Con 40 negociaciones colectivas en el cuerpo, Marco López se ha convertido en el dolor de cabeza de las empresas mineras. Abogado hábil y estudioso, tiene gran incidencia entre los trabajadores, quienes usualmente siguen al pie de la letra sus consejos. No le teme a la huelga, porque en momentos, dice, es la única herramienta que existe para proteger los derechos de los empleados del sector. En Escondida pasó momentos difíciles, pero terminó doblándole la mano a la minera.

  • 23 agosto, 2018

Habían aguantado más de 40 días instalados en un campamento de huelga a 300 metros de la mina, en el desierto, con altas temperaturas durante el día, y con varios grados bajo cero en las noches. Los 2.500 trabajadores de Escondida debían tomar la decisión de quedarse con los 11,5 millones de pesos que les ofrecía su empleador, BHP Billiton, para dar fin a lo que ya era más de un mes de paralización de faenas. Cuando esos miles de trabajadores, en ese mismo campamento, decidieron seguir “el consejo” del abogado sindicalista Marco López, e irse para la casa sin ni un peso, para volver a negociar en 18 meses, el profesional, en medio de todos ellos, se puso a llorar. Y entonces los mineros lo ovacionaron.
Eso, que pasó en marzo de 2017, conmovió a este abogado, quien lleva 20 años asesorando sindicatos y tiene en el cuerpo más de 40 negociaciones colectivas de la gran minería, en donde frente a él, en una misma mesa, han estado representantes del grupo Luksic, Bethia y de Codelco.
Ese día, López se emocionó porque supo, en ese minuto, que contaba con la confianza de miles de mineros, clave según él, para que cualquier conversación con una gran compañía sea exitosa. Además, comprobaba, de paso, que la autonomía sindical, un principio que él pone como condición antes de involucrarse en cualquier negociación, había cobrado sentido.
López, santiaguino pero criado en Antofagasta, 50 años, temido en la industria por ser un negociador hábil y duro, estudioso y meticuloso, y llevar al extremo sus argumentos jurídicos –y vacíos legales– para concretar su plan legal, considerando la huelga como un elemento intrazable, cuando ve atisbos de que los empresarios “juegan” sólo en beneficio propio en desmedro de los trabajadores, se presenta como un defensor de quienes conforman los sindicatos. Por lo mismo, nunca está disponible –“ni lo estará nunca, a pesar de haber tenido ofrecimientos concretos”, aseguran– para asesorar empresas.
Una cuestión de principio, dice él, que es algo casi genético, que le viene del recuerdo de su madre, quien fue presidenta regional de la Agrupación Nacional de Empleados Fiscales (ANEF), e inspectora del trabajo por 27 años, y “después de viajar a un seminario en Estados Unidos, fue exonerada por (Augusto) Pinochet, por las presiones que existían de que era una mujer peligrosa: defendía con demasiada pasión al mundo trabajador, que era mejor tenerla lejos”, cuenta López, quien hoy lidera el estudio de abogados “Servicios Profesionales Especializados”. En ese bufete, que se encuentra en el centro de Antofagasta y que no tiene página web, trabajan cinco personas y se suman otros tantos cuando los problemas son más complejos.
Marco López e Ivonne Salfate, su mujer –abogada de la UC– ya son viejos conocidos en el “planeta sindical”, y cuando los requieren, todo el mundo sabe cómo llegar a esta dupla, donde él juega un rol principal en la elaboración de la estrategia, en cada uno de los conflictos que toma, mientras ella tiene ascendencia sobre los mineros, con quienes asume una relación muy cercana, no siendo raro encontrarla conversando con ellos en las carpas que se levantan cuando se encuentran en pleno proceso de negociación, un elemento estratégico para tenerlos alineados.
En la negociación de Escondida con su sindicato, que terminó la semana pasada –y que incluyó un bono de 18 a 19 millones de pesos–, López volvió a ser el asesor de la organización liderada por Patricio Tapia.
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Aunque no cobra siempre lo mismo, en la negociación con Escondida, López pidió exactamente 3,7 UF por trabajador: 259 millones de pesos, que como en la mayor parte de los casos proviene de los mismos fondos que las mineras entregan a los sindicatos para las negociaciones colectivas, y que ellos pueden disponer libremente. En todo caso, esa cifra incluyó la actual negociación, que terminó la semana pasada, sin necesidad de concretar la huelga.
El gobierno monitoreó todo el tiempo este conflicto, que de haberse convertido en huelga habría generado serios efectos en la economía nacional. Por lo mismo, desde el Ministerio del Trabajo sabían que para facilitar las conversaciones entre las partes e influir para que ambas intentaran llegar a un consenso había que mirar a todos los actores involucrados. Y López era uno de ellos.
En el proceso dicen que el el abogado terminó “ganándole a la compañía”, porque no sólo logró subir el bono de fin de conflicto que recibirán los trabajadores y aumentar el reajuste del salario real de 1,5 % a 2,8 %, algo a lo que BHP Billiton se había resistido, sino que además consiguió que la empresa no eliminara el plan habitacional para ninguno de los empleados, incluidos los nuevos, además de mantener los beneficios en salud, cuestión que la firma también intentó modificar.
Desde la minera, sin embargo, explican que López tuvo un momento de quiebre importante, que también lo hizo allanarse y cambiar el tono inflexible que había imperado en la negociación. Esto cuando la DT consideró ilegal una estrategia que él había levantado con insistencia: que los trabajadores terminaran las conversas, llevándose el bono de la última oferta que les había dado la minera, y volver a negociar en 18 meses. Cuando eso sucedió, explican desde el sindicato, algunos trabajadores lo cuestionaron, y ahí se quebró su apoyo. Aunque López lo matiza. Reconoce que fue un momento delicado, pero insiste que jamás hubo más de un 10% de mineros desalineados. Además recalca que la resolución de la DT fue realizada por el director subrogante y no por el titular, lo que impedía validar ese dictamen, sobre todo después de que él presentó una demanda en el juzgado de Antofagasta –que mantuvo en total reserva–, lo que según él impidió al director nacional de la DT aprobarlo.
La idea entonces era seguir esa arremetida para invalidar la resolución en Tribunales, cosa que con el acuerdo no fue necesario. “La empresa nos entregó, sin darse cuenta, un seguro de vida: ofreció un bono de 14,5 millones de pesos, incluso si nos íbamos a huelga”, dice López, como para recalcar que al interior del sindicato primó siempre la calma, a pesar de las dificultades.
Al analizar las últimas tratativas, Mauro Valdés, abogado minero, y quien ha estado involucrado en negociaciones colectivas, considera que el modelo de negociación que lideran especialistas como Marco López, de convertirlas en una conversación centrada en el bono, desnaturalizan el proceso histórico y natural, porque estos asesores no tienen una visión de mediano y largo plazo de las compañías y temas más estratégicos”.
López piensa justamente lo contrario: aunque lo han mantenido en bajo perfil, él consiguió que todos los trabajadores –y no sólo los que trabajan en la mina–sean considerados como tal en el contrato colectivo, algo que, agrega López, la minera intentó eliminar a toda costa.
De todas formas, entre las críticas que le achacan, hay quienes insisten en que tiene demasiado poder sobre los trabajadores y que por lo mismo tanto la empresa como el gobierno se frustran al negociar con él.
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Marco López es abogado de la Universidad de Chile, de la generación de figuras reconocidas como Carolina Goic, Álvaro Elizalde y Alfonso de Urresti. Entonces él militaba en el Partido Radical, pero después de algunos años decidió renunciar. Nunca ha trabajado en Santiago, y su eje de acción se encuentra en Antofagasta, donde funcionan gran parte de las mineras. Comenzó trabajando como abogado auxiliar de la corporación de asistencia judicial en esa región, entidad estatal que ofrece asistencia a quienes no tienen recursos, hasta que se convirtió en su abogado jefe. Paralelamente comenzó a tomar juicios laborales. Fue en ese lugar donde conoció a su mujer con quien tiene tres hijos.
Por medio de ella, de hecho, comenzaron a asesorar al primer sindicato al que pertenecía sólo un pequeño grupo de trabajadores, hasta que en 2003 se convirtió en el asesor de las primeras negociaciones colectivas de Escondida. “Fue bastante exitosa, no sólo por lo que conseguimos económicamente, sino que porque logramos pasar de 400 socios a 1.400 trabadores sindicalizados, lo que empoderó a la organización en la base laboral y comenzó a tener mucha incidencia”, indica el jurista. De paso, fue su propio punto de inflexión: muchos otros sindicatos le tocaron las puertas.
Durante los últimos años, López ha viajado con dirigentes sindicales a Cuba en varias oportunidades para revisar la realidad laboral en Latinoamérica, los temas que aquejan a los trabajadores y compartir experiencias entre ellos.
Pero cuando las cosas no le gustan, el abogado actúa. Fue uno de los creadores de la Federación Minera de Chile, fundada para generar un contrapeso del Consejo Minero: trabajó por años para esa organización, hasta que sintió que había perdido el rumbo y se desvinculó drásticamente de ella. En 2006 se negó a asesorar a Escondida, cuando se percató que los dirigentes no habían respetado a las bases. “Les mandé una carta abierta y me negué a asesorarlos, porque años antes habíamos logrado instaurar en la industria que las horas excepcionales requerían un acuerdo de todos los trabajadores cada cuatro años, y ellos incumplieron ese acuerdo”, lo que le implicó su alejamiento por varios años de la minera.
Porque aunque para él, su trabajo ha sido sinónimo de un excelente negocio, él espera que en algo su actuar mejore la relación de todos los trabajadores (no sólo de los dirigentes) y la empresa, sobre todo cuando los mineros son productivos, y las compañías tienen buenas condiciones económicas, algo que sucede, dice, en Escondida.
Mientras termina varias negociaciones con sindicatos de otras empresas, López ya planea un año sabático, probablemente en Europa, para aprender de la experiencia sindical e importarla a Chile. Pero antes, su idea es formar a otros abogados en materia sindical para hacer el relevo.