• 13 septiembre, 2018

La trama

La Nueva Mayoría fue una ilusión más de la izquierda. Fracasó rotundamente en su gobierno, dejando un país claramente peor al que recibió. Peor aún, lo dejó con problemas serios y contingentes como el drama del Sename, la crisis de Carabineros, el reventón de los equilibrios fiscales, la caída severa en inversión y productividad, atomización del Parlamento en un sistema presidencial, la inmigración descontrolada y arbitraria y tantos otros problemas. ¿Cuál fue la diferencia con los gobiernos de la Concertación? Simple y claro, la incorporación del Partido Comunista en el gobierno. La derrota electoral de la Nueva Mayoría fue simplemente estrepitosa. El drama es que Piñera es un buen gobernante y al menos enderezará la economía, aunque ya resolvió el tema de Carabineros, está actuando en seguridad y migraciones, y corrigiendo las reformas mal hechas. La actual oposición siempre ha considerado al gobierno como un botín. Un segundo gobierno de Chile Vamos es catastrófico para quienes viven directa o indirectamente del Estado. Por eso prefieren sacrificar al país antes que perder otra elección.

La oposición del bloqueo

El país se seguirá polarizando a medida que una parte importante de la oposición continúe usando su oscura estrategia de bloqueo, basada en su mayoría parlamentaria circunstancial. Por más que quieran tratar de usar la posverdad para inventar la existencia de un legado, cada día que pasa emergen más y más evidencias de lo malo que fue el gobierno anterior. Las reformas estructurales fueron todas muy mal diseñadas y peor implementadas, dejando una mochila nacional difícil de cargar. Incluso el desorden administrativo fue colosal, como ha aparecido en los medios. 

Por su parte, el “novedoso” Frente Amplio deja ver día a día por un lado una notable falta de madurez, acoplada a su asombrosa inexperiencia. Por el otro lado, se han tratado de arropar con un manto de superioridad moral, pero ahora ya sabemos que el rey va desnudo: eran más de lo mismo, pero sin las credenciales mínimas de experiencia. Practican una política adolescente. Confunden las ideas con las opiniones. Hasta aquí su aporte al país no ha existido realmente.

A las pocas semanas del gobierno, empezaron las impugnaciones ministeriales, que por supuesto quedaron en nada. También se han impugnado jueces y al fiscal nacional. Se bloquean todas las iniciativas del Ejecutivo y tratan día a día de descalificar al gobierno por sus resultados en apenas pocos meses de gestión. Tratan de bloquear también ministros y subsecretarios por egoísmos partidarios. Por otro lado, en este mes de septiembre se desatan todas las muy malas prácticas de tratar de volver a instalar el odio que reventó al país el año 73, es decir, hace casi medio siglo atrás. 

Por cierto, no hay que olvidar los errores del pasado, pero esa memoria no puede ser selectiva, debe superar ya la contingencia política y entrar a los remansos de la sabiduría de la historia. Una historia que los jóvenes que están hoy en política no vivieron y que reproducen sobre la base de las historias que les contaron y que ideológicamente eligen creer. La verdadera historia es siempre más compleja. El triunfo del No fue la victoria de una elección, pero que al mismo tiempo le dio una enorme victoria a la institucionalidad democrática que creó el gobierno militar. Una muy extraña forma de “dictadura” que  en 1980 establece una hoja de ruta para volver a la plena democracia, de la que nunca se aparta y a partir de lo cual no solo se construye un nuevo edificio para el Congreso, sino que se llama a elecciones, las pierde, y deja el poder. Pero deja también un país institucionalmente modernizado y con una economía muy vigorosa. Un país que, desde entonces, puede volver a mirar de frente al futuro.

Los desafíos del futuro

Con la honrosa excepción de Guido Girardi, la clase política en general no parece estar consciente del futuro que nos está invadiendo como un verdadero tsunami. Ni siquiera he escuchado a los políticos jóvenes hablar del impacto y oportunidades que traen las nuevas tecnologías, como la inteligencia artificial, IoT, computación cuántica, web 3.0, blockchain, big data cognitiva, la biología sintética acoplada a la nanotecnología, la realidad aumentada y otras tendencias de esa naturaleza. Se los escucha más bien hablar de lo mismo que hablaban sus abuelos hace 50 años atrás. Francamente da mucha pena ver cómo el Parlamento se está convirtiendo en un reality.

La nueva realidad digital que está cubriendo al mundo hace que ya estemos llegando a 5.000 millones de usuarios de internet, a un sistema de 6.000 millones de celulares cada día más inteligentes, y prontos a operar en la red 5G, que podría ser quizás 100 veces más rápida que la actual. Mientras nos movemos aceleradamente a los autos eléctricos e inteligentes, seguimos en Chile obligados a parar para pagar un peaje, y matamos miles de árboles para dar recibos de papel. 

Los medios de pago digitales van apagando de a poco el dinero en efectivo, nuestros datos se usan y también de malas maneras. El libro de papel va de salida y está siendo reemplazado por libros digitales con creciente inteligencia y habilidades que cambian la lógica educativa. Los juguetes de los niños son cada vez más inteligentes que ellos. Se viene la masificación de la impresión 3D en el hogar. Los diarios de papel están en retirada, como lo está la TV abierta. La educación en línea está reemplazando a los modelos tradicionales, y es más barata, más personalizada, más productiva en resultados. El big data cognitivo entrará de lleno a la salud, los exámenes de rutina ya no necesitan a los médicos convencionales. Los bots digitales personales crearán nuestros avatares en la red, capaces de lidiar con la creciente complejidad y enormes cantidades de datos, información, conocimiento y opciones.

Las interfaces directas de la tecnología y el cerebro ya están a la vuelta de la esquina, las guerras digitales abren nuevos desafíos en ciberseguridad. Se vienen los traductores universales de idiomas, nuevas y audaces propuestas como la inmortalidad digital, ahora posible. En otros planos emergen los nuevos alimentos de producción molecular. Aplicaciones como Facebook tienen más suscriptores que la mayoría de la población de los países, no conocen de fronteras y cada día tienen más poder. Hablamos de empresas que ya superan la barrera del trillón de dólares de valor. Por otro lado, los wearables (ropa y accesorios conectados a internet) nos están empezando a cubrir y monitorear 24×7, igual que los drones y otras herramientas acopladas a nuestra vida cotidiana.

De estos temas depende realmente el futuro, pero nuestra clase política en general no le interesan. Por eso, las leyes en general miran por el retrovisor.

Entonces qué

La primera pregunta es si seguiremos con el bloqueo y plantando odio para cosechar tempestades, o será tiempo de sembrar semillas de un futuro generoso para todos, en un país diverso y complejo. En mi opinión, la oposición con su estrategia egoísta y seguirá polarizando al país de manera creciente. Su principal apuesta es que al gobierno le vaya mal y harán todo lo que esté a su alcance para ese objetivo. Jamás lo reconocerán, pero es lo que hacen. Ya de a poco aumenta el nivel de la violencia, y lo vemos claramente en los colegios, las amenazas de muerte, los ataques al metro, etc.

Aunque sea predicar en el desierto, basta ya de polarizar, empecemos a construir. La política es un medio, no un fin, y jamás avanzaremos si para la izquierda es su fuente de vida y el poder es su botín.