• 4 abril, 2008

 

Como Cristián Warnken, hay personas en la vida pública chilena cuyo ejemplo contribuye a reafirmar el valor de la consecuencia, creatividad y profunda humanidad.

 

Más de 4 mil comentarios al blog suscitó la columna de Cristián Warnken sobre la muerte de su hijo Clemente. Otros cientos de miles de personas la leyeron y se conmovieron en respetuoso silencio.

La reacción no fue un fenómeno masivo, de esos causados mecánicamente por la presión del mensaje impactante o por la fuerza de una imagen que alucina. Fue, por el contrario, la adhesión personal, decidida individualmente por cada lector, hacia un ser humano concreto, a quien se oye y lee con devoción… y a quien se admira. Otros compatriotas habían pasado antes por parecidas situaciones dramáticas, pero ninguno había concitó igual nivel de apoyo fraternal.

La diferencia está justamente en que el olfato espiritual les indicó a los chilenos que en Cristián Warnken encontraban a un hombre bueno, serio, trabajador, constructivo, de esos pocos que llenan con ideas y afectos nobles el espacio público que ocupan. Ante su drama, lo lógico parecía decirle: te agradecemos lo que haces, nos sirve mucho, un abrazo fuerte para consolarte, no abandones tus causas. Pero también es cierto que, detrás de esa justificada reacción, estuvo además presente la sensación -muchas veces confesada entre lamentos- de que son pocas, muy pocas, las personas que en la vida pública chilena pueden quedar ubicadas dentro de esas categorías de consecuencia, creatividad y profunda humanidad.

Ciertamente, la generación a que pertenece el intelectual que ha defendido la belleza del pensar no se caracteriza ni por el pensamiento ni por la belleza. Y esa carencia la perciben con preocupación sus mayores –los que ya han pasado los 50- y con desánimo, los más jóvenes, quienes buscan y rebuscan modelos que son hoy en Chile muy escasos.

Escasos pero, en paralelo con Warnken, esos modelos existen, y son una esperanza mínima, aunque esperanza al fin (¿no es acaso la esperanza siempre una delgada línea divisoria entre la noche que se termina y el nuevo día que se anuncia?)

Ahí está Benito Baranda, sereno y eficaz en la promoción de la generosidad y en la administración de una obra concreta y ejemplar. En una lucha paralela contra la pobreza, el alcalde RN de Puente Alto, Manuel José Ossandón, siempre tan dinámico como enérgico, porque ha entendido que la dignidad humana está en la base de toda verdadera política y que nada que atente contra aquélla podría legítimamente imponerse. Y, en la promoción y defensa de la familia y de sus derechos en la educación, destaca José Antonio Kast, jefe de bancada de la UDI, quien en cada intervención sorprende por su sencillez y claridad, en un clima expositivo siempre transparente. Este tipo se mueve por auténticos ideales, se oye decir a los jóvenes cuando lo conocen.

En el mundo empresarial y de los negocios, la lista de las muy buenas personas podría ser quizás muy amplia, pero no necesariamente todos los nombres serían proyectables al espacio público. Dos personas, eso sí, merecen especial atención. Por una parte, Patricio Jottar, gerente general de CCU y reciente ganador del Premio ANDA 2007, por su destacada trayectoria y aporte en el ámbito de las comunicaciones y el marketing. Afabilidad, rectitud, creatividad, son las condiciones reconocidas en Jottar por quienes lo tratan de cerca. Por otra, Luis Hernán Cubillos, de Generación Empresarial y Egon Zehnder International, quien hace ya años que con sonrisa y energía paralelas, proyecta en las actividades que emprende y promueve criterios de exigencia ética y de trabajo seriamente realizado.

Jacqueline van Rysselberghe aporta calidad administrativa, la seriedad científica propia de su profesión médica y una ternura maternal muy escasa hoy, mientras que Carmen Domínguez pone todo su carácter y sabiduría jurídica al servicio del matrimonio y de la familia, metiéndose en cuanto ambiente la convoque, por complicado que sea. Incluso en el mundo deportivo, un José Luis Sierra y un Carlos de Gavardo sobresalen por su reciedumbre y perseverancia, virtudes enraizadas en personalidades de agradable moderación.

Y quizás cuántos más que, viviendo hoy de modo más anónimo, podrían ser llamados a ocupar primeras filas o a consolidar posiciones de mayor influencia pública que las que ocupan en la actualidad. La triste muerte de Clemente ha hecho posible también esto: que se pueda pensar en quiénes son y dónde están los llamados a darle nuevas fuerzas a un Chile alicaído, mustio, que clama en silencio por buenas personas.