Zadie Smith es una de las escritoras británicas contemporáneas más premiadas, sus temas habituales son la inmigración y el multiculturalismo y Dientes Blancos y Desde La Belleza son dos grandes novelas en esa línea. Pero en este libro, Zadie hace una cosa totalmente distinta. En lo que en literatura se llama un “pie forzado”, reúne […]

  • 21 marzo, 2013
"El libro de los otros" de Zadie Smith

"El libro de los otros" de Zadie Smith

Zadie Smith es una de las escritoras británicas contemporáneas más premiadas, sus temas habituales son la inmigración y el multiculturalismo y Dientes Blancos y Desde La Belleza son dos grandes novelas en esa línea.

Pero en este libro, Zadie hace una cosa totalmente distinta. En lo que en literatura se llama un “pie forzado”, reúne a algunos de los más importantes narradores jóvenes de habla inglesa, la mayoría de ellos de los Estados Unidos, para que escriban un relato breve en que inventen a un personaje, cuyo nombre debe dar el título al cuento.

El tono de los relatos tiene algunos elementos comunes. No sabemos si es por el pie forzado o por la selección de autores realizada por Smith, pero el hecho es que son en general narraciones escuetas, con personajes muchas veces rudos, que nos recuerdan a autores como Carver, Cheever o Salinger. Así, podríamos decir que este volumen de cuentos se inscribe en la mejor tradición del cuento norteamericano.

La unidad del libro está dada, principalmente, por el hecho que los relatos tratan siempre del carácter, esa fuente inagotable de inspiración para la literatura.

En Cachorro, George Saunders cuenta cómo una madre de familia desiste de cowmprar una mascota a sus niños luego de comprobar el trato brutal que la mujer que los vende le da a su propio hijo. Theo, del prestigiado Dave Eggers, es una historia de tres gigantes que conviven con humanos. Como ellos, viven, comen y aman. El protagonista, Theo, pierde en la inevitable competencia con Soren por el amor de la bella Magdalena. Toby Litt, en El Monstruo, el otro relato con protagonista no humano, nos trae reminiscencias de Metamorfosis, logrando si no su originalidad y genio, al menos transmitir compasión hacia su personaje.

Judith Castle, de David Mitchell, trata de una mujer que habla demasiado. Tanto, que Ollie, su ocasional pareja, inventa su propia muerte para librarse de ella. Magda Mandela, de Hari Kunzru, tiene un estilo tosco y seco, que juega con el desenfado sexual de una mujer madura; mientras que en Gideon, de ZZ Packer, la protagonista inventa un embarazo para ver la reacción de su novio, y no le gusta.

Colm Toibin, en Donald Webster, muestra cómo un hombre no puede disimular su desafección por su madre que agoniza. En Rhoda, en cambio, Jonathan Safran Foer relata el proceso en el cual una abuela, sin drama, comparte con su nieto las visicitudes de un cáncer que avanza sin pausas.

En El Embustero, Aleksander Hemon juega de manera algo irreverente con la figura de Cristo, mientras que Newton Wicks, de Andrew Sear Greer, trata sobre los juegos de dos niños y su interacción con los juguetes.

La Jueza Gladys Parker-Schultz, de Heidi Julavitz, es un muy buen cuento que hace un guiño a Continuidad en los Parques de Julio Cortázar. También me pareció ver en Perkus Tooth, de Jonathan Lethem, algún aire a El Perseguidor, el laureado cuento de Cortázar. Trata de la amistad entre un actor menor y un genial pero difícil redactor de textos para películas, amistad que se desarrolla en Nueva York, en interminables sesiones que mezclan la conversación sobre actores y directores de cine con largas pitadas a la hierba con que Perkus dice combatir sus crónicas migrañas.

Nick Hornby nos presenta una narración ilustrada, J Johnson, que no me convence del todo. En cambio la también celebrada Edwige Danticats, con Lelé, logra un magnífico cuento en que destacan su muy buena escritura, la sutileza con que muestra el cariño de una mujer y su hermano, y la rigurosidad y dignidad con que ejercen su oficio los jueces de provincia.

También entre los mejores relatos del libro están Cindy Stubenstock, de AM Homes, la autora de El Fin de Alice; Nigora de Adam Thornwell; Soleil de Vendela Vida, y Roy Spivey, de Miranda July, así como el de la propia Zadie Smith, llamado Hanwell Padre.

Cindy Stubenstock es una historia de mujeres millonarias, o esposas de millonarios, que son coleccionistas de arte y viajan en sus propios aviones. Es una sátira a los ricos y al arte moderno, a la que no se escapa Damien Hirst. Desfilan también Warhol, Pollock y Rothko, entre otros artistas, por la aguda pluma de Homes.

Nigora, que trata sobre una emigrante casada con un hombre mayor, logra una extraña combinación entre lo cínico y lo naive, al narrar con naturalidad la insatisfacción sexual de la protagonista y su justificación para la infidelidad.
Soleil es un cuento de gran belleza y nostalgia, con personajes muy queribles. Roy Spivey es un relato breve que confirma que Miranda July es una muy buena escritora que maneja bien el suspenso y tiene una escritura simple que fluye con gran facilidad.

Hanwell Padre, de Zadie Smith, tiene personajes toscos que nos rememoran a esos norteamericanos un poco brutos de los relatos de Cheever o Carver.

En síntesis, un libro bien logrado que vale la pena leer. •••