Las turbulencias en el comité político están lejos de amainar. Desde RN y la UDI hay una ofensiva en marcha por sacar a los ministros Gonzalo Blumel y Karla Rubilar. Dicen que no están representando a su electorado duro. En La Moneda saben que el estilo de sus nuevos ministros irrita a sectores tradicionales de la derecha que quieren “mano dura”.

  • 24 enero, 2020

No solo de problemas externos vive el gobierno. Una cierta tirantez se respira en los pasillos de La Moneda. Las críticas al comité político integrado por Gonzalo Blumel en Interior, Karla Rubilar en vocería y Felipe Ward en la Presidencia, ya son públicas, pero la pregunta que ronda en Palacio es si el Presidente Sebastián Piñera cederá o no a las presiones de la UDI y sectores de RN para hacer un nuevo ajuste de su equipo político antes de marzo.
Son muchos los factores que explican el fuego cruzado del oficialismo, pero como telón de fondo está el diagnóstico de que hay un sector de la derecha que ya no se siente representado por el gobierno. “Estamos perdiendo a nuestro electorado. Nuestra gente quiere más mano dura, una actitud más firme, un estilo más como el de Marcela Cubillos que la amabilidad de Rubilar o Blumel o de figuras como Mario Desbordes. Así hay que entender las declaraciones de Carlos Larraín cuando dice que Desbordes no representa la mentalidad de la derecha”, sostiene un parlamentario de RN.
Lo que a fines de octubre –cuando fue el cambio de gabinete- parecía una buena apuesta de Sebastián Piñera al optar por ministros más cercanos y con lenguaje ciudadano, hoy es visto por los sectores de la derecha histórica como una mala estrategia.
¿Por qué? En lo esencial porque consideran que ese modo más amable los ha hecho perder su base de apoyo y que habría que tener “una actitud menos ‘entreguista’ con la oposición”, añade la misma fuente.
Pero además de la mirada estratégica, la UDI tiene críticas puntuales con el ministro Gonzalo Blumel, a quien le endosan un débil manejo en temas de orden público y de seguridad y, además, lo acusan de haber generado un tensionamiento con el ministro Secretario General de la Presidencia, Felipe Ward.
Dicen en La Moneda que los reclamos del ministro Ward y de la UDI llegaron hasta el despacho presidencial. “Gonzalo no le dejaba espacio. Los primeros meses siguió operando con el Congreso como si no hubiese cambiado de cartera, y a Felipe lo dejó sin rol. Lo obstruyó. Eso generó mucha molestia”, dice una alta fuente de gobierno.
Y lo que no se dice, pero está latente, es que la UDI resiente el débil apoyo que -ellos dicen- se le entregó a Andrés Chadwick en la acusación constitucional. Eso es desmentido por personeros de gobierno.
También hubo un “problema de roles” entre la vocera y Blumel, porque en la primera etapa fue ella la que terminaba respondiendo las preguntas de los periodistas relativas a temas de violencia, manifestaciones, violaciones a los derechos humanos.
“Ella estaba recién empapándose de su rol de vocera y le tocaba referirse día a día de asuntos que eran claramente del ministro del Interior”, explica una fuente de gobierno.
El tema ya se dio por superado hace un mes. Fue una conversación personal y cercana entre Blumel y Rubilar en que ordenaron el papel que le correspondía cumplir a cada uno.
Se señala que, aunque no son amigos, tienen una buena relación porque comparten una mirada más progresista de lo que se debiera hacer.
La falta de “afiatamiento” es mención obligada, pero el tema de fondo –se afirma- es que no hay tiempo para seguir esperando porque en el horizonte cercano está el plebiscito para una Nueva Constitución. “El proceso constituyente es como un tablero de ajedrez. Las piezas para ganar esa partida no son las adecuadas y no se puede seguir exponiendo al Presidente. El debe estar por sobre el bien y el mal. Es su comité político el que debe tomar acciones más concretas”, señala un alto dirigente del oficialismo.

La comparación

La falta de sintonía entre el equipo entrante fue un tema que el propio Presidente abordó con Blumel, Rubilar y Ward. Les pidió expresamente que no mostraran grietas y trabajaran más en equipo.
Hay una comparación que ha tomado fuerza en estos días, y es el modo de operar que tenía Andrés Chadwick, Cecilia Pérez y Blumel, el gran círculo de hierro de Piñera.
Hay dirigentes de la UDI que reclaman que la gran debilidad del gabinete es que no hay un pánzer en La Moneda y que la ausencia de complicidad en su nuevo equipo es una debilidad para el mandatario.
Tanto en RN como en la UDI repiten que el comité político anterior –Chadwick, Blumel, Pérez- jugaba de memoria. La confianza estaba sembrada y cada cual apañaba al otro en sus debilidades. El esquema era: Chadwick actuaba como el conciliador; Pérez era frontal, con declaraciones al choque, y Blumel abría los caminos para sacar las leyes en el Congreso.
“Era tanta la confianza entre ellos, que quedaba poco espacio para las fisuras. Es notorio que este nuevo equipo no está acostumbrado a cuidarse las espaldas y es porque no tienen confianza entre ellos”, dice un ex ministro que conoce bien el ambiente interno.
Pero además de la cercanía con el Presidente, en el oficialismo se subraya que antes los partidos se sentían plenamente representados en el gabinete. Chadwick era un líder natural de la UDI; Cecilia Pérez un ancla firme con RN y Blumel el puente con Evópolis. Hoy, Karla Rubilar es vista como una férrea piñerista, pero sin espalda política. Tiene el apoyo de Mario Desbordes, pero muy poca interacción con el mundo parlamentario de RN. Felipe Ward es un militante de la UDI, pero no le otorgan el carácter de ser un peso pesado.
“Antes había una estrategia y nuestro electorado se sentía totalmente representado”, señala con preocupación un dirigente de UDI.
Como contraparte, los ministros actuales han comentado lo injusta que les parece la comparación. Primero, dicen, porque el equipo anterior venía caminando juntos desde el primer gobierno de Piñera y luego durante cuatro años en la Fundación. Eran amigos. Segundo, porque es bastante más difícil gobernar con una aprobación del 6% que con el 25% y en un país donde la normalidad estaba asegurada.
“Este comité político llegó a Vietnam. Cada uno tuvo que hacerse cargo de su ministerio en plena crisis, con violencia en las calles, con incertidumbre constante, con urgencias diarias. Es otro el panorama”, afirma un funcionario de La Moneda.
Por separado, cada ministro tiene buena relación. Pero aun no funcionan como una “tríada”. Recién hace un mes comenzaron a armar reuniones estratégicas en conjunto los jueves en casa de Blumel. Además de Rubilar y Ward asisten los ministros Sebastián Sichel, Ignacio Briones,
el jefe del segundo piso, Cristián Larroulet, la jefa de gabinete del Presidente, Magdalena Díaz, el director de la Secom, Cristián Rendic, el encargado de prensa de Presidencia, Juan José Bruna, y ahora se sumó el periodista Alfonso Peró, el nuevo fichaje del Presidente en el área de las comunicaciones.
La idea de esa reunión es funcionar más en equipo y con una mirada estratégica en cada uno de los tema de la agenda. Mostrar más músculo.

¿La débil voz de la vocera?

Muchas de las críticas provienen de parlamentarios de RN y apuntan directo a la vocería. Un diputado de ese partido sostiene que uno de los problemas es que Karla Rubilar no logra tener un rol claro y anclado en RN y que sus pautas de vocería son muy débiles.
“Por un lado, no tiene la capacidad de retrucar al Presidente como sí lo hacia Cecilia Pérez. Y eso es malo porque un mandatario siempre requiere tener varios puntos de vista. Pero, además, no puede ser que el día que salió la encuesta CEP, la vocera haya estado en Magallanes y no en La Moneda haciendo un punto de prensa. Da la impresión de que es una vocera sin voz. Y sucede que, muchas veces, el que termina dando las vocerías es el propio Piñera”, afirma un senador de RN.
Llama la atención que algunos parlamentarios de ese partido hablen de “Karlita” para referirse a la ministra.
Pero en el entorno más cercano a Rubilar dicen que hay una “operación en curso” para debilitar al conjunto del comité político. En su caso, ella optó por una estrategia comunicacional anclada en la ciudadanía más que en la política.
“La ministra entiende que esta es una crisis social, que lo que se requiere es ir a terreno, reunirse con las autoridades intermedias, bajar una línea comunicacional en lugares donde no hay tanta claridad respecto a lo que está haciendo el gobierno. Seguir apuntando solo al mundo político o al electorado duro es no entender el sentido más profundo de lo que ha pasado”, dice un dirigente cercano a la vocera.
Se señala también que fue el propio Presidente Piñera quien le dijo que hiciera dos vocerías semanales y que le pareció bien su propuesta de concentrar su trabajo en un ámbito más ciudadano. “Al gobierno se lo crítica por no tener un corazón en lo social. Bueno, Karla decidió bombear ese corazón, abrir un dialogo con la gente Es su aporte político. Lo que se requiere es hacer un ‘tejido social’. Y esa es su impronta”, afirma un ntegrante del círculo cercano a la Secretaría General de Gobierno, quien recuerda que las habilidades blandas de la ministra son incuestionables. “Por eso la eligió el Presidente”.
Además, en su círculo cuentan que Rubilar es partidaria de que Piñera salga más a terreno, que sea él quien dé los grandes anuncios y también darle espacio al resto del gabinete. “Aquí tenemos que mostrar que hay gobierno con un plantel diverso. Repartir las vocerías es un modo de socializar mejor con la gente”, señala el funcionario y añade: “Es una pena. No entienden que ella representa una impronta nueva”.
Algunos dicen que hay un problema de diagnóstico respecto de lo que el gobierno debe hacer desde marzo en adelante. Están los que quieren endurecer posiciones y aquellos que consideran que el estilo de Briones, Blumel y Rubilar es clave para cruzar el 2020.
Para los primeros, el cambio de gabinete es urgente y necesario. Y ya hay nombres circulando a nivel de rumores. Comentan que la UDI quiere nuevamente el ministerio del Interior y sus cartas serían Hernán Larraín o Víctor Pérez. También suena Claudio Alvarado. RN en tanto estaría por promover al comité político al titular de Vivienda, Cristián Monckeberg, y hasta el nombre de Andrés Allamand aparece por momentos, aunque casi todos lo consideran muy improbable.
En los partidos se reitera, incesantemente, que el gobierno debe hablar más claro y elegir a sus interlocutores. Para el entorno cercano a los ministros de La Moneda, la sensación es que hay una elite de la derecha que no se siente representada por ellos en un momento en que se ven muy vulnerables frente a los cambios que está pidiendo el país.
Y otro dirigente de RN añade que, el mar de fondo es que hay un sector de la derecha que siente que ya entregó demasiado al abrirse al proceso constitucional.
En ese mismo entorno admiten que anda dando vueltas la nostalgia de presionar a Piñera, tal como sucedió en su primer gobierno cuando arreciaron las criticas de que faltaba experiencia política y se llamó a Pablo Longueira, Allamand y Evelyn Matthei. “Quisieran repetir ese escenario, pero no entienden que esta es una crisis social y de confianza, no es política. De esta salimos todos juntos o no salimos”, remata un asesor del gobierno.