¿Qué es el centro? ¿Son los moderados? ¿Los pragmáticos? No es evidente. Según la encuesta del CEP, quienes se identifican con esa tendencia no representan más del 10%. Lo poco que se sabe de ellos es que son más bien desinformados, están alejados de la política y no se diferencian ni por edad ni por grupo socioeconómico. Y eso no da leche.

Entonces, ¿dónde hay que buscar votos? ¿En los independientes? La verdad es que éstos son un montón: según el CEP, en los últimos 20 años han crecido desde el 8% (1993) al 47% (2012). Parece que son más bien sectores bajos, mujeres y crecientemente jóvenes de todos los grupos socioeconómicos. Difícil construir un discurso para un segmento tan heterogéneo.

El eje izquierda-derecha ha dejado de ser un referente determinante en las campañas, y el centro aún más. El gran mérito del binominal es que lo terminó de pulverizar. Por lo mismo, para las personas no es significativa la eventual izquierdización de Bachelet o su foto con el PC. Tampoco cuestionan el desembarco de Allamand de su estrategia de capturar el voto de la derecha para ir por el centro. Son categorizaciones de la elite.

Para las personas, lo que está en juego es el liderazgo que tienen los candidatos para llevar sus propuestas adelante. No si son de izquierda o de derecha, y menos de centro. Los que hoy más demandan que sus expectativas se cumplan son las clases medias. Las mismas que siguen saliendo a la calle hasta que se cumplan.

Así es. No es el voto de centro el que ha oscilado de un lado a otro: el bamboleo ha estado en la clase media. Es así como en la última elección, la marea llevó a 350 mil electores, principalmente de clase media, a la arena de la centro derecha. Más del 60% de este segmento apoyó a Piñera, abandonando el tren de la equidad por el de la aspiracionalidad.

Hoy, fácilmente el 70% de la población puede percibirse de clase media: son los que viven con un ingreso mensual de $ 400.000 a $1.200.000. Los estudios muestran también que para los segmentos medios les bastaría un pequeño aumento de un 3% del sueldo para avanzar un centil o un puesto en la escala social.

La clase media se siente estancada. Son exigentes, conocen las reglas del juego. Viven la movilidad social, pero a un ritmo que no resiste la paciencia. Se sienten en un embudo social, empujando para dar un salto cualitativo.

Ante las ofertas presidenciales, habrá  un porcentaje menor de los grupos medios que planteará la demanda por la inclusión, dado que lo que los moviliza es la sustentación y la necesidad de salir adelante. Hoy  son más cercanos a Bachelet. Para otro segmento más amplio, su demanda política será de tipo meritocrática. Quieren reconocimiento de sus derechos, pero en gran parte son aspiracionales y la necesidad de aparentar es fuerte. Son los viudos de Golborne y no tienen mucho dónde ir. Y hay un tercer segmento que comienza a dar por superada la reivindicación meritocrática e instalará una demanda política por asegurar accesibilidad plena a los beneficios presentes en la sociedad chilena: una combinación de bienes materiales con bienes blandos como el tiempo libre, la entretención, la familia… y todo por sentir que se lo merecen. Éste es el grupo que estará más en disputa.

El contexto que marca el espectro de demandas de la clase media es el consumo. No en vano éste ha sido el motor de la economía, más que la productividad del país. La clase media podría llegar a apoyar reformas estructurales si es necesario. Tiene a sus hijos en la calle reclamando educación gratuita. Deberían estar de acuerdo con una reforma tributaria para financiarla. Y si perciben que los políticos no van al ritmo que se necesita, podrían estar disponibles para reformar el binominal.

Pero lo que piden es liderazgo, no promesas que no se puedan cumplir. Liderazgo para que se rompa el embudo social, alguien que asegure que eso ocurrirá. No importa el medio sino el fin. Como la política no quiere ni puede, surge la polarización. •••