Por María José López Fotos: Verónica Ortíz -¿Y? ¿Descubrió qué hierba fumaban los diseñadores de la reforma? -(Ríe) El ministro Arenas ya me respondió en otro medio que no fuma. Fue una manera muy elegante de salirse de la polémica, del pseudo debate que se armó. Lo que quise decir entonces era que el proyecto […]

  • 11 julio, 2014

Por María José López
Fotos: Verónica Ortíz

Eduardo Aninat

-¿Y? ¿Descubrió qué hierba fumaban los diseñadores de la reforma?
-(Ríe) El ministro Arenas ya me respondió en otro medio que no fuma. Fue una manera muy elegante de salirse de la polémica, del pseudo debate que se armó. Lo que quise decir entonces era que el proyecto de ley estaba sesgado y tenía una cantidad enorme de imperfecciones. Lo dije con cierto énfasis… de ahí la frase de la hierba, que fue un poco adjetivada.

-Fuera de la ironía, ¿ha cambiado su percepción de la reforma?
-Sigo pensando que es improvisada. Está muy bien diseñada en detalles, porque está llena de contadores y auditores, pero con poco contenido de incidencia económica, que es la ciencia económica aplicada a la tributación a largo plazo. Ahí se hizo a la carrera…

Desde su casa, en Santa María de Manquehue, y en medio de libros de economía y las propias tesis y memorias que ha escrito, el ex ministro de Hacienda, Eduardo Aninat, se muestra orgulloso de haber sido uno de los primeros de la “vereda amiga” en elevar la voz en contra de la reforma que hoy se discute en el Senado. “Eso le dio un empujoncito a los gallos buenos de este lado para que salieran a hablar más fuerte”, asegura en esta conversación que tuvo lugar antes de la votación de la iniciativa en la Comisión de Hacienda el miércoles 9 de julio.

En las últimas semanas más de 80 invitados –entre gremios empresariales, ex ministros de Hacienda, ex directores del SII y ex presidentes del Banco Central– desfilaron por el Senado. Tras las críticas que emergieron luego de que se diera a conocer en abril la reforma tributaria, el senador Lagos Weber convocó a un grupo de expertos a presentar comentarios. Aninat estuvo ahí el 1 de julio y expuso cerca de 20 minutos. “Aporté una dimensión que al menos yo no había leído ni escuchado, sobre los costos indirectos que tiene esta reforma”.

En esa instancia, Aninat, tras una serie de cálculos, señaló que los costos de la reforma, a diez años de su implementación, equivaldrían a 2/3 del valor actual de Codelco. “El famoso corazón de la reforma, del que habla el ministro, cuesta unos 5 mil millones de dólares por año. En eso ya estamos todos de acuerdo. Pero el Gobierno se olvidó calcular el verdadero costo económico social de los impuestos. Casi todos los que fuimos a exponer al Senado, desde Carlos Cáceres hasta Felipe Larraín, pasando por Alejandro Foxley, coincidimos que hay un efecto en el ahorro. Eso genera costos. Y yo los calculé: 60 mil millones de dólares en diez años, lo que equivale a 2/3 del total de Codelco. La frase impactó”.

-¿Por qué?
-Porque vi sus caras. ¡Si esto no es una reformita, esto es una reformata! Necesita mucho trasnoche, mucha pregunta y aclaración. Yo no ataco el proyecto, soy partidario de hacer un ejercicio de tributación nueva, pero de hacerlo bien. El senador Zaldívar, entonces me apretó y me dijo: “Supongamos que tengas razón, (yo creo que él sabe que tengo razón pero no lo dijo, es un senador de lujo), no veo opciones, qué propones”.

-En el fondo, mucha crítica y poca propuesta…
-Le dije que se me ocurrían por lo menos tres ideas. Andrés Velasco propone que si existe un problema en el FUT, se debiera cobrar un interés extra a los que no declaran. A esa propuesta, le agregué sumarle un interés progresivo. Es decir, si yo ahora me demoro 3 años en pagar, que la tasa de interés suba si me demoro cuatro, y así sucesivamente hasta una fecha tope, de 5 a 7 años. Pero yo creo que políticamente ni el Gobierno, ni la derecha le va a dar el beneficio a Velasco, porque como es pre candidato no quieren que tenga un triunfo. Ojalá lo tuviera, se arreglaría el problema.

-¿La de Velasco es la mejor contrapropuesta?
-La de Marfán-Arellano es buena también. Consiste en una desintegración parcial, un sistema menos complicado y bien rendidor, que sigue dando incentivo al ahorro empresa, por contraste con el proyecto actual. Yo propuse hacer fondos de ahorro ciudadano para empresarios y personas naturales. La idea es tener un mercado de bonos nominativos de largo plazo para objetivos nacionales, como infraestructura y reconstrucción, etc., donde los tomadores de bonos largos quedan bastante exentos de impuesto global u otros.

-Como ex ministro de Hacienda, ¿qué consejo le daría al ministro Arenas?
-Uno subrayado: escucha más, asesórate mejor, y anda al fondo de los temas. No te enyeses, porque es muy malo un ministro enyesado. Tiene que ser flexible en las formas, detalles y operatoritas. Y esta reforma está mala en su operatoria como está concebida. Y eso lo está opinando ya el 40% de los chilenos; el 100%, salvo Eyzaguirre, de los ex ministros de Hacienda; y el 80% de los ex presidentes del Banco Central. Entonces, cuando hay algo tan macizo hay que escuchar. A mí me hicieron correcciones en un proyecto de este porte (hace gesto de “pequeño” con sus dedos). Eran 345 millones de dólares al año, mire qué modesto.

-Impulsó una reforma para aumentar el IVA, bajar aranceles y financiar la jornada escolar completa. ¿Cómo manejó las críticas que hubo entonces?
-No hubo este revuelo, porque era menos dinero y tenía menos efectos. Segundo, porque fuimos flexibles. Estuvimos en casas, en reuniones, el ex Presidente Piñera, que era opositor a nosotros, hizo aportes; lo mismo el ex ministro Hernán Büchi; también nos pegaron de Libertad y Desarrollo. Escuchamos, transamos y así llegamos. En la política no se puede decir “yo tengo la verdad, y ésta es la verdad”. Ése es el camino al desastre.

 

“El país está paraón”

-¿Qué opina de los ministros clave de la administración Bachelet: Arenas, Pacheco, Peñailillo, Eyzaguirre?
-Me encanta Pacheco y tengo una buena impresión de Peñailillo, que la adquirí después de verlo actuar en el terremoto del norte y de los incendios en Valparaíso. Es un tipo de terreno y eso me gusta. A Eyzaguirre lo respeto mucho, es de una inteligencia extraordinaria, pero hoy no sé bien para dónde va. Me gustaría hacerle 20 preguntas, no… 30 preguntas.

-¿Y la Presidenta?
-La conozco poco, creo que el gran atractivo que tiene nuestra Presidenta es su empatía con la gente, su simpatía desbordante, y su capacidad de haberse sobrepuesto de un enorme sufrimiento… en ese sentido, es una mujeraza. Por ahora, me está gustando un poquito menos que en su primera versión de gobierno.

-¿Se sobregiró políticamente el Gobierno? ¿Abrió tantos flancos que sólo logró acentuar la incertidumbre?
-Yo creo que le faltan conductores. Con Frei había una línea política conducida por Pérez Yoma y Genaro Arriagada; había una línea comunicacional clarita con Brunner; y había una línea económica conmigo y con Álvaro García. Con Aylwin, era Boeninger, Boeninger, Boeninger…. Eso aquí no se ve. Cada ministro está en un tema, ¿pero quién es el que ordena el naipe? En nuestro caso Insulza, Pérez Yoma, yo mismo, ordenábamos. Aquí veo intentos de Peñailillo, pero está desbordado, tiene demasiado tema en sus manos. Le han pasado cosas, hay que ser benigno.

-¿Políticamente, cómo se define?
-DC completo. Muy del área de Ignacio Walker, con eso te digo todo. Mi adhesión completa es al ala central del partido democratacristiano: Patricio Aylwin, Andrés Zaldívar, Mariana Aylwin, Ignacio Walker. Soy formado y criado por Eduardo Frei Montalva y por Cieplan.

-¿Un DC 100% afín a este Gobierno?
-Todavía sí. Pero tengo muchos comentarios sobre algunos estilos, particularmente en Educación, donde me he llevado muchas sorpresas. Respeto a Eyzaguirre, lo conozco, pero tengo mis dudas sobre si ha tenido tiempo para formarse y entender a fondo lo que es ser educador. Gracias a la asesoría profesional que hice en materia educacional, fuera del país –mientras estuve en el Banco Mundial y el BID–, y tras conversaciones con Sergio Molina, ex ministro de Educación de Frei, y con Ernesto Schiefelbein, aprendí que todo se juega en la sala de clases. En la relación profesor-alumno, en el trabajo entre docentes. No he visto palabra de eso. He visto compra de edificios, sostenedores que se van, copagos que se liberan…

-La paradoja que parece ganar adeptos es que el Gobierno se anotó un triunfo en cuanto a que subir la carga tributaria es necesaria. El problema, dicen varios, es que con los fondos recaudados se comprarán fierros, inmuebles…
-El Gobierno triunfó y se paró. Hizo el saque macanudo, pero después se trabó en el juego. ¿Para qué se va a usar estos recursos? Van a liberar copagos y han generado una incertidumbre en familias que han estado dedicadas a la educación. Comprar colegios físicos, comprar ladrillos, lámparas, techos, fierros, es puro costo para el país…. porque el edificio ya está, esa plata podría haberse dedicado a los profesores, al aula, a traer libros del exterior, a enseñar mejor. No lo entiendo y la cifra más conservadora es de 2.500 millones de dólares en 5 años. Es plata que pasa de un bolsillo a otro y en esto el fisco pierde: recauda plata en impuestos y se lo da a un privado que, más encima, ya no estará más en educación.

Y sigue… “El Gobierno está demasiado, entre comillas, presionado por la calle, y ésa es una mala forma de gobernar. Yo puedo atender a la calle, movilizarla, pero no gobernar con la calle, porque no sé quién hay en la calle. Tengo que gobernar con el Parlamento, los partidos, los gremios, las organizaciones. Ésa es la democracia. La calle es positiva para cuando salimos a celebrar a Plaza Baquedano que Chile triunfó. Pero puede ser destructiva. La calle es la calle.

-En una entrevista que dio a fines del 2013 dijo que ojalá que Bachelet escuche la minoría, pero que no se transforme en un griterío de gitanos. ¿Cómo ve eso ahora?
-Hay dos griteríos que a mí no me gustan: el de la calle inorgánica, desbordada, violenta, que es puro slogan, y que pide nacionalizar toda la minería, hacer no sé qué cosa con la cordillera; no tener energía; y reformar la educación, aunque eso está bien. Tampoco me gusta cierto griterío empresarial. Este país ha dado a los empresarios grandes oportunidades que ningún otro de Sudamérica ha tenido. Ellos también tienen que poner su cuota de responsabilidad. Eso no significa gritar, impedir, sino que fomentar la investigación seria y aportar a la discusión.

-¿No cree que sus críticas aportan? ¿Sigue pensando que hay griterío desordenado de los gremios?
-Ha bajado y ha sido más colaborativo. En mi época, yo tenía dirigentes gremiales y empresariales muy poderosos y muy fuertes. Fernando Leniz, Pedro Lizana, Ernesto Ayala, Fernando Agüero, por nombrar algunos. Bueno, me gritaban súper duro. Ellos me gritaban hierbas a mí. ¿Y sabe qué? Me ayudaban. Me ayudaban a ordenar la cosa, a discutir y a decirles a mis colegas del Gobierno “mire, hay una reacción dura, en esto hay que hacer política, no nos tiremos el todo por el todo, escuchemos”. Ahora veo a empresarios un poco bipolares. Mejor dicho, veo una cierta bipolaridad en algunos empresarios, pero bipolaridad al fin. En un momento los veo subiendo apuraditos al avión presidencial para ir a la gira y sonreír. Y después los veo criticando ácidamente todo.

-¿Lo dice por Von Mülhenbrock?
-Noo, él es mi amigo. Lo digo en general. No quiero dar nombres. Además, él fue muy valiente en criticar la reforma… al igual que yo, fue de los primeros en hablar. En un seminario dijo que se iban a ir todos los empresarios para afuera… En fin… mira las fotos de la gira, están felices abrazados con los gobernantes, pero después andan criticando. No lo digo por ahora, es una actitud de siempre. Así como le pido coherencia a Arenas, más racionalidad a Eyzaguirre, y orden al Gobierno, también les pido a los empresarios una cierta coherencia. ¿Con qué imagen me quedo? ¿Con la foto alegre en el cocktail o la crítica ácida?

-Esas giras pueden ser instancias para discutir más a fondo las reformas…
-Oiga, tienen pleno derecho. Pero hay que mostrar que uno tiene una cierta tendencia. Yo he cometido muchos errores en la vida, pero nunca me van a mostrar una foto donde me salí del humanismo cristiano desde los 18 años. Es decir, estoy en el centro, en el centro centro, me encanta el centro, a veces me dirán ambiguo, pero no me he movido de ahí… por lo menos tengo coherencia. En otros casos he visto mucha tómbola y no me gusta. Cuando la elite gobernante o la elite empresarial se emborracha, es decir, se confunde, el pueblo se aterra.

-¿Cree que en los empresarios hay pura pataleta?
-Hay de todo, hay unos empresarios que están haciendo una buena pega, como los que apoyaron al CEP, donde hay investigación seria, pero hay otros que sólo se quejan. Algunos catastrofistas están amenazando que todo se fue al carajo, que vamos a ser el segundo Venezuela o reproducir los problemas de la señora Kirchner. El único paralelo que yo veo es que la señora de allá es mujer, y ningún otro. Nunca vamos a ser como esos países. En eso sí estoy optimista. Pero insisto: si la reforma se aprueba como estaba, va a haber un costo de desempleo y bastante menos actividad, creceremos al 2%, cuando podríamos estar creciendo al 4% y al 5%.

-¿Cuánto de esa desaceleración la atribuye a la reforma?
-Es imposible decirlo, todavía no sabemos cuál reforma tributaria va haber. Yo lo veo al revés. Eres el Gobierno, recibiste a un país en Z, y te has dedicado 4 y 5 meses a moverte alrededor de Z, y no has hecho planes para adelante. Nosotros con Frei fuimos muy criticados… pero nuestro primer acto luego de llegar a La Moneda, el día dos, fue un seminario internacional con más de 1.000 empresarios en el Hotel Carrera. Expusimos por dónde iba la mano en los seis años de gobierno, con metas precisas de inversión en cada área. Nos fue un poco bien y un poco mal, hicimos Ralco con gran polémica, pero ahí está produciendo energía. E hicimos mal negocio con los argentinos, porque después cortaron el gas con Kirchner. Pero nuestra pauta inicial dio un marco. Aquí falta un marco.

-El ministro Pacheco dio a conocer su agenda energética…
-Sí, pero todavía no hay una ley, ojo. Muy buenos diagnósticos en todo, ¿pero dónde está el movimiento? Si la política no es inercia, es movimiento. Lo poco que he aprendido de política es que, al igual que un partido de fútbol, no puedes dejar la media cancha abandonada y en manos de la calle. La media cancha es para llenarla dar pases y meter goles. El Gobierno debe tener cuidado que si no logran una conducción más decidida y específica, nos vamos a llenar de Parisis, por poner un nombre. Esto está cantado para que aparezcan 10 populistas porque el país está “paraón”, o semi parado.

 

La parrilla y el Gobierno

Por estos días, la agenda de Eduardo Aninat está apretada. Son las 7:00 pm de un jueves de julio y tiene que juntarse con un familiar en un café de Vitacura. La entrevista continúa, entonces, camino a ese local.

-A fines del año pasado se instaló en Chile, después de tres años y medio en París, como gerente general de la Fundación Unión Internacional Cristiana de Dirigentes de Empresas (Uniapac). Desde ese palco, ¿qué le parece la agenda valórica del Gobierno?
-Leí un artículo de un filósofo francés que me interpreta. Dice que las personas tienen dos semillas dentro: una corresponde a la sociabilidad y otra al ámbito privado. En la Concertación y en la Nueva Mayoría en general, hay dos visiones: una que pondera solamente lo primero y pierde lo segundo. Y otros que dicen “lo primero es cuidar tu intimidad, tu privacidad, tu deber ser moral, y después socializas”. Esa tensión entre esos dos polos está hoy en día vigente, por ejemplo, en el enfoque de la educación.

-¿En qué aspecto?
-Me preocupo de tener la sala llena con mis pares y hacer pura sociabilidad anónima o de formar mis talentos. Un ingeniero experto en educación holandesa, de Deloitte, me dijo “veo interesante lo que hace Chile, por el tema de movilización social. Pero me preocupa que el foco no está en movilizar los talentos, el individuo”. Me explicó que en Holanda hay ley pareja entre los 4 años y 10 o 12 años. Pero a partir de los 12, se empiezan a apartar los rumbos, según las capacidades e intereses. Eso me parece más balanceado que decir, “todos sin patines”. Son los dos polos filosóficos: la educación de los liberales demócratas, y los sociales demócratas.

-En ese sentido, da la sensación que no tiene mayor afinidad con la Nueva Mayoría.
-Bueno, en esa materia soy un poco más cuidadoso, pero soy muy de la Concertación.

-Hay una diferencia…
-Pero me gusta la eficiencia también, en eso puedo ser liberal. Me carga inventar leyes, o esquemas para después no aplicarlos, en ese sentido soy una persona de acción.

-Y en los temas valóricos… como el del matrimonio igualitario, marihuana, aborto…
-Me identifico con Ignacio Walker, y con la Mariana Aylwin para ser todavía más preciso. Y en lo que ha advertido la Iglesia. Y hasta ahí llego. ¿Cómo vamos a hablar de eso ahora en el auto?

-Porque es interesante…
-Pero da para otra entrevista.

-Cuénteme de París entonces. ¿Cómo fue esa experiencia?
-Bueno me lo comí todo, como se puede ver. Por mi trabajo pudimos viajar mucho por Europa. Fuimos a Milán, a Roma, fui como 10 veces al Vaticano, teníamos una corresponsalía en Londres, hice cosas en Berlín, en Frankfurt, Polonia y Hungría, después en África.

-¿Qué le parece este Papa?
-Me encanta este Papa, si no hubiera existido habría que haberlo inventado. Para mí la figura más líder, más relevante en el siglo que estamos viviendo hoy día es Francisco… ¡pero lejos! No tiene ninguna comparación con los gobernantes que tenemos, que son ahí no más. Ya se acabó la época de los Kennedy, de Mitterrand, De Gaulle… ahora estamos quedando pura reserva en política.

-París fue una pausa en su actividad…
-Me permitió decantar, y veo que en Chile eso ahora no pasa. Están todos acelerados, entonces a qué hora piensan, a qué hora digieren las cosas. Eso es justo lo que le pasa a este Gobierno, no digiere bien, comen muy apurados, tienen que digerir bien para ir más tranquilos.

-Hay ansiedad de cumplir metas y hacer muchas cosas en cuatro años…
-Bueno, Piñera hacía cosas y no terminó tan bien.

-¿No le gustó el gobierno de Piñera?
-Me gustó como persona, conozco mucho a los Piñera, estuvimos emparentados con uno de sus hermanos, admiro a Pablo, conozco a Miguel, pero Sebastián era un acelerado al carajo… yo creo que la gente quiere más serenidad.

-A este Gobierno le critica la poca acción…
-No, este Gobierno es al revés, pone todo en la mesa pero al final, no veo que se terminan las cosas. Tiran todo a la parrilla. Es como invitar a un gran asado: “chiquillos, saqué todo, los pollos, las carnes, los chorizos”. ¿Pero cuándo empezamos a comer?

-¿Cuál es su centro de operaciones?
-Tengo una oficinita en Vitacura. Divido mi tiempo en tres: en la Universidad Alberto Hurtado; en la Universidad del Desarrollo, donde soy consejero del Centro Empresas Familiares (CEFAE), y profesor de RSE, un curso nuevo; y en el directorio de Clapes, de la UC. Ahí vigilo a Felipe Larraín para que se porte bien.

-¿Son amigos?
-Muy amigos.

-Tiene más amigos en la derecha que en la Nueva Mayoría…
-También soy amigo de Velasco, de Sergio Molina, de Ricardo Lagos, me formó Foxley. Soy amigo de todos, tal vez ésa es mi ventaja… Ya, se acabó la conversa, me tengo que ir…

Se baja del auto. •••