Varios comentarios generó en el mundo político y empresarial la columna escrita por Daniel Henninger en The Wall Street Journal, que plantea que el capitalismo salvó a los 33 mineros en la mina San José. El autor plantea que si esto hubiese ocurrido hace 25 años estarían muertos, y que fue el cabezal del taladro de la firma Center Rock el que marcó la diferencia. Cuenta Henninger que el presidente de esta pequeña firma estadounidense instalada en Pensilvania, Brandon Fisher, llamó a Chile para ofrecer su “milagroso” taladro. Chile aceptó y los mineros lograron salir a la superficie ilesos. “Esta dinámica entre innovación y ganancias está por todas partes en la mina chilena”, plantea Henninger. Y detalla que el cable de alta resistencia que giraba alrededor de la rueda era alemán; que el enlace de fibra óptica que unía a los mineros con el mundo exterior era japonés, que Corea del Sur proveyó un teléfono celular que tiene su propio proyector y que Jeffrey Gabbay, el fundador de Cupron Inc. en Virginia, entregó medias hechas con fibra de cobre para minimizar los olores e infecciones. “En una economía abierta, usted nunca sabrá qué hay por ahí en la vanguardia del desarrollo de esta u otra industria. Pero la realidad detrás de los milagros es la misma: alguien innova con algo que es útil, gana dinero con ello y vuelve a innovar o alguien diferente supera ese invento. La mayor parte del tiempo, nadie lo nota. Todo lo que esto hace es crear empleos, riqueza y bienestar. Pero sin este sistema funcionando en el trasfondo, sin el progreso que año tras año se asienta en esas innovaciones capitalistas, esos mineros atrapados estarían muertos”, asegura el columnista.

  • 22 octubre, 2010

Varios comentarios generó en el mundo político y empresarial la columna escrita por Daniel Henninger en The Wall Street Journal, que plantea que el capitalismo salvó a los 33 mineros en la mina San José.

El autor plantea que si esto hubiese ocurrido hace 25 años estarían muertos, y que fue el cabezal del taladro de la firma Center Rock el que marcó la diferencia. Cuenta Henninger que el presidente de esta pequeña firma estadounidense instalada en Pensilvania, Brandon Fisher, llamó a Chile para ofrecer su “milagroso” taladro. Chile aceptó y los mineros lograron salir a la superficie ilesos.

“Esta dinámica entre innovación y ganancias está por todas partes en la mina chilena”, plantea Henninger. Y detalla que el cable de alta resistencia que giraba alrededor de la rueda era alemán; que el enlace de fibra óptica que unía a los mineros con el mundo exterior era japonés, que Corea del Sur proveyó un teléfono celular que tiene su propio proyector y que Jeffrey Gabbay, el fundador de Cupron Inc. en Virginia, entregó medias hechas con fibra de cobre para minimizar los olores e infecciones.

“En una economía abierta, usted nunca sabrá qué hay por ahí en la vanguardia del desarrollo de esta u otra industria. Pero la realidad detrás de los milagros es la misma: alguien innova con algo que es útil, gana dinero con ello y vuelve a innovar o alguien diferente supera ese invento. La mayor parte del tiempo, nadie lo nota. Todo lo que esto hace es crear empleos, riqueza y bienestar. Pero sin este sistema funcionando en el trasfondo, sin el progreso que año tras año se asienta en esas innovaciones capitalistas, esos mineros atrapados estarían muertos”, asegura el columnista.