Si su opción toma fuerza, el ex ministro tendrá que acercarse al “establishment” de los partidos y navegar entre las cúpulas tradicionales y las nuevas que debiera levantar su candidatura.

Siempre se intenta contener el inicio de la carrera presidencial. Ya sea porque se está esperando la decisión de algún candidato o candidata, o porque los partidos no se ponen de acuerdo de quien será el abanderado o bien porque los ministros no quieren dejar sus excelentes plataformas política y mediática.

Pero la realidad en la que estamos hoy día es que ya se subieron las banderas y aun cuando la partida no ha sido oficial, varios candidatos han comenzado sus periplos para poner ideas en la mesa, por darse a conocer, ser queridos y conciliar a distintos actores. Andrés Velasco es uno de ellos. En torno a su candidatura han surgido críticas, esperanzas, pasiones, sueños e ideas.

Una de las grandes interrogantes de la candidatura de Velasco radica en la falta de apoyo de los partidos políticos. Muchos plantean, con razón, que no se puede gobernar sin ellos. También es cierto que los militantes de partido en Chile son aproximadamente 800.000 personas; es decir, alrededor del seis por ciento del padrón electoral. En este escenario hay más de 12 millones de chilenos y chilenas que no tienen representación política.

Más que candidatos que provengan de las estructuras actuales, el desafío es tener agrupaciones políticas que sean eficientes y que refuercen la representación ciudadana: dos cosas en las que hoy están en deuda. Sin embargo, también hay que reconocer y validar la importancia que tienen los partidos, toda vez que son ellos los que deben cumplir con la función de canalizar los conflictos ciudadanos y las potenciales contradicciones con algunos sectores. Sin ellos, lograr acuerdos en las decisiones políticas se hace cuesta arriba.

En este escenario, el candidato puede levantar una candidatura fuera del sistema tradicional de partidos y pareciera, dada la credibilidad de estos, que no es una mala idea. Hay buenas capacidades actualmente en política, pero son muchos más los que están fuera de ella y uno de los desafíos de la candidatura de Velasco es recuperarlos, hacer que se encanten o se vuelvan a encantar con el Estado, el servicio público y la política, y que se sientan orgullosos de participar en ello. ¿Y por qué no pensar que a partir de esto se pueda permear a las bases políticas y a la vez construir y fortalecer los partidos?
Ahora bien, una cosa es presentarse sin el apoyo de partidos políticos y otra cosa distinta es poder gobernar sin ellos. Si la candidatura toma fuerza en algún momento, Velasco tendrá que acercarse al “establishment” de los partidos y navegar entre las cúpulas tradicionales y las nuevas que debiera levantar su candidatura. El desafío será el de navegar bien en aguas turbulentas, para ello llevar el timón firme puede ayudar. Además, detrás de una candidatura que toma fuerzas y cuyo plan de gobierno es acogido por muchos actores, se pueden presentar nuevas agrupaciones y coaliciones, más transversales, unidas por sus propios intereses, que pueden colaborar en hacer la navegación más suave para todos.

Otra de los cuestionamientos a Velasco tiene relación con la “falta de terreno”, con conocer ,el Chile profundo. Como ministro de Hacienda se tiene una visión global del país, pero pocas veces se tiene la oportunidad de entrar al área chica. Dado el momento que vivimos como país, necesitamos de liderazgos con visión de futuro, con ideas innovadoras, que puedan plasmar en un plan de gobierno la estrategia país y sobre todo que ese plan pueda ser capaz de transgredir los apoyos políticos iniciales, de forma que pueda ser implementado y respetado por distintos actores. El desarrollo de Chile cada vez más necesita de políticas de largo plazo. Es en este escenario en donde la candidatura de Velasco debiera encontrar sus fortalezas. Sin embargo, las grandes ideas cuando no son comunicadas ni compartidas con la sociedad comienzan a perder validez. En esta línea, el candidato tiene una oportunidad para recorrer y conocer cada espacio de Chile, teniendo como pilar fundamental en ese recorrido un proceso de escuchar y de co-construir el plan de gobierno.

Queda un largo camino por recorrer y el candidato, como buen deportista, sabe que las carreras largas se corren de manera inteligente. Velasco está llamado a llegar hasta el final, a posicionar el debate en las grandes ideas que impacten a las personas y no a caer en las discusiones populistas que se dan en el área chica. Para eso debe pensar en un gobierno que esté a la altura de las realidades actuales, en el que la ciudadanía y las empresas tienen mucho que aportar para el desarrollo de Chile.