Tres amigos decidieron hace dos años poner en marcha una empresa que fabricara ladrillos, cerámicas y tejas. Por estos días ya están comenzando a producir en la Octava Región. Partieron como grandes, posicionados en el tercer lugar, detrás de Cerámicas Santiago y Princesa, con una capacidad inicial equivalente a 15 millones de ladrillos al año. Su estrategia es ofrecer costos más competitivos para los clientes del sur.

  • 22 enero, 2009

 

Tres amigos decidieron hace dos años poner en marcha una empresa que fabricara ladrillos, cerámicas y tejas. Por estos días ya están comenzando a producir en la Octava Región. Partieron como grandes, posicionados en el tercer lugar, detrás de Cerámicas Santiago y Princesa, con una capacidad inicial equivalente a 15 millones de ladrillos al año. Su estrategia es ofrecer costos más competitivos para los clientes del sur.

A simple vista, eso de producir ladrillos puede parecer una labor relativamente simple. Bastan la materia prima, un buen horno y paciencia. Pero las cosas cambian cuando se trata de abordar la tarea a escala industrial, con mayor tecnología, sumando otros productos –como tejas, cerámicas y enchapes– y más encima posicionándose de inmediato entre los tres primeros productores del país, detrás de reconocidas marcas como Cerámicas Santiago y Princesa. Es el mérito y parte de la historia que están forjando por estos días tres socios de la zona de Los Angeles, en la Octava Región.

Salvador Larraín, Erich Baumann y Francesco Lante decidieron a comienzos de 2007 unirse para poner en marcha esta idea. El nexo entre los tres era Lante, quien por ese tiempo tenía experiencia en la producción de ladrillos en una empresa ligada a la familia de su mujer y que hacía entregas a la constructora Socovesa, donde –a su vez– trabajaba Baumann. Franceso Lante también era amigo de Larraín desde hacía más de una década, porque ambos practicaban el mismo hobby: el rodeo. Las conversaciones sobre esta industria eran recurrentes entre ellos y fue cosa de tiempo para que decidieran dar el primer paso como socios.

Salvador se hizo cargo de estudiar el mercado e indagar las oportunidades que escondía. Como buen ingeniero civil, llegó a tener en sus manos una cantidad importante de documentos sobre el tejemaneje del sector. Con los principales actores, la competencia, los productos, la demanda e, incluso, lo aprendido en viajes de reconocimiento a Brasil, Argentina y Paraguay.

Todo el trabajo lo hicieron solos. Por eso tardaron su buen tiempo en cristalizar un proyecto definitivo, que bautizaron con el nombre de Arcitec, abreviatura de Arcillas Tecnológicas.

Al cabo de un año, en mayo del año pasado, iniciaron la construcción de la planta en Los Angeles, que se abastecerá con arcillas provenientes de la ciudad de Nacimiento. Sobre un terreno de tres hectáreas y media levantaron 6.000 metros cuadrados de instalaciones, entre el horno para quemar ladrillos y el sistema para fabricarlos, con una capacidad inicial que bordea el equivalente a 15 millones de ladrillos al año, a través de distintos productos.

Su gracia es que en la zona sur no hay otras instalaciones tan grandes como la suya y podrán competir en costos, sobre todo en transporte, con los envíos que provienen de la Región Metropolitana. Pero eso no es todo, porque también tienen otros elementos que los distinguen. No usan combustibles fósiles en la quema de sus productos, sino sólo aserrín, que con el proceso de combustión y con la tecnología utilizada, tampoco emite contaminación.

La oportunidad que tienen es altísima; sobre todo, porque Chile es uno de los mercados con menor consumo de ladrillos en Latinoamérica. Mientras acá se utiliza un ladrillo per cápita al mes, en Brasil –por ejemplo– la cifra es de entre 18 y 20, explican. Según ellos, pese a los problemas que atraviesa hoy el rubro de la construcción, la oportunidad de desarrollarse aún es buena; sobre todo, en el área de viviendas sociales, hacia donde aspiran posicionarse con más fuerza