“Carlos es un hombre que tiene experiencia en el área periodística y de redacción, que dirigió dos medios muy distintos, El Mercurio de Valparaíso y LUN, por lo que su llegada es idónea”. Con estas palabras, Cristián Zegers explica el nombramiento del nuevo director del conglomerado de medios de los Edwards del Río, cargo que […]

  • 2 agosto, 2018

“Carlos es un hombre que tiene experiencia en el área periodística y de redacción, que dirigió dos medios muy distintos, El Mercurio de Valparaíso y LUN, por lo que su llegada es idónea”. Con estas palabras, Cristián Zegers explica el nombramiento del nuevo director del conglomerado de medios de los Edwards del Río, cargo que él deja el próximo 24 de agosto. Entonces el abogado Carlos Schaerer Jiménez, con 56 años, se convertirá en el hombre fuerte de El Mercurio.

Zegers agrega: “Se buscó una sucesión que viniera de la casa. Una fórmula de continuidad”. Ese, dicen desde la empresa, fue el plan que el mismo Cristián Edwards del Río, vicepresidente ejecutivo de El Mercurio SAP, elaboró. “No es algo refundacional”, añaden desde Santa María 5542.

En todo caso, quienes conocen al nuevo “jefe” aseguran que el cambio de liderazgo en El Mercurio es radical: mientras su antecesor es un hombre conocido por su estilo frontal y es de los que parte a reportear él mismo cuando está detrás de un dato, Schaerer es más reflexivo y pausado. “Es una transición muy lógica, por años Carlos fue el segundo, pero son muy distintos, tanto por su diferencia generacional de 20 años, como por su carácter. Cristián encabeza un tipo de liderazgo muy enérgico, nítido, similar al que ejerció Cristián Bofill en La Tercera, mientras que el sello de Carlos es más cordial, más de conversar, menos duro. Las reuniones con Carlos duran 30 minutos; con Cristián, 3”, dice una persona que los conoce bien.

Otro ejemplifica: “Si esto fueran las Fuerzas Aéreas, Carlos sería el ingeniero aeronáutico, el encargado de la seguridad en vuelo, mientras que Cristián sería el bombardero, el que iba al choque y quien manejaba el F-16”.

De salida

A fines del año pasado, Carlos Schaerer le informó a Zegers que el 1 de marzo de 2018 se iba de la empresa. El secretario de redacción, que llevaba 23 años trabajando en el diario, al saber que su jefe se iba de la firma, pensó que su ciclo ahí también se había cumplido. 

Además, había recibido una oferta para trabajar con Cristián Larroulet que lo entusiasmaba bastante. El ex secretario general de la Presidencia asumiría como jefe de asesores del segundo piso del entonces presidente electo Sebastián Piñera y había invitado a Schaerer a incorporarse jornada completa al gobierno. Lo había elegido por su capacidad analítica, en lo político y en lo comunicacional, y su idea era que estuviera en el equipo que hoy integra Mauricio Rojas, en el área de Contenidos y Estrategia de la presidencia.

A fines del verano sus planes cambiaron abruptamente. Cristián Edwards del Río, uno de los seis hijos de Agustín Edwards Eastman, quien murió el año pasado, lo invitó a participar en el proceso de búsqueda del reemplazante de Zegers. Schaerer aceptó.

Hubo otros nombres en carrera, pero varios en el diario daban por obvio que el abogado corría con ventaja –el mismo Zegers empujó su nombramiento–, hecho que se concretó a principios de junio y que se informó formalmente el lunes 23 de julio a las 4 de la tarde.

Entonces Edwards se reunió con los editores para oficializar la salida del actual director. Junto a esto se realizó una reestructuración mayor en el conglomerado editorial: se eliminaron los cargos de subdirectores, por lo que Álvaro Fernández (quien aterrizó en ese puesto en 2013, luego de que Schaerer se fuera de la firma por un año como embajador a Suiza) quedó como director editorial, mientras que Juan Jaime Díaz, también subdirector, quedará a cargo de nuevos negocios además de asumir la presidencia de la Asociación Nacional de la Prensa (ANP), donde representa al medio.

El llamado del head hunter

A fines de 1992 trabajaba como asesor de José Antonio Guzmán, entonces presidente de la Confederación de la Producción y el Comercio (CPC), cuando Rafael Rodríguez, socio de la firma Seminarium, insistía en hablar con él. “Dice que representa a una empresa de head hunters”, le explicó su secretaria ante la insistencia del llamado. Pero Schaerer jamás había escuchado ese concepto y creía que lo que le ofrecerían, sería un tiempo compartido en alguna parte del mundo, algo que estaba de moda por esos años.

Finalmente se reunieron. Le contó que El Mercurio estaba buscando a alguien para colaborar en el área de opinión del diario que entonces presidía el empresario Agustín Edwards Eastman. Schaerer se juntó con el director, Juan Pablo Illanes. Al abogado le atraía la oferta, pero le confesó que tenía una dificultad. “Tengo mala ortografía”, le indicó. 

La conversación avanzó por buen camino, pero cuando llegó el momento de reunirse con Jonny Kulka, gerente general de la empresa, avisó que no tomaría el cargo. “Sintió vértigo”, dice un cercano. El puesto lo requería jornada completa, algo que se había negado siempre a aceptar. Le gustaba dividir su tiempo entre sus clases de Derecho del Periodismo en la Universidad Andrés Bello, su colaboración con la cátedra de Historia del Derecho que dictaba Bernardino Bravo en la Universidad de Chile y Cepech, compañía en la que tenía como socios a Cristián Moreno, Fernando Camacho y Eduardo Avayú.

En ese momento lo llamó Cristián Larroulet, quien era director ejecutivo de Libertad y Desarrollo. Le contó que estaba armando un grupo para asesorar al candidato presidencial de la derecha, Arturo Alessandri Besa. Las posibilidades de ganar eran prácticamente nulas, pero todos los que ahí participaron, entre ellos Alfredo Moreno, lo hicieron porque era una necesidad del sector. Entró en agosto y se convirtió en el secretario general de la campaña: escribía los discursos, analizaba los contenidos y lo acompañaba a terreno.

En esa época lo volvió a contactar Illanes. Le dijo que tenía un cargo de medio día para ofrecerle. En enero de 1994 Carlos Schaerer se convirtió en el redactor de El Mercurio, puesto desde donde escribía editoriales, editaba cartas al director –y mediaba entre los que reclamaban y los periodistas– y se integró al consejo de redacción que por esos años estaba conformado por Lucía Santa Cruz, Hernán Cheyre, Joaquín Villarino, Fernando Zegers, Hernán Felipe Errázuriz, Hermógenes Pérez de Arce, entre otros.

Quienes trabajaron con él en esa época cuentan que al principio apenas hablaba en esas reuniones. “No se atrevía a meter la cuchara”, cuenta un amigo. Hasta que se empoderó. A los dos meses se convenció de que esta era su pasión, dejó todas las actividades en las que participaba y se instaló día completo. Y decidió comprarse una casa en Santa María de Manquehue, a pasos del diario. 

El suizo

En más de una oportunidad, Agustín Edwards Eastman le hizo la pregunta: “¿Carlos, aceptarías un cargo político?”. La preocupación del fundador de El Mercurio, con quien Schaerer tenía gran cercanía, era que en algún momento dejara el diario. La respuesta de su empleado siempre fue la misma: “Solo si, de cualquier gobierno, me ofrecieran la embajada de Suiza”. 

El nuevo director es hijo de Jorge Schaerer y Gloria Jiménez. Su padre, contador auditor, era ejecutivo de General Motors, compañía que durante la Unidad Popular cerró la sucursal en Chile. Como tenía nacionalidad suiza –su abuelo Félix Schaerer fue el primero en nacer aquí–, le dieron la opción de trasladarse a Europa. Así fue como la familia completa se mudó a Biel y Carlos, de entonces nueve años, y sus dos hermanos –uno mayor y otro menor–, todos alumnos del San Ignacio de Pocuro, entraron a un colegio mixto. La experiencia para él fue transformadora. “Estuvo ahí hasta los 14 años y volvió muy segurizado al país”, cuentan.

En Chile era un buen alumno, no sobresaliente, algo disperso y con dislexia. Tampoco se destacaba en deportes: era de los peores del equipo de fútbol mientras que en Suiza era el mejor: fue seleccionado para representar a Biel. “Y se convenció de que era bueno, aunque no lo fuera”, relata un conocido.

Para mantener el idioma alemán, al volver a Santiago sus padres lo matricularon en el Colegio Suizo, donde resaltó por sus buenas notas. Tenía facilidad por los ramos humanistas y estaba decidido a estudiar Pedagogía en Historia y Geografía, hasta que un profesor le aconsejó que no lo hiciera. Así entró a Derecho en la Universidad de Chile, carrera que, según cuentan, le encantó, pero en la que jamás se proyectó. 

Ahí se hizo grandes amigos, entre ellos el empresario Felipe Cubillos (que murió en 2010 en un accidente aéreo); el ministro de Educación, Gerardo Varela, y el sacerdote jesuita Marcelo Gidi: el primero fue su testigo de matrimonio con María Eugenia Bascuñán, con quien tiene cinco hijos; en la casa del segundo celebraron el matrimonio civil, mientras que el tercero casó a su hija y en febrero bautizó a su único nieto. En todo caso, aclaran sus cercanos, sus amigos están más bien acotados al ámbito profesional: está todo el día en el diario y su tiempo lo divide entre su trabajo y la familia. Cero vida social.

Como universitario, junto a Varela, Cubillos, Miguel Cillero, Antonio Bascuñán y otros compañeros de curso –también compartió sala con Ricardo Lagos Weber– formó el Movimiento Universitario Autónomo, que tenía una mirada crítica al régimen militar. “Era una derecha liberal, no guerrera, a diferencia de la de sus contemporáneos Patria y Libertad”, indica Gidi.

Schaerer fue candidato para dirigir el centro de alumnos de la facultad en 1982. No ganó. Dos años después se postuló para encabezar la presidencia de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (Fech). Tampoco fue elegido. 

“Estábamos en los 80, cuando empezaban las marchas, las tomas de la facultad, y él, como dirigente de la derecha, no generaba animadversión. Una de sus características hasta hoy es llamar al diálogo”, agrega el sacerdote jesuita.

Tras salir de la universidad entró al estudio de abogados de Jorge Ovalle Quiroz, donde estuvo tres años, hasta que en 1991 fue reclutado por José Antonio Guzmán en la CPC. Los primeros doce meses fue secretario ejecutivo tiempo completo, y luego, hasta 1993, asesor part time. Esa experiencia le permitió conocer al sector empresarial a fondo, a sus dirigentes y armar redes con líderes de política y opinión, como el entonces director ejecutivo de Libertad y Desarrollo, Cristián Larroulet. 

El bombero

En 1998, Edwards Eastman llegó con una nueva propuesta para Schaerer. Durante una larga conversación, le dijo que quería que él fuera el nuevo director de El Mercurio de Valparaíso. “Para Carlos, aquella era una apuesta muy alta. No aspiraba a cargos de dirección”, detalla un cercano.

Aceptó el desafío que le propuso Edwards. Uno de los que lo alentó a tomar la decisión fue Cristián Zegers, a quien Schaerer considera su guía y ejemplo. Así se convirtió en el hombre fuerte del diario en la V Región, cargo en el que se desempeñó hasta el 2000 y que lo llevó a mudarse junto a su familia a Concón. “Valparaíso es una empresa chica, pero donde había de todo para aprender de este ejercicio: desde imprenta a salas de redacción”, explican desde su entorno. 

Su designación en el periódico regional no estuvo exenta de problemas. “Ni porteño ni periodista”, rezaba un mensaje que llegó a la dirección del diario el día que asumió. Ahí renovó al equipo periodístico, proceso  que se le hizo complejo, pero que revitalizó al medio. Pese a las dificultades, fue bien evaluado por el conglomerado de los Edwards. Y dos años después, asumió como presidente de la Asociación Nacional de la Prensa (ANP), en representación del medio. El mismo año 2000, Edwards Eastman lo llamó para que asumiera la dirección de Las Últimas Noticias, pues Andrés Benítez dejaba esa responsabilidad para irse como rector a la Universidad Adolfo Ibáñez.

Cuentan empleados de El Mercurio, que en ese rol tuvo diferencias con Agustín Edwards del Río, quien entonces era vicepresidente ejecutivo de esa publicación enfocada al área de espectáculos. “Tenían estilos distintos y diferían en la mirada del negocio y el 2002 optó por salir”, asegura un amigo, quien agrega que, pese a ello, “hoy, de los Edwards, es precisamente con Agustín (quien sigue a la cabeza de LUN) con quien tiene más cercanía. El roce no traspasó a nivel personal”.

Entonces se convirtió en el secretario general de El Mercurio y en 2005 se hizo cargo de la edición dominical del diario: supervisaba Reportajes, Enfoques y las revistas. Eso significaba revisar el trabajo de los editores de Política, Eduardo Sepúlveda; Revistas, Paula Escobar; y Economía, Juan Jaime Díaz. Cuentan que con estos dos últimos la relación se tornó algo áspera. Que a ellos les costaba reportar a otra persona que no fuera al director. Y tener que pasar por un tercero se les hacía medio incómodo. 

Su oficina estaba pegada a la del director del diario y terminó siendo el designado para revisar notas complicadas, canalizar los conflictos y reclamos que llegaban al diario. “Era quien apagaba los incendios”, cuenta una persona que trabajó con él. Y se le encargó tener trato directo con algunos líderes políticos y empresariales más complicados, como Francisco Javier Errázuriz y Sebastián Piñera en su época empresarial. Con el presidente mantiene línea directa, y como suele hacerlo para estos casos, el mandatario lo llamó para felicitarlo por el nombramiento.

También cumplía el rol de “filtro” dentro del equipo del diario. Con él se negociaban las vacaciones, el aumento de sueldo, problemas internos y permisos. “Carlos lo anotaba en su tablita de madera con un archivador que jamás soltaba, su lápiz rojo, su lápiz azul, y partía a negociar con Zegers. Salía magullado entero, porque el jefe estaba 24/7 y esperaba lo mismo de nosotros”, indica un colaborador del diario. Eduardo Sepúlveda, director de El Líbero y ex editor de Reportajes, cuenta que “era conocido por llegar con un barco de sushis y chocolates La Fête durante algunos días de cierre, ofrecer botellas de agua mineral que acumulaba en su oficina, y varios, medio en broma, por este tipo de gestos le decían que era ‘la mamá del diario’” (ver columna de Joe Black). 

Como secretario general, Schaerer integraba el consejo de redacción, pero no estaba en la línea periodística del diario. Fue entonces cuando Copesa intentó ficharlo para dirigir Qué Pasa. Como presidente de la ANP, Schaerer había desarrollado una buena relación con Jorge Andrés Saieh, que oficiaba de vicepresidente del gremio y fue éste directamente quien apostó por llevarlo a Vicuña Mackenna. Pese a lo atractivo del planteamiento y la cercanía con el empresario, declinó, convencido de que alcanzadas ciertas responsabilidades dentro de una firma, es imposible cambiarse a la competencia.

En 2016 tuvo un nuevo acercamiento con Copesa. Eso sí, de otra índole. El consejo de ética de la ANP había decidido sancionar a Qué Pasa por el artículo que hablaba de la entonces presidenta Michelle Bachelet (quien terminó demandando al medio) y su vínculo con Caval. El holding de Saieh advirtió que se saldrían de la ANP, y fue Schaerer, como miembro de la entidad, quien logró mediar para que se mantuvieran dentro de la organización.

El “super sábado” y los llamados

En 2006, Cristián Zegers dejó la dirección de La Segunda y asumió el mando de El Mercurio. Fue él quien en 2010, lo nombró subdirector del diario, mientras que a Álvaro Fernández, con quien siempre ha trabajado cerca, lo designaron subdirector editorial; a Francisco José Folch, subdirector de Opinión, y a Juan Jaime Díaz, subdirector de Internacional y Economía. 

En 2011 La Tercera, su principal competencia, trasladó el cuerpo Reportajes del día domingo al sábado. Entonces Schaerer, en conjunto con un equipo de editores, se enfocaron en crear algo que llamaron “súper sábado”: fortalecieron el Cuerpo C, le metieron reportajes más potentes y columnistas de peso. En 2013, en año electoral, él incluyó a Gerardo Varela.

Una persona que trabajó con él recuerda un episodio que lo marcó en esa época. El Colegio Cumbres había presentado una autodenuncia por una situación de abuso. En El Mercurio sabían que el cura cuestionado era John O’Reilly. Reportearon, pero ninguna de las fuentes les confirmó el dato en on y a última hora del cierre del viernes, Schaerer fue contactado por un abogado vinculado a los Legionarios para presionar. Finalmente publicaron la nota sin el detalle de O’Reilly. 

Pocas horas después, la dirección del Colegio Cumbres envió un mail a los apoderados, donde se les informaba quién era el acusado. Así, a las 7 de la mañana del sábado los medios ya tenían el correo y El Mercurio circulaba sin el nombre del religioso. “Carlos lo calificó como algo muy ingrato. Y dijo: a cierta hora, hay llamados que no se pueden atender”, cuenta un colaborador, quien agrega que el nuevo director es una persona católica, miembro del Movimiento Apostólico Manquehue, del Colegio San Benito, donde estudian sus hijos, y pese a ello, les ha dicho que ninguna cercanía debe afectar las decisiones que se tomen en el diario. 

En enero de 2013, Schaerer se alejó de Santa María 5542. El entonces canciller Alfredo Moreno le hizo una invitación que no pudo rechazar: el embajador de Suiza había muerto y lo quería a él en su reemplazo. Durante el año que estuvo en Europa hizo ciertos guiños a la etnia mapuche: incorporó el mapudungún en la señalética del consulado y designó al restaurante “La Casa Chilena”, del líder mapuche Germán Antipán, como organizador oficial de las recepciones de la embajada. 

En Suiza también vive su primo Walter Schaerer, quien trabaja en el principal consorcio de medios de comunicación de ese país, Tamedia.

Papel digital v/s diario online

En junio de 2014 se reintegró al diario. Como su puesto estaba en manos de Fernández, él asumió como secretario de redacción, cargo desde el que se consolidó como el número 2 de El Mercurio. Quienes lo conocen dicen que él mismo ha dicho que la audacia no es su característica, sino más bien la prudencia, templanza y el cuidado. Nunca se le ve enojado y menos subiendo el tono de voz. “Puede darte una sentencia de muerte, pero siempre con buena letra”, explica un cercano. Y agrega: “Es muy parecido a Larroulet: no se alteran jamás, pero eso no pone en duda su poder ni autoridad”.

Sobre los próximos pasos del diario, varios se preguntan si el nuevo director seguirá la línea de la actual dirección, que optó por no hacer una gran transformación digital, sino más bien ofrecer la versión exacta del periódico en la plataforma web. Los que hablan de esto con Schaerer indican que, aunque durante el segundo semestre de este año habrá un cambio importante en el traslado de El Mercurio a las plataformas móviles, con más elementos y herramientas, su opción, al igual que su antecesor, es mantener las cosas tal cual. 

Cree que la cautela con que la empresa ha manejado la apuesta en Internet tiene que ver con el valor que asignan a su contenido y su marca. Piensa que los resultados de muchos medios que se subieron al vértigo de las plataformas digitales ofreciendo todo su contenido de manera gratuita no han sido los esperados. La empresa El Mercurio S.A.P, ha explicado el jurista, apostó fuerte por el mundo digital con Emol, uno de los portales líderes de Chile, y tiene en LUN un medio muy exitoso en Internet. Y para las noticias del día, urgencias y breaking news, están las redes sociales, principalmente Twitter.

De los hermanos Edwards del Río con quienes más dialoga es con Cristián y Agustín, mientras que de los editores sus aliados son Manuel Fernández, de Nacional; Alfonso Peró, de Política; y Daniel Swinburn, de Artes y Letras. Y una de sus preocupaciones por estos días es encontrar a alguien para Economía, área que está descabezada. 

Nadie duda que será Álvaro Fernández el principal apoyo durante su gestión: él estará a cargo del consejo de redacción y de la página editorial, mientras Schaerer verá el resto del diario.