El escritor chileno José Gai, autor de una elogiada novela policial, publica ahora una colección de relatos, que explora diversos géneros, con resultados dispares.

  • 2 noviembre, 2007


El escritor chileno José Gai, autor de una elogiada novela policial, publica ahora una colección de relatos, que explora diversos géneros, con resultados dispares.

 

El escritor chileno José Gai, autor de una elogiada novela policial, publica ahora una colección de relatos, que explora diversos géneros, con resultados dispares. Por Marcelo Soto.

Roberto Bolaño inmortalizó en cuentos como Sensini –contenido en su libro Llamadas telefónicas– la especie del escritor latinoamericano de mediano talento, pero sin mucha suerte, que participa en concursos literarios de toda clase, con la esperanza de ganar algunos dólares y algo de prestigio.

En cierta forma, José Gai se parece a esos personajes entrañables creados por el autor de 2666. Su volumen de cuentos, El veinte, está formado por relatos que participaron en competencias literarias de Chile y el extranjero, logrando menciones honrosas, pero nunca primeros lugares. Asimismo su primera novela, Las manos al fuego, tuvo una elogiosa respuesta de la crítica, aunque el público la ignoró.

 

Gai es un pájaro raro de la literatura chilena. No pertenece ni a la vieja “nueva narrativa”, ni a la actual generación post Bolaño. Quizá por lo mismo ha quedado un poco a la deriva, sin gozar del reconocimiento que se le otorga a otros nombres con menos méritos.

 

El veinte tiene la virtud de la diversidad, fuera de estar cruzado de un ánimo ligero, pero para nada grave, que se agradece en estos tiempos. Gai aborda diversos géneros con soltura, desde el relato policial al costumbrismo, desde el realismo sucio a la ciencia ficción. Hay algo de ingenuidad en esta ambiciosa muestra de recursos y es probable que el conjunto ganase densidad si el autor, en vez de tirar toda la carne a la parrilla, hubiese optado por dejar sólo los mejores cortes.

 

Las debilidades y fortalezas de esta opción narrativa quedan en evidencia en el cuento que da título al libro. En éste, el autor presenta un mundo tipo Blade runner “la película, más que la novela”, un futuro donde las computadora han colapsado y algunos animales pacíficos, como las palomas, atacan al hombre con ferocidad suicida. El protagonista es un detective que viaja al siglo pasado, “el veinte”, para involucrarse en un oscuro episodio político-criminal. Aunque la historia tiene algunos componentes de delirio y humor nada desdeñables, la suma de las partes no alcanza para aprobar.

 

En otros relatos, se observan ripios de estilo, como el abuso de frases que se inician con un “es que”, verdadera plaga del periodismo moderno, que debería eliminarse mediante un decreto. Con todo, El veinte da muestras variadas de un talento que con mayor rigor, podando lo decorativo, podría convertirse en algo más que un proyecto, en un escritor que no necesite de premios en concursos para justificar su oficio.