Estuvimos en una cata vertical de Domus Aurea, uno de los vinos chilenos con mayor personalidad. Por Marcelo Soto.

  • 4 abril, 2008

 

 

Estuvimos en una cata vertical de Domus Aurea, uno de los vinos chilenos con mayor personalidad. Por Marcelo Soto.

Vinos ricos y buenos hay en muchas partes, en los cinco continentes; y es cosa de viajar para darse cuenta. Son los vinos con carácter los que escasean: aquellos que hablan de un lugar único en el planeta, imposible de repetir en otro sitio por más que trabajes en la bodega con las técnicas más avanzadas.

 

 

Un vino nacional que puede incluirse en esta exigente categoría es Domus Aurea de Clos Quebrada de Macul, una de las zonas más privilegiadas del Alto Maipo. Un cabernet sauvignon cien por ciento chileno, clásico, inconfundible, con esas típicas notas mentoladas que algunos ven como defecto y otros, como virtud. No es, por cierto, un vino fácil. Tienes que entenderlo, bucear en sus profundidades, para apreciarlo. Quizá en esta dificultad se expliquen los mezquinos 86 puntos que le dio Jay Miller, el crítico de la revista Wine Advocate de Robert Parker a la cosecha 2003 de Domus.

 

“No es la primera vez que Parker me amarga la vida”, dice sonriendo Jean Pascal Lacaze, enólogo de la viña, mientras realizamos una cata vertical de Domus. “Cuando era más joven quise invertir en vinos de Burdeos y compré varias cajas de Latour 85 con dinero de mi padre. Parker le dio baja puntuación y tuve que vender todo a un precio menor”.

 

Aunque no es broma recibir un pobre puntaje en una revista influyente como la de Parker, en Clos Quebrada de Macul no dramatizan el asunto. “Te aseguro que nadie ha dormido mal luego de la crítica de Miller, que a mí personalmente me parece un chiste”, me cuenta después Rodolfo Bourdeau, consultor que trabaja junto a Lacaze.

 

El sector de Alto Maipo donde nace Domus está rodeado de suburbios. La presión inmobiliaria es enorme y sería un buen negocio vender los viñedos. De hecho, sólo hay otras dos viñas en la zona: Cousiño y Aquitania.

 

Con parras plantadas en los años 70, hasta mediados de los 90 la uva de Clos Quebrada de Macul se vendía y gozaba de prestigio. Reconocidas viñas se la disputaban. Pero en 1996 la familia del abogado Ricardo Peña, dueña de los terrenos, decidió embotellar sus propios vinos, asociada con el enólogo Ignacio Recabarren, quien dejó el proyecto cinco años después.

La cata vertical de Domus Aurea incluyó todas las cosechas, desde 1996 hasta 2005, salvo la 2000, que no se embotelló por carecer de la calidad esperada. También examinamos como adelanto pruebas de barrica de 2006 y 2007. Aparte del buen nivel que todavía exhibe la añada 1996, me gustaron en especial las de 2001, 2002 y 2004, sin mencionar que 2006 y 2007 muestran una potencialidad extraordinaria. Más que vinos puntuales, lo que me llamó la atención fue el tremendo carácter del vino, consistente y sostenido, evidente sobre todo en los años menos cálidos, con mentol, cuero, especias y fruta roja. Pero si me ponen a elegir, diría que el elemento que hace único a Domus serían esas notas a trufa blanca, incomparables.