Para nadie es noticia que lo suyo es la pobreza, y en intentar superarla ha estado los últimos años de su vida. Pero hoy Felipe Kast también tiene otra cruzada: terminar con los “privilegios heredados” y dar vuelo a la meritocracia. Una obligación moral, dice, para quienes -como él- están en la vereda de los afortunados.

  • 14 marzo, 2012

Para nadie es noticia que lo suyo es la pobreza, y en intentar superarla ha estado los últimos años de su vida. Pero hoy Felipe Kast también tiene otra cruzada: terminar con los “privilegios heredados” y dar vuelo a la meritocracia. Una obligación moral, dice, para quienes -como él- están en la vereda de los afortunados.
Por María José O’Shea y María José Salas;Fotos, Verónica OrtiZ.

No es que se hubiese adelantado la campaña municipal ni que se esté candidateando –todavía– a algún cargo popular, pero durante el mes de enero Felipe Kast salió a hacer puerta a puerta en 65 de las 90 “aldeas” –los conjuntos de mediaguas que el gobierno levantó tras el terremoto– para ofrecerles si querían arrendar una casa para pasar el invierno mientras las suyas estaban listas.

Lo hizo de martes a domingo, entre la V y la VIII regiones. Kast es de los que les gusta andar con las patas en el barro, con la chaqueta roja bien instalada, abrazando niños y conversando con las dirigentes de los campamentos como si fueran amigas de toda la vida. De hecho, habla de la Nancy, la Rosa, etc…

La sangre le tira a este hijo de Miguel Kast. Tanto, que de repente se pone a contar una anécdota sobre una familia de extrema pobreza y a través de los cristales de sus anteojos se nota que los ojos se le empiezan a aguar. Tiene como misión de vida la superación de la pobreza.

Por eso le dolió cuando lo sacaron de Mideplan. Quedó con la pega a medias. Pero por eso también aceptó ser el delegado presidencial de aldeas y campamentos. Y porque le gusta la política. Kast quiere influir. Ser articulador de su generación. Y para eso ya tiene casa: Horizontal, el reciente think tank que quiere convertirse en referente para la centro derecha.

-Te reemplazaron en Mideplan por Joaquín Lavín. Uno diría que tienen un perfil parecido. ¿Cuánto te pareces a él?
-Valoro muchas cosas de Joaquín en el sentido de que él fue de los primeros tipos que fueron muy duros con el tema de los derechos humanos. Incluso dijo que, si pudiera volver atrás, habría votado que no. Admiro su capacidad de evolucionar en el tiempo y haber abierto la derecha hacia el centro, pero somos distintos. Por lo pronto, él es de la UDI, yo soy independiente, y creo que hay un estilo de hacer política diferente. La suya se vincula mucho a solucionar los problemas de la gente, mientras mi rollo con la política es un poquito más ideológico, más de tratar de jugar un rol eventualmente en una generación, de no centrar mi carrera política en mi persona. Joaquín ha sido un tremendo líder, pero siempre le he cuestionado que él no juegue un rol más importante dentro de la UDI o de la coalición. A mí me gustaría ser más un articulador de un gran movimiento político.

-¿A eso apunta Horizontal, este think tank que han lanzado con otras figuras de tu generación, como Hernán Larraín o el subsecretario de Vivienda, Juan Carlos Jobet?
-A eso apunta Horizontal.  Hoy los partidos no están dando mucha cabida a las nuevas generaciones. También es responsabilidad de los más jóvenes el no hacer algo al respecto, pero lo cierto es que la institucionalidad política-partidaria hoy genera pocos espacios para que uno participe. Por eso Horizontal, más que como partido político, parte siendo un centro de ideas, con una misión de think-tank, dado que la estructura electoral no está suficientemente abierta como para poder entrar.

-Pero igual se podrían convertir en un partido.
-No es tan simple ser un partido. No solamente es juntar firmas, mira lo que ha pasado con el partido de ME-O. El único lugar donde tienes una posibilidad de tener representación es en la candidatura presidencial, pero en las elecciones parlamentarias, por el sistema electoral que tenemos, es imposible. En las estructuras municipales tal vez sí la hay, pero desde ahí es más complejo hacer política.

-¿Tú estás por cambiar el binominal?
-Creo que el binominal tiene defectos muy grandes, como el de que hoy cualquier movimiento generacional nuevo no tiene cómo abrirse espacios en el parlamento. Eso es muy complicado, porque aquellos que quieren tomarse en serio la política no tienen cómo entrar a jugar un rol importante en el concierto.

-¿Y no están por negociar cupos con la derecha en las municipales?
-No, nuestra visión es partir como un movimiento de ideas. En enero tuvimos un lanzamiento y ahora en marzo tenemos un nuevo encuentro sobre lo que para nosotros es el elemento más relevante y que hace que la política social tenga sentido: meritocracia y la movilidad social, la verdadera deuda histórica de Chile. Así se va a llamar.

 Nuestra idea es que Horizontal esté cerca de los partidos políticos y que eventualmente cumpla un rol parecido al que cumplió el Policy Exchange con David Cameron, o incluso Expansiva en su minuto.

-No es la idea, entonces, evolucionar hacia ser un partido o tomarse RN, como se dijo en un momento.

“A pesar de que el Congreso no es de mi mayor agrado, me interesa porque es donde puedes hacer política. No descarto el parlamento”.

-No, nuestra misión por el momento es ser un movimiento de ideas y no tenemos ninguna claridad más allá de que sí queremos influir mucho en la línea programática del próximo candidato de la Coalición por el Cambio. O sea, queremos ser un movimiento que influye mucho en esa dimensión.

-¿Cuál va a ser tu rol en Horizontal?
-Yo soy un miembro más. Hay un director ejecutivo que es Luis Felipe Merino y yo tomé la responsabilidad de hacer este seminario, al que van a asistir Hernán Büchi y Ricardo Lagos Escobar.

-¿Cómo lo van a hacer para que no se convierta en Independientes en Red 2?
-Tenemos varias diferencias con ellos. Independientes en Red nunca se planteó a sí mismo como un centro de estudios, sino como una red de influencias de personas cercanas, como un do tank. Esto es un centro de estudios con todas las de la ley. Estamos levantando recursos, nos ha ido bastante bien y la idea es poder tener financiado un par de años antes de partir.

Acabamos de arrendar  un local en la calle Esmeralda, frente al Parque Forestal. Estamos armando un equipo de algunos investigadores y nuestro primer acto importante –y que debe marcar un hito para que una vez al año tengamos una reflexión profunda sobre la meritocracia–, va a ser este seminario que me tocó organizar.

Nuestra declaración de principios señala que el primer objetivo tiene que ver con terminar con los privilegios heredados y tratar de que en Chile donde tú nazcas no determine, por lo menos hasta los 18 años, la probabilidad de que tengas la libertad de ejercer tus sueños según tus méritos. Eso creo que es algo que desgraciadamente no ha estado en el debate social, no ha sido la narrativa ni de la Concertación en los últimos 20 años, ni tampoco la he visto en la centroderecha con suficiente nitidez.

La obligación moral

-La paradoja es que entre los fundadores hay varios que tienen bastantes privilegios heredados… Son Kast, Jobet, Larraín, Luis Felipe Merino e Ignacio Briones, entre otros.
-Más que privilegios heredados, por lo menos en el caso de mi viejo, y supongo que también podría decir Hernán Larraín de su padre, es una inspiración heredada. O sea, mi viejo es un ejemplo en movilidad social como pocos en Chile. Nació en la pobreza más brutal de Chile, le tocó pasarlo muy mal de chico, y yo tengo desde los orígenes de mi cuna la creencia de que sí se puede superar la pobreza y que hay que creer en las personas para que sean las protagonistas de su historia y rompan esas barreras que te impiden lograr tus sueños. Yo nací ya en una generación llena de privilegios y, por lo mismo, creo que corresponde y es una

“El sistema binominal tiene defectos muy grandes, como el de que hoy cualquier movimiento generacional nuevo no tiene cómo abrirse espacios en el parlamento”.

obligación moral que uno se cuestione el por qué otros no tuvieron lo mismo que uno tiene. En el fondo, lejos de ser una paradoja, para mí sería una paradoja no preguntárselo. Cada vez que voy a un campamento me lo pregunto una y otra vez. Hoy estuve en un campamento y realmente no me canso de choquearme por lo que veo…

-La mayoría del grupo está hoy en el gobierno. ¿Qué libertad tienen para discrepar de las líneas programáticas?
-Horizontal va a estar en manos de gente que no está en el gobierno. Los que estamos en el gobierno vamos a estar en el directorio, vamos a estar participando, pero es muy distinto a ser tú el que escriba el paper.

-Pero obviamente te van a preguntar si estás de acuerdo con tal o cual declaración de Horizontal.
-Y yo daré mi opinión genuinamente, y dependiendo de mi rol voy a decirte mi opinión con mayor o menor profundidad. Los que estamos en Horizontal hoy sí tenemos la libertad para poder plantear puntos de vista y no creo que el estar en el gobierno te obligue a estar de acuerdo con todo lo que se plantea. No creo en la censura del debate por el hecho de estar trabajando en el gobierno. Tal vez si eres ministro tienes que ser más cuidadoso, pero afortunadamente no lo soy.

Cambio de canal

-El gran pecado de este gobierno fue llegar con ínfulas de grandeza. ¿Cuánto realmente se puede hacer desde el Ejecutivo?
-Efectivamente acá lo que los chilenos piden es mucha complicidad, más que nosotros resolvamos todos los problemas. Y con complicidad me refiero a que sí pongamos las urgencias donde corresponden y reconocer que para poder solucionar las heridas sociales que tenemos necesitamos ayuda de muchos. Esa es una dimensión que desgraciadamente en la política no abunda mucho. Tenemos que cambiar la dinámica de hacer política, por eso las dos coaliciones están con tan baja aprobación. La gente cambia de canal cuando ve conflicto.

-¿Ha cambiado tu visión de la política estando dentro?
-He aprendido en estos dos años de gobierno que efectivamente la política es dura y, por lo mismo, es muy grave abandonarla. Los incentivos para una generación joven que puede refrescarla están en no meterse en política, es lejos lo más cómodo, pero es aquí donde puedes romper más esos privilegios o esas estructuras sociales que están amarradas.

-¿Cuántas veces te han dado ganas de renunciar?
-Para mí fue muy duro el cambio de gabinete, pero el presidente fue muy honesto conmigo y al día siguiente me invitó a almorzar, en un gesto importante, y me pidió que siguiera cooperando.

La verdad es que nunca me sentí con él y, de hecho, creo que es malo sentir que algo me pertenecía.  Era tal el privilegio de poder servir en ese cargo que no podía sentirme dueño.

-¿Por dónde ves  tu futuro político? ¿Quieres ser candidato a algo?
-Mi futuro político depende de un colectivo de personas o, por lo menos, estoy tratando de que no sea un futuro solitario. La vía de  alcalde no me gusta mucho porque muchos se la juegan sólo por ellos. Por eso, a pesar de que el parlamento no es de mi mayor agrado, me interesa porque es el lugar donde puedes hacer política, donde puedes articularte con otros para hacer un movimiento de largo plazo. No descarto el parlamento.

-Pero para eso tendrías que firmar tu militancia en la UDI.
-Mi primera prioridad es Horizontal y en la medida en que se acerquen las elecciones de parlamentarios, si es que el sistema binominal no nos permite poder competir, eventualmente uno tendría que evaluar alguna forma.

-Con la baja aprobación del gobierno, ¿crees que la derecha ganará la próxima presidencial?
-Sí, y de hecho tengo mis serias dudas de que la ex presidenta Bachelet esté dispuesta a competir. Creo que ella lo pasaría muy mal, porque cuando un país lo único que está pidiendo en las calles es futuro y no pasado, es difícil volver a reencantar. Más todavía, cuando uno no ha arreglado problemas muy sustanciales como la pobreza, educación y salud.

-Pero luego de un gobierno mal evaluado uno podría decir mejor diablo conocido…
-La evaluación actual del gobierno creo que tiene distintas explicaciones y ninguno de los potenciales candidatos presidenciales está cargando con eso en las encuestas…

-¿Por quién van tus inclinaciones? ¿Golborne, Allamand, Longueira, Matthei?
-Eso tiene que ver mucho con el estilo de Horizontal, con el contenido. Yo me llevo muy bien con los cuatro, les tengo muy buena a todos, y habría que ver cuáles son sus énfasis. Es muy importante el tema de las ideas y no poner slogans antes.

Asunto de prioridades
-¿En qué va tu trabajo hoy, después de las críticas recibidas por la reconstrucción?
-Tratando de hacer una transformación importante en materia de campamentos. El año pasado fue muy intenso en lo que tiene que ver con reconstrucción y hoy, probablemente a fines de marzo, vamos a tener a todas las familias de las aldeas con sus viviendas en plena construcción. Pero más allá de eso, estamos tratando de generar un cambio que nos permita soñar con un Chile sin campamentos. Eso es algo que los últimos tres presidentes se han puesto como meta y desgraciadamente desde el año 2007 al 2010 aumentamos de 20 mil a 30 mil las familias en esta situación.

-¿Eso qué te ha significado en tu vida diaria? ¿Cómo te cambió la vida?
-Cuando estaba en Mideplan estaba mucho en terreno, pero tenía que ir un par de días a la semana al parlamento. Afortunadamente me liberé de esa parte y estoy trabajando mucho más fuerte con los dirigentes. Tengo un grupo que se dedica a hacer alianzas con ellos y el año pasado llevamos 17 dirigentes a Washington, a una capacitación con el BID. Me tocó también tratar de meter al ministerio de Desarrollo Social un convenio con el Fosis para que éste invierta más de mil millones de pesos en capital semilla, con trabajo, en los campamentos. Creo que no siempre la solución pasa por la vivienda; de repente si tú encuentras una buena pega o te va bien, no tienes que esperar a que se termine de construir tu casa y puedes salir mucho antes del campamento.  Hay una problemática social que es más profunda que simplemente un déficit habitacional.

Mi rol es tratar de que las 30 mil familias de los campamentos, que están un poco invisibles, vuelvan a ser prioridad, porque no lo fueron en los últimos cinco años. Desgraciadamente la política habitacional que se generó en 2006-2007 cambió la realidad, pues se optó por externalizar la gestión de los subsidios en otras entidades y eso no dio resultados.

Nosotros volvimos a poner esa gestión en el Estado.

-O sea, otra vez tiene la culpa Bachelet…
-En este caso, tiene la culpa la política habitacional que se implementó durante su gobierno.

Lagos tenía el Chile Barrio destinado a los campamentos, pero se reemplazó el año 2006 por la Línea de Atención a Campamentos (LAC), que no fue muy exitosa.

Nuestro desafío es volver a poner recursos focalizados en campamentos, cosa que no tengamos excusas como gobierno para que no se gaste en ellos.

-Debes tener una meta de cortísimo plazo, antes de que empiece el invierno.
-Mi visión es que el invierno es un momento del año donde la energía política se vuelca hacia los campamentos, y eso para mí es algo positivo. Hay muchos más actores políticos y sociales dispuestos a sumarse a este objetivo de largo plazo, que no es solamente el invierno, sino terminar con los campamentos.