Una de las novelas más crueles y potentes de los años 60, Pánico al amanecer –del australiano Kenneth Cook- llega en una edición en español que pone los pelos de punta. Por Marcelo Soto

  • 9 septiembre, 2011

Una de las novelas más crueles y potentes de los años 60, Pánico al amanecer –del australiano Kenneth Cook- llega en una edición en español que pone los pelos de punta. Por Marcelo Soto

Una verdadera sorpresa desde la Australia profunda es la que ofrece Pánico al amanecer, estupenda novela de Kenneth Cook publicada originalmente en 1961 y recién rescatada por el sello Seix Barral en español. Se trata de un relato implacable, que exuda sangre, sudor y armas, y del que conviene estar prevenido antes de su lectura: la frase “consúmase con moderación” debería venir en la portada.

Pánico al amanecer.
Keneth Cook. Seix Barral, 189 páginas. Barcelona, 2011.

El protagonista, un tal John, es un profesor de Sidney que debe pagar el “noviciado” de su profesión, enseñando en la provincia. Pero no en una provincia cualquiera con vista a la playa, sino en el corazón del desierto australiano, donde no sobreviven ni las moscas. El pueblito es tan miserable que no vale la pena acordarse de su nombre y John, todavía joven, ansioso e inexperto, no cabe de felicidad en sí cuando llegan las vacaciones e inicia un largo viaje hacia la costa Este, hacia la civilización.

Con ese aire de los cuentos de Kakfa en que el personaje parece que nunca logrará su objetivo, el resentido profesor anda buscando la oportunidad de que la mala suerte le dé un fierrazo en la cabeza. Y así sucede. Pero lo suyo es mucho más que infortunio. Se trata de algo innombrable, que se esconde en lo más oscuro de su alma y que lo lleva a cometer actos viles de pura estupidez y desasosiego. Se queda empantanado en una localidad maldita, se emborracha hasta perder la identidad y cuando despierta no quiere pensar en lo que hizo. El pánico no sucede por una situación externa, sino por una vergüenza interior que martillea su cerebro. Malditos recuerdos, que son el peor castigo de los condenados.

Este libro presenta una galería de personajes funestos, idiotizados por el calor y el polvo, tipos que ponen los pelos de punta como esos campesinos descerebrados retratados en La masacre de Texas y otras cintas de ese estilo. ¿Tienen la culpa el abandono, la geografía, el aislamiento, la falta de evidencias de progreso urbano? La respuesta simple sería sí, pero Cook no es de la clase de autores que evaden el bulto. Por el contrario. El desenlace -del que sólo diremos que es inesperado y terrible como la peor resaca- nos dice que no seamos ingenuos, que la maldad y el pecado están en nosotros mismos, no afuera ni en la provincia. Es decir, que hay que cuidarse de nuestra propia oscuridad antes que de lo que trae la noche.

Otro gran rescate editorial
Ocio, del argentino Fabián Casas, debe ser una de las mejores novelas latinoamericanas de la primera década de este siglo. Brevísima, pero poderosa y sublime, la narración –editada por Libros Que Leo- nos hace volver a los años de la juventud descarriada, los tiempos de vagancia en que los días pasan entre las sábanas, con discos enteros escuchados una y otra vez, y una insoportable levedad que para los protagonista no es nada leve. También, aparece en este derrotero la salida sagrada de todas las noches a recorrer la ciudad, en este caso una Buenos Aires nocturna, hecha de suburbios y conversaciones sin rumbo. El protagonista, que ha dejado los estudios de Filosofía, se dedica a perder el tiempo aunque debe pagar un costo alto, que lo lleva por caminos que no quisiéramos recorrer. Ojo, que viene con la película basada en la novela; y todo, por el mismo precio. No se lo pierdan.