Para algunos es la mejor universidad del mundo. Para otros, si no la mejor, una de las top. Ubicado a 45 minutos de Londres, este lugar conserva una tradición que transporta al siglo pasado, pero que en materia de investigación y conocimiento está a años luz. Por Carla Sánchez M.

  • 21 septiembre, 2011

Para algunos es la mejor universidad del mundo. Para otros, si no la mejor, una de las top. Ubicado a 45 minutos de Londres, este lugar conserva una tradición que transporta al siglo pasado, pero que en materia de investigación y conocimiento está a años luz. Por Carla Sánchez M.

El chiste cuenta que John Harvard, ex alumno de la Universidad de Cambridge, volvió a su natal Boston a crear la casa de estudios que lleva su nombre. Y, según comentan los ingleses, copió todo: desde los edificios hasta el sistema educativo. Pero algo no funcionaba. Se trajo entonces a profesores de Cambridge. Aun así, no era el lugar en el que había cursado su carrera. Entonces convenció a los alumnos ingleses para que estudiaran allá. Tampoco resultó. Hasta que se dio cuenta de que el problema era uno: Harvard no tenía el mismo pasto que Cambridge. Con su clásico pragmatismo, John Harvard se preguntó: ¿cómo lo hacemos para tener el mismo que Cambridge? Y entre bromas alguien le dijo: tienes que plantarlo y regarlo por 600 años.

La rivalidad entre Cambrige –la segunda universidad más antigua de Inglaterra, después de Oxford– y Harvard ha existido siempre. Cada año pelean los primeros puestos de los rankings mundiales. Pero esta vez, Cambridge se consagró como la mejor en el QS World University Ranking, que evalúa a más de 700 instituciones en el mundo a partir de una encuesta realizada a estudiantes, académicos y empleadores.

Fundada en 1209, la Universidad de Cambridge se ha caracterizado por ser semillero de los mejores científicos, matemáticos y pensadores del mundo. De hecho, según cuenta Marcial Echenique, hay más premios Nobel en Cambridge que en cualquier otra universidad. Después de estudiar arquitectura en la Universidad Católica, Echenique se doctoró en España y luego realizó su post doctorado en modelos matemáticos en Cambridge. “Vivía en el college de Charles Darwin, ex alumno de este lugar”, cuenta el ex decano de la facultad de Arquitectura de esta universidad inglesa y hoy catedrático de la misma.

Emplazada a 45 minutos en tren desde Londres, estar en Cambridge es como retroceder al siglo pasado. La literatura de Harry Potter recoge muchas de las tradiciones de este lugar que gira en torno a la universidad. Edificios medievales, profesores andando en bicicleta con capas y, de fondo, el mágico río Cam, en el cual nadan patos y cisnes entre los cientos de barcazas que avanzan movidas por un palo. Esa es la clásica postal de Cambridge. Y se habla de town (pueblo) y gown (capa) para hacer la diferencia entre aquellos que no van a la universidad y los que sí.

Cambridge funciona en base a un sistema colegiado. Existen más de 30 colleges, donde almuerzan, duermen y comen los estudiantes. Son instituciones privadas autónomas que tienen sus propios fondos de inversiones, manejados por los fellows, que también viven ahí. “Hasta el siglo 19 los fellows no se podían casar. El origen de los colleges es monástico y los fellows eran los monjes que enseñaban a los alumnos. Pero como no podían tener profesores de todas las materias en cada college, se crearon las facultades”, explica Echenique a quien, como fellow del Churchill College, le toca manejar las finanzas y todo lo relativo a la edificación de su establecimiento.

Los profesores que viven en los colleges, agrega Echenique, están 100% dedicados a los estudios. “Almuerzan y duermen en el college, les limpian la ropa, entonces no tienen que preocuparse de detalles. En cambio, en Chile, tú ves a los profesores que asisten por una hora a hacer clases y luego se van porque la gran mayoría trabaja en otras cosas”, enfatiza.

“Al principio lo encontraba todo muy pintoresco y llevaba a mis amigos a comer al college donde los fellows se sientan en la high table con sus capas largas, mientras que los estudiantes usan capas cortas. Pero con los años me di cuenta de que estas tradiciones y rituales hacen que los profesores sean mucho más serios”, agrega Echenique, a quien muchas veces le tocó almorzar en el centro de graduados con el físico Stephen Hawking, quien hasta el 2009 –año en que se jubiló– enseñó en la facultad de Matemáticas: “Llegaba en su silla de ruedas con todos sus alumnos. En ese tiempo (década de los 80) no tenía el aparato para hablar, pero ellos se las ingeniaban para tomar nota de todo lo que decía”.

Pensar, no memorizar

Denis Kennedy -de pie el segundo de izquierda a derecha- es probablemente el único chileno que ha cursado su pregrado en esta universidad.

Denis Kennedy es probablemente el único chileno que ha cursado el pregrado en Cambridge. Entró al bachillerato y luego hizo un master en Antropología. “En términos físicos, por su arquitectura, estudiar en esta universidad es como retroceder en 100 años, pero en términos académicos está un centenar de años adelante. En esos años, te hablo de los 80, era pionera en computación y networking. Tiene una de las bibliotecas mejor documentadas del mundo”, cuenta Kennedy, quien vivió en el Gonville and Caius College, el mismo en que estudió Newton.

Entrar a Cambridge es más difícil de lo que se piensa, incluso para los mismos ingleses. Claire Rason, agregada comercial senior de la embajada Británica en Chile, lo confirma. Tuvo que pasar los exigentes A Levels y una entrevista personal. Siempre con la intención de protegerla, su papá le preguntó un día si estaba segura de querer ir a Cambridge. Claire había estudiado en un colegio municipalizado y su padre temía que ello podría jugarle en contra. “Lo que quieren los profesores no es que te sepas la respuesta, porque para eso están ellos, lo importante es tener un pensamiento analítico, que puedas resolver un conflicto y llegar a una explicación”, anota.

El sistema multidisciplinario de Cambridge es, quizás, el responsable del éxito de esta universidad. “Aquí prima el conocimiento por el conocimiento más que por la profesión, que se hace después, cuando te especializas. La universidad anglosajona es academia pura. El estudiante parte con un bachelor en el que puedes estudiar un año medicina, otro literatura, otro música, y después te especializas en la materia que más te interesa”, agrega Echenique. Y los colleges, al albergar a estudiantes de las distintas facultades, se transforman en verdaderos centros de discusiones que ayudan a aumentar el saber.

Esas mismas controversias muchas veces se resuelven fuera de los colleges, tomando un pint de cerveza en algún pub donde probablemente alguna vez tocó Pink Floyd, ya que varios integrantes de la banda estudiaron aquí.

{mospagebreak}
La estructura del ADN, por ejemplo, nació en el Eagle Pub. Francis Crick y James Watson, ambos estudiantes del doctorado en Física, estaban tomando un trago cuando escucharon a los alumnos de Biología discutiendo. Se interesaron en la conversación de la mesa de al lado y dieron con la estructura del ADN, la base de toda la biología moderna… que fue anunciada, precisamente, en el Eagle.

Made in England

Los habitantes de Cambridge se jactan de que casi todo se ha inventado en su reducto. Hasta los manuscritos de Winnie the Pooh, que descansan en el Trinity College, uno de los más antiguos. Las reglas del fútbol, comentan, también nacieron aquí. Fue para un partido entre los town y los gown, en el Parker´s Piece.

Cambridge es más que libros y clases. Uno de los elementos claves en la ecuación es el team spirit, que se desarrolla principalmente en el campo de los deportes. “Para tener una educación completa la tradición establece que no basta sólo la capacidad intelectual, sino que es necesaria la unidad con el equipo”, explica Echenique. Cada college tiene su equipo en disciplinas tan diversas como rugby, fútbol, críquet y remo. Entre ellos compiten y de ahí salen los mejores, que cada año compiten con sus pares en Oxford. “En el río Támesis de Londres se corre la famosa boat race, una regata en bote de ocho personas con timonel en la que Oxford y Cambridge se pelean los primeros lugares. Nosotros vamos bien adelantados en los resultados”, cuenta orgulloso Kennedy, quien cree que todas estas actividades ayudan a que no te venga la “depre” con el clima tan frío y ventoso.

Bajo el paraguas de la Cambridge Society en Chile, Denis Kennedy está a la cabeza de los ex alumnos de esta universidad. Una red que ya cuenta con casi 90 registrados. Uno de ellos es Leonidas Montes, presidente del directorio de TVN, quien quiso diferenciarse de la mayoría que estudiaba en alguna universidad estadounidense y optó por una inglesa. A juicio de Echenique, Montes es uno de los chilenos que más lejos ha llegado en la institución. Su tesis de doctorado sobre Newton y Adam Smith fue publicada incluso antes de ser defendida. “Lo maravilloso de Cambridge es que te da libertad, pero te exige responder. Como mi investigación era bastante solitaria, le envié un paper a Quentin Skinner, regius professor de Historia, ya que parte de mi tesis se basaba en sus ideas republicanas. Para mi sorpresa encontré, días después, una amable nota escrita a mano por él para que nos juntáramos a conversar sobre mi paper, el cual figuraba lleno de comentarios. Esto sólo sucede aquí”, confidencia Montes.

Para doctorarse, el nivel de exigencia, según Montes, se resume en hacer un aporte original al mundo del conocimiento. Pero sin presiones. En Estados Unidos, por ejemplo, el profesor guía está prácticamente encima del alumno. En Cambridge, en cambio, hay muchos que no han logrado terminar el doctorado. “La universidad aquí es difícil y muy distinta a la metodología chilena. No existe la prueba trimestral, los alumnos se juegan el todo por el todo en el examen de fin de año y en el doctorado, por ejemplo, hasta la entrega de la tesis no hay ninguna evaluación previa, por lo que la autodisciplina es fundamental”, asegura a Gabriel Palma, profesor senior en la facultad de Economía.

El tiempo no pasa en Cambridge. Por ejemplo, en el caso de los MPhil (tipo de master), algunos ramos se evalúan con un examen final que vale el 100%. Por correo, los alumnos reciben una carta con un número que señala que deben presentarse a una determinada hora en la sala. La evaluación consiste en 10 preguntas de las cuales se eligen cuatro. Y para responder tienen cerca de cuatro horas. El tiempo aquí no es el tema. “Después de dos años de recibirme como PhD, me invitaron a celebrar los cien años de la facultad de Economía. Caminando, me encontré con viejos amigos que me preguntaban si había estado de vacaciones, porque no nos habíamos visto. El tiempo tiene otro ritmo en este lugar”, dice Montes.

Lucas Sierra llegó a Cambridge siguiendo a un profesor que le interesaba. Vivió dos años en la ciudad universitaria y después se trasladó a Londres, desde donde viajaba una vez al mes a Cambridge para renovar libros de la biblioteca y conversar con el supervisor de su tesis sobre la regulación de la televisión chilena. “Los doctorados, por su carácter de investigación más personal, no son un buen instrumento para medir exigencia. Además los profesores que revisan la tesis y ante los cuales debes defenderla son de otras universidades. Esto, para tratar de garantizar la neutralidad de la evaluación”, agrega Sierra, quien un tiempo vivió en la misma calle de Hawking. “Era impresionante verlo pasar en su silla de ruedas, llena de luces y botones”, recuerda el abogado.

Y todo sigue como siempre. Salvo que progresivamente aumenta el número de estudiantes que quieren perfeccionarse en Cambridge. Tanto, que fue necesario extender la ciudad porque –según cuenta Echenique– “los precios de las propiedades eran tan colosales que no había posibilidad de tener profesores, entonces hubo que extender el límite urbano”. Trabajos que ya se están ejecutando y que harán que la ciudad crezca un 40%. Ese diseño fue el que le significó a Echenique el Premio Nacional de Urbanismo en 2010, reconocimiento que recibió de manos de la propia reina Isabel.

El boom de chilenos en Inglaterra
Son alrededor de 400 los chilenos que cada año cursan estudios en el Reino Unido. Pero según el British Council, ese número es mayor si se consideran los muchos otros programas de perfeccionamiento o idioma que duran menos de 6 meses, por lo que no requieren visa.

Este año, Gran Bretaña se consagró como el primer país de destino de estudios entre los seleccionados de Becas Chile. Entre las universidades preferidas figuran: London School of Economics, University College London, University of Manchester, University of Bristol, University of Nottingham, University of Warwick, University of Sheffield, University of Edinburgh y Cambridge University. Las tarifas dependen de cada programa. Un master, por ejemplo, cuesta más de 10 millones de pesos. Dentro del precio también hay que considerar el college fee.

Uno de los 220 becarios (de Becas Chile) es Martín Elton, estudiante del master de Ingeniería para el Desarrollo Sustentable y que hoy trabaja en su tesis. De un total de 50 alumnos, en su curso había 5 chilenos. Todo un record, pues por lo general hay uno por facultad.

“En Cambridge está todo pasando en materia intelectual y cultural. Si te interesa algún área que no tiene nada que ver con tu curso, la puedes profundizar. El día en que empezamos el programa, el director del master dijo que el éxito dependía del esfuerzo que cada uno tomara”, recuerda Elton. Pero hay una frase que se le quedó grabada: “la ventaja de esta universidad es que estarán en un ambiente donde se pueden tomar grandes riesgos sin correr riesgos. Puedes incursionar en áreas desconocidas para ti y fracasar, pero eso no importa”.