Ayer, a los 83 años, murió el empresario que junto a su hermano Marcelo fundó la compañía que tiene presencia en Chile, Perú y Colombia. Su hijo Lázaro tomará la posta.
En sus últimos años de vida debió hacer frente a una pública disputa entre sus hijos, la que tras su intervención fue solucionada.
Por: J. Troncoso Ostornol

  • 5 junio, 2020

Alberto Calderón Crispín no heredó ninguna fortuna. Pero junto a su hermano mayor Marcelo formaron una de las empresas más importantes de Chile: la multi-tienda Ripley, que tiene presencia en Chile, Perú y Colombia, además del banco del mismo nombre.

Marcelo murió en 2015 a los 85 años de edad; Alberto falleció ayer, a los 83 años. Los funerales del empresario se realizaron en el Cementerio Israelita y no se conocieron detalles acerca de su defunción.

La dupla Calderón Crispín (eran cuatro hermanos, dos mujeres) era muy unida, explican cercanos a la familia que piden reserva. Ambos heredaron la veta comerciante de su padre, un vendedor de ropa usada. Su madre fue dueña de casa. “Era una familia muy humilde”, explica un cercano al clan, que primero se estableció en Valdivia y luego en San Felipe.

Los hermanos partieron muy jóvenes probando suerte en los negocios, lo que los obligó a migrar a Santiago. Abrieron un taller de fabricación de pantalones en San Diego. Tras ello nació Calderón Confecciones en calle Ñuble, en 1956.

Ocho años después, dieron el salto: inauguraron la primera tienda Ripley en el centro de Santiago. También en 1964, Marcelo fundó la empresa Johnson’s, que partió como una firma especializabda en la venta de trajes para hombres de clase media, la que vendió a Cencosud en 2011.

En sus orígenes, Ripley sólo ofrecía ropa masculina, y luego comenzó a operar con un sistema de crédito semiautomático en cada sucursal, uno de los hitos de la firma.

La sociedad iba viento en popa. Tanto, que a comienzos de los 70 los hermanos adquirieron la fábrica textil Burger, luego crearon la marca Eversmart y suma-ron la licencia de Pierre Cardin.

Hasta ahí, todo era éxito. No obstante, tuvieron un paso en falso tras adquirir la Financiera Mediterráneo, que vendieron justo antes de la intervención de la banca en 1983. Por esos años además los Calderón compraron Machasa, que enajenaron a comienzos de los 90.

Una de los grandes hitos de la dupla fue a mediados de los 80, cuando Ripley se transformó en multitienda. En 1993, abrieron el local de Parque Arauco, la primera tienda de la empresa en un mall. “Esto implicó un profundo y exitoso cambio de imagen y reposicionamiento de marca”, destaca la memoria de la com-pañía.

Cuatro años después partió la internacionalización de la empresa, con su debut en Perú y luego en Colombia. En el intertanto, la firma lanzó su propio banco y, en 2005 la compañía concretó su debut en bolsa, con la recordada visita de la modelo Cindy Crawford.

La disputa familiar

Alberto Calderón era fanático del fútbol; jugaba de delantero. Hincha de Colo Colo, le ofrecieron ser presidente de la entidad, pero lo rechazó. Fue muy ami-go del brasileño Elson Beyruth, estrella del Cacique a principios de los 70.

Luego dejó el fútbol por el tenis, el que practicaba en el Estado Israelita, donde fue director por varios años.

Padre de Andrés, Lázaro, Michel y Verónica Calderón Volochinsky, dejó de participar activamente en Ripley hace varios años, asumiendo la posta sus hijos hombres.

En los últimos años de su vida, el empresario debió enfrentar una pública disputa entre sus descendientes. A mediados del 2018, Verónica acusó a sus herma-nos de haberse “apropiado de sus acciones” tras un aumento de capital donde se diluyó su participación en la firma. “Defraudaron mi confianza”, fueron sus palabras. Luego respondieron sus padres en una declaración pública: “Nuestra hija Verónica está equivocada. Esperamos de corazón que recapacite”, dijeron Alberto Calderón y Patricia Volochinsky.

Así partieron los dimes y diretes en esta disputa, la que finalmente terminó con la mediación de Sergio Hidalgo, ex ejecutivo de Ripley y director de varias so-ciedades ligadas al clan. Verónica se retiró de todas las sociedades controladoras de Ripley Corp y quedó con el 7,17% de la compañía de forma directa. Sus hermanos Andrés, Lázaro y Michel quedaron con el control de la sociedad (42,84%).

Cercanos a la familia señalan que el sucesor de Alberto será Lázaro, el segundo de sus hijos, quien inició su relación con la empresa familiar entre los 6 y los 8 años. Empezó barriendo pisos y cargando mercadería.

Ha dedicado toda su vida a Ripley, con la interrupción de un año, a los 21, en que trabajó en Deloitte. En adelante, rotó por las distintas áreas de la empresa, hasta que en 1987 falleció Antonio Napolitano, gerente general en aquel entonces, puesto que fue asumido por Lázaro.

El desafío de la segunda generación al mando de la empresa no es menor. La industria de las multitiendas ha sido una de las más golpeadas por la pandemia. La acción de Ripley acumula una baja de 26% en lo que va del año.

Las clasificadoras han puesto el acento en los efectos que tendrá en las firmas del sector la acentuada baja en las ventas y el deterioro de las cuentas por co-brar en el negocio financiero. Esto, con un período 2020-2021 con expectativas de bajo crecimiento económico y consumo débil.

Humphreys, en contraposición, destaca que parte importante de la industria de venta al detalle quedará bastante debilitada (sin descarta la quiebra de opera-dores menores), tanto en Chile como en Perú, lo cual reforzará la competitividad de Ripley; no obstante, señaló que ello es una situación que se deberá evaluar en su momento. “Sin embargo, sin desconocer el estrés que se avecina, en el largo plazo podría significar una oportunidad para al área comercial del grupo”, dijo la clasificadora.