Puede que a Fidel no le guste, pero las apuestas se inclinan por un diálogo más cercano entre Estados Unidos y Cuba. No es fácil. Tarde o temprano, Obama deberá enfrentar las presiones para levantar el embargo. Ese día, dicen los expertos, marcará el comienzo del fin de la revolución castrista.

  • 28 abril, 2009

 

Puede que a Fidel no le guste, pero las apuestas se inclinan por un diálogo más cercano entre Estados Unidos y Cuba. No es fácil. Tarde o temprano, Obama deberá enfrentar las presiones para levantar el embargo. Ese día, dicen los expertos, marcará el comienzo del fin de la revolución castrista.

La cumbre de Trinidad y Tobago quedará marcada por una contradicción: mientras muchos se inclinaron por una optimista percepción de avance en las relaciones multilaterales (o, más específicamente, entre los dos grandes bloques que dividen hoy a los países del continente), los mandatarios fueron incapaces de concluir la cita con una declaración común. Venezuela y sus aliados se negaron a firmar el muy genérico documento que –como es tradición– habían trabajado durante semanas los enviados de las naciones participantes.

Chávez quería un rechazo explícito al embargo comercial que Estados Unidos aplica desde hace 47 años sobre Cuba. El presidente Obama, por su parte, había hecho todo lo posible por recuperar los afectos hacia su país, pero una solicitud a esa escala superaba cualquier límite. Primero, porque se trata de una ley de 1992, reforzada en 1996 por el acta Helms-Burton, lo que deja en manos del Congreso cualquier opción de cambio. Segundo, porque toda aproximación al régimen de Castro requiere precisión milimétrica si no se quiere despertar el rechazo masivo de la comunidad cubana en el exilio. Esa que domina Florida y que Fidel no trepida en calificar como “la gusanera”.

Declaración mediante o no, pocos se atreven a poner en duda los avances que consiguió Obama en su objetivo de recomponer las relaciones con América latina. Venía de una exitosa gira por Oriente, con definiciones claras sobre asuntos pendientes como Irak o Afganistán, por lo que enfrentaba un cierto sentimiento de abandono entre las huestes vecinales.

Sin embargo, la clave del éxito –al menos, durante la cumbre– se basó en el desempeño personal del mismo Obama (y su excelente equipo de asesores) y menos en la definición de claras políticas regionales. Cierto, al presidente de Estados Unidos le sobran estilo y manejo si de relaciones interpersonales se trata. Pero a fin de cuentas, la cumbre dejó el asunto del bloqueo dando botes y con una gran interrogante sobre la mesa: ¿estaremos presenciando coqueteos reales entre Obama y Raúl Castro? La duda no es menor, porque supone el “by pass” definitivo al rol de Fidel en las grandes decisiones al interior de la isla.

Fidel, el columnista

Fidel cambió el fusil por un PC. “Reflexiones del compañero Fidel” se ha convertido en su espacio semanal para disparar contra el mundo liberal, Estados Unidos y el propio Obama, sobre quien pareciera no tener un juicio definitivo (un día valora sus anuncios y al otro, lo acusa de mentir). Quizás no le conviene. El otrora revolucionario, y ahora columnista, aprovecha Internet (curiosamente, controlada para el resto de sus compatriotas) para difundir su visión sobre el acontecer mundial y nacional, e incluso para aclarar y puntualizar aquellas decisiones de su hermano Raúl que, a su juicio, puedan prestarse para interpretaciones erróneas.

¿Pero sigue detentando el poder? Los analistas concuerdan en que las señales provenientes de Cuba no son del todo claras. Se reemplazan líderes juveniles por antiguos representantes de los primeros años de la revolución. Se anuncian políticas de apertura, pero nada que diga relación con mayores libertades políticas o con la situación de las personas privadas de libertad por razones ideológicas.

Sin embargo, muchos creen que al final Raúl optará por el diálogo, aunque a su hermano no le guste. Quizás el problema se reduzca a meros cálculos políticos. Como comentó Juan José Toribio, profesor del IESE Business School y ex director ejecutivo del FMI (entrevistado por Universia Wharton), “tarde o temprano tendrá que levantarse totalmente el embargo con Cuba, no porque el régimen de Fidel Castro merezca ninguna simpatía en gran parte del mundo, sino porque la historia ha demostrado que la forma más eficiente de hacer evolucionar el régimen cubano no es tratar de ahogarlo con embargos económicos”. Y eso es, precisamente, lo que Fidel calcula que puede pasar si se levanta el bloqueo.

Mientras tanto, Chile no observa esta situación tan a la distancia como podría parecer. En la misma Cumbre de las Américas, Obama dejó en evidencia que cuenta con nuestro país –y en particular, con la presidenta Bachelet– como un aliado para alinear posiciones y destrabar conflictos. Dicen que quedó demostrado con la reunión entre Unasur –con la mandataria a la cabeza– y el presidente de EEUU.

Chile acudió esta semana a la reunión de países no alineados, realizada en Cuba, representado por el canciller Mariano Fernández, algo que no ocurría hace tiempo. Se trató de una señal relevante para una nación que, como ha demostrado a la fecha, actúa bien como bisagra cuando estas circunstancias lo ameritan.