Casi medio siglo después, llegan las grabaciones completas de Smile, el álbum de los Beach Boys que Brian Wilson consideraba su obra mayor y que, debido a una serie de de problemas, nunca pudo publicar.

  • 15 diciembre, 2011

Casi medio siglo después, llegan las grabaciones completas de Smile, el álbum de los Beach Boys que Brian Wilson consideraba su obra mayor y que, debido a una serie de de problemas, nunca pudo publicar. Por Juan Venegas

En los años sesentas así como existía la carrera espacial entre la URSS y EEUU por llevar un hombre a la Luna, entre los músicos ingleses y norteamericanos se desarrollaba una particular competencia creativa, una rivalidad que se remontaba a los tiempos del rock and roll de Elvis y el skiffle de Lonie Donegan. Desde ambos lados del Atlántico, productores, solistas y grupos se desafiaban constantemente, generando un flujo continuo de nuevas tendencias y estilos musicales.  

En 1966, con la edición de Pet sounds, fue el grupo californiano The Beach Boys el que sorprendió al mundo al evolucionar desde la música surf  hacia una experimentación sonora melancólica y sofisticada. The Beatles acusó el golpe norteamericano y no tuvo más remedio que reconocer con modestia la majestuosa vibración de las composiciones de Brian Wilson. Paul Mc Cartney y el productor George Martin han admitido que sin Pet sounds no habría existido Sgt. Pepper’s Lonely Heart Club Band (67).

Wilson, sin embargo, sentía que aún no alcanzaba sus cumbres creativas. Tenía en su cabeza una producción aún más ambiciosa, que el mismo definiría como “una sinfonía para Dios de un adolescente”. Muchos pensaron que al músico se le habían subido los humos o simplemente se le había soltado un tornillo. Otros, considerando el curriculum de Wilson, prefirieron esperar a ver qué resultaba de tan fastuoso proyecto.

Mientras sus hermanos partían de gira por el mundo, Brian optó por quedarse en su estudio para comenzar la producción de Smile, disco que estimaba sería su obra mayor. Contactó al letrista Van Dyke Parks y emprendieron la manufactura de las canciones. Lamentablemente, más allá de las coincidencias artísticas, el dúo también descubrió afinidad en su gusto por las drogas. Con la idea de crear un “entorno creativo” perfecto, Brian compró miles de dólares en marihuana y se sumó a la compulsiva afición de Parks por las anfetaminas.  

Esta nueva sociedad no le pareció nada bien al resto de la banda y pronto comenzaron los problemas. Wilson (tocando piano sobre una caja de arena para sentirse en la playa) y Parks con sus letras alucinógenas lograron completar en poco tiempo las principales canciones de Smile, que incluían la divina Surf’s up, Heroes and villains, Wonderful, Cabin essence y Wind chimes.

Más que preocuparse por las crecientes adicciones de Brian, la banda, y en especial el vocalista Mike Love, resentían la idea de cambiar la fórmula que los había convertido en súper estrellas. Love quería seguir produciendo canciones surf mientras Wilson estaba empecinado en comunicarse con Dios. Nadie lograba entenderse y las discusiones fueron escalando, así como los efectos de las drogas en Wilson.

La disquera estaba alarmada por los altos costos de producción. Brian no escatimaba en gastos y contrataba a los mejores músicos de sesión de Norteamérica. Ante las presiones externas, el comportamiento de Wilson se tornó cada vez más errático y paranoico. Llegó a pensar que una serie de incendios en los alrededores del estudio eran producto de la grabación del tema Elements: fire y obligó a los músicos a usar cascos de bomberos de juguete.

Por su parte Van Dyke Parks, tras una serie de discusiones con Mike Love, por las letras de las canciones, decidió abandonar el proyecto, dejando a Brian totalmente aislado y sumido en una profunda depresión. No pasó mucho tiempo para que Wilson se declarara incapacitado para terminar el álbum y para que la disquera anunciara el aborto de la grabación.

Smile, el disco llamado a eclipsar el éxito de Sgt. Pepper, se convirtió en mitología y alcanzó, con el tiempo, el estatus de uno los grandes trabajos perdidos de los sesenta. Más de 50 sesiones de estudio y cientos de horas de grabación terminaron en las bodegas de Capitol Music. Recién en 2004, Wilson anunció que tocaría en vivo el mítico álbum. Con la ayuda de su socio Van Dyke Parks produjo el show Brian Wilson presents Smile, que tuvo gran éxito entre sus fanáticos.    

Ahora, a 44 años de la última sesión de estudio, Capitol lanza el paquete completo, que contiene un disco doble (con las canciones en el orden que Wilson había imaginado), tres compactos con tomas alternativas y un set de vinilos de colección.

Smile se presenta como un puzzle sin una solución definitiva, donde cada auditor puede ordenar las piezas a su antojo. Una novela con finales alternativos, un camino largo y serpenteante hacia nowhere land, en la compañía de oníricos paisajes sonoros. Aparte de la estructura musical de George Gershwin, es posible adivinar el futuro del pop vocal de The Carpenters y Elton John. Pero no sólo eso: también vemos cómo su huella se instala en nuestros tiempos con grupos contemporáneos como The Flaming Lips, Beach House, Arcade Fire o Best Coast, que recuperan las ilusiones armónicas y las texturas idílicas del siempre fascinante mundo musical de Brian Wilson.