La serie que retrata a los Herrera, una familia inmersa en el Chile de Pinochet, por estos días graba sus dos últimas temporadas, con eventos como la elección de Bolocco como Miss Universo y el plebiscito del 88. ¿Qué vendrá después? ¿Habrá unos 90? Por María José Salas.

  • 2 agosto, 2012

La serie que retrata a los Herrera, una familia inmersa en el Chile de Pinochet, por estos días graba sus dos últimas temporadas, con eventos como la elección de Bolocco como Miss Universo y el plebiscito del 88. ¿Qué vendrá después? ¿Habrá unos 90?
Por María José Salas.

No es exagerado decir que Los 80 marcó un antes y un después en la televisión chilena. No hay registro en nuestro país de una serie que haya tenido cuatro temporadas con un éxito tan sostenido y creciente. Un fenómeno que puede seguir expandiéndose, pues sus dos últimos ciclos están ahora en etapa de rodaje y escritura de guión. No se descarta una continuación: eso sí, tendría que ser en los 90, porque la producción termina con el plebiscito del 88 y la transición.

Desde su estreno en 2008, con capítulos que recreaban el año 1982 –marcado por una fuerte crisis económica–, Los 80 demostró que cuando se equilibra de buena forma la moral de los negocios con protagonistas y episodios que generan contenido cultural, las cosas funcionan perfectamente. Sin nada que envidiarle, de hecho, a las series norteamericanas.

Estudios de audiencia señalan que el último capítulo del cuarto ciclo, emitido en diciembre del año pasado, fue sintonizado por el

El criterio en la televisión masiva es producir mucho material en poco tiempo, casi sin ensayo. En Los 80 esa idea está erradicada. Con un estilo más cercano al cine, cada escena es trabajada con detallismo y prolijidad.

50% de los televisores en Chile, marcando un promedio de 35 puntos. Si recordamos, aquel programa tuvo su punto definitorio cuando Gabriel (Mariano Horton), el pololo izquierdista de Claudia Herrera (Loreto Aravena), moría en manos de agentes de la CNI, poniendo fin a la temporada más política que ha enfrentado la familia Herrera y que tuvo a los chilenos con el corazón en la mano.

Pero el fin de Los 80 se acerca y este año se grabarán las dos últimas temporadas que retratan los años 1987, cuando una joven Cecilia Bolocco era coronada reina de belleza y 1988, período del plebiscito para determinar la continuidad o no del régimen de Pinochet.

Por estos días, precisamente, el equipo de Wood Producciones y Canal 13 trabaja a toda máquina en lo que será la quinta temporada, rodaje que se extenderá hasta septiembre, mes en que habrá un descanso de tres semanas, para así retomar en octubre con la sexta y última temporada.

Y aunque el área de programación de la estación quiere que la serie continúe, las cosas no están tan claras. “Nosotros tenemos una estructura armada desde el comienzo y para ser bien franco nunca pensamos que se iba lograr. Existe un arco general de la historia que tiene su fin en el año 1988. ¿Cómo va a continuar después de eso? Es algo que no tenemos resuelto. Hoy estamos más abocados a escribir la sexta temporada, que coincide con una época relevante del país, que es el plebiscito. Eso va a teñir la historia”, cuenta Alberto Gesswein, productor ejecutivo de Los 80.

Doce capítulos, uno más que la anterior, tendrá esta quinta temporada, en la que se retratará a una sociedad que empieza a vivir los contrastes que genera la incertidumbre de una vuelta a la democracia. Porque mientras Juan Pablo II repletaba en abril de ese año el Estadio Nacional, buscando entregar un mensaje que distendiera las tensiones políticas, ese mismo mes Cecilia Bolocco era coronada como la mujer más linda del universo.

En este contexto, los Herrera desafiarán situaciones complejas, pero desde una mirada introspectiva. “Enfrentarán un camino bastante pedregoso, tanto en el caso de Claudia, que busca retomar su vida, como Juan (Daniel Muñoz), que tiene que seguir adelante con los desafíos que implica su trabajo. Cada uno está en una especie de camino personal mucho más cargado. Eso también ocurre para Martín, que está enfrentando una situación de pareja y de paternidad, o en el caso de Félix, que ya es un adolescente”.

La idea es que todo se cuente desde las experiencias de los personajes: una decisión inspirada, en cierto modo, en el estilo de las producciones norteamericanas, que combinan autenticidad histórica con la intimidad de los caracteres. Y es justamente ese tono el que marca a Los 80. Una serie que imprime una postura determinada en un contexto histórico y que a través de sus personajes muestra que la vida tiene matices.

“Tomamos ciertas opciones desde un comienzo. Obviamente, hay una línea editorial que nosotros respetamos y por ende los guiones también la siguen. De igual forma, la historia no está tan orientado hacía una cuestión política. Por ejemplo, que el personaje de un agente CNI, supuesto hermano de Juan, tuviera corazón, tiene que ver más con una opción editorial nuestra, no del canal, donde los personajes no son blancos o negros, sino que son complejos. Porque Juan no es un padre hiper bondadoso, sino que tiene fisuras y creo que la cercanía y el nivel de audiencia que tiene la serie es justamente por eso, porque mostramos personajes de carne y hueso”, afirma el productor.

Lo bueno cuesta caro
Desde el punto de vista de los costos promedios de la industria, Los 80 es considerablemente mucho más cara que otras producciones, bordeando en promedio, 900 millones de pesos por temporada. “Si uno compara, no se dispara como Héroes. Lo que pasa es que absorbe muchos costos que tienen que ver con transferencias dentro del canal, como los actores, por ejemplo… Pero, es cierto, ha habido un aumento periódico de presupuestos. No se planificó enteramente como se hace en Estados Unidos, donde se escriben 2 o 3 temporadas al tiro y los contratos tienen una temporalidad. Eso te permite tener los costos más controlados”, asegura Gesswein.

La permanencia en el tiempo y de manera exitosa, para el director de arte Rodrigo Bazáes, “es el resultado de un equipo que ha logrado una sinergia estupenda, porque no siempre te encuentras con un producto que está bien escrito y bien dirigido. Siempre en las producciones chilenas hay un lugar donde las cosas se hacen mal. Hay proyectos maravillosos, bien intencionados pero, dado su bajo nivel de producción económica, son muy malos… Cuando veo esos ejemplo, pienso: chuta, esta era una buena idea pero no hubo plata para darle dignidad visual a ese proyecto. Es algo que veo todo el tiempo en televisión”.

El criterio en la televisión masiva es producir mucho material en poco tiempo, casi sin ensayo. En Los 80 esa idea está erradicada. Con un estilo más cercano al cine, cada escena es trabajada con detallismo y prolijidad. Boris Quercia, el director general, siempre está presente. Hay un equipo formado por dos periodistas y dos historiadores (que revisan todos los archivos de prensa y noticiarios de la época). Ellos investigan los hechos más relevantes de cada año y les hacen un informe a los guionistas (Rodrigo Cuevas, Pablo Toro, José Fonseca), quienes deciden qué hitos usar y la manera en que serán abordados.

En esa faceta participa Canal 13. Cuando el guión está hecho, entra en escena Wood Producciones, empresa ligada a Andrés Wood, director de Machuca y La fiebre del loco, entre otras. La estación televisiva la paga a Wood Producciones para que esta realice la grabación, un proceso en el que tiene vital importancia el diseño de arte, para cuidar que cada detalle sea representativo de la época. Es un trabajo mucho más lento, porque hasta el más mínimo elemento debe ser coherente, incluso la marca de un cigarrillo o la forma de un cenicero que usan los personajes.

Bazáes es particularmente crítico del estado actual de la TV chilena: “si enfermas al paciente, la enfermedad se puede hacer irreversible”, argumenta. Y asegura que hoy la oferta –dirigida a realities y farándula– está equivocada. “A mí me interesa llenar de contenido la pantalla, no estoy buscando mediante mi trabajo la entretención pura o la evasión pura”, asegura.

Proyección internacional
Es difícil exportar Los 80. Hace dos años, Canal 13 vendió las tres primeras temporadas a la señal internacional de TVN y se han visto buenos resultados, sobre todo en Argentina. Sin embargo, no hay estudios que aseguren una recepción que pueda proyectarse en un negocio rentable. “Es difícil venderlo porque es una historia local, lo que sí podría venderse eventualmente son los guiones. La serie propiamente tal, por una falta de músculo interno nuestro en el área de ventas, no se ha logrado”, cuenta Gesswein.

Una patita que ha dado sus frutos es la venta de DVD. La primera y segunda temporada se vendieron muy bien, y aunque todavía no se lanzan al mercado, la gente ya pide las dos últimas. Por cierto, Canal 13 volvió a transmitir la última temporada cada domingo a la una de la madrugada, marcando unos impensados 12,5 puntos de raiting.