Las “correcciones” al acuerdo con las FARC y los problemas asociados a décadas de producción de cocaína son algunos de los desafíos que deberá enfrentar Iván Duque, el presidente electo más joven en la historia de Colombia. Apoyado por el ex mandatario Álvaro Uribe, “la gran pregunta es cuál será la relación entre esos dos hombres. No puede permitirse ser el títere de Uribe, pero tampoco puede permitirse el lujo de traicionarlo”, dice un experto.
Por: Gideon Long, para Financial Times

  • 21 junio, 2018

Iván Duque tendrá que resolver una serie de problemas persistentes.

Se convertirá en el presidente electo más joven en los 132 años de historia de Colombia como república, cuando asuma el cargo en agosto, pero muchos de los problemas que heredará son mucho más antiguos que él y se requerirán grandes habilidades de liderazgo para resolverlos.

Duque, de 41 años de edad, ni siquiera había nacido cuando los dos principales grupos guerrilleros marxistas del país, las FARC y el ELN, tomaron las armas contra el Estado en la década de 1960. Si bien las FARC llegaron a un acuerdo de paz histórico con el gobierno en 2016 y se han desarmado, el ELN sigue activo y la paz sigue siendo frágil.

En su discurso de victoria el domingo por la noche después de vencer fácilmente a su rival izquierdista Gustavo Petro, Duque dijo que el acuerdo con las FARC requería “correcciones”, sin decir cuáles podrían ser. Si se ejecuta torpemente, cualquier revisión del proceso de paz podría volver a desencadenar el conflicto.

Sin embargo, en una señal positiva, el líder de las FARC, Rodrigo Londoño, conocido como Timochenko, felicitó al presidente electo e insistió en que “los caminos de la esperanza están abiertos”.
El nuevo presidente prometió el domingo “pasar la página de la polarización” y gobernar “con todos y para todos los colombianos”.

Pero en un país tan profundamente dividido será un desafío para el nuevo mandatario cumplir tal promesa. La brecha entre ricos y pobres sigue siendo amplia, la pobreza y la corrupción abundan y la presencia del Estado en los rincones remotos del país es insignificante.

La producción de cocaína está en auge. Duque ha dicho que podría reanudar la fumigación aérea de las plantaciones de coca, una política abandonada por el gobierno actual por motivos de salud. Esta también es una medida que podría ser contraproducente si se implementa incorrectamente.

Además de los problemas resultantes de décadas de insurgencia guerrillera y la producción de cocaína en Colombia, el Sr. Duque enfrentará desafíos más recientes como la implosión de la economía al otro lado de la frontera en Venezuela. Es probable que tome una postura dura contra el líder izquierdista de Venezuela, Nicolás Maduro, y tendrá la atención del presidente estadounidense Donald Trump a través del senador Florida Marco Rubio, un aliado de la derecha colombiana y uno de los primeros en felicitarlo por su victoria.

Iván Duque, un abogado que trabajó en el Banco Interamericano de Desarrollo en Washington durante una década, solo tiene cuatro años de experiencia como senador, pero cuenta con el respaldo del ex presidente Álvaro Uribe, el portaestandarte de la derecha colombiana y posiblemente el político más influyente del país.

Uribe dirigirá su partido del Centro Democrático en el Parlamento, lo que debería garantizarle una mayoría suficiente a Duque.

“La gran pregunta es cuál será la relación entre esos dos hombres”, dijo Yann Basset, politólogo de la Universidad de Rosario en Bogotá. “Duque no puede permitirse ser el títere de Uribe, pero al mismo tiempo no puede permitirse el lujo de traicionarlo”.

El ex presidente dijo que había respaldado al recién electo mandatario para salvar a Colombia del “socialismo destructivo”. Destacó el domingo que esperaba que el nuevo gobierno pudiera garantizar el retorno a la democracia en Caracas.

Económicamente, Iván Duque es ortodoxo. Ha prometido recortar las tasas impositivas corporativas, disminuir la burocracia, frenar la evasión fiscal y reducir la incertidumbre legal para los inversores extranjeros que buscan ingresar a los sectores petroleros y mineros del país.

Se ha comprometido a impulsar a Colombia a un crecimiento anual de 4,5% del producto interno bruto después de dos años en los que la economía se ha expandido en un promedio de 1,9%. El crecimiento ya está mejorando y los economistas esperan que alcance 2,5% este año y 3% el próximo. La confianza de los consumidores recientemente alcanzó niveles positivos por primera vez en 27 meses.

Sin embargo, los economistas dicen que será difícil para el nuevo mandatario implementar los recortes de impuestos si se apega a la regla fiscal de Colombia, que requiere que el país reduzca su déficit al 1% del PIB para 2022, de su nivel de 3,6% del año pasado. La producción de petróleo está cayendo y la relación deuda-PIB de Colombia ha aumentado a más de 40%.

El margen de la victoria del candidato de la derecha fue impresionante. Obtuvo 54% de los votos contra 41,8% de Petro y se convirtió en el primer candidato colombiano en conseguir más de 10 millones de votos en la segunda vuelta de una votación presidencial.

Petro obtuvo 8 millones de votos, lo cual es un gran logro en un país que desde hace tiempo ha rechazado los candidatos de izquierda, asociándolos con la guerrilla.

El ex guerrillero de 58 años ingresará al Senado como el líder no oficial de la oposición y es probable que se postulará como candidato a la presidencia cuando el mandato de Duque termine en cuatro años.

“En Colombia tenemos que acostumbrarnos a la idea de tener un presidente de izquierda”, dijo Munir Jalil, economista sénior de Citibank en Bogotá. “Sucedió en Chile, Perú, Ecuador y Venezuela después de que tuvieron gobiernos de derecha. Necesitamos entender que algún día sucederá aquí”.