Ad portas de dejar la presidencia de la CPC, Alfonso Swett analiza el estallido social y reconoce sentir “dolor” por no haber impulsado con la debida urgencia los cambios que necesitaba Chile. Y advierte: “Así como se han hecho acuerdos sociales y constitucionales, tenemos que hacer un pacto económico que incluya temas, como empleo, remuneraciones, crecimiento e inversión”.
Por: Josefina Ríos.
Fotos: José Miguel Méndez

  • 20 febrero, 2020

Tras dos años como timonel de la CPC, Alfonso Swett Opazo no tiene claro qué va a hacer cuando deje el cargo, el próximo 13 de marzo. Solo sabe que le quiere dedicar tiempo a su familia, la que, dice, resintió los altos niveles de trabajo que le requirió estar al mando de la entidad gremial, sobre todo a partir de octubre, cuando como representante de los empresarios debió enfrentar la crisis social más importante de los últimos treinta años en Chile.

A un mes de dejar la presidencia de la CPC, Swett hace un balance positivo de su paso por esta institución. Divide su gestión en proceso y resultado, sin embargo, en ambas categorías el “Foro Trabajadores-Empleadores”, que se creó al alero de esa entidad gremial durante su liderazgo, aparece como fundamental en su análisis. “En términos del proceso, estoy contento por haber enfrentado los temas país y de políticas públicas junto con los trabajadores, las pymes e incluso la academia a través de este foro que generamos, afortunadamente, antes de que comenzara la crisis, pues justamente nos ayudó a afrontar el estallido social con una mirada común”, explica.

Respecto a los resultados de su administración, Swett está esperanzado de todo lo que puede lograr este foro: “A pesar de todas las diferencias que te podrás imaginar que hay entre pymes, centrales de trabajadores y las grandes empresas –aquí conviven las seis ramas–, se logró una mirada generosa con el país, que nos permitió generar posturas y propuestas concretas”.

 

La película a medias

En lo personal, Swett asegura que “tengo un dolor profundo por el estallido social, porque yo veía la importancia de hacer cambios, pero no tuve la capacidad ni la urgencia para promover esos cambios y eso es muy duro”.

-¿Qué tipo de cambios veía que eran necesarios?

-Dediqué cuatro años de mi vida, de los 14 a los 18, a los campamentos, donde manteníamos comedores infantiles en el Campamento Arturo Prat, ubicado en La Florida. Desde joven entendí que lo que medía la política pública para definir pobreza era la falta de bienes, pero que en la realidad no es así, porque la definición de la pobreza más que la falta de bienes, es la falta de dignidad: es salir todos los días a la calle y llegar en la tarde a tu casa sin nada para tu familia, y es también la angustia de acostarte en la noche y no tener ninguna certeza de que mañana va a ser un mejor día. Entonces, la verdad es que no haberle dado urgencia a este tema, teniendo a cuestas toda esta experiencia, me duele.

-¿Y entonces por qué no le dio urgencia? ¿Qué priorizó?

-Se me olvidó sumar, creo que como país se nos olvidó sumar. Teníamos un joven que ingresa a la universidad y luego te dicen que el CAE es un problema, que la empleabilidad de esa carrera también, entonces mirábamos el CAE y luego la empleabilidad. Después teníamos el problema del ingreso mínimo y del costo de la vida que subía rápido y el alto precio de los servicios, y luego el tema del transporte y de las pensiones. Lo que hicimos fue mirar problemas, pero no miramos la película completa, no sumamos.

-¿Y cómo es la película?

-Tienes a un joven con padre ausente –que cada vez es más mayoritario en Chile–, con una madre que gana el ingreso mínimo y que pasa cuatro horas del día en el transporte público. Una mujer que hace un tremendo esfuerzo para que su hijo estudie una carrera universitaria; este estudia la carrera universitaria con mucho empuje y la termina, queda endeudado, pero no encuentra trabajo en su área de estudio. Su madre, sin embargo, sigue haciendo un esfuerzo notable, porque a la abuela que vive con ellos no le alcanza la pensión para comprar sus medicamentos. ¿Qué es lo que dice ese joven?: “Sabís qué más chao, me rebelo”.

-Pero esta crisis en particular tiene mucha relación con la clase media, no solo con los sectores más vulnerables que describe.

-Sí, pero la clase media también vive en gran medida estos problemas. Y lo que pasó con nosotros es que no vimos cómo afecta la vida de una persona esta sucesión de problemáticas diarias. Perdimos la mirada centrada en la persona y pusimos el foco en los problemas.

-¿Y qué han hecho ustedes como empresarios en este contexto?

-En una primera etapa pusimos sentido de urgencia. En temas concretos, pedí que agrandáramos los oídos, eso significó que durante los primeros meses de la crisis dialogamos con más de un millón de trabajadores de muchísimas empresas. Un millón de trabajadores es mucho, piensa que el número de trabajadores privados es de 4,7 millones, los de grandes empresas un poco más de 2,5 millones. Mi preocupación era encontrar soluciones con la gente y no desde la elite. Esto significó un cambio, fue decir que no íbamos a actuar como poder económico, sino como un actor económico y social más.

Las certezas

Swett está convencido de que lo que viene a partir de ahora es lo más importante: “Toda la gente con la que uno habla siente que de alguna manera todo esto que ha pasado les ha afectado. Hay quienes tienen miedo de que el país se vaya por un despeñadero, pero hay otros que temen que todo siga igual y que no haya cambios. Lo que hoy estamos viendo en Chile es un choque de miedos, esa es la gran amenaza. Es fundamental lo que hagamos en adelante, para transformar esta amenaza en una oportunidad para Chile”.

-¿Y cómo se convierte esto en una oportunidad?

-Tenemos que volver a soñar cuál es el Chile que queremos, pero “el” Chile, no “los” Chile. Por otro lado, si algún aprendizaje saqué de toda esta experiencia es que las cosas se trancan cuando las agendas individuales se imponen por sobre las agendas país. Y eso es algo que no está resuelto. Todavía hay mucho de “qué es lo que me conviene a mí, a mi partido, a mi sector”, versus preguntarse qué le conviene al país.

-¿Y a su juicio qué le conviene al país?

-Al país le conviene, primero que todo, eliminar la violencia. Con estos niveles de violencia no hay nada que hacer, quizás no haya plebiscito o viva los mismos efectos que la PSU, pero agrandados, es decir, que no puedan votar todos, lo que teñiría el proceso de ilegitimidad. Además, la violencia no solo detiene la inversión, sino que la inversión simplemente se va, eso pasa en cualquier lugar del mundo. Por último, y como se han hecho pactos sociales y constitucionales, creo que tenemos que hacer un pacto económico, que incluya temas como empleo, remuneraciones, crecimiento e inversión. Hemos hablado mucho del pacto constitucional, mucho de la agenda social, pero poco se conversa sobre un pacto económico.

-Se aprobó la reforma tributaria, una muy distinta a la idea inicial propuesta por el presidente Piñera en su programa y a la que la CPC apoyaba. ¿Cómo evalúa esta situación?

-Después de más de 500 días, tener una reforma tributaria, sin perjuicio de que nosotros no logramos lo que queríamos, es bueno y debemos valorar los acuerdos. Siempre he pensado que el principal elemento de una reforma tributaria es la certeza tributaria, después podremos conversar los mecanismos o elementos que debe tener una buena reforma tributaria.

-Pero recordemos que muchos empresarios en los tiempos precrisis declaraban que era preferible no tener una reforma tributaria que aprobar una sin reintegración.

-La integración no solo cumplía con un principio de equidad horizontal que no se cumplió, sino que además era un tremendo instrumento para la inversión. Bueno tendremos que buscar otros mecanismos para promover la inversión, eso es parte de las tareas pendientes. Pero pensar que la inversión solo se mueve por el tema tributario es falso y sabemos que es mucho más complejo para la inversión el tema de la violencia. Si me dices que vamos a tener integración con violencia, digo altiro que no, eso no ayuda a la inversión.

-El Frente Amplio ha propuesto ponerle límites a la herencia. ¿Qué le parece la idea? Usted probablemente se vería tocado si una legislación así se aprueba.

-Pensar que los problemas sociales se van a solucionar cuando se mueran los ricos es terrible. No podemos esperar tanto. Pero además no me gusta el concepto, hay que aprender a aportar todos los días.

-Pero es que esta propuesta no lo exime de trabajar día a día y de pagar impuestos en vida, es un tributo distinto.

-Valoro la progresividad impositiva y que los que tienen más paguen más impuestos, comparto ese principio, pero también creo que si vamos a abrir los temas tributarios todos los días a la creatividad de cada grupo, vamos a tener un problema serio. Después de casi dos años de discusión tributaria, creo que es hora de que pasemos a otros temas urgentes porque, si no, vamos a hacerle un gran daño a nuestra economía. No conozco ningún país que todos los meses esté revisando sus impuestos. No fue la reforma tributaria que nosotros queríamos, pero valoramos los acuerdos y apreciamos la necesidad de certeza jurídica.

-El ministro de Hacienda, Ignacio Briones, expuso en Enade e interpeló directamente a los empresarios y la responsabilidad que han tenido frente a la pérdida de confianza de la ciudadanía en las instituciones. ¿Cómo toma esa crítica?

-La crítica es válida, pero creo que no se soluciona nada apuntando con el dedo. Se arregla trabajando todos juntos, porque esta crisis es tan grande y profunda, que aquí no va a salir el gobierno, ni los partidos, ni los empresarios, ni los trabajadores, ningún actor va a encontrar la solución por sí solo. Esto se logrará con una mirada generosa de país, que no busque solo los porqué, sino que se aboque a encontrar los cómo.

-¿Y el ministro Briones a su juicio aporta con soluciones?

-El ministro Briones ha sacado una reforma tributaria, no como nos gustaría, pero por lo menos lo hizo. Está ad portas de lograr una reforma a las pensiones junto con la ministra del Trabajo, no es la que más nos gustaría, pero nuevamente valoramos los acuerdos. El ministro tiene un reconocimiento súper relevante, que recibió explícitamente en Enade, y tiene un saldo muy positivo para lo que han sido estos meses. Ahora, creo que tiene un deber hacia el futuro –que lo tenemos todos- de dar pasos hacia adelante y de poner los acentos en el cómo.

-Algunos lo critican de que ha abierto demasiado la billetera fiscal, ¿cuál es su opinión?

-Efectivamente la billetera se ha abierto harto, nos preocupa los niveles de deuda pública, el gobierno dice que va a estar en torno al 36% del PIB, hay algunos que dicen que podría llegar incluso al 60%. Pero todo eso va A depender del crecimiento, es muy distinto para los supuestos económicos crecer al 1, al 2 o al 3%. Por eso, vuelvo a repetir que es muy importante generar un pacto económico, porque el gran supuesto que hay detrás del déficit estructural es el crecimiento, y para que haya crecimiento y empleo se requiere inversión.

Empresa y política

Desde joven Swett ha participado en política, aunque generalmente desde una perspectiva más académica. Votó por No en el plebiscito de 1988 y luego de egresar de Ingeniería Comercial de la UC, asumió como asesor de Sebastián Piñera, entonces senador RN por Santiago Oriente. Número puesto en varias comisiones de gobierno, sobre todo en el área laboral, participó también en la redacción de los programas de gobierno del DC Claudio Orrego y años más tarde en el segundo mandato de Piñera. En enero de 2018, su nombre sonó fuerte como carta para convertirse en ministro del Trabajo. Con todo, descarta que su futuro esté en la política. “Cuando pasas por gremios empresariales no debes saltar luego a la política. La ciudadanía quiere ver a los empresarios preocupados de las buenas empresas y a los políticos preocupados por la buena política”, dice.

-¿En algún momento sintió que debía decidir entre la acción gremial y la política?

-Tuve ofertas para irme a trabajar al gobierno y no las tomé. Yo hice esa elección y hay gente que tomó otras decisiones, pero creo que hoy día, en el momento que vivimos, esta diferenciación debe ser más profunda. Para reconstruir este país y sus confianzas, para entender que son roles y aportes distintos, debemos tener la prudencia y espacio, y no tener estos puentes que permiten ir y venir.

 

La agenda cruzada con Larraín

En mayo de 2017, Bernardo Larraín Matte asumió la presidencia de la Sofofa. Durante la campaña previa a esa elección se le vio muy cercano a Alfonso Swett. Meses después, este asumió el liderazgo de la CPC apoyado, precisamente, por la Sofofa, rama empresarial de la cual era consejero hace varios años. Con el tiempo, la relación entre ambos referentes empresariales se ha debilitado, enfrentando episodios donde sus miradas se han visto contrapuestas incluso públicamente. La polémica más reciente fue la propuesta que hizo Larraín para reformar la CPC, idea que Swett rechazó.

-¿Qué pasó ahí? ¿Se desgastó la relación?

-A ver, con Bernardo nunca hemos sido amigos, él estaba un par de cursos arriba mío en la universidad, de ahí lo ubicaba, también nos habíamos topado en Icare. Yo llevaba mucho tiempo en la Sofofa y él quería ser presidente de ese gremio. Te diría que a fines de 2016 y comienzos de 2017, lo que pasó es que se juntaron nuestras agendas: en mi caso, apostar por un cambio generacional, y en el suyo, asumir un liderazgo empresarial. Ahora, más que tener temas personales entre nosotros, lo que sucede es que tenemos roles distintos. Él es presidente de un gremio muy importante y yo soy presidente de la confederación que reúne a seis gremios, donde la Sofofa es uno más. Es cierto que hemos tenido diferencias públicas, pero yo valoro mucho el tener diferencias y poder logar acuerdos y posturas comunes. Siento que en este comité ejecutivo donde conviven las seis ramas hemos tenido muchas más instacias de acuerdo y posiciones comunes desde nuestras diferencias, que choques. Hubiese sido mucho más fácil, pero también menos meritorio, haber logrado propuestas comunes desde la homogeneidad.