La campaña presidencial estadounidense se reduce a ganar 270 electores y a competir en 11 Estados “indecisos”, pero la contienda Obama-McCain tiene ingredientes propios que aumentan su atractivo. Por Gabriel Sánchez-Zinny

Luego de que más de 36 millones de votantes en la primaria demócrata decidieran que el senador Barack Obama sería su candidato, forzando la retirada de Hillary Clinton, y 19 millones de republicanos eligieran al senador John McCain, se podría decir que ha comenzado la verdadera batalla electoral por alcanzar la Casa Blanca en noviembre del presente año. Algo más de 56 millones de ciudadanos participaron votando en las primarias y se estima que más de 130 millones lo harán en la elección general.

Los candidatos ya han comenzando a discutir sobre temas concretos, a atacarse a través de los medios, y a lanzar sus equipos de campaña a todos los Estados en disputa. Porque finalmente la elección se reduce a ganar 270 electores de un total de 538, y en particular a los 11 Estados “indecisos”, que puedan volcarse tanto hacia los demócratas como para el lado republicano. Entre otros, Ohio, Nevada, Florida, Virginia, Michigan y New Hampshire, que representan 133 electores. El resto de los 50 Estados han votado consistentemente para un lado o para el otro y, generalmente, los candidatos no les dedican demasiados recursos o esfuerzos. Es el caso, por ejemplo, de California para los demócratas o de Texas, para los republicanos.

Pero tal vez lo más destacable de esta contienda son las varias diferencias que ofrecerán con respecto a las últimas décadas. La primera y más notoria es que ninguno de los candidatos representa la coalición clásica de su propio partido. El corazón del electorado demócrata, familias trabajadoras blancas, todavía sigue lejos de Obama, lo mismo el voto latino que ha apoyado a Hillary en todas las primarias. Por el lado republicano, los conservadores religiosos, la base más sólida y activa del presidente Bush, todavía no se ha acercado a McCain, y tampoco lo han hecho los libertarios.

Ambos candidatos tienen que transitar un riesgoso camino para posicionarse entre los diferentes votantes. McCain está luchando entre aparecer como un reformador, atacando la influencia de los lobbies en Washington, la necesidad de políticas que preserven el medio ambiente y, por otro lado, mostrar un perfil de conservador experimentado, que lo pondría muy cerca del presidente Bush y de sus bajísimos números de aprobación.

A su vez, Obama continúa basando su campaña en la necesidad de cambio y esperanza, pero debe empezar a mostrar propuestas concretas y experiencia para gobernar. Por esta razón se lo ve seguido con senadores como Webb, de Virginia, ex veterano de guerra, o el general Wesley Clarck, quien comandó para el presidente Clinton la guerra en Kosovo.

Otra diferencia tiene que ver con el uso de las nuevas tecnologías de comunicación. Más que nunca, en estas elecciones se está viendo el impacto de herramientas como videos online, micro-targeting, bloggers y la recaudación en línea en las estrategias de los candidatos. O los famosos “town hall meetings”, encuentros
pequeños, en comunidades, con preguntas abiertas, que fueron de uso recurrentes en las primarias. YouTube organizó un debate presidencial durante las primarias, con acceso online irrestricto. FaceBook y Myspace contienen páginas de ambos candidatos. El uso de estas nuevas tecnologías está generando enorme participación entre los votantes de menos de 30 años.

La recaudación de fondos presenta otra importante diferencia entre los candidatos. Sólo como ejemplo, de enero a abril de 2000 los candidatos republicanos habían recaudado 137 millones de dólares contra sólo 63 millones de los demócratas. En 2008 la diferencia es exactamente al revés: los demócratas han recaudado en el mismo período de tiempo mas de 277 millones de dólares y los republicanos, únicamente 161 millones.

Obama redujo las barreras de convertirse en donante, mientras que Hillary Clinton y también McCain más bien enfatizaron su recaudación en grandes contribuyentes. Obama ofreció a los electores un paquete completo que incluye “donar algo de dinero, convertirse en voluntario de la campaña y ser parte del cambio que América necesita”. Su website es mas bien un sitio de red social, al estilo Facebook (de hecho, quien lo organizó es uno de los fundadores del famoso sitio). Es decir, no sólo un lugar para hacer donaciones, sino para sentirse parte e una comunidad, de un cambio más grande que uno mismo.

En las elecciones de 2000 votaron 101 millones de personas; en el 2004, 121 millones y se espera un número mayor en noviembre de este año. Independientemente de quien gane, será un espectáculo para seguir