Mirando el río Mapocho, en el octavo piso de un edificio en La Dehesa, la oficina del empresario Eduardo Ergas (57) tiene una mesa con una colección de piezas arqueológicas: fósiles, ágatas, cuarzos, algunos comprados y otros encontrados por él, cada uno con un papel que indica el año y lugar. “Mi abuela (que murió […]

  • 2 agosto, 2018

Mirando el río Mapocho, en el octavo piso de un edificio en La Dehesa, la oficina del empresario Eduardo Ergas (57) tiene una mesa con una colección de piezas arqueológicas: fósiles, ágatas, cuarzos, algunos comprados y otros encontrados por él, cada uno con un papel que indica el año y lugar. “Mi abuela (que murió el año pasado, a los 103 años) era etnóloga. Con ella me fui a vivir a la selva con los indios cofanes, subía a ver el nacimiento de un río, iba a buscar fósiles. Mi mamá (Mónica Weisner) es antropóloga y mi hija está terminando de estudiar Antropología también. Ellos me mostraron el mundo de los seres humanos, pero a través de una mirada de la aventura. Y la ciencia es mucha aventura”, cuenta el dueño de Valle Nevado y de la empresa de arriendo de helicópteros Ecocopter. 

Se sienta en un sofá, cruza las piernas. Viste calcetines negros con algoritmos matemáticos blancos. Se los compra en las tiendas de los museos cada vez que viaja. 

-¿Por qué usa esos calcetines?

-Es una manera de partir una conversación sobre la ciencia. Hago así (cruza las piernas para que se le vean más) y siempre alguien me hace un comentario. A mis 40 años descubrí en Palo Alto cómo la ciencia puede ser el catalizador para cambiar una sociedad. Y eso es lo que traje a Chile. 

Fue en el año 2004. Eduardo Ergas dejó su puesto de director en el Banco Edwards y vendió su participación a Andrónico Luksic. Llevaba cuatro años de presidente de Endeavor, había conocido el mundo del emprendimiento y le propuso a su familia irse de sabático a California.

“Llegué sin un curso, ni nada. Llevaba a los niños al colegio y me iba con algún papá a tomar un café. Empecé a conocer gente –al revés de mis pares empresarios, que eran muy arrogantes y planos–, con diversidad de conocimientos, humildad y ganas de hacer un montón de cosas: eran empresarios, pero además hacían deportes, tomaban cursos, hacían clases en la universidad, etc.”, cuenta. 

Ergas aprovechó sus dos años en California para invertir en los proyectos que fue conociendo. Entre 2001 y 2007 apostó por 11 emprendimientos, dos salvaron la plata y en los demás perdió el dinero. A partir de 2008 ha invertido en otros 17, con buenos resultados, reconoce. “Hemos ido aprendiendo a hacer las cosas, dónde invertir, en qué momento, en qué lugar geográfico. Y hoy, una parte importante de mi trabajo tiene que ver con inversiones tecnológicas”, dice. Esas participaciones las maneja a través del fondo Sake, que comparte con el biólogo Sebastián Bernales, radicado en California. 

Eduardo Ergas hoy está en una cruzada por hacer ciudadana la “filantropía científica”, a través de su fundación EcoScience, que armó al regresar de Estados Unidos. La ONG tiene tres pilares: conservación del medioambiente; conectar la ciencia con los ciudadanos a través de encuentros con destacados expositores; y potenciar pequeños emprendimientos e investigaciones, con aportes de hasta 1,5 millones de pesos, para iniciativas como estudios de especies nativas o simposios ligados a la astrobiología. 

“Todo lo que me ha pasado desde el año 2000 en el mundo de los negocios, la filantropía, la amistad, está influenciado por Palo Alto”, asegura.

Tertulias y buses

Partió organizando tertulias, donde convocaba a empresarios, académicos y funcionarios de gobierno alrededor de un expositor, como Brian Schmidt, nobel de física; Susan Desmon-Hellman, CEO de The Gates Foundation; Jane Goodall; el conservacionista americano M. Sanjayan; y el bioquímico Bruce Alberts. Al principio, cuenta, la convocatoria fallaba, hasta que en la invitación puso “se ofrecerá un exquisito cóctel”. Con ese anzuelo, aumentó el quórum. Entre los asistentes cuentan desde los ex presidentes Lagos y Bachelet, y el ministro Alfredo Moreno, hasta los empresarios José Luis del Río, Álvaro Fisher, Agustín Huneeus, José Antonio Guzmán, Jorge Bunster y Patricia Matte, siempre en reuniones de no más de 18 personas. A la fecha ha realizado alrededor de 50 eventos, que están por ahora en standby, mientras la casa museo donde opera la fundación termina su remodelación.

-En una entrevista dijo que “la mayoría de los empresarios no establece relaciones significativas entre su quehacer actual y su bienestar global a largo plazo”. ¿Cree que a ellos solo les interesa ganar plata? 

-Basta que unos pocos se convenzan y las cosas empiezan a funcionar. Hoy hay muchos empresarios en temas de conservación, en ciencias. Hasta 2002 no conocía emprendedores científicos en Chile y ahora hay nombres top a nivel mundial. Pero esto, más que con la clase empresarial, tiene que ver con las nuevas generaciones que vienen con ganas de experimentar, aprender. Están muy perdidos en muchas cosas, pero vienen con otro optimismo, con otro cassette. De hecho, la filantropía ha crecido muchísimo. 

-Pero falta…    

-Claro, pero ya la gente está empezando a hacer más. Los hijos de las grandes familias y cabros jóvenes de las universidades quieren irse por otro camino en la vida. 

En 2013, EcoScience formó una alianza con la fundación Ciencia y Vida, de Pablo Valenzuela y Bernardita Méndez, para montar un bus científico que recorre Chile rural mostrando experimentos vivenciales. A la fecha, el laboratorio móvil ha impactado a 33 mil niños y 2 mil profesores. Existen tres y de aquí a cuatro años debieran ser 18: uno para cada región, más otros tres para llevar a Argentina, Perú y Bolivia. “Cuando un niño estudia ciencia, tiene 400% más de posibilidades de salir de la pobreza y 200% de terminar un postgrado. La ciencia es un catalizador de la educación”, asegura el filántropo. 

-Usted es ingeniero comercial, ¿nunca pensó estudiar alguna ciencia?

-Traté y ya no me da. Intenté empezar a leer cosas mucho más técnicas y no las entiendo. Me preocupo de tratar de entender qué problemas soluciona. Y puedo aportar en la conversación con científicos, primero, poniéndole mi punto de vista social, y segundo, empresarial: llevo casi 40 años en el mundo de los negocios y he sido un aporte. Entré a estudiar matemáticas en la universidad, pero por la presión del grupo me cambié a ingeniería comercial. Mi padre (Isaac Ergas) era empresario…

-¿Se arrepiente de no haber sido matemático?

-Me hubiese encantado haber terminado. 

Bachelet versus Piñera

Poner un hotel fue la excusa para conservar, dice. En 1994 compró el primer gran terreno en la zona de Paposo, cerca de Taltal. En ese entonces, asegura, era el lugar con mayor diversidad de flora. Luego adquirió tierras en Magallanes y otras cerca de Cunco. Después instaló en Codpa un ecolodge, y otro en Caleta Tortel. Hoy suma más de cien mil hectáreas que son administradas a través de EcoScience. “Aysén debe ser el lugar más bello de la tierra. Paradójicamente, es el lugar que menos necesita ser salvado porque hay tanta gente que está conservando ahí”, afirma.

-¿En qué consiste su forma de conservar? 

-Hay muchas formas de hacerlo. La mejor es la de Tompkins, que compras el lugar, haces un levantamiento de especies, desarrollas un plan e incluyes a la comunidad. Yo no tengo el tiempo, ni la plata para hacer eso. Entonces, he decidido comprar y hacer levantamientos. Lo que realmente me gustaría es que los lugares que están protegidos pudiesen encontrar un socio y yo poder conservar en áreas que más necesitan: en toda esta zona de cerros (muestra la cordillera) había guanacos, hoy no queda nada. Ahora, el papel que me he tomado es el de promover la ciencia. Y así, otros se pueden dedicar a hacer pequeñas conservaciones. 

-¿Cuál es su visión sobre cómo el gobierno está abordando este tema?

-No soy político. Lagos tenía mucho interés, Frei hizo bastante. Y creo que Bachelet realizó mucho en temas de conservación, lo que es un gran orgullo para los chilenos. Pienso que los temas económicos son importantes, sin lugar a dudas, pero van y vienen, y los crecimientos no quedan, porque uno avanza y puede luego retroceder. La conservación debería quedar para siempre, porque no es solo un montón de tierra y mar para que algunos vayan de vacaciones. Tiene que ver con temas de largo plazo. Reconozco lo que el presidente Sebastián Piñera ha hecho como empresario en materia de conservación, ojalá hiciera algo similar en el ámbito de las políticas públicas o desde su rol de jefe de Estado.

-¿Iniciativas como la concesión del Parque Nacional Siete Tazas van en la dirección correcta?

-Creo que un país va a cambiar porque pequeñas personas en pequeños tamaños empiecen a hacer cosas que se van a ir reflejando hacia arriba, hasta llegar al gobierno. Yo no creo que el gobierno vaya a traer una idea y cambiar un país. Estas cosas pasan porque existen los Pablo Valenzuela, los Sebastián Salinas, los Matías Muchenik, los Ashoka, EcoScience. 

-¿Por qué es tan importante la ciencia?

-¡Entramos finalmente! La ciencia te permite cuestionarte. Vivimos en un mundo de dogmas de todo tipo, de fake news. La ciencia no tiene dogmas: está basada en evidencias. Invertir en ciencia permite que los países tomen buenas decisiones y que sean medibles.

-¿Dónde hay que poner el énfasis, en los recursos o en la educación de la ciencia?

-Los recursos siempre están. El error es la mirada cortoplacista. Invertir en ciencia básica es tal vez de los proyectos más rentables de un país, pero nadie está dispuesto a hacerlo porque los resultados los ves en mucho tiempo más. Es más fácil invertir en ciencia aplicada, que también es una solución, pero para mí menos buena. Hasta los 11 años te das cuenta de que el niño aprende a pensar de una manera científica, a maravillarse, a seguir buscando. Tal vez la palabra es explorar, preguntar. 

-¿Quién sería un buen ministro del nuevo Ministerio de la Ciencia?

-Me encanta la Bernardita Méndez; María Teresa Ruiz; Carolina Torrealba, el mejor sin lugar a dudas sería Sebastián Bernales. Y no porque sean científicos, sino porque tienen un sentido de la oportunidad, la administración y el largo plazo que conozco en poca gente.