Cuando el presidente de Colombia, Alvaro Uribe, se enteró que Al Gore había decidido no ir a la conferencia organizada por la revista Poder en Miami, aduciendo a que no podía compartir tarima con alguien vinculado a los paramilitares, ardió Troya. Dicen que Uribe parecía león enjaulado y que cada cinco minutos repetía, rojo de […]

  • 18 mayo, 2007

Cuando el presidente de Colombia, Alvaro Uribe, se enteró que Al Gore había decidido no ir a la conferencia organizada por la revista Poder en Miami, aduciendo a que no podía compartir tarima con alguien vinculado a los paramilitares, ardió Troya. Dicen que Uribe parecía león enjaulado y que cada cinco minutos repetía, rojo de ira, que las intenciones de Gore no eran otras que desacreditar al gobierno colombiano para afectar la aprobación del Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos y, de paso, bloquear la ayuda a Colombia ante un Congreso dominado por los demócratas.

La tensión llegó a tanto que, en un minuto de confianza el ex presidente chileno, Ricardo Lagos, se paró, se dirigió hacia Uribe, le tomó el brazo y se lo llevó detrás de las cortinas para intentar calmarlo. ¿Qué le dijo? ¡Uf! Que no fuera cabro chico, que aprovechara la coyuntura y que usara su inteligencia para que la pataleta de Al Gore, más que perjudicarlo, lo ayudara con los demócratas más desconfi ados de la política exterior norteamericana. ¿Qué tal?

Al momento de subir a la tarima Uribe estaba visiblemente más calmado. Tanto, que además de bromear respecto del desaire de Al Gore, se dio el gusto de invitarlo a Colombia, para que se forjara con sus propios ojos una visión real del proceso de paz y cómo se han desmantelado los grupos al margen de la ley. Aprovechó de decir que nunca había tenido nexos con el paramilitarismo, fenómeno que ha combatido intensamente para lograr imponer la paz en su país.

Pero lo mejor vino después, cuando Uribe se enteró que Al Gore había estado en Miami durante todos los días de la conferencia. Es más, hay quienes dicen que estuvo camufl ado y que escuchó en vivo y en directo al presidente de Colombia…Lo que sí es cierto es que la misma noche de clausura de la conferencia Al Gore asistió a una comida en la casa de Emilio Azcárraga, donde compartió con otros siete invitados personales del empresario mexicano, entre ellos, Ricardo Lagos, Arturo Valenzuela e Isaac Lee.