El 10 de marzo próximo se cumplen 15 años desde que Oswaldo Guayasamín, un hombre sencillo de trazo fuerte, falleciera en Estados Unidos, un país que le tenía prohibida su entrada y que por razones de salud admitió que fuera a visitar a un prominente oftalmólogo. Guayasamín se estaba quedando ciego. El diagnóstico fue lapidario. […]

  • 9 septiembre, 2013

Cuadro de Guayasamin

El 10 de marzo próximo se cumplen 15 años desde que Oswaldo Guayasamín, un hombre sencillo de trazo fuerte, falleciera en Estados Unidos, un país que le tenía prohibida su entrada y que por razones de salud admitió que fuera a visitar a un prominente oftalmólogo. Guayasamín se estaba quedando ciego. El diagnóstico fue lapidario. Se trabajaba en una cura, pero ésta no estaría disponible antes de seis años. Es decir, irremediablemente Guayasamín quedaría ciego. Esa noche fue a cenar con su hija, para al día siguiente tomar el vuelo de regreso a Quito. En la madrugada, un infarto masivo hizo que la luz se apagara para siempre para el artista nacido en 1919.

Para su hijo, Pablo Guayasamín, que el artista haya fallecido en dicho país fue como una broma de mal gusto, una ironía que el destino le jugó. Está seguro de que su padre nunca habría querido morir, en un país que le había negado el permiso de visita, por estar ligado a los movimientos de izquierda y de defensa de los derechos humanos.

¿Cómo era su rutina? Trabajaba en óleo, acuarela y esmalte durante el día, cuando de 9 a 13 y de 14 a 17 horas se mantenía en su taller creando de manera sistemática, mientras escuchaba la Quinta Sinfonía de Beethoven a todo volumen. Siempre prolífico, por la noche optaba por dibujar imágenes que se le venían a la cabeza, mientras leía o veía televisión. Infaltables eran sus cuadernos y lápices en su velador. En la fundación que lleva su nombre –y que dirige Pablo– hay 230 óleos, 1300 dibujos, acuarelas y témperas. Y en los más importantes museos del mundo se exhiben sus trabajos, así como en rincones de México y Ecuador se despliega su talento como muralista.

Pablo estuvo hace una semana en Santiago, representando a su padre en la muestra Artistas Iberoamericanos, que se realiza en la Galería La Sala hasta fin de mes y que luego se trasladará a la Feria Chaco. Hace 35 años que recopila el trabajo del pintor; durante mucho tiempo fue su asistente acompañándolo a todos sus viajes, así que gran parte de la historia del artista pasó delante de sus ojos. Se parecen en la forma de mover las manos, de expresarse sin apuro, y en la sensibilidad social. De la relación de su padre con Chile y de sus amistades habla en esta entrevista que se realiza horas antes de que regrese a Quito, ya bastante cansado, porque antes de aterrizar en suelo nacional tuvo una extensa gira por China para ver los detalles de los museos donde se exhibirá por primera vez, en 2017, el trabajo del autor quiteño.

-¿Cuántas veces estuvo Guayasamín en Chile?

-Al menos unas cuatro o cinco. Dos de ellas, por motivos pictóricos para exhibir en el Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA). Incluso, en una ocasión hubo un accidente (incendio) teniendo una exposición de Guayasamín montada, menos mal que una puerta de fierro impidió un desastre. Fueron momentos sumamente angustiosos. Guayasamín siempre regresaba a Chile. Y eso que no le gustaba salir.

-¿Tenía varios amigos chilenos?

-Cultivó una gran amistad con Neruda, incluso el vate es quien escribe el prólogo de la exposición que hizo aquí, en Santiago. A Neruda le hizo dos retratos, un óleo sobre tela que está en alguna de sus residencias y una acuarela sobre papel que nosotros conservamos en Quito. También se relacionó con Gabriela Mistral en Nueva York, en 1943, cuando Guayasamín tenía 24 años.

-Se movía dentro de un circuito político-intelectual.

-Bueno, él se rodeaba de un círculo que estaba imbuido en el arte, como pintores, filósofos y políticos. Cultivó gran amistad con Allende, Volodia Teitelboim, Frei Montalva, después conoce a su hijo Frei Ruiz-Tagle. También es muy amigo de Lagos. Mi padre era un humanista y su pintura de fuerte contenido social es transversal, incluso el mismo Presidente actual chileno, Piñera, nos visitó en la Capilla del Hombre antes de ser elegido.

-En Chile se cumplen 40 años del golpe militar y se aproximan elecciones, ¿cómo cree que él se habría manifestado?

-Estoy seguro de que hubiese estado del lado de la Concertación y de la izquierda, intentando ayudar de alguna manera. Como lo hizo con el presidente Allende, a quien le envió en las tres oportunidades que se presentó a las elecciones, un cuadro para que fuera subastado y así ayudar económicamente a su campaña. Para Guayasamín, eso era sagrado.

-Guayasamín era un gran retratista, ¿hizo alguno de Allende?

-Sí. Además de retratos también le había regalado cuadros, los que fueron robados cuando asaltaron la casa de Tomás Moro. Un cuadro se llama Homenaje a Tania (o Tanya) que era la niña de Leningrado. Ése se lo regaló mi padre a Allende y lo vimos en una ocasión y espero que alguna vez, se recupere para el Museo de la Memoria.

-¿Lo encontraron?

-No, lo vimos en una fotografía y estaba en muy malas condiciones. ¿Quién lo tiene? No lo sabemos, pero el mundo es pequeño y en cualquier minuto aparece. Ojalá se recupere para Chile.

-¿Su padre fue perseguido en su país?

-Durante la dictadura militar ecuatoriana estuvo preso por 72 horas y fue tal la reacción de la comunidad internacional, tantos los cables que llegaron a los gobernantes de la época, que tuvieron que dejarlo en libertad. Después le fue prohibido entrar en Estados Unidos, pese a que había hecho exposiciones muy importantes allá y se había ganado la beca Nelson Rockefeller. Después de que falleció, las seis universidades más importantes de EE.UU. nos invitaron a realizar una exposición itinerante por un año. Fue como entrar por la puerta grande después de 40 años, tal como lo quería mi padre.

La fundación

Gracias al trabajo de la Fundación Guayasamín, en la cual colaboran los cuatro hermanos del primer matrimonio y dos nietos del artista, más de 200 exposiciones individuales se han realizado sobre el ecuatoriano. Hace 10 años fue terminada la Capilla del Hombre (obra que trabajaba antes de morir) y recientemente se abrió su casa-taller, donde los visitantes pueden ver los espacios en los cuales el artista creaba, su música y los libros que lo acompañaban. Una labor clave de la fundación es el seguimiento de pinturas, registros (se tiene un catastro de 1700) y la autentificación de obras, porque cada vez su cotización ha ido subiendo. El año pasado un lienzo de un 1 por 1,5 metros, en el que aparece Guayaquil, fue subastado en Sotheby’s por US$ 380 mil.

-Guayasamín fue muy prolífico y viajó por los cinco continentes, ¿es complejo certificar tantas obras?

-Antes de venir a la entrevista llegó un coleccionista ecuatoriano con 20 años en Chile, a la casa del embajador que es donde me hospedo, con tres cuadros de Guayasamín. Eran obras originales y me dio tanta alegría verlas, saber dónde están y así las dejamos identificadas y archivadas en nuestros registros. La obra de Guayasamín es patrimonio cultural iberoamericano, lo cual significa que sus obras únicas están protegidas. Pinturas, dibujos, incluso sus cuadernos pueden salir del país, pero no se pueden comercializar.

-¿Cuáles son las etapas de su trabajo?

– Son tres las grandes colecciones. Uno es el Camino del llanto o de las lágrimas también llamado Huacayñan, se trata de la primera gran serie pictórica, un trabajo que realizó con el dinero que había reunido con la beca de Nelson Rockefeller; viaja por Estados Unidos, que es cuando conoce a Gabriela Mistral y Juan Ramón Jiménez. En México aprende la técnica con Orozco y viaja por América durante dos años, hace miles de dibujos que finalmente sirven para una colección de 103 cuadros. Después de ganar la Bienal de Barcelona, emprende un viaje por España donde conoce el sufrimiento de la Guerra Civil, se encuentra con los horrores de la II Guerra Mundial, está en Hiroshima y Nagasaki. La violencia y la guerra impactan en su obra. Esta serie se llamó La Edad de la Ira; y ventajosamente para nosotros, al ser estos cuadros tan fuertes y dolorosos, nadie los quiere y son la base de la colección que está en Guayaquil.

-La tercera es menos dramática, ¿no?

-Sí, en ella retoma los colores de la paleta y se encuentra con el amor de su madre, que muere cuando tenía 26 años y ya había parido a 10 niños, entre ellos a Oswaldo. Se llama Mientras vivo siempre te recuerdo: y es también conocida como La Edad de la Ternura. Hay muchas mujeres embarazadas, porque Guayasamín sólo tiene recuerdos de su madre en este estado.

-¿Cómo cree que le gustaría que fuera recordado?

-Como un hombre sencillo, querido por su pueblo, como un amante de Quito, de Ecuador y de América Latina. Otros artistas como Matta, Lam, Botero, vivieron en Europa, compraron sus castillos, sus casas y prácticamente no regresaron a sus países de origen ni a su continente. En cambio, Guayasamín lo que hacía era ir, pintar allá y regresar a Ecuador. Y todo lo que había ganado, en vez de comprarse castillos, lo llevaba a Ecuador y lo invertía en su propio país. Hoy, existen 14 colegios de gente muy pobre que llevan el nombre Guayasamín.

-En marzo se cumplen 15 años desde que falleció; ¿hay festejos programados?

-Tenemos una invitación para exponer en Qatar. Nos han invitado para hacer una exposición en Uruguay, en Guatemala y Nicaragua. Para el 2017 vamos a Japón, y acabo de regresar de China viendo museos para tres exposiciones. También hay posibilidades de exhibir en Corea del Sur. Hay una demanda muy grande, la gente pide la exposición de Guayasamín, porque su mensaje que pintó hace más de 20 años cada vez es más actual y tiene mayor voz. Si ves todo lo que está pasando en Siria, es terrible. La pintura de Guayasamín cuestiona  la guerra y la violencia. Su obra se revaloriza porque se mantiene vigente. •••