El economista chileno Ricardo Caballero ha sido testigo privilegiado de todas las últimas crisis y sus desarrollos posteriores. Desde su rol como profesor del Massachussetts Institute of Technology (MIT) y asesor de un hedge fund en Nueva York ha presenciado, opinado y modelado cada una de las grandes tormentas de este verdadero invierno financiero que […]

  • 22 marzo, 2013
Ricardo Caballero

Ricardo Caballero

El economista chileno Ricardo Caballero ha sido testigo privilegiado de todas las últimas crisis y sus desarrollos posteriores. Desde su rol como profesor del Massachussetts Institute of Technology (MIT) y asesor de un hedge fund en Nueva York ha presenciado, opinado y modelado cada una de las grandes tormentas de este verdadero invierno financiero que cayó sobre el mundo a contar de 2008.

Hoy, en medio de las confusas señales que la economía global ha estado ofreciendo, decidió entregar su visión. Caballero habló con Capital primero desde Boston, durante apenas unos minutos. Días después, la conversación se reanudó en su despacho en Nueva York. Aunque admite que hay riesgos por todas partes se le ve moderadamente optimista en cuanto a Estados Unidos, Asia y Chile. Mantiene, eso sí, su pesimismo sobre Europa.

Ingeniero comercial de la Universidad Católica –de donde egresó en 1983– a lo largo de su carrera, Caballero se ha desempeñado además como investigador visitante y consultor del Banco Central Europeo, la Reserva Federal, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y varios bancos centrales de diversos países.

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Experto en teoría monetaria y finanzas, sus trabajos lo han convertido en uno de los economistas latinoamericanos más recurridos. Su teoría de que la crisis actual se produjo por una inédita confabulación de falta de activos seguros y una creciente demanda mundial por éstos ha sido profusamente citada, debatida y estudiada en los círculos académicos globales.

Esos análisis sobre desbalances, financiamiento externo, ataques especulativos, burbujas y crisis lo tienen convertido en número puesto en seminarios y conferencias. Se ha acostumbrado a jugar en las grandes ligas mundiales, el star system de la academia. Por sus menciones en la prensa internacional, pasa parte importante de su tiempo en charlas y seminarios y nunca deja de cotizar al alza: se dice que fue uno de los pocos que fueron capaces de anticipar esta crisis.

En 2009, cuando todos suponían que lo peor ya había pasado, el economista fue una de las pocas voces que alertó sobre la subsistencia de los desequilibrios globales. En Chile, varios se sorprendieron cuando lo dijo en un seminario del Security. Sus palabras sonaron como una bofetada, por decirlo de forma suave.

Sobre la situación actual, Caballero ha dicho que tanto Ben Bernanke, presidente de la Reserva Federal como Mario Draghi, del Banco Central Europeo, han comprendido bastante bien el problema. Tanto Bernanke como Draghi son ex alumnos de MIT.

Actualmente, Caballero es profesor titular de la cátedra Ford de Economía Internacional del MIT, universidad donde obtuvo su doctorado en 1988. Hasta 2011 fue el jefe del Departamento de Economía de esa casa de estudios, cuando decidió tomarse un año sabático para dedicarse entre otras cosas al hedge fund QFR Capital Management en Nueva York junto al también economista chileno José Luis Daza.

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Además sigue oficiando de co-director del influyente World Economic Laboratory del MIT, que en 1992 fundaron el hoy fallecido Rudiger Dornbusch, el mismo que a comienzos de 2002 aconsejó intervenir Argentina para manejarle desde la moneda hasta los impuestos y por Stanley Fischer, el recientemente renunciado gobernador del Banco de Israel y ex vicepresidente de Citigroup.

Secuestro fiscal: “Problema de segundo orden”

Alejado de los tópicos neoliberales y keynesianos, Caballero es considerado ante todo un pragmático, que tiene a Paul Samuelson como uno de sus maestros más importantes. Tanto, que un retrato suyo cuelga junto al de Ghandi y otros próceres de unas de las paredes de su oficina en el piso 37 de las esquinas de la 6ta y la 42 en Manhattan.

-Los últimos datos están mostrando una mejora en la economía Estados Unidos. ¿A su juicio es sustentable esta mejoría?

-Sí. El sector construcción se está recuperando en forma sostenida, aunque de una base muy baja. Luego, el efecto sobre el empleo es lento. El efecto riqueza del alza del precio de las acciones y de las propiedades empieza a notarse. El entusiasmo por la explotación del “shale gas” y sus efectos sobre el precio de la energía doméstica se escucha en forma tenue, pero creciente. Por supuesto, que contra todo esto aparece la exasperante incompetencia e intransigencia de los poderes Ejecutivo y Legislativo de Estados Unidos…

-¿Lo dice por el debate en torno a la pertinencia de las políticas de austeridad? Se lo pregunto por el “secuestro fiscal” y su impacto en la economía de Estados Unidos…

-En esta discusión se confunden peras con manzanas. No cabe duda que un ajuste fiscal desacelera el crecimiento en el corto plazo. Pero la pregunta relevante es quién paga si no hay ajuste. En esto hay dos opciones: o pagan otros países, como lo quiere hacer la periferia de Europa con Alemania. O lo pagan distintos segmentos de la misma sociedad (presente y futura), como es la discusión en Estados Unidos. Este es esencialmente un problema político.

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Volviendo a su pregunta específica, creo que el “secuestro fiscal” es un problema de segundo orden en Estados Unidos, comparado con todos los elementos positivos ya descritos, siempre y cuando no haya un efecto rebote como resultado de una polarización aún mayor en Washington que lleve a un aumento significativo de la incertidumbre respecto de la política económica. No es el escenario central.

Europa: “No estoy muy optimista”

-Y el resultado de las elecciones italianas…

-En cuanto a Italia, lo que vimos es el gran peligro de un ajuste prolongado, que es terreno fértil para populismo e ignorancia. No estoy muy optimista respecto del destino de la zona euro en el mediano plazo, precisamente porque es una invitación continua a “payasadas” como la de la elección italiana.

-¿El ajuste en Europa se seguirá alargando?

-La naturaleza y velocidad de la crisis del euro cambió dramáticamente a partir del discurso de Draghi garantizando que el Banco Central Europeo apoyaría sin límites a países en dificultades si entran en un programa supervisado. Esto le puso un techo a las tasas en los países de la periferia. En este sentido, la fase aguda de la crisis pasó por ahora.

Pero, por otro lado, el problema de fondo no ha cambiado: Hay enormes diferencias al interior de la zona euro, tanto en su competitividad y crecimiento, en la salud fiscal, en la etapa de sus ajustes internos, y en el capital político que tienen sus líderes. No estoy muy optimista

– Al inicio de la crisis de las naciones del sur europeo muchos atribuyeron sus causas a los desequilibrios derivados del estado de bienestar. ¿Es ese un diagnóstico que comparte?

-No es igual en todos los países. En Irlanda, por ejemplo, poco tuvo que ver el estado de bienestar. Y el caso español corresponde a una burbuja inmobiliaria, luego, tampoco está relacionado.

Pero lo que sí es cierto es que dado el ajuste que tienen por delante, y la necesidad de mejorar su competitividad, la periferia de Europa, e incluso algunas economías del centro, como Francia, no podrán darse el lujo de mantener el modelo económico y de bienestar anterior a la crisis.

-¿Es la austeridad el mejor camino que pueden seguir las naciones europeas complicadas para salir del atolladero?

-Es un componente inevitable del ajuste, pero no sirve de mucho si no viene apoyado de medidas dedicadas a mejorar la oferta agregada.

-Tras la recesión, ¿qué viene en la región? ¿Se hicieron las reformas necesarias para que el enfermo no sufra una convalecencia?

-No creo que podamos hablar del fin de la recesión en Europa todavía, especialmente para la periferia. A Italia, por ejemplo, aún le queda mucho en término de reformas, y los eventos políticos recientes no hacen muy probable que éstos ocurran en el corto plazo.

“Mejor nos acostumbramos”

-¿Le parece necesaria a estas alturas de la crisis, una depreciación del euro?

-Ciertamente que les ayudaría tener una depreciación, y eventualmente la tendrán, por las buenas o por las malas, pero esto no les ayuda mucho a resolver los desbalances que tienen al interior de la zona euro, que son mucho más importantes que los que puedan tener con el resto del mundo.

-Se está empezando a hablar bastante de un nuevo brote inflacionario a nivel internacional. ¿Lo ve posible?

-Hay focos de inflación en varias partes del mundo. Incluso en nuestra región, donde además de los casos de siempre, Brasil vuelve a tener problemas en este frente. En los países emergentes, tendremos presiones continuas por el lado de los no-transables. En el mundo desarrollado, todavía hay mucho exceso de capacidad para que la inflación se transforme en un problema importante.

-¿Existe hoy un riesgo real de devaluaciones para hacer más competitivos algunos países? ¿Cree factible que se desate una guerra de divisas como se ha estado planteando en las últimas semanas?

-Parte del ajuste mundial consiste en una depreciación de las monedas de países desarrollados con respecto a las de los países emergentes. El Reino Unido ha sido muy agresivo en esto, y ahora Japón se une. La zona euro, como siempre, va atrasada en este proceso. Por otro lado, Estados Unidos, a medida que se recupera, se aprecia respecto de sus pares. Todos estos movimientos están dentro de lo natural, y tienen mucho de tendencia de mediano plazo. Mejor nos acostumbramos.

-¿Aún cree importante supervigilar de cerca el efecto de los flujos de capitales sobre el sistema financiero?

-Por supuesto. Todas las crisis importantes pasan por el sistema financiero, ya que está por naturaleza altamente apalancado. Pero supervigilar no significa súper-regular. Por el contrario, vigilancia de muy cerca es un sustituto de regulación asfixiante.

“No sé si Chile tiene una burbuja”

-El anuncio de China de volcarse hacia al consumo interno, ¿es una buena noticia para países como Chile?

-No sé si es una noticia. Este “cambio” de estrategia, así como la desaceleración del crecimiento de mediano plazo de China, han sido internalizados hace bastante tiempo. Además, éstos no son un capricho de ellos, sino que una respuesta a los cambios en precios relativos internos y de salarios, que han ido ocurriendo naturalmente a medida que crecen. Hoy en día, China es mucho más grande que una década atrás, luego, aunque caiga su tasa de crecimiento, cada punto de esta nueva tasa de crecimiento importa más para el mundo y Chile en particular.

Hay gente que habla del final de un gran ciclo de commodities, lo que es una manera rebuscada de decir que la oferta ha alcanzado a la demanda, pero no está nada de claro que esto haya sido así para el cobre, y mientras más cables tengan que instalar los chinos en su gran proceso de urbanización, mejor para Chile. Creo que queda de esto para rato.

-¿Ve hoy algún riesgo para la economía chilena en medio de este escenario global actual?

-El mundo está lleno de peligros. Europa no está para nada estabilizada. En Estados Unidos la administración y el Congreso se preocupan más de sus campañas políticas que de la economía. En la región, Argentina está cada día más complicada; Brasil no repunta, y Venezuela, aunque más distante de nuestra economía, se complicará. Pero también hay buenas noticias, como la recuperación de Estados Unidos a pesar de sus políticos, el repunte de China, la reacción japonesa… Así es la economía, siempre hay algo de qué preocuparse, y algo de qué alegrarse… y al final, lo que nos pega es algo nuevo e inesperado…

-Se ha debatido bastante en Chile sobre la existencia de una burbuja inmobiliaria. A fines del 2012 el Banco Central tocó el tema y alertó al respecto. Dada la experiencia de Estados Unidos, ¿cree usted que esta forma de “intervención” es una política adecuada?

-No sé si Chile tiene una burbuja o no, pero en este ambiente de bajas tasas de interés a nivel internacional no me extrañaría que viéramos burbujas inmobiliarias en muchos lados. Nuevamente, acá lo más importante es vigilar la exposición del sistema financiero. Sin apalancamiento significativo, los reventones de burbujas no tienen mayores consecuencias.

-Respecto de América Latina, ¿cree que Brasil realmente se desacelerará, mientras que México se acelerará?

-En este momento hay mucho optimismo internacional con respecto al nuevo gobierno mexicano. El arresto de una corrupta líder sindical y el ataque a los monopolios protegidos de Carlos Slim, han dado una muy buena señal inicial. Si esto lo siguen con reformas en el sector energético, tendrán un empujón muy fuerte, especialmente si Estados Unidos continúa en su recuperación.

Brasil está en una situación complicada, porque aunque usa todos sus recursos, no logra crecer y la inflación empieza a complicarlos. El gobierno ha confundido problemas de oferta agregada con problemas de demanda agregada. Se van a encontrar con una sorpresa desagradable si no reaccionan luego. •••

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“Venezuela tiene un año extremadamente complicado”

Salvo algún imponderable de último minuto, todo indica que en Venezuela el actual presidente interino Nicolás Maduro ganará las elecciones del próximo 14 de abril. El heredero designado por el difunto Hugo Chávez se enfrentará al opositor Henrique Capriles.

Asumiendo la previsible victoria de Maduro, Caballero piensa que el país sudamericano enfrentará días difíciles. “Venezuela tiene un año extremadamente complicado por delante desde el punto de vista económico, y seguramente esto se retroalimentará con inestabilidad política. Esto impactará a Cuba y otros países habituados a vivir de los recursos de Venezuela, pero dudo que todo esto tenga mucha relevancia para Chile”, sostiene.

Y sobre la figura de Chávez añade: “perdió hace tiempo su carácter de líder regional, más allá de lo pintoresca de sus intervenciones. El desastre de Venezuela, que ha despilfarrado un enorme shock positivo de términos de intercambio, está visible para todos”.