Hace algunos meses, Bernardo Larraín apareció en televisión hablando sobre los ricos. Algo que quizás ya no es tan raro en algunos empresarios chilenos que se han desinhibido en la última década, pero sí curioso cuando se trata de un Matte, un clan acostumbrado al bajo perfil y a la cero ostentación. Pero lo de […]

  • 25 febrero, 2013

Bernardo Larraín

Hace algunos meses, Bernardo Larraín apareció en televisión hablando sobre los ricos. Algo que quizás ya no es tan raro en algunos empresarios chilenos que se han desinhibido en la última década, pero sí curioso cuando se trata de un Matte, un clan acostumbrado al bajo perfil y a la cero ostentación.

Pero lo de Bernardo no tenía nada de ostentoso tampoco. Cuando Informe Especial le propuso entrar a su mundo, él aceptó, pero a su modo. Invitó a Santiago Pavlovic a recorrer las plantas y proyectos de Colbún, para mostrar en terreno dónde está parte de esa riqueza.

-Me pareció importante, porque la gente piensa que esta riqueza que tiene tal o cual grupo empresarial, está debajo del colchón y no es así. Está invertida en activos, en obras civiles, en personas, en empleo. Cada peso que una empresa invierte, no sólo genera inversión, que ya es muy necesario para llegar a ser desarrollados, sino que genera trabajo. Cuando abres las puertas y muestras lo que haces, inmediatamente se produce un mejor diálogo y comprensión recíproca. No tenemos nada que esconder.

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Y así como quiso desmitificar el estilo de vida de su familia –con una fortuna de 10.600 millones de dólares según Forbes y de 13.460 millones según recientes estimaciones locales–, hoy Bernardo Larraín Matte, la cara de la nueva generación, entra al debate político.

-Si te preocupa el destino de tu país –dice–, tiene que preocuparte la política. Y creo que es bueno que los ciudadanos, cualquiera sea, opinen de política, sepan de política. Y en este año, en que hay mucho en juego, es bueno que las personas se involucren, sobre todo quienes tenemos el privilegio de contar con espacios como éste. Es positivo tomarlos y hablar de frente.

-¿Por qué te interesa hablar ahora de política?

-Mi impresión es que en las elecciones presidenciales y parlamentarias de este año hay mucho más en juego que en las elecciones anteriores. Básicamente por dos razones: cuando uno observa el mundo político, uno ve una mayor divergencia programática, que va desde una Asamblea Constituyente a un inmovilismo institucional total; o desde unos que quieren el cambio total del modelo de desarrollo, a otros que dicen que no se puede ni tocar.

La segunda razón, que ya es casi un lugar común, es que hay un descrédito de la política, hay menor confianza en las instituciones por parte de una ciudadanía cada vez más empoderada y que demanda participación. Y la política es muy necesaria.

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Es precisamente en este contexto cuando más relevantes son los liderazgos políticos que se plantean con posiciones claras, con diferencias nítidas, que ponen de frente sus ideas y convicciones y entran con fuerza en los debates. Liderazgos que no sólo escuchan, sino que hablan y lideran. En una elección, tan relevante como quién resulta electo, son los debates que se produjeron, las propuestas programáticas, las ideas y los liderazgos que se construyeron en el proceso. Son esas posiciones las que van a marcar los siguientes cuatro años.

-¿Y ves propuestas en las candidaturas que hay?

-Están recién empezando, pero no hay duda de que se pueden sacar ciertas conclusiones. Identifico una candidatura con estas características de liderazgo, de convicciones, de marcar diferencias, en Andrés Allamand. Él mostró liderazgo cuando hace mucho tiempo se jugó por las primarias, y también cuando hace algunas semanas se jugó por la renovación al incidir en RN para abrirle las puertas a Evopoli (el movimiento que convoca a servidores públicos nuevos, jóvenes, liderado por Felipe Kast), para que puedan competir en primarias.

Ahí se notó el liderazgo de Allamand. Y lo veo también dispuesto a asumir costos políticos, porque ha tomado posiciones bastante claras, como cuando le cerró la puerta al aborto o cuando, con bastante más anticipación que muchos, se la jugó por el Acuerdo de Vida en Pareja. Y en el tema económico, ha defendido con bastante convicción un proyecto país cuyo motor siga siendo el crecimiento, además de rebatir esta especie de verdad revelada de que la desigualdad se combate con aumentos de impuestos y con más Estado. Con igual fuerza, dice que la desigualdad no es un invento, sino que un desafío país que se debe enfrentar, aunque de maneras distintas a las que propone la centroizquierda: combatiéndola en sus orígenes y cerrando brechas donde la acción del Estado sí puede ser eficaz, como la brecha de calidad entre la provisión pública y privada de educación y salud.

-O sea, estás matriculado con Allamand.

-Lo que yo sostengo es que en un año electoral como éste y sobre todo en los siguientes cuatro años, donde habrá una mayor dispersión programática y demandas ciudadanas visibles, es cuando es más importante este tipo de liderazgos.

-¿Y no has visto ese liderazgo en Laurence Golborne?

-Las candidaturas están partiendo. Es importante destacar que personas como él estén en el servicio público, y ese va a ser uno de los legados importantes del presidente Piñera. Ahora, analizando los inicios de su campaña, él ha apostado por una candidatura que se basa en su historia personal, y no se ha visto tanto marcando posiciones en temas claves. Y si uno ve el video que hizo, por ejemplo, es una candidatura que se basa en algo que, creo yo, debe estar en cualquier candidatura de centroderecha: la meritocracia, la movilidad social.

Cuando uno lee el primer documento de la plataforma programática de Allamand, que lidera un destacado joven político como es Juan Carlos Jobet, éste agrega dos pilares que en mi opinión son fundamentales, y que a ratos la centroderecha minimiza. El concepto de justicia y de comunidad. Justicia porque no es suficiente que una persona haya tenido la posibilidad de desarrollar sus capacidades y talentos, sino que también que enfrente una cancha pareja. Y comunidad, porque es fundamental el colectivo más allá del individuo: la familia, el barrio y la ciudad, que deben ser fuentes de colaboración y confianza, y no de delincuencia como muchas veces ocurre.

-En todo caso, es más fácil para los candidatos que están más atrás en la carrera salir a plantear ideas, porque para ellos es mucho menos riesgoso desafiar a los que están punteros. Lo hacen Andrés Velasco, Claudio Orrego y Allamand. Es lógico que Golborne actúe de esa forma, frente a una candidata que no se ha pronunciado.

-Una cosa es la lógica electoral, cosa que me interesa re poco, y otra cosa son los planteamientos sobre convicciones profundas. Yo me identifico con la centroderecha, pero en relación a otros sectores políticos, lo que están haciendo Claudio Orrego y Andrés Velasco es muy valioso en contextos como éste. Si hubo primarias en la DC y fueron a votar 60 mil personas, fue exclusivamente por la determinación de Claudio y de Ximena Rincón. Eso te demuestra que desafiar la fotografía estática de las encuestas también reditúa.

En el caso de Andrés Velasco, él está dispuesto a asumir costos criticando malas prácticas en su propio sector político, y haciendo una propuesta económica moderna.

-Hoy la fotografía es Bachelet vs. Golborne. ¿Crees que es modificable?

-Mira, con el voto voluntario las encuestas tienen re poco valor predictivo. Sobre todo cuando no hay precedentes, es muy difícil que las encuestas capturen el universo de personas que va a votar ese día. La principal demostración de que se puede desafiar esa esclavitud de las encuestas es lo que hizo Claudio en la DC y lo que hicieron varios en las elecciones municipales. Ojalá hubiera una moratoria de encuestas en los años electorales. Son instrumentos valiosos, son piezas de información, pero cuando se transforman en hitos nacionales sobre los cuales se escriben 50 columnas, 27 recomendaciones, y empiezan los iluminados a decir que por las encuestas hay que subir o bajar a tal y cual, o cambiar de una a otra estrategia política, lo encuentro una demostración de poca madurez política y de superficialidad. Las encuestas son inputs valiosos de análisis, pero no más. Las convicciones no pueden estar siempre disponibles a ser transadas por los resultados de una encuesta.

-La CEP es la que más determina eso.

-El problema no es quién las hace, sino de quienes le dan un uso desmesurado.

-Crees que el camino está abierto, entonces.

-Absolutamente. Sería imperdonable que no se hicieran primarias, y es fundamental que las distintas candidaturas lleguen fuertes a las primarias, sobre todo aquellas que están marcando posiciones en los temas país. Así lograrán generar debates y movilizar a muchas personas. Son particularmente importantes en la centroderecha, porque tratándose de dos candidaturas tan diferentes, cuando se fusionen en una, van a convocar a un universo mucho mayor.

-A Allamand le conviene mucho más ir a primarias.

-Pero la primaria es un principio, no es un puro cálculo electoral. En el mundo actual, donde se demanda más participación, las primarias son una condición sine qua non y hay que jugarse por entero por una muy buena primaria.

Pantalones largos

-¿Qué piensas de Michelle Bachelet?

-Creo que los líderes políticos no eligen los momentos en que se involucran en los debates públicos, ellos deben estar cuando son requeridos. Y en un período como el que hemos vivido, con movilizaciones sociales como nunca, con debates abiertos sobre el modelo de desarrollo, es precisamente cuando los líderes políticos deberían estar activos y marcando posiciones. Creo que la ex presidenta Bachelet tiene un desafío muy relevante que es recuperar ese terreno perdido, además de llenar el vacío de liderazgo, que su misma ausencia ha provocado en su sector político.

-¿Cuál es tu evaluación del gobierno de Piñera?

-En lo económico los resultados son bastante extraordinarios: crecimiento, empleo, remuneraciones, que no son cosas inocuas, sino que requieren un enorme trabajo y tienen consecuencias muy positivas en la calidad de vida de las personas.

-¿Y por qué le va tan mal en las encuestas?

-No soy experto, pero por lo que he leído, ha habido cierto déficit político. En un inicio el gabinete estuvo muy cargado a un perfil técnico, pero después se compensó con el ingreso de figuras como Allamand, Chadwick, Longueira y Matthei. Y también se generaron muchas expectativas, las que no fueron bien catalizadas.

-Si la política es tan importante, ¿debiera haber un financiamiento público de la política?

-Sí, pero condicionado a buenas prácticas de los partidos políticos. Tiene que ser algo focalizado, destinado a mejorar los procesos de elección de sus dirigentes y candidatos, a la producción de ideas, capacitación de jóvenes y sujeto a una rendición de cuentas.

-¿Estás vinculado a Horizontal?

-Lo encuentro una buena iniciativa, es como el primo “centro de estudios”, de Evopoli. Fue fundado entre otros por Felipe Kast y Juan Carlos Jobet, dos figuras jóvenes que han decidido entrar a la política de pantalones largos, compitiendo para un lugar en el Parlamento. Ojalá hubiera muchos como ellos con vocación de servicio público, muy capaces. A Felipe lo conocí hace unos cinco años y lo encuentro un tipo extraordinario, un líder que convoca mucha gente joven y su proyecto Evopoli es una gran iniciativa.

-¿Lo estás ayudando?

-Sí, me ha pedido ayuda y consejos. Él pertenece a una generación política nueva, que ojalá empiece a funcionar a través de los partidos o de los movimientos que se han ido creando.

-¿Y a ti te gustaría participar en política?

-No, una cosa es participar y otra es el deber de todo ciudadano de tener un compromiso con la política si es que tiene un compromiso con el desarrollo de Chile. Estoy feliz en lo que hago, y creo que todos quienes se dedican a la empresa hacen un aporte tan importante como quienes se dedican a la política.

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Los Matte y la desigualdad

-Uno de los ejes del debate este año va a ser la desigualdad. Siendo la cara visible de una de las familias más ricas de Chile, ¿te complica enfrentar públicamente este problema?

-La desigualdad es un desafío país. Ahora, desde el punto de vista nuestro, todo el mundo sabe que somos una familia empresarial, que se ha dedicado siempre a crear empresas y cuando cada uno piensa cómo aportar al desafío de la desigualdad, creo que estar en empresas que crecen, crean empleo y progreso, es el principal aporte que podemos hacer. Colbún, por ejemplo, cuando se creó tenía una sola central y empleaba a menos de cien personas. Hoy tenemos 25 centrales y trabajan más de mil. Todos tienen buenas condiciones laborales y una remuneración mucho más allá del sueldo mínimo.

Si tú sumaras las empresas grandes de Chile, vas a observar que las desigualdades internas son bastante menores que las del país como un todo. Yo me siento completamente orgulloso contribuyendo a la causa, haciendo crecer las empresas en las cuales trabajamos.

-¿Y qué pasa con la redistribución del ingreso? ¿No es también una forma de nivelar la cancha?

-Las políticas redistributivas siempre han fracasado donde se han implementado. El concepto de subir impuestos para redistribuir, sobre todo si esa redistribución es asistencialista, ha fracasado y va en contra de la dignidad de las personas. Creo que una política pública novedosa de este gobierno fue el Ingreso Ético Familiar, que en parte condiciona esa transferencia al esfuerzo personal y a una serie de otros factores.

Hace poco el Economist publicó un artículo sobre el verdadero progresismo, que decía que éste es invertir en la educación desde lo más temprano posible, eliminar los privilegios en los mercados, aumentar la competencia y tener una red de protección condicionada al esfuerzo personal. Ese el es camino.

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Política energética en año electoral

Dice Bernardo Larraín que hoy socializar la idea con las comunidades vecinas es el primer paso antes de siquiera pensar en algún proyecto. “Hace diez años, por ejemplo, bastaba con una interacción con los servicios públicos que entregaban los permisos y la comunidad confiaba en ellos. Hoy la sociedad y las comunidades quieren ser partícipes de ese proceso”, sostiene.

-HidroAysén tiene que haber sido una gran lección entonces…

-Por supuesto, todos los proyectos en que hemos estado involucrados han sido fuentes de aprendizaje. En el caso de HidroAysén, por su magnitud, complejidad y visibilidad, la comunidad vecina fue casi el mundo completo. Era difícil de anticipar que un proyecto energético iba a tener esa trascendencia. En HidroAysén nos hemos concentrado en la región y el trabajo ha sido muy bueno. Hace algunas semanas estuvo el equipo completo –desde el vicepresidente ejecutivo hasta las asistentes– haciendo un casa a casa. Se visitó más de once mil hogares, y eso generó un muy buen ambiente de diálogo.

-Pero hoy esto trasciende la geografía, HidroAysén lo pueden derribar unos gringos en Iowa…

-Con proyectos como ese, de esa magnitud, hay que socializar el proyecto con muchos grupos que van más allá de la región. Ahora, la capacidad de una empresa de convencer al mundo respecto de las virtudes de un proyecto específico, tiene un cierto límite, entre otras cosas porque es una parte interesada. Por eso es que nosotros hemos dicho que proyectos de esa complejidad son más bien resorte del país, de sus instituciones, y de ahí que sea importante que exista una discusión sobre la política energética.

-¿Por eso el “colbunazo” de mayo de 2012, cuando la empresa decidió suspender el ingreso del Estudio de Impacto Ambiental de la línea de transmisión?

-Esa fue una decisión empresarial muy reflexionada. Concluía una etapa del proyecto con la aprobación ambiental de las centrales, se terminaba un proceso de judicialización con un fallo favorable de la Corte Suprema, y se iniciaba otra etapa, quizás más compleja, que era la de la transmisión. Ahí nos pareció prudente parar y decir que antes de empezar esta etapa, es importante que se discuta una política energética, que se llegue a un consenso país respecto de los lineamientos de la matriz. Y con ocasión de los proyectos de ley que han ingresado al Parlamento, espero que se produzca esta discusión este año.

-¿Y crees que este gobierno se va a jugar por estos proyectos?

-Hay bastante conciencia en los sectores políticos de que se está incubando un déficit de energía, que no se ve ahora ni el próximo año, pero sí ya a partir del 2015 ó 2016, si es que no se enfrenta esa discusión pronto. Los números son simples: cualquier estudio serio dice que para los próximos 20 años se requieren aproximadamente 20 mil mega adicionales. Y hay proyectos en manos de múltiples actores deseosos de invertir en Chile, suficientes para esa magnitud… El problema es que de esos proyectos, una fracción muy pequeña se está ejecutando. Y la razón está asociada a una ciudadanía más empoderada y participativa que no ha encontrado los cauces adecuados en la institucionalidad, y que ha provocado largos e inciertos procesos de obtención de permisos y de judicialización. Por eso se requiere una adaptación en la institucionalidad y un piso dado por una política energética consensuada.

-¿Piensas que Piñera estaría dispuesto a asumir el costo de ser el que abrió la puerta a HidroAysén?

-Los gobiernos no pueden referirse a proyectos específicos, sino que deben liderar una discusión sobre los recursos energéticos cuyo desarrollo es de interés nacional. En mi opinión, los recursos del sur tienen muchos atributos.
No es neutro para el país postergar esta discusión. Esperaría que en un año como éste, donde las candidaturas deben pronunciarse sobre temas país, se avanzara en la discusión sobre una política energética.

-Allamand dijo que HidroAysén está muerto.

-HidroAysén está trabajando en la región, concluyó la parte de las centrales, aunque falta la resolución del Consejo de Ministros que las autoridades han anunciado para marzo. No se está avanzando en la transmisión.

-Volviendo al “colbunazo”: ¿no lo conversaron antes con Endesa?

-No, se hizo en la instancia que corresponde, que es el directorio de HydroAysén, que es donde están los representantes de ambos accionistas. •••