Se calcula que fueron unos 400 mil empleados públicos los que, en distinto grado, se acoplaron a las movilizaciones que por cuatro días mantuvieron paralizados a servicios de la trascendencia de Aduanas o de la masividad de los jardines infantiles o los hospitales. Los diputados Monckeberg y Sepúlveda (ambos, RN) concluyeron, en base a un […]

  • 26 noviembre, 2008

Se calcula que fueron unos 400 mil empleados públicos los que, en distinto grado, se acoplaron a las movilizaciones que por cuatro días mantuvieron paralizados a servicios de la trascendencia de Aduanas o de la masividad de los jardines infantiles o los hospitales. Los diputados Monckeberg y Sepúlveda (ambos, RN) concluyeron, en base a un estudio del Instituto Libertad, que la administración Bachelet pasó a liderar el ranking de paralizaciones nacionales, con un promedio de nueve al año.

Aunque las cifras pueden ser discutibles, lo cierto es que el descontento social ha encontrado en las protestas públicas un mecanismo eficiente de expresión y una herramienta útil para la defensa de sus intereses. El mismo gobierno lo comprobó en carne propia, a poco de llegar a La Moneda, con la movilización pingüina. Hay quienes sostienen que la propia debilidad de las autoridades (reiteradamente incumpliendo su consigna de no negociar bajo presión) sirvió de cultivo para este incremento de las protestas (incluso, la ANEF convocó al paro cuando aún no concluía la mesa de negociación con el gobierno). Otros advierten un complejo cuadro de descontento social, azuzado por los efectos de la crisis económica y, especialmente, el deterioro del poder adquisitivo de manos de la inflación. En el caso específico de la movilización del sector público, también se debe incorporar en el análisis la incoherencia del Estado entre las políticas laborales que defiende y su realidad como empleador (la que se grafica, por ejemplo, en el alto número de trabajadores “históricos” que subsisten a honorarios).

Independiente de las razones (que, probablemente, responden más a una mezcla de factores), lo evidente es que las movilizaciones están cumpliendo su objetivo y que las organizaciones que las convocan han ganado fortaleza; exactamente a la inversa de lo ocurrido con los negociadores del gabinete.