Cuando llegó a la U, Jorge Sampaoli recibió el mote de “el Bielsa chino”, copia barata del por entonces entrenador de la selección. Pero como la “Mona Lisa del Prado”, esta versión puede ser menos enigmática y más nítida que la Gioconda que todos admiran. Aquí revisamos las claves del liderazgo del exitoso técnico azul.

  • 25 abril, 2012

Cuando llegó a la U, Jorge Sampaoli recibió el mote de “el Bielsa chino”, copia barata del por entonces entrenador de la selección. Pero como la “Mona Lisa del Prado”, esta versión puede ser menos enigmática y más nítida que la Gioconda que todos admiran. Aquí revisamos las claves del liderazgo del exitoso técnico azul. Por Michael Boys.

Mundo curioso, el fútbol. Hace diez meses, lo que en otras industrias es un pestañeo y apenas puede proyectar una tendencia, el “equipo del año” era la Universidad Católica, cuartofinalista de la Copa Libertadores 2011, líder de la fase regular y ganador cómodo de la primera final del Torneo de Apertura. El técnico argentino Juan Antonio Pizzi arrasaba con sus estrategias y Cruzados SADP parecía encaminada a un temprano éxito como concesionaria del fútbol católico.

Pero el 12 de junio de 2011, Universidad de Chile le ganó por 4-1 a la UC y la dejó con el cotillón comprado, literalmente. En sólo 90 minutos, la U dio un golpe tan fuerte al fútbol local que sus clásicos rivales cruzados y albos no se han recuperado hasta hoy, y las repercusiones se sintieron en toda América latina.

La U no ha parado desde entonces: sumó otro título en el Torneo de Clausura y la segunda copa internacional del fútbol chileno, la Sudamericana 2011. En 2012, ganó al trote en la competencia local y está en la segunda ronda de la Copa Libertadores. Para ataque asmático de los historiadores, ya se la instala entre los mejores equipos en la historia del balompié criollo.

Claro: como le pasó a la UC en esa noche en el Nacional, todo puede desplomarse con un tiro en el palo, un defensa paveando o un árbitro de tarjeta rápida. Pero hay razones para pensar que el modelo armado en la fábrica de Azul Azul, la concesionaria del chuncho, tiene camino despejado para seguir sacando distancias a sus competidores. E imitadores.

Un Bielsa que no sea Bielsa
Cuando los 32 clubes de la Asociación Nacional de Fútbol Profesional decidieron, por mayoría, sacar de la presidencia a Harold Mayne-Nicholls, sabían que también cortaban el proceso de Marcelo Bielsa a cargo de la selección chilena. Uno que no sólo había llevado a la Roja a la Copa Mundial después de 12 años, sino que había valorizado el “producto selección” en casi cuatro veces, según los contratos que el mismo Mayne-Nicholls firmó hábilmente antes de Sudáfrica y no después, con el precio y las expectativas a tope.

Bielsa se fue porque no tenía afinidad con los nuevos administradores, que lo pusieron en el dintel de la puerta aunque para la galería dijeran lo contrario. La U, que se maneja bien en la ANFP gracias a la agilidad en las sombras de José Yuraszeck y a hombres suyos en puestos clave de la administración, fue la que más empujó al rosarino hacia el exit.

Pocas semanas antes de este “golpe”, los azules habían firmado como director técnico de su primer equipo a uno de los apóstoles más fervientes del método Bielsa; el también argentino Jorge Sampaoli. Pero lo que el público general no vio en ese momento, pero sí lo hicieron Yuraszeck y su gente, fue que el casildense tiene aptitudes superiores a las de su compatriota en aspectos que eran esenciales para la organización.

Hoy todos se pelean el mérito de haber contratado a Sampaoli. Sabino Aguad, entonces director deportivo y hoy fuera del club, fue clave en convencer al directorio y al entrenador; el propio Yuraszeck dice que fue él quien peleó por traerlo desde que dirigió en O’Higgins, entre 2007 y 2009. Como sea, el alopécico y menudo DT se instaló en el flamante Centro Deportivo Azul (CDA), emplazado en 10 hectáreas de La Cisterna, donde la concesionaria recién había invertido 6.000 millones de pesos y quería empezar a hacerlos rendir.

Sampaoli introdujo en la U pilares esenciales de Bielsa: vasto seguimiento de jugadores propios y ajenos, sistemas de entrenamiento de mayor intensidad, toma de decisiones basada en datos y lo que los gringos llaman work ethics –trabajo asociado a una cultura de valores y máximo compromiso–. Todo, sin haber trabajado jamás con el rosarino, ni siquiera haber compartido con él un café de diez horas (como sí puede contarlo Josep Guardiola, el multicampeón técnico del Barcelona y otro confeso seguidor).

El tandilense se inició en la escuela bielsista en Rosario, donde deambuló como jugador del montón y dio sus primeros pasos como adiestrador mientras Bielsa ganaba todo con el Newell’s Old Boys de dicha ciudad. Asistió como ciudadano de a pie a sus entrenamientos y grabó sus conferencias de prensa, que luego escuchó en el walkman mientras trotaba. Pasó horas revisando videos y aprendió sin recibir nunca la lección directa del maestro. Y como los buenos aprendices, también tuvo un análisis crítico, generando sus propias soluciones.

Y son las pequeñas pero significativas diferencias de Sampaoli con Bielsa las que han hecho que sus jefes se llenen de una gloria que, a estas alturas y con la vida largamente hecha, persiguen mucho más que el dinero.

Un integrante de su grupo de trabajo, reclutado tras el desangre de know-how que sufrió la selección tras la partida de Bielsa, dice que Sampaoli es mucho más cercano a los jugadores, sin que esto acabe en el dominó de Acosta o en el asado de Borghi. Logra establecer una relación de afecto y un buen ambiente laboral, pero mantiene la distancia que le permite poner a once jugadores y dejar a otros veinte con cara larga. Es apasionado en la cancha, pero no denigra a sus dirigidos; y es afable fuera de ella, pero no le tiembla la voz en las decisiones críticas.

Como Bielsa, también mantiene distancia con la prensa, pero no se siente apabullado por ella. Aplicando las entrevistas en pequeñas dosis y preocupándose de prepararlas bien, mantiene a los comunicadores de su lado y del de la institución que lo emplea. En las conferencias de prensa es claro, analítico, abordable, inteligente. Cierra las puertas de su trabajo cuando corresponde, pero abre las ventanas para ventilarlo de vez en cuando. Y su vida privada no es tema porque, finalmente, es un tipo normal.

Lo mismo con los dirigentes. Entendiendo que los dueños de la empresa son siempre los dueños de la empresa, Sampaoli abandonó el añejo “código de camarín” e integró a José y Cristóbal Yuraszeck, Carlos Délano y Federico Valdés a un grupo espoleado por los buenos resultados. Esto, con el compromiso tácito de que la mano no es el codo y que mientras no se metieran en su campo de acción, eran siempre bienvenidos.

En la cancha, su equipo muestra la misma agresividad y búsqueda ofensiva que los de Bielsa, pero los esquemas de Sampaoli (tiene un amplísimo arsenal estratégico) son menos rígidos que los de su mentor. Este pragmatismo le ha permitido ganar o empatar partidos en los que Bielsa, más dogmático, hubiera muerto con las botas puestas y un saco de goles en el arco propio.

Pero, lo más relevante para un club como la U: obligó a que toda la organización deportiva se alineara con un solo método de trabajo. Mientras Bielsa no toma partido de lo que pasa en las series menores, algo que no puede controlar por completo, para Sampaoli es crucial que todos los equipos azules jueguen, se preparen y vivan de la misma manera. Si él se va mañana y el nuevo entrenador del primer equipo dispone otro esquema táctico, no es la cuestión; lo que vale es la integración vertical.

Fórmula ganadora
El año pasado, José Yuraszeck trasladó su oficina al CDA y tomó las riendas de la administración deportiva, en su calidad de jefe de la comisión de Fútbol (hoy ya es el presidente del club). Con el poder de su posición, desplazó cuando venía la cosecha a quien se había preocupado de la siembra, el director deportivo Sabino Aguad.

Pese a este choque (que acabó este año con la inevitable salida de Aguad), accionista, ejecutivo y entrenador se alinearon con una fórmula probada en todos los negocios: para tener éxito hay que contar con los mejores. Y si éstos no están en casa, hay que traerlos.

La gran innovación de la U fue que consideró que todo el fútbol chileno, y el sudamericano que estuvieran al alcance de una inversión razonable, es su mercado potencial de reclutamiento de jugadores. Especialmente, jóvenes emergentes y a las puertas de su prime. En otras palabras, las divisiones inferiores de todos los clubes son sus propias divisiones inferiores, y el talento generado en casa sólo seguirá subiendo en la pirámide en la medida en que sea superior a todo el resto.

Para lograr sus objetivos, fueron agresivos y a la vez persuasivos. Rompieron con todos los parámetros económicos del mercado local y presentaron a actores más pequeños tratos justos hoy y muy beneficiosos mañana. Así consiguieron a Johnny Herrera, Charles Aránguiz, Marcos González y Gustavo Canales, pagando sobreprecio; a Eduardo Vargas, Eugenio Mena y Junior Fernández, ofreciendo parte de una venta ulterior a sus clubes de origen; a Francisco Castro y Roberto Cereceda, jugando al equilibrio entre lo legal y lo legítimo.

En particular, el mérito de Sampaoli es que administra los recursos puestos a su cargo con maestría. Cuando le impusieron a Diego Rivarola, un veterano ídolo del club, lo sentó en la banca y no flaqueó ante las presiones, utilizándolo a cuentagotas en provecho del equipo y no de una estatua. Le sacaron y pusieron jugadores, le levantaron otros a las selecciones, no siempre llegó el pedido. Presentó lo mejor que tenía disponible en cada ocasión y administró el escaso descanso disponible con tal acierto que sus hombres siempre se ven frescos como una lechuga.

Formó en su entorno un grupo capaz y complementario. En el club hablan de la acabada preparación de su ayudante, Sebastián Beccacece, a quien con 32 años aún le falta templar el carácter en situaciones de presión para emprender su propia carrera. Jorge Dessio, el clon de Sampaoli que oficia de preparador físico, ha otorgado a los futbolistas las herramientas para responder a la alta exigencia táctica del entrenador. Su departamento médico es el más respetado del deporte chileno, y un amplio back-office trabaja en los videos y reportes con los que prepara cada partido.

En otras palabras, Sampaoli minimizó los riesgos, disminuyó el azar, pidió las mejores condiciones para trabajar y maximizó el rendimiento de los recursos disponibles. Hoy, el único peligro para la U es que a Borghi le vaya mal en los próximos duelos eliminatorios y los que se deshicieron de La Gioconda vengan a buscar la Mona Lisa del Prado para colgarla en el Louvre.