Los 14 meses que la subsecretaria de Telecomunicaciones, Pamela Gidi, lleva en el cargo no han estado exentos de polémica. Conocida por su estilo duro y frontal, ya suma varios enfrentamientos con la industria por el uso del espectro radioeléctrico –que se debatió la semana pasada en el TDLC- y los cargos de acceso. Ambiciosa y de ideas claras, dice que llegó al cargo “para hacer lo más justo, no lo más popular , y eso a la industria le ha costado entenderlo”.

  • 7 junio, 2019

Pamela Gidi no tiene recuerdos de ese día. Tras bajarse del avión que la trasladaba desde Nueva York, ciudad donde vivía semana por medio mientras, en 2014, era vicepresidente de DirecTV Latinoamérica, a Santiago, tomó un taxi y llegó a su casa, en Vitacura. Entonces todo se fue a negro. Un familiar la pilló tirada en el suelo, inconsciente, y la trasladó inmediatamente a Urgencias de la Clínica Las Condes. Gidi, una exitosa ejecutiva de entonces 45 años, con una carrera que iba en alza tras haberse desempeñado en posiciones de liderazgo en Unilever, HASBRO, Ford Motor, J.C Penny y The Walt Disney Company, había sufrido un trombo en su pierna izquierda que terminó en su cerebro: estuvo internada dos meses en el recinto hospitalario y debió aprender a hablar y caminar de nuevo.

El episodio gatilló una decisión que tomó cuatro años más tarde. En diciembre de 2017, tras instalarse definitivamente en Chile, mandó su currículum a Evópoli para participar en el gobierno del entonces presidente electo, Sebastián Piñera. “Estoy trabajando aquí por ese infarto. La enfermedad me mostró lo evidente: que quería dedicarme a algo no solo para el beneficio de mi familia, sino también para personas que no conozco”, explica la actual subsecretaria de Telecomunicaciones desde su oficina en el cuarto piso del ministerio que hoy encabeza Gloria Hutt.

La principal tarea que desde ese puesto empuja, es cerrar la brecha digital del país y desarrollar la red de 5G. Esto permitirá una transmisión de datos móviles 20 veces más rápida que la 4G que impera actualmente, y su idea es que ese plan esté operativo antes que termine el mandato del presidente Sebastián Piñera. “Nos transformaremos en el primer país de América del Sur en tenerla”, dice la funcionaria de gobierno.

Para ejecutar esa misión, ha liderado una serie de medidas que no han estado exentas de polémica. La más conflictiva fue congelar la banda 3.5 Hhz el año pasado para desarrollar el 5G y luego presentar una consulta al Tribunal de Defensa de la Libre Competencia (TDLC) para definir un plan nacional de espectro que establezca la cantidad máxima que puede tener cada empresa, proceso que la semana pasada tuvo a las principales compañías del sector exponiendo ante el tribunal.

El sueño

Pamela Gidi quería viajar. Y desde temprano tuvo claro que para lograrlo era necesario estudiar. Su madre, Norma Masías, quien solo alcanzó a terminar sus estudios de enseñanza básica en una escuela pública de Parral, siempre le hizo ver que sin una buena base, era difícil conseguir un trabajo sólido y surgir. “Nos mudamos a Santiago y con mucho esfuerzo ella me matriculó en el colegio Villa María Academy”, explica.

Sus compañeras la recuerdan por ser la mejor alumna de la generación y por su habilidad para los deportes, especialmente ballet y atletismo. Al salir de cuarto medio entró a Medicina en la Universidad de Chile con un objetivo claro. “De niña no tuve opción de salir de Chile. Y yo quería conocer el mundo”, explica Gidi.

La escuela pasaba en paro en esa época y la entonces alumna dejó esa carrera: no quería postergar sus planes. “Entré a la universidad para estudiar, no protestar”, indica. Entonces se cambió a Ingeniería Comercial en la Universidad Católica. “Soñaba con viajar, curiosear, conocer. Y pensaba: ‘Solamente con mi trabajo puedo salir’”, recuerda la subsecretaria, quien fue compañera de Cristián del Campo, Andrés Lehuedé, Gonzalo Restini, y ayudante de Roberto Méndez, Andrés Ibáñez y Luis Hernán Paúl. Ahí también era conocida por ser “matea” y cuando egresó, en 1986, entró a trabajar a Unilever. Estuvo un año, hasta que le ofrecieron un trabajo en la firma norteamericana JC Penny que la obligaba a mudarse a Dallas, Estados Unidos. La empresa le arrendaba una casa y auto. Su sueño empezaba a cumplirse.

Pagar la fiesta

Dos años después la reclutaron de Disney, desafío que implicaba salidas permanentes a las diferentes ciudades norteamericanas. La entonces veinteañera Pamela Gidi comenzaba a forjar su habilidad para liderar equipos, cumplir objetivos de ventas y realizar estrategias de negocios.

Una vez cumplida esa etapa en la multinacional gringa quiso seguir profundizando sus estudios. “Mi sangre es palestina y me inculcaron que el esfuerzo te permite salir adelante. Hay un refrán que me identifica: ‘Quien paga la fiesta, pone la música’. Yo todavía no tenía para pagar mi propia fiesta”, ejemplifica. Entonces se matriculó en la UCLA –Sebastián Edwards fue su profesor–, convirtiéndose en la primera mujer chilena en hacer un MBA en esa escuela. Como también quería vivir en Europa, terminó el postgrado en la London School.

Cuando tenía 29 años entró a la sucursal que la empresa automotriz Ford tenía en la capital inglesa. “Quería seguir explorando el mundo y ahí lo logré. Es una ciudad cosmopolita donde conocí a personas de todas partes”, cuenta. El trabajo consideraba viajes dentro de todas las ciudades de Europa.

Ford fue para ella un desafío que marcó su carrera. “Era una mujer latina trabajando en una empresa estadounidense instalada en Londres, que además debía validarse en una industria asociada a los hombres”, asegura. Cuando tenía 35 años se casó con un irlandés y a los 38, cuando ya tenía un hijo, supo que esperaba mellizos. Gidi, quien ya estaba acostumbrada a armar maletas, preparó equipaje y volvió a Chile.

Business as usual

En 2008, otro desafío laboral la hizo volar. Entró a DirectTV como directora de Marketing y Asuntos Corporativos, y en 2013 se convirtió en vicepresidenta para Latinoamérica: intercalaba una semana en Chile –donde estaban sus tres hijos– y otra en Nueva York. Fue en uno de esos vuelos de vuelta a Chile, en 2014, cuando ocurrió el accidente que cambió su vida.

La ejecutiva, que armaba contratos con figuras deportivas como Gary Medel, Gabriel Batistuta e Iván Zamorano, que negociaba mano a mano con clubes de fútbol –la camiseta de la Católica que brandea la empresa, por ejemplo, la craneó ella–, tras estar dos meses internada en la CLC, tomó una decisión: “No voy a dejar que mi accidente me defina ni que me limite”. Así, el mismo día que volvió a trabajar, se subió a un avión. “Business as usual”, se le escuchó decir.

No era la primera vez que atravesaba una enfermedad complicada. En 2008 tuvo cáncer a la tiroide (se operó el mismo año), pero igual que esta vez, no se amilanó.

En 2016 lideró junto a otros ejecutivos el proceso de fusión de DirectTV y AT&T, uno de los principales operadores de TV paga en Estados Unidos. Pero cuando concluyó ese deal de 60 mil millones de dólares, la ejecutiva sintió que para ella también finalizaba una etapa. A principios de 2016 volvió a Chile y en abril asumió como gerente de plataforma y desarrollo digital en TVN durante la gestión de Alicia Hidalgo.

Eso duró poco. A finales del mismo año, el canal despidió a la directora ejecutiva –la reemplazó Jaime de Aguirre–, y junto con ella salió su equipo de confianza (Gidi demandó a la estación por más de 67 millones de pesos por conceptos de indemnización). Tras ello envió su CV a dos lugares en veredas contrarias: una empresa privada y a Evópoli, tienda política que, al igual que las otras de la centroderecha, buscaba buenos nombres para puestos en el gobierno.

Fue Constanza Espinoza, periodista del partido y quien coincidió con ella en TVN, quien la recomendó. Junto a un grupo de militantes buscaban candidatos para ofrecer para la Subtel. Tenían buenos nombres, pero nadie que hiciera de “policía malo”. Una persona que participó en este proceso dice: “Lo que buscaba la ‘jefa’ (Gloria Hutt) era alguien con carácter que hiciera contrapeso con las empresas de Telco”. Otro agrega: “Gidi sabe bien lo que significa un peso menos en los contratos con las empresas telefónicas”.

Espinoza se topó con su currículum y le dijo a Rodrigo Durán, secretario general de la coalición fundada por Felipe Kast, que era la indicada. El mensaje llegó a Hutt.

A fines de enero de 2018, la ministra de Telecomunicaciones y Transportes la llamó. Se reunieron al día siguiente y, según cuenta Gidi, engancharon por completo. “Me habló de transformación digital, de emparejar la cancha, de un Chile más justo. Todo me hizo sentido. Le dije que yo estaba dentro”, recuerda la actual subsecretaria, cuyo nombre fue propuesto junto con el de Pelayo Covarrubias, cabeza de Fundación País Digital, y Katherine Martorell, la actual subsecretaria de Prevención del Delito que trabajó como directora de sustentabilidad y comunidades en Entel.

“La decisión del nombramiento es del presidente. Mi deber fue plantear cuáles eran los perfiles de cada uno, y las ventajas o desventajas que podían tener”, asegura Gloria Hutt. Y agrega: “Yo sabía que venían procesos de negociación difíciles en la industria, y tener independencia del sector, por esta misma razón, era algo bueno”.

Una persona que la propuso agrega: “Es más outsider que aquellos con quienes competía, pero su capacidad de negociación, de negociar al límite y con buenos resultados, la destaca. No rompe las mesas, pero llega a una tensión que puede ser favorable”.

Solo faltaba el visto bueno del presidente.

“No vine a calentar el asiento”

“A usted no la conozco. Espero no equivocarme”. Con esas palabras Sebastián Piñera selló el fichaje, en febrero de 2018. Gidi respondió: “No le fallaré, presidente”.

“Es una de las pocas funcionarias con cargos de primera línea del gobierno a la que el mandatario no ubicaba. Eso es raro que ocurra en un nombramiento”, indica un asesor de Transportes. Pese a ello, explican fuentes del ministerio, han tenido sintonía. “Como buena ejecutiva, prepara documentos a prueba de todo tipo de dudas, con cifras y problemas resueltos”, explican. En la reciente gira a China se les vio conversar distendidamente, compartir chistes –ambos tienen humor ácido–, así como discutir temas de fondo de la industria.

Sin embargo, los 14 meses que Gidi lleva a la cabeza de la Subtel no han estado exentos de críticas. “Partió con una idea predeterminada matacaballos”, dicen de la industria móvil. Esto, pues a justo tres meses de instalarse en Amunátegui 139, decidió congelar la banda 3,5 MHz para el estudio y desarrollo del 5G (ver recuadro).

Una semana después, un fallo de la Corte Suprema (que atendía a una demanda de Conadecus) golpeó a este mercado: acusó a Entel, Movistar y Claro de acaparar el espectro radioeléctrico y bloquear la libre competencia. Se determinó entonces que cada firma podía tener un máximo de 60 Mhz. (En Chile, actualmente hay 470 MHz repartidos entre los operadores móviles: Wom tiene 60; VTR 30; Entel 150; Claro 115; Movistar 115).

La medida -aún no se determina cómo ni cuándo se llevará a cabo- cayó mal en la industria, mientras que Gidi se plegó a la Suprema asegurando que el espectro radioeléctrico es un bien nacional de uso público que les pertenece a todos los chilenos, y que está dentro de las facultades de la Subtel velar por su uso eficiente. Como respuesta, los operadores llegaron a la Corte de Apelaciones con un recurso de amparo.

“El espectro es esencial para el desarrollo. No puedes decir ‘devuélveme la marraqueta y después te paso un kilo de hallulla. No es lo mismo”, ejemplifica un operador, quien señala que estos se van construyendo mediante las licitaciones. “Si le quitas a una y le das a otra, la firma va a tener problemas con clientes e inversiones”, aclara la misma persona.

“El abogado Cristián Casanova, ligado a esta industria, matiza: “Su administración fue controversial al principio porque ella se dio cuenta de que necesitaba dinamizar el sector por dos grandes factores: incrementar las inversiones, todo en línea con el mandato del presidente Piñera en estas materias, y segundo, hacer de Chile un país líder en el proceso de evolución tecnológica que supone el 5G”. Eso sí, agrega que “aunque ha tenido determinación para poner los temas sobre la mesa, algunas de las medidas no han sido compartidas por la industria dándose pie a una judicialización importante que puede postergar la materialización de planes para el sector”. La relación entre la subsecretaria y los operadores se tensionó y ella, públicamente, los acusó de “hacer un lobby feroz”.

Un experto que trabajó con la subsecretaria dice que Gidi “ha dado palos de ciego”. “Llegó sin entender demasiado cómo funciona el mercado móvil y muy mal asesorada se sumó a la idea de quitar espectro a los operadores. Está bien la competencia, pero cuidado en cómo se lucha por ella. No se puede congelar una industria”, indica.

La decisión también fue criticada por miembros de la Subtel y varios asesores salieron. Entre ellos destacan al abogado Roberto von Bennewitz, jefe de fiscalización, y Gonzalo Doña, ex jefe de política regulatoria, a quien le pidieron la renuncia. Lo reemplazó la ingeniera Geraldine González, quien duró poco tiempo en el puesto.

Las paces

Con todo, este último tiempo las aguas están más calmas. “Ambos bandos cotejaron posturas y convinieron que era necesario llegar a un acuerdo para 5G”, explican del ministerio. Así, en agosto del año pasado, la Subtel descongeló el espectro y propuso que cada empresa tenga un máximo de 32% del total de la banda y que se ampliará en 1.000 la matriz actual. Así, Chile quedará con cerca de 1.500 MHz.

El cambio de la propuesta fue aplaudido dentro de gran parte de la industria. “La subsecretaria entró en el camino que siempre debió: habrá más espectro disponible en vez de repartir pobreza. La política de quitar a grandes y dar a chicos no funciona”, explican desde una empresa. Eso sí, en la industria aclaran que WOM prefería la primera medida porque aún es una firma chica y le beneficiaba un escenario más dividido.

La semana pasada, durante la cena de las empresas de las Telecomunicaciones, Gidi, en su discurso, dijo que 2018 había sido un año duro y que el plan ahora era retomar el diálogo. Varias compañías agradecen el gesto. “Hay un reconocimiento. Había sido mucha pelea y eso es bueno que cambie”, indica un abogado.

La ingeniera comercial, quien medita dos veces al día y que es conocida por ser histriónica, exigente y realizar arengas con su equipo, reconoce que la instalación el año pasado fue complicada, pero asegura que es parte de “la pega”. “Yo vengo del mundo privado, donde el propósito es cuidar a los accionistas. Aquí, el fin es velar por el bien público. Tengo que hacer lo más justo, no lo más popular. A la industria le ha costado entender eso. Pero comprendo el enojo de ellos”, dice. Y aclara: “Vine a hacer cosas difíciles. No vine a calentar el asiento”.

La semana pasada lanzó su proyecto estrella, Matriz Digital, a través del que se invertirán 90 mil millones de pesos en fibra óptica para conectar todas las comunas de Chile. Según explica, está dando la pelea para que Chile tenga 5G y terminar con la desigualdad en conectividad. “Si un niño no está digitalizado, queda en un nivel inferior con el que sí lo está. Esa brecha no se recupera nunca. Pensé que esta pega era técnica, pero es tremendamente social. Tengo que sacar a los niños de la pobreza”, remata.

La polémica por la banda 3.5 Ghz

La subsecretaría fiscalizó la banda 3.5 Ghz y de acuerdo a los informes que se realizaron entonces, detectó que la banda estaba subutilizada. “Las concesionarias Claro, Entel, GTD (Telsur), Movistar y VTR no estaban haciendo uso eficiente a nivel nacional de la banda 3.5 GHz, entregada en 2001 y 2005”, señala el documento. También reveló que el espectro asignado a algunas empresas –que es clave para el desarrollo de esta red móvil de alta velocidad– está en desuso o lo están explotando comercialmente de manera irregular. La autoridad señaló que en el caso de Movistar, la compañía cuenta con espectro asignado en dos regiones (Aysén y Magallanes). VTR posee entre las regiones de Arica y Parinacota, hasta la Araucanía; y GTD Telsur, en las regiones de Los Lagos y Los Ríos. En el caso de Entel y Claro, que cuentan con asignación de espectro en esa banda, están subutilizando los espectros asignados, y han anunciado productos que operarían en una red 5G, que aún no está disponible en el país.

El debate por los cargos de acceso

En noviembre de 2018, la Subtel propuso disminuir los cargos de acceso móvil  (los cobros que una compañía hace a otra por una llamada en su red) desde $8,6 a $1,36 por minuto, durante el período 2019-2024, equivalente a una rebaja de 83%. Según explican los expertos, a las operadoras no les gustó la idea y la discusión quedó en manos de la Contraloría General de la República, que le dio la razón al Ministerio de Transportes y Telecomunicaciones.

Así, se determinó que los cargos de acceso móviles reducen en un 80% el costo de las tarifas de los servicios de interconexión o cargos de acceso que se pagan entre todas las compañías móviles y las llamadas desde teléfonos fijos a móviles.