La línea Single Vineyard de Viña De Martino se consolida como una de las más potentes y originales del país. Su enólogo anuncia que seguirán profundizando la senda hacia un estilo más natural y menos estandarizado. Por Marcelo Soto

 

  • 22 febrero, 2011

 

La línea Single Vineyard de Viña De Martino se consolida como una de las más potentes y originales del país. Su enólogo anuncia que seguirán profundizando la senda hacia un estilo más natural y menos estandarizado. Por Marcelo Soto

 

Este verano, aparte de unos rosados hechos con la cepa país por Louis Antoine Luyt en Cauquenes, disfruté mucho la línea Single Vineyard, de Viña De Martino. Son nueve vinos, todos con mucho carácter, provenientes de zonas elegidas con pinzas por Marcelo

Retamal, enólogo de la empresa establecida en Isla de Maipo. Retamal debe ser uno de los profesionales del vino más inquietos y curiosos del país. Ha probado de todo y recorrido muchísimos viñedos en Chile y el extranjero. Tiene, además, la mente amplia para apreciar proyectos raros o locos; y no teme desafiar a sus propios prejuicios.

Esa cualidad, por supuesto, es sumamente saludable, sobre todo en un medio que suele mirarse al ombligo. Quizá la única ocasión en que Retamal se vuelve dogmático es cuando habla de música: su fanatismo por Iron Maiden es irrenunciable. Pero esa es otra historia.

El asunto es que los Single Vineyard son una maravilla: una especie de mapa secreto del vino chileno. Retamal ha ido redescubriendo viejos viñedos o apostando por nuevas zonas, siempre buscando la mejor expresión de un terroir. Es así como elabora el syrah Alto Los Toros en el valle de Elqui, a 1.950 metros de altura. La cosecha 2008 tiene algo de petit verdot y es un vino que sorprende, por la profundidad, por la potencia con que llena la boca. ¡Habría que probarlo en uno cuantos años!

Retamal tiene un cariño rotundo por los viejos viñedos, una verdadera obsesión que se expresa en estupendos vinos de secano (viñas que crecen sin riego, sólo con agua de lluvia) como Limávida 2008, con base de malbec, una delicia de frutas rojas y violetas; El León 2007, con el carácter salvaje del carignan, y La Aguada 2008, una exquisita y poderosa mezcla de carignan y malbec; los tres, del Maule. Desde el valle de Cachapoal, también de un antiguo viñedo sin irrigación, proviene Las Cruces 2007, uno de mis favoritos de la serie, un vino casi animal que es pura vitalidad, con malbec y carménère unidos en un abrazo ancestral.

Retamal es tan honesto como para reconocer que en algún momento apostó por un estilo ultra maduro y concentrado y que hoy busca otra cosa. Y también para aceptar que el pinot noir en Chile no alcanza la calidad buscada y por eso la variedad ya no forma parte de la línea, aunque no se cierra a encontrar el lugar adecuado para desarrollarla.

Aparte de los notables cabernert sauvignon Las Aguilas 2008 y carménère Alto de Piedras 2009, ambos del Maipo, Single Vineyard incluye un excelente chardonnay Quebrada Seca 2009 de Limarí y un recomendable sauvignon blanc Parcela 5 2010 de Casablanca, vinos que hay que probar porque hablan un lenguaje único, propio de un lugar que no es intercambiable. Los tintos rondan los 17 mil pesos, mientras que los blancos andan por los 13.500, y son una apuesta segura.

Adios a las barricas
Marcelo Retamal está lejos de dormirse en los laureles y ya se plantea nuevos desafíos. Entre ellos destaca su apuesta por el valle de Itata, donde espera elaborar vinos con las cepas país, cinsault y portugais bleu provenientes de viñedos antiguos sin riego. Además, a partir de este año comenzarán a trabajar un par de vinos en forma natural, con métodos antiguamente usados en Chile, como la fermentación y guarda en tinajas de greda. Si desde 1998 el viñedo de Isla de Maipo se cultiva de manera orgánica, con todos los productores externos con los que trabajan han decidido eliminar el uso de herbicidas y otros aditivos.

“Queremos erradicar todos aquellos métodos y prácticas que están estandarizando los vinos en el mundo: las cosechas extremadamente tardías, el uso de levaduras seleccionadas, enzimas, etc. En lo que respecta al uso de barricas nuevas, hemos determinado no comprar más. Serán reemplazadas por fudres de gran dimensión que eviten hacer un aporte de sabores de madera tan marcados en los vinos”, dice Retamal, quien no está solo en su cruzada, pues sus palabras las suscribe junto al gerente comercial de la viña, Marco Antonio De Martino. Una apuesta que puede ser revolucionaria.