La primera vez que se tocó el tema ocurrió en 2017. Fue en medio de una distendida conversación cuando el entonces candidato presidencial Sebastián Piñera le hizo la pregunta: ¿aceptaría un cargo en un eventual futuro gabinete?  La respuesta del abogado de la Universidad de Chile y ex socio del estudio Cariola, Diez, Pérez-Cotapos & […]

  • 25 enero, 2018

La primera vez que se tocó el tema ocurrió en 2017. Fue en medio de una distendida conversación cuando el entonces candidato presidencial Sebastián Piñera le hizo la pregunta: ¿aceptaría un cargo en un eventual futuro gabinete?  La respuesta del abogado de la Universidad de Chile y ex socio del estudio Cariola, Diez, Pérez-Cotapos & Cía, fue: “Sí, de todas maneras”. Y no se habló más del asunto. Ni si quiera durante los primeros fines de semanas de enero de este año en Cachagua, donde se encontró y jugó partidos de tenis con Piñera (en uno de ellos el abogado se cayó y lesionó levemente una de sus manos). Hasta que el jueves 18, y ya en Santiago, el presidente electo llamó por teléfono a Gerardo Varela (54) con la oferta concreta: ser ministro de Educación. Quienes conocen al jurista, cuentan que se impresionó con la cartera que le propuso, pero que no lo dudó ni un segundo. “Aceptó encantado”, dice un cercano.

No fue el único sorprendido. El martes 23, día del anuncio, varios, entre ellos amigos y detractores, se reconocieron “impactados”. A pesar de ser un abogado conocido de la plaza y columnista de El Mercurio y El Líbero –sus escritos han provocado más de una roncha–, su cara era hasta ahora poco conocida por la opinión pública. De hecho, durante la ceremonia que se organizó en el ex Congreso Nacional ese día y, tras las fotos, logró esquivar fácilmente la prensa y ser de los pocos que deambulaba solo por el jardín del lugar sin ser perseguido por periodistas.

 

Trayectoria

Tras titularse de la Universidad de Chile en 1990 se integró al estudio Cariola. Seis años más tarde, se convirtió en socio del bufete. Especializado en fusiones y adquisiciones – en 2012 la publicación internacional Best Lawyers lo eligió como el mejor abogado del año  en el área–, ha participado en compras de más de 50 compañías y debatido en casos emblemáticos como el de Shell, Banmédica y Unilever. Ha sido abogado de Southern Cross, asesoró al rector de la UC Ignacio Sánchez en la reciente venta de Canal 13 a Luksic y asociación red de salud UC con Christus; es el albacea de Felipe Cubillos y también fue abogado de León Vial en el Caso Cascadas junto a Alfredo Alcaíno, de quien es muy cercano. Según cuenta el jurista, viven muy cerca, por lo que se reúnen a conversar del litigio en horario post oficina. “Hemos trabajado juntos prácticamente 4 años en el Caso Cascadas, pero lo divertido es que vivimos a una cuadra, así que hemos tomado la costumbre de juntarnos a conversar sobre el caso”. Es reconocido en la plaza por ser un buen negociador, y que, a pesar de su dureza, en esas instancias, dice Alcaíno, también hay momentos para la distención. “Hablamos también de la vida junto a unas cervezas con almendritas tostadas que hace mi señora. (Gerardo) se ha transformado en un adicto a las almendritas, se las come a puñados”, bromea.

 

Traspaso

Cuentan que desde el martes de esta semana, está corriendo entre una oficina y otra para coordinar el traspaso de los casos que encabeza y dando un paso al lado de aquellas responsabilidades incompatibles con su cargo en: dejará de ser socio de Cariola, renunciará a la presidencia de Soprole y terminará su participación en el del Observatorio Judicial, ONG que ideó junto a Luis Larraín, director ejecutivo de LyD, y que lanzó con juristas cercanos como Fernando Barros, Roberto Guerrero, Sebastián Soto y el mismo Alcaíno en octubre de 2017. El objetivo fue exponer con estudios cuantitativos cómo fallan los jueces hoy en Chile.

Sobre esto, dijo Varela a Capital en julio pasado: “Creemos que existe un sesgo preocupante en los tribunales de justicia. Nos interesa medirlo con cifras para ver si esta sensación es real”. Por ejemplo, expuso que el Consejo de Defensa del Estado gana un 93,7% de los casos. “La estadística se sale de cualquier razonabilidad y objetividad. Hay algo de virtud profesional en los abogados del CDE, pero ni el mejor abogado de Chile puede ganar todo. Se da un sesgo pro fisco preocupante”, indica.

El abogado dijo en ese momento que hay “temas de la agenda pública que se van poniendo de moda, como los delitos tributarios”. “En la escuela de Derecho de la Chile nos enseñaron que evadir es un delito, eludir, un derecho pues se utiliza la ley para pagar menos impuestos. Cuando los economistas metieron la cola en el análisis de los tributos, dejaron la crema: la norma anti elusión no se entiende nada. Es una profecía de Nostradamus. Entonces, tengo que confiar en el juez, y resulta que el juez siempre falla a favor de un lado”, explicó a Varela a Capital en 2017. “No creo que en el SII se produzca una selección virtuosa ni que ahí estén en realidad los mejores abogados de Chile, ni los que más saben de tributario”, agregó entonces.

Al lanzamiento del “observatorio” invitó personalmente al presidente de la Corte Suprema, Hugo Dolmestch. “Lo fuimos a ver, estuvimos mucho rato conversando de Parral porque ambas familias son de allá. Eso facilitó mucho la conversación”, asegura Sebastián Soto. Y agrega: “Es una persona muy hábil para conectar con otros”.

También es consejero del Círculo Legal de Icare, de la Sofofa, officer del Power Committee de la International Bar Association y forma parte del directorio de la Fundación Para el Progreso, junto a empresarios como Nicolás Ibáñez, Dag von Appen y Francisco Pérez Mackenna. De todo esto se deberá desligar.

Casado, padre de 4 hijos, deportista, ávido lector de historia, en febrero se va de vacaciones, pero su plan es tener todo prácticamente listo antes de partir.