• 15 julio, 2011



Los cambios derivados de las nuevas tecnologías modificarán radicalmente nuestra manera de vivir y de relacionarnos durante las décadas que vienen. Así como hay riesgos, también ofrece perspectivas impresionantes.


Ray Kurzweil predice una nueva “singularidad” para mediados de este siglo. La única singularidad conocida hasta ahora es el big bang de hace unos 15.000 millones de años. Por ello, no es una idea menor. Kurzweil llama singularidad a la fusión de la tecnología con la biología. Algo ampliamente anunciado por la ciencia ficción… que en general ha sido muy acertada, salvo en los plazos en que ocurriría. Matrix es el mito moderno más difundido de esta misma hipótesis.

Sea cual sea la denominación que se use para nombrar a esta nueva edad de la humanidad, podemos apreciar que convergen cuatro grandes revoluciones tecnológicas:

I. La biotecnología, que es el camino humano al intento del control final de la vida. Aquí podemos incluir a la medicina y a la neurociencia.

II. La informática, que va al dominio y control de la inteligencia. Dentro de ésta podemos identificar las redes e Internet, que son sus hijos o hijas.

III. La nanotecnología, que significará el control final de la materia.

IV. Las telecomunicaciones, que otorgarán ubicuidad digital a nuestra existencia.

En pocas palabras, estamos controlando la vida, al punto de haber creado ya vida sintética. Somos capaces de distribuir inteligencia, algo impensado hace un siglo. Tenemos el control de la materia a partir de los átomos para fabricar máquinas prodigiosas, y podemos vincular toda la vida en forma inalámbrica, instantánea, y ubicua. ¡Que tal! Lo más relevante es que estas cuatro grandes avenidas convergen, se hacen una sola, se integran, se hacen indivisibles, se retroalimentan. Se hacen un solo “ser”, y esa es precisamente la base de la singularidad.

Para Kurzweil esto es sólo el próximo paso de la evolución y, por ende, necesario y de alcances positivos. Para los más románticos, como yo, esto es sin duda alguna un enorme objeto de preocupación. Lo que sí podemos concordar es la enorme velocidad a la que se mueve la sociedad impulsada por estas tecnologías y lo rápido que quedamos obsoletos.

Podría ser, por ejemplo, que el calentamiento global u otras razones generen enormes conflictos y guerras que detengan el avance hacia la matrix y tengamos que volver a empezar; o que un meteorito destruya la Tierra, etc. Pero esos son escenarios catastróficos, que han ocurrido y que también han sido una y otra vez desmentidos por la tecnología que proviene del genio racional humano. Una genialidad que tampoco entendemos muy bien; ya que, además de la razón, los seres humanos tenemos grandes preguntas subjetivas. Tenemos extraños atributos, como la fe. Tenemos intuición, emociones, instintos. Es decir, somos tremendamente complejos y reducirnos a la racionalidad sólo anuncia catástrofes. Jung aportó la revolucionaria idea de un inconsciente colectivo, común a todos los seres humanos, estructurado en arquetipos o potencialidades.

Estas 4 grandes fuerzas tecnológicas son complejas tendencias, llenas de sub componentes que son como las ramas de estos troncos y que van floreciendo en el futuro. Son algo así como olas poderosas que vienen del pasado y se proyectan claramente hacia el futuro. Estas tendencias tienen diversos grados de fuerza, como las olas. Pero son al final del día fuerzas del pasado. Sin embargo, cuando la innovación es muy rápida y disruptiva, el pasado es cada vez menos adecuado para predecir el futuro.

En otras palabras, las tendencias no son predictoras absolutos del futuro, porque se enfrentan a la energía de los eventos que las mueven y a los propósitos humanos que generan fuerzas en uno u otro sentido. A veces las pronuncian, a veces las detienen. Son los componentes o los ingredientes sobre la base de los cuales se producirán los verdaderos escenarios del futuro. En suma, el futuro será una combinación ponderada de (a) las tendencias, (b) los eventos y (c) los propósitos de la sociedad.

Tratando de hacer una síntesis, es posible identificar algunos aspectos del futuro previsible. Lo primero es señalar que aunque ya somos muchos en el mundo, seremos muchos más; llegaremos a 10.000 millones de personas. Seremos más viejos que jóvenes; y más longevos, viviendo más de 120 años. Esto significa nuevos modelos de familia que ya se aprecian en la actualidad. Lo cual ocurre en un mundo que se hace un gran país por necesidad y, por ello, sin gran hermandad. Una globalización con enorme automatización e integración. Una gran cadena de valor, al decir de Thomas Friedman. Con ello vienen nuevas formas de gobierno global para enfrentar temas como la ecología, Internet, el espacio exterior, el narcotráfico, impuestos, estándares y otras yerbas.

Es probable que los seres humanos ya no seamos los más inteligentes, siendo superados por la tecnología, que anuncia computadores cuánticos, biológicos, vida sintética, software que hace software y otras cosas impresionantes. Será una realidad de redes, de archivo total, de “realidad aumentada”, con proliferación de BOTs o robots digitales.

Todo esto ocurrirá mediado por Internet y el ciberespacio. Hablamos de la web 2.0, 3.0 y 4.0. Hoy las nubes computacionales son receptoras de nuestros datos, nuestro conocimiento, y nuestras herramientas. Se configura literalmente una nueva mente tecnológica colectiva, donde el acceso será la gran clave del poder. Todo esto viene aparejado de un nuevo mapa de la realidad plasmado en un meta lenguaje o lenguaje post simbólico. Ese es el verdadero desafío de la educación, no si es pública o privada. Lo que permite esta nueva forma de relaciones son las telecomunicaciones, que nos hacen ubicables en todo momento, en todo lugar y de manera multimedial. Nos hacen ubicuos, lo que es algo extraordinario. Todo esto alimenta la gran revolución móvil en curso. Más aún, el creciente ancho de banda permitirá que todo llegue a ser holográfico, con lo que la idea de la matrix empieza a tomar alguna forma tangible.

Por otro carril, el ser humano se leyó el “libro de la vida” al meterse a las profundidades del ADN y la materia. Lo notable es que al parecer no nos gustó, ya que lo estamos modificando a nuestra propia imagen y semejanza. Hemos acelerado el ritmo de la evolución y podríamos perder el control sin darnos cuenta. Estamos ya conectando directamente los cerebros a las computadoras; la telemática se transforma en herramienta de control. El tema no es trivial y lo debatimos muy poco. La nanotecnología nos anuncia cambios magníficos. Nuevas máquinas prodigiosas y pequeñas, nuevos materiales, nuevas formas de medicina, como enviar pequeños robots al interior del mismo cerebro. Eso anuncia cambios productivos insospechados, nuevas formas de riqueza y soluciones a problemas que antes eran imposibles. Por cierto, trae su propia gama de problemas que aún no conocemos.

En todo ese tráfago de cambios, la ciencia probablemente generará nuevos paradigmas acerca de la realidad. Es probable que entendamos de una nueva manera el universo o los multiversos, el origen de la materia, el tiempo. En este siglo los científicos esperan encontrar vida en otros planetas. Tendremos novedades en las teorías de la complejidad y el caos. Una nueva forma de pensar, que la literatura llama e-science, empieza a prevalecer, y tiene que ver con la administración de cantidades inconmensurables de datos, procesados por instrumentos y máquinas increíbles. De esa manera empieza a aparecer una especie de verdad estadística más que lógica. Los consensos empiezan a sustituir a la razón.

En suma, todos los cambios que se nos vienen modificarán radicalmente nuestra manera de vivir y de relacionarnos. Ese es el desafío real, y no tratar de predecir los acontecimientos. Si a usted le interesan los negocios, una de las derivadas más interesantes de este juego del futuro es que si sabemos que esas cosas van a ocurrir en 30 a 50 años más, hay cosas que deben ocurrir hoy para que eso sea posible. Ahí están las oportunidades que busca hoy. El futuro sí afecta al presente.