Por: María José Gutiérrez Fotos: Verónica Ortíz Eduardo Aninat (68 años) saca del bolsillo de su chaqueta varios papeles. Hojas de cuaderno amarillas dobladas y rayadas con esquemas desordenados que sólo él entiende. Son apuntes con ideas que quiere transmitir: el Brexit, el ministro Valdés, la DC, el proceso constituyente. Cuando ve este último se […]

  • 24 noviembre, 2017

Por: María José Gutiérrez
Fotos: Verónica Ortíz

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Eduardo Aninat (68 años) saca del bolsillo de su chaqueta varios papeles. Hojas de cuaderno amarillas dobladas y rayadas con esquemas desordenados que sólo él entiende. Son apuntes con ideas que quiere transmitir: el Brexit, el ministro Valdés, la DC, el proceso constituyente. Cuando ve este último se pone los anteojos. “Esto me interesa”, dice. “Yo era muy escéptico del proceso constituyente, hasta que una de mis hijas, la que trabaja en el CEP, que es más política que yo, me dijo: ‘Papá, tienes que participar, dar tu opinión’. Y lo hice”, cuenta.

Se inscribió en un cabildo de la Democracia Cristiana –partido en el que milita desde 1987– convocado por los vecinos de Vitacura. “Cuando había que plantear derechos sociales, yo dije: quiero inventar el derecho a ser escuchado. Porque uno da entrevistas, habla en la radio, se junta en la comuna con los vecinos y, sin embargo, da la idea de que el gobierno no pesca nada, ni para bien ni para mal, ni para decir sí, ni para decir no. Con este derecho, la oficina de la Presidencia estaría obligada a escuchar las demandas ciudadanas con tres condiciones: que sea respetuosa, acotada y que no tenga faltas de ortografía”.

-Entonces le gustó el proceso constituyente.

-Bueno, participé, creo que con el calendario ambiguo que va, no va a pasar mucho en este gobierno sobre eso, pero la gente de derecha, izquierda y de centro que ha participado me dijo: “Mira, no era tan malo. Iba preparado para algo peor”.
El ex ministro de Hacienda del gobierno de Eduardo Frei viene llegando de Europa. Estuvo en Estrasburgo, Amsterdam y París. Ahí se reunió con los amigos que hizo en los cuatro años que vivió en Francia mientras era gerente general de la Fundación de la Unión Internacional de Empresarios Cristianos, y con su ex jefe en el FMI, Michel Camdessus.

“La cosa del Brexit es seria y grave”, asegura preocupado.“Estoy en desacuerdo con todas esas opiniones livianitas de chilenos que han salido en los medios de que aquí no pasa nada, de que Inglaterra es Inglaterra y que va a salir. Claro, Inglaterra es Inglaterra, pero es la quinta economía del mundo y lo que le pase, a la larga, nos repercute en el sistema financiero, nos repercute desde ya en los vinos que van a tener que sentarse en una mesa a renegociar con los ingleses. Ahora, ¿por qué estos errores? Porque los economistas a veces pierden de vista la importancia de la historia y la política. La UE no fue construida por Adenauer, De Gaulle, Mitterrand, Kohl y la Merkel para aranceles, sino que fue una alianza política pro paz, porque pucha que se pasaron peleando los europeos, desde la guerra de los 100 años, hasta las dos guerras mundiales, la de los Balcanes, y más”.

En términos concretos, explica, ya se puede ver cómo los grandes fondos inmobiliarios europeos han tenido que limitar el rescate de cuotas para sus inversiones en la City de Londres y en Inglaterra. Y en segundo lugar, varios bancos de primer nivel estarían pensando trasladarse al continente europeo, a Francia, Alemania o Bélgica, porque en el Reino Unido no van a tener las ventajas de visa administrativa y de protección del resto de la UE.

“A la pobre Theresa May, de quien soy antiguo admirador de su carrera y estilo, le viene una negociación llena de complejidades. Me recuerda a los tratados de libre comercio que impulsamos en el gobierno de Aylwin y Frei, donde fui un actor principal. Había muchas aristas: negociar primero por el Mercosur, o irnos por Estados Unidos, Canadá, México. Cómo uno maneja ese naipe es recomplicado. Una mezcla de economía, política y sobre todo, diplomacia.

-A propósito de su experiencia en Hacienda, la semana pasada nuevamente los diputados oficialistas se rebelaron contra el actual ministro Rodrigo Valdés. ¿Qué haría usted en sus zapatos?

-A Valdés lo encuentro ultra preparado, ultra capaz, con exceso de credenciales para el cargo, pero con un apoyo bien complejo al interior de la Nueva Mayoría y, en particular, del gobierno. Lo tienen bien presionado y acorralado. Tal vez la única recomendación es que yo levantaría muy fuerte la voz en el consejo de gabinete, con la propia presidenta y con la gente de la Nueva Mayoría. Si no lo hace, va a seguir perdiendo posición.

-¿Cree que Valdés perdió la batalla frente a los grupos más radicales de la Nueva Mayoría?

-No, porque a la hora de la verdad, cuando uno ve los números…

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-Pero los números están pésimos. ¿Acaso podrían estar peor?

-Ésa es otra discusión. El récord económico de este gobierno va a ser bien pobretón, para decirlo con toda franqueza. Parte con muy buenas intenciones, con una candidata formidable –pocos presidentes han ganado con 62% de los votos–, pero como busca reformarlo todo, desde la Constitución hasta los derechos animales, simultáneamente, sin tener tiempo ni preparación, termina en poco. Es una paradoja salvaje, pretenderlo todo y terminar en poco. Hay una falta de priorización diaria.

-¿Qué áreas debió privilegiar?

-Reformas sociales bien pensadas y crecimiento económico que las financie y las acompañe, pero al corto andar se olvidaron del crecimiento. La gran lección que nos deja es que hay que hacer programas sólidos, muy bien analizados y discutidos y financiados con crecimiento sano, no con promesas. ¡Mira el problema que tiene la presidenta hoy en su reforma emblemática, la educacional! Por haberse olvidado del crecimiento y por algunas restricciones objetivas, se anuncia como una promesa a plazo. Podrá cumplirse la meta de gratuidad cuando haya crecimiento, cuando el precio del cobre supere mucho más que los 2 dólares la libra, cuando tengamos caja, etc. Es una promesa con fecha a plazo, sin concreción y con financiamiento incierto. Ese error estratégico yo no lo había visto para atrás ni en 20 años.

-Usted fue de los primeros en criticar desde la vereda amiga la reforma tributaria…

-Para ser bien exacto, por mi ego –a veces lo tengo grande– hay dos personas de la antigua Concertación, de la cual me siento súper militante, que hicieron advertencias serias muy tempranas sobre el nuevo gobierno que se instalaba. La primera fue Gutenberg Martínez, que a fines de marzo de 2014 dijo que “hay que pensar la NM sólo como un pacto de gobierno por estos años”, es decir, que esto podía o no funcionar, cosa que hoy ya muchos sostienen. Y el segundo fui yo, que a fines de abril de ese año afirmé que el proyecto de reforma del ex ministro Arenas era malo, estaba mal concebido, era técnicamente incorrecto, y que si bien en todos los partidos pensábamos que había que subir la carga tributaria, este proyecto no iba a generar grandes recursos. Ésa fue una entrevista que me costó muchos malestares.

-Cuando le preguntó a Arenas qué se estaba fumando.

-Esa frase fue inapropiada, hoy no la diría igual, se me salió. Por largos meses no pisé más el Ministerio de Hacienda, estuve en algunas listas negras por ahí, y algunos amigos del partido incluso me dijeron que era demasiado exagerado. Hoy esto es consenso. José de Gregorio, que participó en el programa de la NM, dice que hay populismo, entonces ya la cosa se generalizó. Tuve un ojo certero. Lamento que así haya sido, mejor hubiera sido que las cosas funcionaran.

PC versus DC

Antes de llegar a su oficina en el piso 12 de un edificio en Vitacura, Aninat se reunió con “el famoso grupo de los 26”, del que es uno de sus fundadores, llamado Progresismo con Progreso. “No como este gobierno que va a terminar siendo, lamentablemente, progresismo sin progreso”, advierte. En él participan Mariana Aylwin, Clemente Pérez, Manuel Inostroza y el ex gerente de estudios del Banco Central, Guillermo Le Fort, entre otros. Eso, en el ámbito político. Como académico, junto a Cristián Larroulet, creó “Diálogos de Futuro”, que busca generar acuerdos en torno a políticas públicas que permitan al país crecer en forma acelerada y sostenida.

-¿Qué hay detrás del 22% de aprobación de la presidenta?

-Una falta de sintonía brutal entre los ideólogos más duros del gobierno, la gente que está en el centro del poder –aparentemente, porque todo es muy misterioso– y el ciudadano común.

Chile está tóxico. Mire lo que le pasa a cualquier ciudadano: se despierta a las 6 de la mañana y tiene que viajar en Transantiago, que es un sistema hoy semiquebrado, colapsado por distintas razones, y va ahí como vacuno encerrado. Luego respira el peor aire que uno puede tener en un país; llega a la oficina cansado. Está con temor de perder la pega porque los índices van lentamente de peor en peor, y ve a la empresa aproblemada. Si está en las pyme sufre con los reguladores y con la inspección de SII. Prende la TV abierta y qué ve, puros crímenes, puros líos, puros portonazos. Y cuando el ciudadano pide respuestas, todos hablan de los “matices” y las “sutilezas”. Como diría un gringo, ¡come on!

-Gutenberg Martínez dijo que la más afectada con la baja aprobación del gobierno es la DC, ¿está de acuerdo?

-Estoy seguro de que su afirmación es correcta. De hecho, he estado en algunas reuniones con la Carolina Goic, que es una persona que hay que mirar, inteligente, con futuro, y le hemos dicho: cuidado con esta elección municipal, cuidado con los flacos favores que nos hace el gobierno o los partidos aliados, porque la DC siempre ha tenido una vocación de centro. Tenemos que ayudar a los dos extremos cuando empiezan a atacarse entre sí.

-Viendo el resultado de cómo han sido estos dos años de gobierno, ¿volvería a apoyar a Michelle Bachelet o piensa que fue un error?

-Por suerte no es una opción que está presente porque no puede reelegirse, pero yo creo que este gobierno ha sido una construcción equivocada.

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-¿Fue un error de la DC apoyarla en un pacto con los comunistas?

-Habría que preguntarles a los dirigentes del partido que estaban en el caballo en ese tiempo. Te puedo opinar por qué se equivocó esa elección. A mi juicio fue por dos razones: primero, porque el programa de la Nueva Mayoría fue light, un conjunto de frases bellas, muy bien orquestadas y muy bien difundidas por la prensa, que no tenían contenido operativo. Y segundo, por el rol que ha jugado el PC teniendo esa doble chaqueta de la amenaza de la calle y a su vez estar en el gobierno, que ha sido un doble obstáculo para los logros de la presidenta. Pienso que cuando ella haga su balance, va a ver que los comunistas no han sido para nada leales. Basta ver lo que pasó en la discusión constitucional provocada en la Cámara de Diputados. Es Camila Vallejos la que lleva el liderazgo, o en el pasado Bárbara Figueroa.

-¿Cree que el PC está gobernando hoy?

-Tienen un poder de veto excesivo en relación a lo que representan. El PC en el mejor de los casos podrá tener un 5% o 6% de la votación, pero ruge y grita como si tuviera 30%. Ésa es la paradoja.

-¿Estarían dispuestos como partido a ir nuevamente en un bloque junto al PC en futuras elecciones?

-Es una buena pregunta, y creo que les corresponde a la directiva, a los senadores y diputados contestarla primero. Pero a mí me costaría mucho repetir este ejercicio. Si el PC tiene algunos cupos de concejales aquí y allá, o algunas embajadas, podría ser, pero si el PC sigue jugando a ser miembro del gobierno, influyente en La Moneda y con el poder de veto, no. Tan claro como eso: no.

El anti pato cojo

-¿Qué espera para las próximas elecciones?

-Estos filósofos sociales que les llamo, porque no son ni filósofos ni sociólogos, como don Fernando Atria y Pedro Güell, que intelectualmente son sólidos, tienen metida a la presidenta en un enredo. Este gobierno se va a llevar una sorpresita en las municipales.La DC corre riesgo también, salvo que ahora la nueva dirigencia, que está en eso, se ponga las pilas.

-Ignacio Walker ha dicho que está dispuesto a ser el candidato presidencial de la DC.

-El dato estadístico, que no es un dato duro todavía, porque los dos están jugando a los flirteos, es que vamos a repetir a Piñera o a Lagos.

-¿Le gusta ese escenario?

-No es tan malo. Me gusta porque son caras conocidas y gente con experiencia. Y no me gusta porque revela que el sistema político y civil chileno no fue capaz de renovarse, es como de nuevo el tema de las grandes familias. Las tenemos en la DC, las tienen los socialistas, la tienen en RN.

-¿Estamos ante un gobierno que ya sufre el síndrome del pato cojo?

-Conozco bien el fenómeno. Te voy a contar una anécdota. A principios del 98, tuvimos una reunión en Cerro Castillo con el presidente Frei. El ministro de la Segpres, Villarzú, en un momento dijo: “Presidente, estamos terminando un exitoso gobierno de seis años, no nos vaya a pasar el síndrome del pato cojo porque vienen las elecciones, viene la presidencial del 99 y nadie nos va a pescar”. Y se produjo un pequeño debate sobre eso. Varios ministros lo miraron escépticos. Dos meses después teníamos declarada la sequía más grande de la historia desde Frei Montalva, con consecuencias eléctricas sobre los hogares, la crisis asiática en pleno desarrollo y Pinochet preso en Londres. Entonces no sólo no hubo pato cojo, sino que fueron los dos años más intensos del gobierno de Frei. Éste se ha metido en tanta complicación, a mi juicio innecesaria, que va a tener que estar hasta el último día gestando votaciones y viendo ajustes, y viendo qué caja fiscal tiene para poder avanzar. O sea, éste va a ser el anti pato cojo.

Autogoles

-¿Qué le parece la reforma laboral que impulsa el gobierno?

-Ése es otro autogol del gobierno, porque por presentar demandas maximalistas y contrarias a la opinión de muchos técnicos llegaron a un enredo en que no sabemos cuál va a ser el final. Me recuerda mucho la reforma tributaria. Tres versiones. La primera de Arenas, la segunda enmendada por Bernardo y Juan Andrés Fontaine, y la tercera por el ministro Valdés. Vamos ahora para dos o tres. Esto es un cuento de nunca acabar. Éste es el gobierno de los autogoles.

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-¿Y hay algún gol?

-Yo creo que el acuerdo de derechos civiles igualitarios es un gol y terminar el sistema binominal político. Hay dos ministros que han estado muy bien, con apoyo de la presidenta, porque cuando la presidenta apoya, se nota. El problema es cuando la señora se porta ambigua. Uno, Máximo Pacheco, quien ha sido claro en avanzar en una agenda energética en la que el gobierno de Piñera hizo nada o casi nada. Y segundo, el canciller Muñoz, por tener una visión unitaria. Ha estado muy bien en el caso de La Haya con Bolivia. Son dos excepciones. De los otros prefiero no opinar.

-A fin de cuentas, ¿el gobierno gana o pierde el partido?

-Como van hoy las cosas terminaría perdiendo el partido. En gratuidad la promesa es tan exagerada y voluntarista, que ya no hay plazo alguno viable para realizarla. Las reformas tributarias de Arenas terminan complejizadas y afectan severamente el crecimiento que el país entero tanto busca y necesita. Pero no quiero opinar tan temprano si el gobierno gana o pierde el partido. Le restan sólo 17 meses para lograr concretar algo preciso que la ciudadanía aprecie significativamente. Queda muy poco tiempo y está aún por verse. •••