Las primeras bandas alemanas de música electrónica de los 70 –llámense Kraftwerk, Tangerine Dream o Can– sonaban como especies de robots sin alma que tocaban los sonidos que se escucharían durante el siglo XXI, tal como lo presagiaban películas como 2001, Odisea del Espacio, de Stanley Kubrick y Blade Runner, de Ridley Scott. Pero cuando […]

  • 8 abril, 2013
Depeche Mode

Depeche Mode

Las primeras bandas alemanas de música electrónica de los 70 –llámense Kraftwerk, Tangerine Dream o Can– sonaban como especies de robots sin alma que tocaban los sonidos que se escucharían durante el siglo XXI, tal como lo presagiaban películas como 2001, Odisea del Espacio, de Stanley Kubrick y Blade Runner, de Ridley Scott.

Pero cuando aparecen los Depeche Mode a comienzos de los 80 el sonido de la música electro –como se le llama ahora– comenzó a dar un giro, hacia una tonalidad más humana y melancólica. El grupo que en esa época lideraban el tecladista Vince Clarke y Martin Gore supo incorporar corazón y entrañas a un estilo musical marcado hasta ese momento por la frialdad tecnológica y la ausencia de intimidad. Esa inteligente combinación convirtió a los miembros de la banda de Essex en verdaderas deidades de la música a nivel mundial, una categoría que sostienen con grandeza luego de 33 años de carrera.

Sucede que cada álbum de Depeche Mode es un ejemplo de cómo preparar y ejecutar una obra de excelencia musical. El caso de Delta Machine, su nuevo trabajo de estudio, no es una excepción a esta rigurosa norma creativa. De hecho, este disco representa su entrega más vigorosa y brillante en años.

Lo anterior demuestra que, a pesar de ser uno de los grupos más populares del planeta, con cien millones de álbumes vendidos y una docena de singles en el tope de las listas, sus integrantes continúan trabajando cada álbum como si fuera el último. Desde Black Celebration (1986) han venido repitiendo que nunca saben si volverán a grabar otra vez. Según Gore, ese discurso forma parte de su pesimismo endógeno y de sus propias inseguridades.

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Y es cierto: no todo ha sido miel sobre hojuelas para los miembros de Depeche Mode. Conocida fue la dependencia del vocalista David Gahan a la heroína y su padecimiento de cáncer a la vejiga hace sólo un par de años. También Martin Gore tuvo sus propias dificultades con el alcohol luego de su divorcio tras 12 años de matrimonio. Sólo Andy Fletcher (el sensible) parece haber mantenido una vida ordenada y sin grandes dilemas.

Cuando les ha tocado hablar del proceso de producir Delta Machine (Delta por alusión al Delta del Mississippi), tanto Gore como Gahan lo han descrito como una experiencia que disfrutaron enormemente, tapando la boca a quienes rumoreaban que se habían convertido en un trío de viejos enfermos, depresivos y malhumorados.

Delta… es un álbum compacto, que no abusa de las herramientas tecnológicas. Es un retorno a un minimalismo electrónico, con capas sonoras sin el espesor de otros discos, pero que proveen una crudeza ambiental enfocada, precisa y eficaz. El sonido del blues clásico surge de inmediato como gran referente y también como elemento que amalgama las trece canciones de la placa. Sólo que en vez de una guitarra acústica de cuerdas metálicas como sonido de fondo, aquí la voz de David Gahan es acompañada por los sonidos de teclados analógicos y máquinas de ritmos de los 80 compradas en EBay por Martin Gore.

Heaven es el primer single del disco, y la elección no pudo ser mejor. Es un góspel ácido, con guitarras y pianos procesados con voluptuosidad. La voz grave de Gahan y la angelical de Gore se unen en un coro para predicar: “voy a gritar la palabra, saltaré al vacío y guiaré al mundo hasta el cielo”, con el clásico dramatismo religioso que ha acompañado cada uno de los discos del grupo.

En Delta Machine también reverberan las influencias de la reciente colaboración de Martin Gore con Vince Clarke (VCMG), proyecto en el que ambos músicos manifestaron su pasión por la electrónica pulcra, minuciosa y experimental. Gahan, por su parte, establecido como compositor y vocalista, dice haber tomado algunos elementos de inspiración en el espinoso estilo de voz de Mark Lanegan, miembro del grupo Soulsavers.

En el actual universo electrónico plagado de “músicos” que usan la tecnología de un modo facilista, Depeche Mode demuestra con su último disco que el camino de la gratificación instantánea nunca ha sido el de ellos, y que la evolución artística ha sido factor clave para seguir en la cima después de 33 años. Por todo eso, bravo. •••