Una degustación de zinfandel de Sonoma, California, mostró la cara más amable y festiva de esta cepa emblemática de EEUU.

  • 14 mayo, 2009


Una degustación de zinfandel de Sonoma, California, mostró la cara más amable y festiva de esta cepa emblemática de EEUU.

Una degustación de zinfandel de Sonoma, California, mostró la cara más amable y festiva de esta cepa emblemática de EEUU. Por Marcelo Soto.

“Cuando surgió la idea de esta cata nos comentaron que mostrarles vino extranjero a los chilenos era como venderles hielo a los esquimales”, bromea Paul Simons, embajador de Estados Unidos, quien preside una degustación de zinfandel en su propia casa, en el Golf, que recrea el estilo de los grandes bungalows norteamericanos de los años 50.

Zinfandel es la cepa emblemática de California. Dicen que si el cabernet sauvignon es el rey de la variedades, y pinot noir la reina, zinfandel sería el bufón feliz de la corte. Cuando está bien hecho, da origen a vinos alegres, festivos, nada pretenciosos.
Le tengo simpatía a este tipo de vinos, porque –entre otras cosas- me recuerdan las primeras novelas de Bukowski, en que el protagonista celebraba con zinfandel junto a su novia cuando ganaba en el hipódromo. Vinos sin maquillaje, sin falsas apariencias, sencillos y abordables.

En Chile es toda una rareza probar vinos extranjeros y por eso nos creemos el cuento de que nuestros tintos son los mejores del mundo, un mito bastante discutible. Sería un agrado que en los bares y restaurantes y en los supermercados pudiésemos encontrar con mayor facilidad botellas de otras partes del mundo, para aprender, para comparar y para saber en qué lugar estamos.
Por lo mismo, una cata de zinfandel como la que organizó la Embajada de EEUU se agradece. Los poco más de 20 invitados salieron todos con una sonrisa.

Dirigida por el Master Sommelier Héctor Vergara, la degustación abarca seis vinos de Sonoma y comienza con un simple y amable XYZin 10 Year Dry Creek. Vivaz y alegre, de aromas levemente dulces, jugoso y sumamente amistoso, es una gran alternativa por US$ 15.

También resulta una generosa sorpresa Dry Creek Heritage (US$ 20), perfecto para un plato de pasta con boloñesa, un tinto rico y concentrado, con taninos firmes pero maduros y una graciosa mixtura de tonos frutales y especiados. De mayor complejidad, Dasche Florence (US$ 25) sorprende con sus delicados aromas florales y un cuerpo que llena la boca. Equilibrado y fino, con un largo final a pimienta negra. Perfecto para un “filet au poivre”.

Los vinos citados corresponden a la cosecha 2006, una añada que según Héctor Vergara se vio beneficiada en California por una primavera fría. “El zinfandel –agrega- es una variedad muy amistosa, que entrega vinos con mucha fruta negra, jugosos, especiados y con taninos suaves y amables, de bastante cuerpo y alcohol”. Es cierto que el zinfandel tiene cierta fama de dar origen a vinos dulzones, pero en esta degustación el único ejemplar sobre maduro, con aromas a mermelada, fue un rústico 2006 Gallo.

El gran vino de la jornada fue Ridge Lytton Springs, de la cosecha 2005, un año difícil para California. “Este vino es el referente del zinfandel”, explica Vergara. Y la frase queda refrendada en un tinto sutil, elegante, muy bien armado. “Para acompañar un plato cinco estrellas”, resume el sommelier. El vino vale unos 35 dólares y si viajan a Estados Unidos no deberían perdérselo.