El rock tiene ética y tiene ley, según lo ve y lo relata Hernán Rojas, reconocido productor que trabajó en la era dorada de la música popular en California, con artistas como Fleetwood Mac y Frank Zappa. Ahora escribe sus memorias, en las que va a contar historias de enjundia, como la de la metralleta que apuntó a Stevie Nicks –quien fuera su novia- en Santiago durante un toque de queda en los 80.

  • 29 marzo, 2012

El rock tiene ética y tiene ley, según lo ve y lo relata Hernán Rojas, reconocido productor que trabajó en la era dorada de la música popular en California, con artistas como Fleetwood Mac y Frank Zappa. Ahora escribe sus memorias, en las que va a contar historias de enjundia, como la de la metralleta que apuntó a Stevie Nicks –quien fuera su novia- en Santiago durante un toque de queda en los 80. Por Pablo Marín; fotos, Verónica Ortíz.

En 2007, Radio Futuro fue el medio local asociado de la gira The dark side of the moon, de Roger Waters. Hernán Rojas (58), un legendario productor musical y locutor radial, tuvo una larga entrevista telefónica con el ex Pink Floyd. Luego coordinaron en conjunto la pintura de las frases para decorar el cerdo enorme que se suelta durante los recitales y que todo floydiano que se precie debe al menos ubicar. La comunicación fue fluida, cuenta Rojas, ex alumno de colegio inglés y conocedor de no pocos británicos en su trayectoria profesional. Una vez en Chile, Waters le pidió que fuese su intérprete en la conferencia de prensa. Obsesivo como es, quiso saber qué querían decir las frases pintadas en el chancho.

Nació ahí una amistad: mantuvieron contacto vía mail hasta el terremoto del 27-F. “La mañana siguiente, apenas tuve Internet, le mandé un mensaje”, cuenta Rojas. De esa solicitud de apoyo surgió, además de una sustanciosa y anónima donación a Un Techo para Chile, una carta abierta de apoyo y solidaridad con un país golpeado. Fue la primera misiva del bajista británico, pero más

“Fui segundo ingeniero en Sheik Yerbouty, de Frank Zappa. Frank grababa todo en multipista en sus giras, se las llevaba a un estudio, les sacaba las guitarras,… y pegaba un pedacito. Era un maestro”.

fama tuvo la segunda, que Rojas dio a conocer días después de que Waters se reuniera con Sebastián Piñera en La Moneda, semanas atrás, mientras preparaba su última presentación en Santiago. La carta, cuyo autor dice haber salido en “estado de shock” del palacio presidencial y se pregunta si todos los políticos serán tan livianos con la verdad como Piñera, sacó chispas en el gobierno y fue relativizada por el propio embajador británico.

Rojas, en todo esto, no habría sido más que un intermediario. Y la idea no es matar al mensajero. Menos; si se trata de un personaje que suma a su actual oficio de conductor radial un extenso recorrido por mesas de grabación de producciones varias, en Chile y EEUU. Eso, y una estirpe de rockero de larga data que va recogiendo hebras a la hora de dar pistas sobre quién es y quién ha sido. Con los anteojos de rigor y sentado en el estudio de su radio, habla sobre su extensa trayectoria, que incluye encuentros con Stevie Nicks, Frank Zappa y otros grandes del rock.

-¿Tienes algún vínculo con la política?
-Me siento parte de la generación de la contracultura. Me vi muy marcado por los movimientos de derechos civiles y por la toma de la casa central de la UC, aunque todavía era un poquito chico. De hecho, me quise arrancar de la casa con mi amigo Carlos Guerrero, que fue hippie, después silista y más tarde mirista y que fue desaparecido tras el golpe. Teníamos planificado ir a unirnos a la revolución de los jóvenes en California, en Berkeley. Y siempre he leído mucho a los autores que a uno lo mantienen consciente del tema del “gran hermano”: el tema de la libertad para mí es fundamental. Nunca he participado en movimientos políticos, ni en ningún partido, pero a través de la comunicación, a través de la música, siempre he estado conectado. Tengo, además, un hijo que fue secretario de la FEUC el año pasado.

-Pero has trabajado en campañas políticas…
-Sólo prestando servicios.

-Fuiste intérprete de Camila Vallejo cuando habló con Roger Waters. Siendo ella una disciplinada militante, ¿no la viste muy distinta del joven más chascón y espiritual que tú fuiste cuando tenías su edad?
-En el caso de la Camila, lo que mejor refleja su búsqueda de hoy es la pregunta que le hizo a Roger Waters: por qué la hoz y el martillo en el bombardero de The wall. Él respondió que en el nombre de Stalin se asesinaron millones. Por mi parte, nunca he comulgado con los ismos. Tuve amigos comunistas, pero en la época de Allende a los más chascones, hippies y rockeros, nos disparaban de ambos extremos. Los Jaivas han contado de esto.

Haciendo memorias
Con 20 años, a principios de 1974 Rojas había dejado sus estudios de Arte y Derecho: se embarcaba a California. Trabajó en variedad de oficios mientras estudiaba para ingeniero de grabación. Y con el tiempo “lo logró”: contribuyó a la elaboración de discos de Steely Dan, Frank Zappa, Santana, Van Halen, Prince y Fleetwood Mac. Sobre todo Fleetwood Mac, con quienes grabó el larga duración Tusk (1979, que llegó al primer lugar de las listas en Gran Bretaaña y al cuarto en EEUU), además de ser coautor del exitoso tema Sara de dicha banda y ex pololo de Stevie Nicks. De vuelta en Chile, grabó con Electrodomésticos, Upa!, Aparato Raro y otros emblemas del pop/rock de los 80. Estas y otras historias se recogen en un libro de memorias que no tiene aún fecha de salida.

-¿Crees que “uno es lo que escucha”? ¿Te definiste a ti mismo a partir de tus gustos musicales?
-En los años de juventud, el rock y también el folk –Bob Dylan, específicamente– eran mucho más que sólo cerveza y pasarlo bien, vestirse de cadenas o andar en moto. Y el propio Dylan diría en un momento: “yo no soy ese profeta que ustedes quieren que sea”, después de haber sido elevado casi a esa categoría. Esa actitud de caer en el mundo me marcó en todo sentido, no solamente el ideológico; también, en la forma de vivir, sobre todo cuando viví en California. Alguien se puede reír, por ejemplo, si uno dice que hay una ética en el rock. Pero existe. Está en las cosas que tienen que ver con la autenticidad, con no dejarse que te pongan la pata encima, con ser libre. Y también hubo temas como la búsqueda alternativa de lo espiritual, como una especie de rebelión frente a los moldes de la Iglesia o de las familias.

-¿La búsqueda fue por el lado de Silo?
-No me gustaban ni Silo ni Arica. No me gustaba la búsqueda tan mental. Me atraía mucho más lo relacionado con la espiritualidad y el amor. Por algunos años fui seguidor del gurú Maharaj Ji.

-Pero no fue eso lo que te llevó a California…
-No. Fue la música. Lo soñaba desde que escuchaba en la radio Santiago las primeras canciones de los Beatles. Soñaba: voy a estar ahí, sea como sea. Y fue una pasión que ayudó a pasar los momentos difíciles. Porque llegué con muy poca plata, llegué con unos 300 dólares en un barco de carga.

-¿Ibas encaminado a una vida más “normal”?
-Es que desde niño fui distinto. Tenía una nana que había criado también a Héctor Noguera, que es primo chico de mi mamá, y me decía, “usted se parece mucho a Titito, siempre mirando al cielo”. Y mi abuela me preguntaba, más adelante: “¿cuándo vas a tener un puesto de trabajo decente, como los nietos de mis amigas?” Y, de rebelde, salgo del colegio y me pongo a estudiar Arte, donde estaban mis amigos, aunque tenía el puntaje para haber estudiado lo que quisiera. Luego me metí a trabajar en Jesucristo Superestrella, la ópera rock en el Municipal, y ahí empieza la presión familiar –“¿cómo vas a seguir haciendo música?”–. entonces di la Prueba de Aptitud de nuevo y entré a la Católica a estudiar Derecho. Empiezo a estudiar y viene el paro de octubre. Con un amigo tenía una banda y nos fuimos a su casa. Hacíamos Jesucristo Superestrella y tocábamos en esta banda. Mi camino ya estaba destinado. El golpe nos pilló en plenas actuaciones de la obra. Ahí adelanto mi decisión de irme a Los Angeles, EEUU.

-¿Cómo llegaste a trabajar al famoso estudio Village Recorder, en California?
-Estaba en Santa Mónica. Trabajaba en lo que fuera –estacionando autos, vendiendo seguros– y de noche estudiaba. Era la época del gran Humberto Gatica: uno comenzaba sirviendo café y los equipos eran más simples, aunque igual había que tener el oído. Fui parte de la primera generación de graduados en una escuela técnica contratados en un estudio. Ahora, ¿cómo me contrataron? Recibí un regalito de arriba. Había una chilena que era de Viña del Mar y dijo “tengo un conocido que tiene un estudio de grabación que se llama Village Recorder”. En realidad, está considerando entre los 20 estudios más importantes de la historia. Yo voy y cacho que ahí había grabado Dylan con The Band, habían grabado Santana y muchos grandes. Estaban despidiendo a un segundo ingeniero, que es el cargo en el cual uno empieza, y querían a alguien que empezara a trabajar con Milton Nascimento, que iba a grabar con Herbie Hancock y Wayne Shorter. Me preguntaron si hablaba portugués y yo les dije “¡Me peino!” (risas).

-¿Y hablabas portugués?
-Portuñol. Bueno, y ahí empezó toda esta carrera.

-Y vino Fleetwood Mac…
-Hay ahí un dato para comenzar el libro. El único caset que llevaba en el barco a California era un caset de grandes éxitos de Fleetwood Mac, que incluía Black magic woman. Y hubo ahí una conexión ahí con la banda que iba a marcar un momento tan importante de mi carrera.

-¿Cómo fue lo de venir a Chile con Stevie Nicks en plena dictadura?
-Terminamos de grabar Tusk y en un momento dado quise venir a Chile. Le avisé a mi mamá: “Voy a ir a descansar un ratito… y voy con una gringa” (risas). Y resultó que llegamos a nuestra casa en Miguel Claro, que estaba al lado de una comisaría …

“Firmé un contrato con la EMI y me tocó grabar y producir a todas las bandas menos Los Prisioneros. Y fue muy interesante, porque ahí hay grandes álbumes, aunque no quedé contento con el sonido, que era más de garaje”.

-Esa historia es todavía insuficientemente conocida…
-Es muy heavy… había una fiesta de cumpleaños de un músico chileno de esa generación, que vive en España. Estaban Gatti y varios amigos y me dijeron tienes que venirte al tiro. Nos habíamos venido en el vuelo inaugural del Jumbo de Braniff. Venía José Piñera en el vuelo (risas). Bueno, y llegamos a esta fiesta y la gente no reconocía a Stevie, sólo mis primos, que habían estado en Estados Unidos y habían estado en los estudios, y se habían hecho amigos de ella. Entonces, aparece un piano eléctrico y ella se larga a cantar Dreams… y la gente empieza a cachar. Y a la vuelta de una de esas fiestas, en pleno toque de queda, nos detienen. Aparece un carabinero con casco y ametralladora y le ponen a ella un cañón junto a la ventana. Ella, inocentemente, baja la ventana y le mantienen la ametralladora apuntando… Fue tal el shock, que contacta con un senador demócrata, por quien ella había hecho campaña, y le dice, ¡En Chile está la escoba, me tienen que sacar! Y de la embajada nos contactan y arreglaron el asunto. Ella cambió todos sus planes y se fue. Yo me quedé un tiempo más visitando a mi mamá. Hay una canción del álbum más reciente de Fleetwood Mac que cuenta en clave esa experiencia (Destiny rules). De vuelta en Estados Unidos, me acuerdo que dos o tres semanas después ella se va de gira mundial: duró años, y decidimos dejar nuestra relación hasta ahí. Hasta hoy hay mucho cariño, mucho respeto, Y contacto: siempre se acuerda de mi mamá. Y hasta le da un agradecimiento en su canción Belladona. Cuando estuvo acá se enfermó del estómago, le dio “chilenitis” y mi mamá le pasó pastillas para el dolor de guata. Se llamaban Belladenal. De ahí el nombre de la canción.

Ese show de los 80

-¿Cómo fue trabajar con Frank Zappa?
-Fui segundo ingeniero en Sheik Yerbouty. Era uno de los mejores “cut and paste”: él grababa todo en multipista en sus giras, se las llevaba a un estudio, les sacaba ponte tú, las guitarras… y pegaba un pedacito. O agarraba un solo de guitarra y de ese solo hacía una canción con batería y bajo. Hay mucho de eso en ese álbum. Y grandes músicos. Yo no podía creerlo… era fanático de Zappa. ¡Fanático!

-¿Respondía a la imagen desordenada que proyectó?
-Musicalmente sí, pero su vida personal no tenía nada que ver con sex, drugs & rock and roll… Es decir… no era Keith Richards. Era casi un músico docto. De hecho, compuso música contemporánea con Pierre Boulez.

-A la vuelta tomaste parte en la movida del pop rock chileno. ¿Cómo te acoplaste?
-Antes de volver, había estado de vacaciones y Keko Yunge me mostró el primer caset de Los Prisioneros. Después me llama Julián García Reyes (dueño por entonces de radio Concierto) y vine a hacerme cargo de los estudios de grabación de sus radios. Firmé un contrato con la EMI y me tocó grabar y producir a todas las bandas menos Los Prisioneros, que estaban trabajando con Caco Lyon. Y fue muy interesante, porque ahí hay grandes álbumes.

-¿Te parece que aún se sostienen?
-No quedé contento con el sonido de UPA, por ejemplo, que era más de garaje. Pero no era la idea quedarse pegado en si los equipos eran limitados o no. Con las limitaciones que hubo, creo que se hizo un buen trabajo, considerando la inmadurez y la

“Camila Vallejo le preguntó a Roger Waters por qué puso la hoz y el martillo entre las imágenes del recital The Wall. Él respondió que en el nombre de Stalin se asesinaron millones de personas”.

juventud de varios músicos, a diferencia de los músicos de hoy, que parten tocando desde muy chicos. En Chile no se daba. En algunos casos, hasta les costaba afinar la guitarra, ¿te fijas? ¡Y había ganas!… mucho deseo. Que en las radios todavía suenen temas de Upa! como Sueldos es gran cosa.

-Pero el revival ochentero nostálgico, que comenzó en lo 90 y no termina del todo, ¿no es un poco un lastre?
-Son movidas que han ido enriqueciendo la expresión musical. Hay gente que hoy día se está fijando en Frecuencia Mod, porque suena muy bien. Y están Upa! y Electrodomésticos. Son fenómenos que van sumando madurez. Si te fijas en la nueva camada de artistas, desde Camila Moreno a Gepe o Pedro Piedra, hay cosas potentes. De lo grabado en los 80, si todavía hay gente que se acuerda de dos o tres canciones, eso para mí es algo importante.

-Hoy, los músicos se han visto obligados a salir de nuevo de gira, debido al declive en las ventas de discos, por la piratería. ¿Te parece algo positivo?
-Totalmente. Hay además una vuelta a los aspectos tribales que implica un recital: una comunión de masas que ocurre cuando hay una música que te lleva a una experiencia de otro nivel. En una época sin las creencias políticas de antes, la música representa mucho para los jóvenes.

-Pero está el problema del sonido, del vinilo versus el mp3.
-Roger Waters dijo una vez: “miren los cientos de personas que están como tontos, con sus celulares al frente, durante todo el concierto, cuando están viendo una cuestión que es a todo cachete, con el mejor sonido del mundo y están así, y después lo ven y lo escuchan en sus pequeños audífonos, cuando es una música para gozarla ahí, en plenitud”. No hay que perderse la experiencia auditiva full, tanto de un vinilo como de un wav. Nunca de un mp3.

-Ahora volviste a las pistas…
-Pedro Piedra me llamó para que lo ayudara en su disco (Cripta y vida). Y ahí me picó el bicho. Me construí un estudio en mi departamento y estoy de vuelta.