Marcelo Alonso está dirigiendo La última sesión de Freud, que se estrenará el 16 de mayo en el Teatro UC. Una obra escrita por el inglés Mark St. Germain que debate sobre la existencia de Dios. Aquí habla sobre su propia visión de la fe, de su faceta como director y de la crisis que vive la televisión. “Es el fin de un mundo”, dice.

  • 10 mayo, 2019

Oscurece y es víspera al Día del Trabajador. Las veredas y las calles están repletas de autos y gente. Una atmósfera festiva que satura el ambiente. En contraste, en Jorge Washington 26 (Ñuñoa), dentro del Teatro UC, está en silencio. A lo lejos se escuchan unos pasos y un hombre alto desciende con apuro las escaleras. Marcelo Alonso (50) pide disculpas por la demora y comenta que acaba de juntarse con Héctor Noguera, quien encarna al protagonista de La última sesión de Freud. Es primera vez que ensayan con la escenografía, que consiste en un diván y montones de libros de utilería.

“Freud debe familiarizarse con la pieza en que va a morir”, explica Marcelo Alonso, director de la obra escrita por el inglés Mark St. Germain.

Los asientos están vacíos, el escenario también. Por ahora.

La última sesión de Freud se estrenará el jueves 16 de mayo en el Teatro UC. La obra trata sobre un diálogo imaginario entre el padre del sicoanálisis, Sigmund Freud (Héctor Noguera), y el escritor inglés C.S. Lewis (Cristián Campos). El conflicto es la existencia de Dios: un ateo y un creyente, respectivamente, enfrentan posturas en un debate que deriva en temas como sexo, familia y guerra. Una discusión que entrecruza pasajes de reflexión y humor.

Ambos personajes pasan por momentos diametralmente distintos en sus vidas. Freud está cerca de la muerte, aquejado por el cáncer; en cambio, Lewis es joven, se encuentra en su clímax creativo e intelectual.

-¿Qué te motivó a dirigir este proyecto?

-Como actor, estoy tratando cada día de estar más lejos de la inspiración y más cerca del trabajo. ¿A qué voy con eso? Me gustan mucho las obras que me piden hacer, más allá de las que yo quiero hacer. Soy selectivo, sin embargo. Cuando me piden alguna y que me gusta, entro en el proyecto y trato de vaciarme completamente en él. Es una cosa que me sirve mucho.

-¿En qué sentido?

-Me sirve porque, desde un punto, me alivia y me da libertad saber que el proyecto también viene de otras personas, que hay muchos otros interesados. Cuando más pendejo hice obras que solo me interesaban a mí y el dolor era solo mío si le iba mal. Estás muy solo.

Esta es la quinta obra que dirige Marcelo Alonso, quien también se desempeña como actor en distintos formatos. En televisión, ha participado en teleseries como Camionero (2016) y La Poseída (2015), las cuales protagonizó; mientras que en cine ha desempeñado papeles en películas como El Club (2015) y Neruda (2017).

Modo director

Héctor Noguera, quien encarna a Sigmund Freud en esta producción, ha trabajado en varios montajes teatrales con Marcelo Alonso, su yerno (es pareja de Amparo Noguera). “Una de sus grandes virtudes es la gran percepción que tiene del texto, tiene un análisis muy profundo de la obra y la situación”, explica el actor. También menciona que esa cualidad es particularmente clave cuando se trata de obras realistas como La última sesión de Freud.

-¿Cuál es tu aporte a esta versión de la obra que la distingue de otras?

-Análisis de texto. La forma de analizar un texto es tan particular como la forma de ver una pintura. Tú pones el acento en cómo iluminas ese texto, qué partes levantas más y cuáles no. La topografía que uno levanta es la lectura que le das. Puede que las obras se parezcan entre sus diferentes versiones, pero sus lecturas las diferencian. También los actores que eliges.

-¿Por qué quisiste trabajar con Héctor Noguera y Cristián Campos?

-El talento que ellos tienen, nada más. Lo físico no, porque no soy un director que tenga rollos con eso. Creo que eso pertenece al cine o a un determinado tipo de cine que es meterse en el “igual”. En el teatro son más cortas las temporadas de trabajo. Decirle a Cristián que se meta 35 kilos de peso no tiene sentido. Lo que hacemos es encarnar un pensamiento, una mirada. La mirada de la fe en este caso, la cual es muy difícil de ver y escuchar hoy en día. Y Cristián escucha.

-¿Cómo es trabajar con el suegro?

-Pésimo (ríe). Es que yo no trabajo con mi suegro. Somos amigos de otros lados, parientes también, pero nuestra relación es artística, profundamente artística. Nos encontramos súper bien. Siempre que me ofrecen obras pienso dónde lo pongo. Me gusta trabajar con él, tiene un sentido de la teatralidad que me gusta mucho. Tiene sentidos clásicos y conservadores y también es súper lanzado, moderno. Tiene eso que me gusta mucho.

Alonso menciona que le gusta actuar y dirigir, ambas actividades con la misma intensidad. Sin embargo, explica que implican sufrimientos distintos. “Como actor, uno es ciego y está adentro”, dice. En cambio, el director da instrucciones y luego debe esperar que todo ocurra.

Esperar y esperar.

Y él es ansioso.

-¿Te pasa que al ser director eres como el padre responsable de la obra?

-Pasa con los actores más chicos. Con los más viejos no, uno es el enemigo (ríe). 

Creer o no creer

“Un recién nacido siente hambre; pues bien, para eso existe la comida. Un patito quiere nadar, el agua existe para que lo haga. Así que si encuentro en mí un deseo que ninguna experiencia de este mundo logra satisfacer, la explicación más probable es que estoy hecho para un mundo distinto”. Ese un parlamento de C.S. Lewis en la obra. Marcelo lo repite prácticamente de memoria. Dice que es su parte favorita de La última sesión de Freud.

“Me pareció interesante. No es que Dios exista, uno tiene que ser capaz de crear un lugar en uno mismo y en el mundo en donde Dios pueda existir. Para que nos pueda aliviar y contener”, dice.

-¿De qué modo vives ese conflicto de ser creyente o no?

-Cambia. La imagen, el sentido de Dios y la divinidad ha tenido muchos movimientos en mí. Desaparece y de repente despierta. Lo único que uno puede hacer es que eso siga despierto o se duerma. Cuando veo gente con fe me da tremenda sensación de envidia. Cuando chico era distinto, tenía fe. Ahora me hago preguntas.

-En una entrevista en 2016, mencionaste que eras católico.

-Sí, puede ser, lo digo porque fui criado en un colegio católico (Sagrados Corazones), desde que tengo uso de razón hasta octavo básico. El colegio era de hacer misa todos los viernes, me sé los ritos católicos, los puedo repetir, sé lo que se canta. Ahí uno engancha. También me encantan las iglesias.

-En el diálogo, C.S. Lewis se pregunta por el júbilo, esa sensación intensa de alegría. ¿Dónde está el júbilo para ti?

-En la creación, cuando resulta una escena, ya sea en teatro, cine o tele. En general, mi júbilo está súper vinculado a la lectura y la creación.

-¿Y en la vida personal?

-De la vida cotidiana menos, momentos con mi familia. Pero en general está súper vinculado a mi trabajo

-Lo ves como algo artístico.

-Súper. Bueno, para los deportistas me imagino que será algo con sus cuerpos y cuando baten marcas.

Velocidad, tiempo y trabajo

Marcelo Alonso nació el 19 de marzo de 1969, es decir, hace poco cumplió cincuenta años de edad. Se sorprende al pensar que en solo diez años llevará seis décadas vivo. Es consciente de que ya lleva treinta años de carrera.

-¿Qué te cuestionas?

-Todo, tanto tiempo en la huevá. Llevo más tiempo actuando que no actuando.

-¿Qué sientes que falta por hacer?

-Falta financiamiento e interés por las artes. Falta mucha plata, teatros y compañías. Las compañías sostienen un trabajo de investigación: crean estilo y generan desarrollo en el lenguaje.

-¿Pero percibes algo más de apoyo con el tiempo?

-Cada vez menos. Esta obra está financiada por privados, pero en general es poco el apoyo.

El director de La última sesión de Freud tiene contrato vigente en TVN hasta diciembre de este año; lleva quince en este canal. Su mujer, la actriz Amparo Noguera, que llevaba 24 años en la estación estatal, no renovó contrato en noviembre del año pasado y ahora trabaja en Canal 13.

-¿Cómo te afecta que TVN venga hace rato en decaída?

-Es que nosotros los actores tenemos una mirada como tan familiar. Tantos amigos y gente conocida, los mismos con lo que se hace teatro y cine. Es como un mundo: el fin de un mundo. La televisión va a llegar a su fin de alguna manera, de varias maneras.

-A menos que emigres a Mega.

-Todo se está modificando, que a Mega le disminuyan los competidores es un cambio enorme. O sea, que Televisión Nacional se reduzca como se está reduciendo es importante. Al disminuir la industria también disminuye el Mega. No es que crezca, entonces es jodido. Y lo vivo como las cosas que cambian nomás.

-Has dicho que con los años te has “frivolizado”: ¿Te gusta hacer teleseries?

-Hay gente a la que le encantan las teleseries. Creo que las teleseries pueden transportar y llevar mensajes, conductas, temáticas y opiniones interesantes para quien las ve. Hay gente que le gusta mucho ver su comedia todos los días y es su momento de descanso. Es un punto de identificación de ficción popular con las personas. Al principio tenía más conflictos, pero después me reconcilié con el formato.

-¿Cuándo te reconciliaste?

-Cuando lo entendí. Vi que la gente me saludaba agradecida en la calle. Creo que la televisión es un arte popular. Como dice Raúl Ruiz: las artes dramáticas, las teleseries, son el gran legado audiovisual de América Latina en el mundo. No es menor. Las series son teleseries, y vemos a los gringos haciéndolas. Mucha plata, muy bien hechas, pero tienen el formato de las teleseries: el folletín. Y Breaking Bad, perdóname, pero es un folletín muy bien hecho.

Alonso egresó del Instituto Nacional cuando tenía dieciséis años. Cuando dio la Prueba de Aptitud sintió que había sido demasiado fácil, ridícula. Sacó doble puntaje nacional, incluso llegaron de la televisión a entrevistarlo. Estudió Medicina y Derecho en la Universidad de Chile, pero no terminó ninguna de las dos carreras. En ese tiempo leyó muchas novelas, costumbre que fue llevándolo a los escenarios de teatro.

-¿En qué cosas se refleja tu cualidad de “mateo” en el teatro?

-En la forma de enfrentar las cosas. Los horarios, ahora estoy desesperado porque debo ir a ensayar. También en la manera de trabajar, una obsesión infinita por el detalle. Siempre quedan detalles sueltos que a uno le dan vueltas. Trato de entender muy bien el texto, morir hasta encontrar la respuesta. Mateo.