Era guionista y odiaba las matemáticas. Hasta que decidió estudiar y se doctoró en esa disciplina. “Si un alumno no aprende es por culpa del profesor”, dice John Mighton, el creador de JUMP Math, un modelo que desafía a la enseñanza tradicional de esa asignatura y que ha generado mejoras significativas en el aprendizaje de un número importante de niños no solo en Canadá, sino que también en España. En Chile, ya funciona el primer piloto en 63 colegios.

  • 22 noviembre, 2018

En una pequeña sala de la UC, John Mighton (61) toma un plumón y comienza a dibujar bolitas en el pizarrón. Hace 11 años, el canadiense creó JUMP Math, un modelo que ha mejorado las competencias matemáticas de todos los alumnos de Kinder a Octavo Básico en los colegios donde se ha implementado en Canadá, Estados Unidos y España. 

Un cúmulo de personas lo miramos atentamente, y él avanza a toda velocidad para explicar su metodología, entusiasmado con sus ejemplos: “No se enseña a jugar ajedrez con todo el tablero y todas las fichas. Es más eficiente empezar con pocas piezas e ir complicándolo de a poco. Lo mismo ocurre en la resolución de problemas. JUMP Math permite que todos los alumnos sean capaces de solucionar problemas complejos, enseñándoles primero mini problemas, elevando la dificultad en forma paulatina”, dice. 

Al escucharlo hablar con tanta pasión y convicción, no es difícil ponerse en el lugar de Miquel de Paladella, un catalán que hace algunos años buscaba una solución para resolver problemas sociales en España, hasta que se topó con una charla de Mighton. Mientras participaba de una conferencia en Irlanda donde se exponían las 50 mejores innovaciones del planeta, Paladella quedó fascinado al ver al creador de JUMP interactuando con un grupo de niños pequeños, que participaban, preguntaban y respondían entusiastamente los problemas matemáticos que el canadiense les presentaba. 

“Fue un milagro”, dice Paladella, hoy cabeza de JUMP Math en España, país donde el modelo aterrizó por primera vez en 2013 en nueve establecimientos educacionales. En los últimos cinco años ha penetrado con tal fuerza que hoy 33 mil alumnos estudian bajo ese currículum, cambiando los resultados de los colegios en forma dramática: de un 40% de estudiantes que reprobaban en esas aulas, hoy el número ha bajado a 1%. “Ese es el nivel de éxito”, dice el español, quien acompaña a Mighton en su viaje a Chile. 

El canadiense insiste que “es posible descubrir el talento matemático de todos y cada uno de los niños y niñas que tienen interés por resolver los problemas y hacer conexiones. Si un alumno no aprende es por culpa del profesor, no de ellos”, plantea. Es el mismo discurso que el matemático viene repitiendo desde hace varios años y que incluso es parte del monólogo que él mismo hace en la película En busca del destino (1997), en la que interpretó al asistente del profesor Lambeau, cuyo alumno era Will, Matt Damon. En el filme resalta que “la mayor parte de las personas no llegan a enterarse de lo brillantes que son, porque no encuentran académicos que crean en ellos y sepan cómo guiarlos”. 

 

De dramaturgo a matemático

John Mighton no siempre fue amigo del mundo científico. De niño siempre lidió con una asignatura que le parecía árida y difícil de entender, y cuando probó estudiar Economía estuvo a punto de reprobar cálculos. Entonces decidió realizar un Máster en Filosofía, y luego se trasladó a Nueva York, en donde hizo carrera como dramaturgo por varios años.

De regreso en Canadá, con 28 años y sin muchos recursos económicos, decidió convertirse en tutor de matemáticas, cuando los niños salían del colegio. Y de ahí, algo lo inspiró a tomar algunos cursos y comenzar su doctorado en Matemáticas en la Universidad de Toronto. Al terminar, quiso devolver ese conocimiento a la sociedad: se dedicó a enseñar en los clubes que gratuitamente apoyan el estudio de matemáticas en niños, pero al poco tiempo decidió abrir las puertas de su propio departamento, en donde llegaban menores que las escuelas le enviaban para apoyarlos en sus estudios. Entonces, muchos personajes del escenario artístico se transformaron en profesores. 

“Comencé con 15 alumnos. El primero de ellos estaba en clases especiales en su colegio: a su madre le dijeron que nunca sería capaz de aprender matemáticas, porque eran demasiado complicadas para él. Ese mismo niño se doctoró en esta disciplina y hoy es profesor. Puedo decir casi con certeza que cualquier estudiante que se someta a este modelo va a salir airoso”, dice Mighton, quien en 2004 inscribió JUMP Math como una organización sin fines de lucro, cuyo currículum hoy está presente en el 6% de la educación en Canadá, llegando a 200 mil alumnos, y cerca de 20 mil en Estados Unidos, técnica que ha sido aplaudida en varias columnas del New York Times. 

Su metodología pone énfasis en dinamizar el aula para que todos los estudiantes puedan adquirir la confianza necesaria para descubrir y aprender las matemáticas; mayor práctica entre los niños que lo que ocurre tradicionalmente; descubrimiento guiado y evaluación continua dentro de la sala para detectar las diferentes velocidades de aprendizaje, para que nadie se quede atrás, además de comprensión conceptual profunda, de modo que se fomente el entendimiento real y no solo mecánico y aprendido, que es la principal crítica que Mighton hace al sistema convencional. 

El desembarco en Chile

La labor de JUMP Math incluye la capacitación de profesores. De hecho, el 60% de su presupuesto anual de cinco millones de dólares proviene de las ventas de material a los docentes, mientras que el 40% son aportes filantrópicos. El modelo funciona de distintas maneras en el mundo. De hecho, en España, es una empresa social apoyada por un grupo de inversionistas que eligieron este emprendimiento como link para impulsar las vocaciones científicas técnicas en este país. Allá comenzaron a implementarlo en 2013 y realizaron un piloto en nueve colegios. Después de un año midieron los resultados: no hubo ningún alumno en esos establecimientos que reprobara la asignatura, cifras que hasta entonces llegaban a 40% de estudiantes con nota roja. Entonces fueron por más: consiguieron 500 mil dólares, tradujeron los textos al español e implementaron el modelo en 85 escuelas que fueron evaluadas por la Universidad Autónoma de Barcelona. El fenómeno fue exactamente el mismo: todos aprobaron.  

Este año, el Banco Interamericano del Desarrollo (BID) decidió probar el sistema de aprendizaje en Chile. El programa comenzó su implementación en marzo y se acompañará a 2.541 estudiantes durante dos años en las 63 escuelas donde se imparte el modelo, entre ellas, recintos de Peñalolén, El Bosque, San Bernardo y Santiago. 

El proyecto contempla una evaluación de impacto, liderada por The Abdul Latif Jameel Poverty Action Lab (J-Pal LAC) del MIT, y el desafío es lograr los resultados que el programa ya obtiene en España y Canadá. No solo en lo académico, mejorando el rendimiento y el número de niños que reprueban, sino que también en el nivel motivacional de los menores entre 1° y 4° Básico, mejorando además las capacidades pedagógicas de los profesores.  

Si hay buenos resultados, la idea es duplicar el número de colegios que enseña a través de JUMP Math en 2019, mejorar en el rendimiento de la prueba Simce 4º Básico de los colegios participantes y que Chile sea la puerta de entrada para exportar el sistema de aprendizaje a toda Latinoamérica.