Puede que no se trate de la decisión más preocupante para buena parte de los chilenos, pero la elección del próximo presidente del Banco Central refleja las mismas diferencias internas de la Concertación que evidenció el voto de Chile en el Consejo de Seguridad y que terminaron convirtiendo a esa intrascendente decisión en un caso […]

  • 21 septiembre, 2007

Puede que no se trate de la decisión más preocupante para buena parte de los chilenos, pero la elección del próximo presidente del Banco Central refleja las mismas diferencias internas de la Concertación que evidenció el voto de Chile en el Consejo de Seguridad y que terminaron convirtiendo a esa intrascendente decisión en un caso de polémica popular. Porque cuando un grupo de senadores se reúne para solicitar a la presidenta que designe a Ricardo Ffrench Davis, en el fondo lo que está planteando es su oposición a esa línea más liberal que hoy maneja las riendas económicas del país y que ellos personifican en la dupla de Andrés Velasco y Vittorio Corbo.

Ffrench Davis, economista de la Universidad de Chile, de Cepal y Premio Nacional de Humanidades y Ciencias Sociales 2005, es un nombre recurrente cada vez que toca cambio en el Consejo del Banco Central. Eso explica, seguramente, su inmediata reacción ante el lobby parlamentario: “No estoy disponible”.

Pero ¿quién podría rechazar un cargo de la jerarquía y estabilidad que ofrece este Consejo autónomo? Quizá las dudas se incrementan al tener que asumir con la carga de representar a esta suerte de corriente de pensamiento económico alternativa, porque de seguro que sus partidarios observarán bajo ese prisma sus futuras votaciones en las reuniones de política monetaria.

En cambio, hasta la fecha todo indica que los actuales consejeros han podido actuar independiente de sus respectivas corrientes políticas. Solo así se explica, por ejemplo, que a comienzos de año Corbo, Desormeaux y Marshall (provenientes de distintas visiones políticas) votaran por mantener la tasa de interés en 5%, mientras que De Gregorio y Marfán (un DC y un PS) se inclinaran por reducirla en 25 puntos base. De este modo se entiende que en la gran, pero gran mayoría de las reuniones, todos los integrantes del Consejo votaran de forma unánime.

Después de la “recomendación” de los senadores concertacionistas, la Alianza se encargó de recordar a la presidenta el espíritu con el cual se concibió la integración del Consejo: dos personeros de corriente centro-derecha, dos de la Concertación y un independiente. “Eso ya no se respetó”, se quejó Jovino Novoa, al considerar que solo Jorge Desormeaux representaría plenamente sus intereses.

Pero, por cierto, Vittorio Corbo no es un hombre de izquierda, lo que deja la actual conformación en un 3×2, muy similar a lo que ocurre en otras instituciones de conformación “representativa”. Lo que sería absolutamente novedoso para la historia autónoma del Central es que la presidenta optara definitivamente por el 4×1, mientras que la propuesta de Camilo Escalona (de aumentar a siete los consejeros) no haría más que extender el mismo problema actual.

Probablemente, lo que la mayoría de los agentes económicos espera es una señal de independencia por parte de la mandataria, como muchos le reconocen a Lagos cuando nombró al mismo Corbo. Aquí la opción de abstenerse, para desconsuelo de ella, no existe.