• 19 marzo, 2009

 

El oficialismo ha hecho de las primarias un bluff servil a la anticipación de la campaña, apoyándose en recursos públicos para una elección primaria que, tal vez, ni siquiera se realice.


Las primarias son un mecanismo adecuado para dar legitimidad a la nominación de candidatos, acto que suele ser tan hermético y pantanoso que cierta literatura lo ha denominado como el “jardín secreto” de la política. El instrumento busca alumbrar algo que por sí mismo es lúgubre.

Sin embargo, no todas las circunstancias en las cuales son celebradas las primarias iluminan el proceso, como es su objetivo. En la historia de la Concertación se ha verificado un par de episodios que demuestran la vulnerabilidad
de estos acontecimientos, debido a que las facciones pueden intervenir indebidamente, incluso, robando votos y violentando las urnas. Las primarias, quiero decir, no son un mecanismo que asegure definitivamente la legitimidad en la selección de candidatos.

El mecanismo puede ser utilizado como parte de un espectáculo que busca otorgar apariencia de objetividad a la nominación. Son alternativas que también pueden ser serviles al espectáculo político. Quién duda del resultado de la primaria que la Concertación estaría promoviendo. Su realización no apunta a definir una candidatura, sino que aparece como un instrumento de movilización temprana, en un contexto de relativa desregulación y absoluta ausencia de fiscalización. Esto puede derivar fácilmente en el desvío de recursos públicos para adelantar una campaña que, en forma, debiese comenzar en septiembre.

De ahí que el desarrollo de las primarias en el oficialismo esté arrastrando a Eduardo Frei a un terreno inconveniente para él y para la Concertación. Esta primaria lo ha convertido en un articulador político más que en un provocador de consensos sociales. Frei estará capturado por la Concertación y toda su miseria, mientras se mantenga la decisión de hacer primarias. Luego, salir de esa posición será prácticamente imposible.

Adicionalmente, el mecanismo puede ser inconveniente para la Concertación, si es que el candidato oficialista no revierte la tendencia que, ya en diciembre, mostró la encuesta del Centro de Estudios Públicos, la cual fijó el peso de la prueba de viabilidad en la candidatura de Frei y no en la de Sebastián Piñera. Esto, porque marcó la distancia respecto del candidato de centroderecha en 10 puntos y mostró que el 46% del electorado tenía decidido no votar por él en el caso de que fuese el candidato del oficialismo.

De ahí que las luminarias se posan sobre Eduardo Frei, quien está haciendo un gran esfuerzo por articular a una Concertación en desgaste evidente. De hecho, la nómina de su equipo político parece el relave del material pesado de su referente; algunos representan sensibilidades partidarias, pero ya nadie demuestra peso y relevancia en ese círculo. Considérese que Belisario Velasco ofició de vocero de la candidatura para responder al cuestionamiento sobre el indulto que Frei otorgó a un narcotraficante de envergadura, durante su mandato. El objetivo de Eduardo Frei debiese ser distinto al de un operador político, porque los indicadores de opinión pública, aún después del verano, lo muestran perdiendo en primera vuelta.

Por todo lo anterior, sostenemos que estamos evidenciando el hecho de que las primarias no son un mecanismo sacrosanto y puede ser, incluso, corrompido. Asimismo, pueden resultar en una camisa de fuerza para quien, una vez nominado, llegue a junio o julio como un candidato que las encuestas muestren como inviable. Anticipándose a ello, el oficialismo ha hecho de las primarias un bluff servil a la anticipación de la campaña, apoyándose en recursos públicos para una elección primaria que, tal vez, ni siquiera se realice.