno exitosa”. También grupos de izquierda están levantando críticas contra las nominaciones, señalando que la educación y la experiencia no pueden ser las únicas medidas, sino el compromiso del gabinete con la política e ideología promovidas en la campaña.

Pero por ahora los nombramientos han generado altas expectativas. La administración Obama tendrá una gran diversidad ideológica, racional y de género, pero comulgará en su alto nivel académico, no muy común en Washington y muy diferente al que predominó en el gabinete del presidente Bush, donde la lealtad al presidente y la conexión con Texas parecían ser el denominador común.

La selección del gabinete habla mucho sobre la forma de gestionar del presidente Obama que, tal como hizo en su campaña, busca rodearse siempre de los mejores equipos y escuchar y cotejar diferentes opiniones y consejos. A su vez, en oposición a otros estilos políticos más populistas, que tratan de esconder su pertenencia a la elite del país, Obama no tiene problema en destacar la necesidad de contar con colaboradores de excelencia, educados en las mejores universidades.

El primer presidente que conscientemente seleccionó a los asesores con mejores credenciales académicas, no basando su decisión en sus trayectorias políticas, fue Franklin D. Roosevelt, quien en 1932 nombró a un brain trust compuesto por profesores de Columbia para que pensaran estrategias para salir de la Gran Depresión.

El gabinete también deja en claro que Obama está dispuesto a tomar riesgos y que priorizó capacidad frente a lealtad; credenciales académicas y de talento de gestión, más que familiaridad y lealtad política. Ha nombrado en las principales posiciones de su gobierno a su feroz contrincante política, a dos republicanos y a otros miembros del establishment demócrata, que no responden necesariamente a su agenda. Demuestra una enorme seguridad en sí mismo y una clara lectura de los resultados electorales de noviembre (53% versus 46%), que lo llevarán a gobernar más desde el centro ideológico y moderadamente de lo que fue su plataforma de campaña.