Friday Night Lights supone ser una aventajada serie sobre fútbol americano pero en el fondo -y ahí, su mayor mérito- es un complejo viaje al alma de la Norteamérica.

  • 29 abril, 2009

 

Friday Night Lights supone ser una aventajada serie sobre fútbol americano pero en el fondo -y ahí, su mayor mérito- es un complejo viaje al alma de la Norteamérica. Por Federico Willoughby Olivos

A primera vista, Friday Night Lights es otra serie más sobre ese extraño deporte llamado fútbol americano. Pero si uno le da una oportunidad y va un poco más allá, se encontrará con una historia profunda, llena de personajes sobresalientes y una atmosfera cinematográfica poco común en el universo catódico.

Ahora, tanta calidad no es casual. FNL tiene su génesis en el libro del mismo nombre de H. G. Bissinger. El volumen es un relato de no ficción sobre lo que hay detrás del viaje a la final de la competencia estatal de Texas del equipo de Permian High School, del pueblo de Odessa. La obra, elegida como el cuarto mejor libro de deporte de la historia por Sports Illustrated, es el fruto de un año entero de Bissinger acompañando a los futbolistas escolares en su campaña de 1988. A partir de ese libro, en 2004 se hizo una película (también del mismo nombre) protagonizada por Billy Bob Thornton y que, por su buen rendimiento en la cartelera gringa, continuó con esta serie, estrenada en 2004.

Si bien FNL estructuró su propios personajes (siempre en torno a un colegio y su equipo de fútbol americano), tuvo la sabiduría de mantener dos antecedentes claves. El primero tiene que ver con la cámara. Tal como en la película, en la producción televisiva no existen planos fijos y las tomas se improvisan en el set, lo que, sumado a la música de Explosions in the Sky (un grupo de post punk que construye, de acuerdo a Rolling Stone, canciones que parecen verdaderos “haikus” o poemas zen melódicos) logran un extraño nivel de realismo en cada capítulo. Donde uno, más que estar viendo una serie, se siente observando, cual intruso invisible, la intimidad de un pueblo entero.

Porque FNL no es una serie sobre fútbol americano, sino un viaje al corazón de Dillon, una pequeña localidad de Texas, Estados Unidos. A la larga, el deporte es sólo la excusa para estructurar historias duras, como la dramática recuperación del capitán del equipo, la estrella del pueblo, que queda parapléjico de por vida en el primer capítulo; o más viscerales, como el drama del jugador afroamericano cuyo eventual éxito es clave para sacar a su familia de la pobreza. También revisa aspectos más banales, como la hija del entrenador que se enamora del nuevo quarterback. OK, todos son lugares comunes en el particular subgénero de películas de fútbol americano, pero aquí son llevadas con una sutileza tal que no pocos críticos comparan algunos capítulos de FNL con la literatura de John Cheever o de Richard Ford.


Viernes, 22 horas, canal Sony.


Pulsiones deportivas

Cuatro películas clave para entender el subgénero de los filmes de fútbol americano.


La canción de Brian (1971). Protagonizada por James Caan, esta película es considerada el equivalente masculino de Love Story. Relata la vida y trágica muerte del jugador de los Chicago Bears Brian Piccolo. Con la excusa del deporte, encara de manera sobresaliente el tema de la amistad.


North Dalla s Forty (1979).
Nick Nolte en uno de los mejores papeles de su carrera, como un jugador de los Dallas Cowboys en sus últimos días de carrera. Un dramáticoviaje hacia lo que significa para un deportista dejar lo único que sabe hacer bien en la vida.


All the right moves (1983).
Tom Cruise encarna a Stefen Djordjevic, el atribulado deportista estrella que depende de una beca para salir del infierno en que se ha convertido su pueblo por culpa del desempleo.

Jerry Maguire (1996). Cameron Crowe utiliza el fútbol americano como excusa para una película que termina siendo un enorme tratado sobre las relaciones humanas.