Arkady Dvorkóvich preside la Federación Internacional de Ajedrez (FIDE) desde fines del año pasado. Antes, trabajó en el gobierno de Vladimir Putin durante 18 años, donde llegó a ser director de los asesores presidenciales y vice primer ministro. Vino a Chile durante 24 horas, con dos misiones: incorporar el ajedrez a la malla educativa escolar e introducir el juego a los Panamericanos de 2023. Este es el resultado de una hora con la ex mano derecha de Putin.
Fotos: José Miguel Méndez

  • 19 agosto, 2019

Con su metro sesenta y cinco de estatura, tenida casual y mirada tímida, cuesta sospechar que quien está al frente no es solo el presidente de la Federación Internacional de Ajedrez (FIDE), sino además, ex vice primer ministro ruso y hombre cercano a Vladimir Putin durante más de 18 años. Arkady Dvorkóvich (47) habla bajo, en un inglés que aprendió en su época de estudiante en la universidad de Duke, justo antes de entrar al gabinete presidencial en el año 2000.

Vino a Chile por 24 horas con dos tareas: la primera, incorporar el ajedrez como herramienta educativa para mejorar las habilidades analíticas, de pensamiento estratégico y concentración de los alumnos. Para eso se reunió con funcionarios del Ministerio de Educación y con la diputada Camila Vallejo, quien, cuenta, quedó encantada con la idea.

“La situación en la región es muy esperanzadora: en Uruguay, el ajedrez educativo ya está en 74 escuelas; en Paraguay, ahora están formando a los profesores; en Argentina, tres provincias lo tienen en horario lectivo desde hace muchos años y el diputado Daniel Scioli promueve un proyecto de ley para hacerlo masivo en todo el país. En Chile, Daniel Yarur, a través de la Federación Chilena de Ajedrez, prepara una acción similar, a la que yo intentaré contribuir”, cuenta.

El segundo objetivo es introducir la práctica a los Juegos Panamericanos que se llevarán a cabo en Chile en 2023, algo que conversó personalmente con la ministra de Deportes, Pauline Kantor. Ese sería el primer paso para que el ajedrez llegue a las Olimpiadas, dice, una meta que le gustaría lograr durante su gestión. 

-Hasta el año pasado, toda su carrera profesional había estado ligada a la política y el gobierno, ¿por qué decidió competir por la presidencia de la FIDE?

-Yo no era un político, sino un tecnócrata, y tenía un contrato de trabajo que terminó a mediados del año pasado. Algunas personas fueron invitadas a seguir trabajando, pero yo ya estuve 18 años, fue mucho tiempo…

-¿Qué similitudes hay entre el ajedrez y la política rusa?

-El ajedrez es una buena forma de pensar en política porque tienes distintas herramientas para resolver cosas que suceden en el mundo real, sin embargo, no hay que sobre simplificar. Sirve para analizar y modelar, pero cuando miras la vida real, la sociedad real, la economía real como un partido de ajedrez, es un error: en la política tienes que pensar en las personas, no como si fueran piezas de un tablero.

Arkady Dvorkóvich llegó al Kremlin en el año 2000, recién asumido Vladimir Putin, como asesor del Ministerio de Economía. Cuatro años después se convirtió en director de los asesores presidenciales y entre 2008 y 2012, se desempeñó como asistente del presidente. Entre mayo de ese año y 2018 fue primer ministro adjunto de Rusia.

“Yo era responsable de las políticas económicas en el sector real, incluyendo manufactura, energía, agricultura, telecomunicaciones, transporte, infraestructura, ciencia e innovación”, relata. Y agrega que uno de los mayores cambios que hizo –junto a su equipo– fue reducir los impuestos: “Fijamos un flat tax de 13%, que lleva funcionando 18 años. También estuve a cargo de los impuestos regionales al petróleo, gas y otros. Eran tasas muy altas, que nadie finalmente pagaba. Lo transparentamos, las bajamos y las empresas comenzaron a pagar. Y con eso aumentó la recaudación”, cuenta.

-¿Cómo lo hicieron?

-Creamos un sistema que incentivaba que las compañías tuvieran más utilidades. Era un win-win. Ganas más, pagas más impuestos, pero al ser transparente, las empresas no tienen riesgos. Podían pagar y seguir siendo ricos.

En el auto –que manejan dos funcionarios de la embajada– rumbo al aeropuerto, reflexiona: “Todavía hay muchos ricos y muchos pobres, tenemos grandes desigualdades en Rusia”. Y añade: “Durante la URSS teníamos un Estado que era estable pero que no era flexible, todo estaba muy amarrado; las personas no podían moverse libremente en el mundo, no teníamos muchas opciones para escoger qué hacer, dónde ir… No quiero decir que era malo, pero era diferente. Desde la perspectiva cultural, el país estaba bien, pero creo que hoy las cosas están mucho mejor, hay más oportunidades para las personas”.

 

El Silicon Valley ruso

Dvorkóvich nació en Moscú en una familia de padres profesionales y dos hijos. Estudió licenciatura en cibernética económica en la Universidad Estatal de Moscú Lomonósov, luego hizo un máster en Economía en la Nueva Escuela de Economía y otro en Duke. Casado y padre de tres hijos, viaja la mitad del tiempo promoviendo el ajedrez. El resto del tiempo lo destina a la fundación Skolkovo, el mayor centro de innovación del país, que preside. Algo así como el Silicon Valley ruso.

Cuando trabajaba en la administración presidencial en 2010, el gobierno decidió cambiar la estructura de la economía, crear nuevos motores, e idearon un ecosistema de innovación, como territorio, pero también como estructura legal: todos los startups se metieron bajo ese paraguas, ya sea por su ubicación física, o por su marco regulatorio, cuenta. Skolkovo actualmente funciona administrativamente de forma independiente al gobierno, abarca dos mil emprendimientos ligados a tecnologías de la información, medioambiente, eficiencia energética, agritech, fintech, etc. “Hemos creado más de 30 mil empleos”, dice.

-Cuál es su competidor principal: Israel o Estados Unidos?

-Silicon Valley en Estados Unidos tiene 60 años de historia, nosotros solo 9…

-¿Quieren ser como ellos?

-No como ellos, queremos ser mejores que Silicon Valley. Pero lo más importante en Skolkovo es la combinación de startups y socios industriales, como Boeing, Phillips o Panasonics, que se alían a estos startups y que no son solo rusos. Además, creamos desde cero una universidad técnica muy buena, que está asociada a MIT. Ellos nos han ayudado mucho. Bueno, les pagamos para que lo hagan, pero han trabajado duro para asegurar que se estén haciendo las cosas correctas. Tenemos mil estudiantes, profesores de primera línea, con muchas publicaciones e investigación de nivel mundial. Lo más importante es que estamos cambiando la cultura de innovación. En Rusia no estábamos acostumbrados a correr riesgos. Lo que hicimos fue entrenar a las personas para pensar en proyectos riesgosos que podían aportar un valor real. Algunos fracasan, eso es obvio. En Rusia la gente es castigada por fallar, en nuestro sistema se percibe como que robaste plata a alguien. Pero en el sistema de innovación puedes equivocarte, es normal. No eres un criminal, solo cometiste un error. Eso fue lo más difícil: convencer a las personas de que pueden fracasar.

 

“Putin no va a estar para siempre”

Durante 18 años años, Dvorkóvich se reunió prácticamente todas las semanas con Putin. Para el Mundial de Fútbol de 2018, el mandatario no dudó en nombrar a su entonces vice primer ministro como presidente del comité organizador. Ese trabajo, dice el ruso, es el proyecto más grande que ha tenido que impulsar en un año. “Le mostramos al mundo que Rusia es un país abierto, positivo y confiable. Muchas generaciones soñaron con esto”, dice.

-¿Cómo es trabajar con Putin?

-Es desafiante, tienes que estar a la altura de sus ambiciones. Como jefe es muy atento, empuja hacia resultados, acción, quiere que seas eficiente. Todo a través del crecimiento económico y la innovación, no del populismo.

-Después de estos años, ¿lo considera un amigo?¿Ha ido a su casa?

-Nunca he ido a su casa, pero nos hemos reunido mucho. Cuando discutes con él, es muy profundo, muy profesional, puedes extraer mucho de su forma de pensar.

-¿Lo admira?

-No es un tema de admiración, cuando empiezas a admirar a alguien es difícil que cumplas con tu trabajo.

-¿Cree que ha sido un buen presidente?

-Sí. No significa que haya logrado todo. O que no haya cometido errores. Ha cometido muchos, pero si no reconoces que has cometido errores, no eres un buen profesional. Queríamos alcanzar mucho más… Pero el balance ha sido positivo.

-Las próximas elecciones presidenciales son en 2024, ¿qué opina de que un presidente esté en el cargo durante más de 20 años?

-Eso ha pasado también en otros países. Ángela Merkel lleva muchos años al mando de Alemania. Pero creo que depende de cada caso, si hay otros líderes en el país y qué piensan las personas del gobierno. Los gobiernos en Rusia cambian: el primer ministro rota, el gabinete también. Las elecciones son reales, las personas votan por Putin, eso significa que la gente confía en él. Pero no va a estar para siempre tampoco.

El quiebre con Estados Unidos

-Usted figura en la investigación del Mueller Report. Ahí se menciona que es afín a Donald Trump…

-Todos los miembros del gobierno aparecimos en el Mueller Report.

-¿Conoció personalmente al presidente Trump?

-No lo conozco personalmente.

-¿Qué opinión tiene de su gobierno? Hoy EE.UU. es más cercano a Rusia que antes…

-No creo, siento que durante la administración Obama tuvimos un período de buena relación. Con el presidente Obama estuve en un par de reuniones, hicimos algunas cosas con ellos. Pero después se cometieron errores, y la confianza en la relación desapareció. Especialmente luego de los eventos en Libia. Nosotros interpretamos de la resolución de la ONU que no se permitía la acción militar, pero EE.UU. interpretó lo contrario. Los sistemas antimisiles de Estados Unidos en Europa son otra cosa que creó una atmósfera de desconfianza. Ellos introdujeron sanciones en contra de Rusia, eso no es amistoso. Lo más importante es ser predecible, transparente, trabajar en pro de la estabilidad global. Por supuesto que cada país trabaja en función de sus propios intereses, pero hay que considerar el big picture, y a veces, y esta es mi opinión, EE.UU. no está pensando en la estabilidad global.